Chapter 2. Binary black hole initial data from matched asymptotic expansions
2.2 Approximation regions and precision
Si hace falta más cuidado para reclutar intercesores I-2 que para los I-3, es necesario ejercer aún más cuidado al elegir los I-1. Estoy de acuerdo con Paul Walker en que en esta categoría Dios mismo debe ser el que inicie el contacto. Pienso que el único procedimiento aconsejable para no- sotros los que somos pastores y líderes es ir directamente a Dios y pedírselos, comenzando y de- teniéndonos en el primer punto de la fórmula de Jacobs.
Ya relaté la increíble historia de cómo Dios utilizó la trama de Satanás para matarme en mi ga- rage para unirnos a Cathy Schaller como nuestra primera intercesora I-1. Un suceso similar en lo sobrenatural nos unió a nuestra actual intercesora I-1, Alice Smith.
Doris y yo fuimos a Seúl, Corea, en el verano de 1990, para participar en la conferencia anual de Iglecrecimiento Internacional de Paul Yonggi. Soy de la junta de Cho y enseño en su conferen- cia casi todos los años. Ese año en particular cometimos un error que no hemos repetido, al decidir sostener la sesión didáctica plenaria en el santuario de la iglesia Yoido del Evangelio Completo en lugar de hacerlo en una de las capillas más pequeñas. El santuario tiene capacidad para veinticin- co mil y sólo habían asistido tres mil así que la cosa más prominente que vimos desde la platafor- ma eran asientos vacíos.
«Ella es una intercesora»
Cho mismo realizó la primera sesión didáctica en la conferencia e hizo que su junta se sentara en la plataforma tras él. Debo admitir que cuando me senté en la última fila de la [p 159] sección de los miembros de la junta, mi mente no estaba del todo en la enseñanza de Cho, a pesar de lo exce- lente que era. Durante varios años había escuchado la misma enseñanza.
Es más, voy aún más lejos al confesar que tenía una libreta en mis manos, pero en lugar de tomar notas estaba poniéndome al día con alguna correspondencia urgente. Naturalmente, de vez en cuando miraba y asentía, y en una ocasión cuando hice esto, mis ojos se enfocaron en una per- sona sentada tan lejos que sólo podía decir que era una mujer, pero no podía distinguirla. Cuando la miré, Dios me habló claramente a mi espíritu diciendo: «¡Ella es una intercesora!» Pensé que era bueno que tuviéramos al menos una intercesora en la audiencia y proseguí escribiendo cartas.
Pero en dos ocasiones sucedió la misma cosa. Era tan impresionante como para que hiciera una nota mental, pero no pensé más acerca de ello hasta el receso. También había visto a dos de mis estudiantes en Fuller en la audiencia y como todavía no los había saludado, salí de la plata- forma y me les acerqué en la parte trasera donde estaban parados. Sucede que estaban parados justamente al lado del hombre que creí era el esposo de la intercesora. Ella misma estaba parada a unos nueve metros hablando con otra persona.
Luego de conversar con mis estudiantes, conocí al hombre que se presentó como Eddie Smith, un pastor en el personal de la Iglesia Bautista Calvario en Houston, Texas. Con un tanto de malicia decidí probar a Eddie con un par de preguntas un tanto pesadas acerca de la intercesión para ver si este bautista del Sur conocía mucho acerca de eso. ¡Las contestó perfectamente! Entonces me le acerqué a su esposa.
Ella me dijo que su nombre era Alice Smith. Súbitamente le dije: —Usted es una intercesora, ¿verdad?
—Dios me lo dijo mientras estaba en la plataforma—repliqué. ¡Alice comenzó a sollozar!
[p 160] —No puedo creer que estoy hablando con usted—exclamó—. Hace seis meses Dios me dijo que comenzara a orar por usted y así lo he estado haciendo constantemente desde ese entonces. ¡Jamás pensé que habría de conocerlo personalmente!
La conversación prosiguió desde ese punto. Alice me dijo, entre otras cosas, de cuánta bendi- ción había sido para Steve Meeks, su pastor, un artículo acerca de la intercesión, intitulado: Cómo equipar a los santos, que yo había escrito en la revista Vineyard. Entonces Doris y yo planeamos pasarnos varias horas con Alice y Eddie antes de marcharnos de Corea. En una ocasión le pregun- té a Doris:
—¿Crees que Alice podría ser una candidata para una compañera de oración?
—¿Qué estamos esperando?—dijo Doris—. ¡Es mejor que la invitemos antes de marcharnos! Esto se desviaba radicalmente de nuestro procedimiento común. Alice era una completa extra- ña y habíamos esperado tres meses antes de invitar a una intercesora internacionalmente recono- cida como Bobbye Byerly. Pero ambos teníamos un fuerte testimonio en nuestros espíritus de que Alice sería una compañera de oración. Así que le preguntamos y de inmediato aceptó porque hacía seis meses que sabía que Dios le había asignado el trabajo.
En ese momento Alice se convirtió en una compañera de oración I-2. Pero uno o dos meses después, mientras oraba durante mi tiempo de oración privada, la palabra del Señor me vino tan fuertemente que «apunté» la palabra por primera o segunda vez, que pueda recordar. Todo el asunto trataba acerca de mi futura dirección y Alice Smith.
Entre otras cosas, Dios me dijo que Alice sería mi intercesora más poderosa. Le pregunté a Dios cómo podría ser esto ya que Cathy Schaller había sido mi intercesora más eficaz por varios años. No respondió en aquel entonces, pero unas semanas después me mostró que le estaba otorgando otra tarea a Cathy con los ministerios DAWN. Mientras tanto había hablado con Alice acerca de cambiar de I-2 a I-1. Me asombro de la bondad de Dios al proveernos una [p 161] nueva intercesora I-1 aun antes de reasignar la que tan benignamente nos había dado por siete años. Intercesión que salva la vida
Un par de meses después de esto, Dios pareció sellar esta nueva relación con un segundo inciden- te del que creo que mi vida física fue salvada una vez más. La primera vez, cuando Cathy oró por mí cuando me caía de la escalera, implicó varios detalles físicos tangibles que indicaban una causa y efecto probables aunque, como dije, no podría probar en una corte legal que su oración salvó mi vida. Este segundo incidente como único se puede interpretar es en el Espíritu y sólo podemos especular sobre lo que me pudo suceder de no ser por la intercesión de Alice.
Alice Smith, de cuarenta años, es madre de cuatro niños y agente de bienes raíces. Es además maestra bíblica y conferenciante. Me llamó el 23 de noviembre de 1990 para decirme lo que le había sucedido el 15 de noviembre. Ese día ya había estado orando por Doris y por mí durante dos horas y media cuando le sobrevino un cambio y comenzó una guerra espiritual increíblemente in- tensa. Este era el ataque más portentoso en el que había estado involucrada en más de dieciséis años de experiencia con la guerra espiritual de alto nivel. Ella escribió en su diario: una y quince de la tarde, y sabía que estaba en grave peligro físico.
A medida que comenzó a interceder, el Señor le dio una visión de un principado que provenía del sur. Información posterior nos ha llevado a sospechar que la fuente de este ataque fue el espíri- tu de la muerte conocido como San La Muerte, con el que batallamos en Argentina en la mayor parte de 1990. La historia de esa batalla en el frente en Argentina se relata en mi libro Oración de guerra. No sabemos si ese espíritu de muerte estaba directamente involucrado o si se habían otor- gado asignaciones por medio de algún tipo de jerarquía de ángeles de las tinieblas.
Alice dice: «El principado era tan enorme como un hombre y estaba flotando sobre el hombro izquierdo de [p 162] Peter con una flecha en su mano apuntando a su corazón. Yo gritaba: “¡Sálva- lo Señor! ¡Apiádate y sálvalo!” El Señor reveló que este era un espíritu de muerte. Le pregunte al Espíritu Santo si Peter estaba bien, y respondió: “¡Su vida está en balanza!” ¡Entonces me inundó mucho dolor! Estaba bajo tanta labor de oración que me arrastré hasta el teléfono y le pedí a Eddie que orara. Luego Eddie me dijo que pensó que estaba muriendo y reclutó al pastor Steve Meeks y a algunos de nuestros otros intercesores para ayudar. La batalla se hizo más intensa. Grité pidien- do misericordia, recordándole al Padre de sus planes para Peter, pronunciando la Escritura, bata- llando contra las fuerzas de las tinieblas. Entonces, a la una y cincuenta y siete de la tarde, tan pronto como comenzó, se terminó. Vi a un ángel guerrero del Señor venir y quitarle la flecha de la mano del principado, quebrarla en dos sobre su rodilla ¡y partir hacia el oeste! El espíritu de muerte simplemente se desvaneció».