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En el marco de las oportunidades las inequidades ambientales estarían representadas indirectamente en el sentido que los elementos del ambiente son indirectamente

elementos constitutivos de las oportunidades de llevar una buena vida. La inequidad relacionada con el ambiente puede evaluarse también desde un marco de justicia del acceso a bienes primarios (rawlsiano), en el cual el ambiente está representado en dichos bienes (Berthe & Ferrari, 2012; Sen, 2013).

Schiedel (2013) hace una diferenciación de pobreza en dos categorías, débil y fuerte. La categoría débil se refiere a la pobreza como tradicionalmente se ha comprendido (nivel de ingreso o de consumo limitado), y la fuerte relativa a los nuevos estudios de pobreza multidimensional que es caracterizada por su complejidad así como por la multiplicidad de valores asociados a sus diferentes dimensiones que a veces impide compararlos con una unidad común. Esta perspectiva puede hacerse extensiva a la inequidad, en donde una forma débil de inequidad es aquella donde el espacio comparativo es el nivel de ingreso o el nivel de consumo, y una versión de inequidad fuerte en la cual diferentes espacios, no siempre comparables, componen una inequidad. Esto implica que los espacios están relacionados, así no puedan expresarse en unidades comunes, es decir así no haya conmensurabilidad.

Esto lleva a reflexionar sobre qué tan separables son las inequidades sociales de las inequidades relacionadas al acceso o distribución de una base material biofísica, es decir, de los bienes y servicios ambientales. En este sentido Georgescu-Roegen (2011) anotaba:

Las inequidades de la distribución de los recursos naturales relativas al tamaño de la población correspondiente están distorsionando la vieja inequidad en unos casos, y acentuándola en otros (…) Los economistas deben convencerse de la verdad crucial de que la inequidad social está muy arraigada en nuestro modo de vida exosomático. Por lo tanto, los únicos medios de prevenir que se vuelva más grave son políticos y destinados a mantener la libertad de crítica y el derecho al voto [TP] (p. 106-8).

Así, planteaba que los espacios evaluativos de las inequidades tradicionales no pueden escapar a las inequidades en el uso de los recursos e iba más allá al mencionar que la organización exosomática (uso de la materia y energía más allá que para las necesidades físicas) moldea las inequidades sociales. En cierto sentido, la perspectiva más reciente de Sen (2004, 2013) cuenta con el reconocimiento de la crisis ambiental y su relación con el sobreconsumo y aunque no enfatiza en esta relación tan fuertemente reconoce un punto adicional en el que las dos perspectivas se acercan y es en el papel de la participación política para enfrentar la inequidad.

Por otra parte, Kapp (1978) liga el proceso de socialización de los costos del proceso económico con un proceso de fabricación de desigualdad social. La lógica consiste en que el proceso de socialización de la contaminación permite a quienes la producen acaparar más beneficios de los que habrían tenido si no la socializaran. Esta ventaja al transcurrir el tiempo se traduce en un poder económico y político que es usado para blindarse contra los efectos negativos del proceso. “Visto de esta forma el conflicto por la prevención de los costos sociales o por una distribución más equitativa de éstos no es más que una parte integral del acceso gradual al poder político por grupos anteriormente

32 El Cambio Climático y la Inequidad en Colombia… excluidos de dicho poder” [TP] (1978, p. 16). De este modo, el problema de la generación de polución, como es el caso del CC, es ante todo un problema de distribución intra e intertemporal del acceso político y económico a las condiciones institucionales de regulación del derecho a emitir versus el derecho a percibir las emisiones. De forma similar, Storm (2009) señala que el proceso del CC es principalmente un problema político.

Max-Neef (2010, 1993), en su teoría del desarrollo a escala humana puso el foco en las necesidades e incluye el papel del consumo energético necesario, siendo una propuesta cercana a la de Sen34 en cuanto reconoce la pluralidad del ser humano al tiempo que considera la base biofísica. El mérito de esta propuesta de las necesidades es su separación de los satisfactores. Mientras las necesidades son limitadas y clasificables, y son las mismas para todas las sociedades, los satisfactores de dichas necesidades son los que pueden ser ilimitados, y los bienes y servicios, de origen social o ecosistémico, son lo que viabilizan dichos satisfactores, es decir, el ambiente es también una base material necesaria para la satisfacción de necesidades. Sin embargo, pese a que las necesidades son un límite inferior en referencia al bienestar (y por ello es una perspectiva asociada a la pobreza (Berthe & Ferrari, 2012; Scheidel, 2013)), el ambiente impone un límite superior para a los satisfactores.

Una contribución interesante de Max-Neef son los satisfactores sinérgicos o los inhibidores. En esta dirección Jackson et al. (2004) argumentaron que hay formas de consumo material que permiten satisfacer necesidades presentes pero son, asimismo, inhibidores de necesidades de generaciones futuras. Son precisamente los tipos de satisfactores que implican un uso del ambiente por encima de los límites superiores. Esta lógica puede expandirse a la inequidad intrageneracional al reconocer que un tipo de consumo puede permitir satisfacer necesidades de un grupo social en el presente al tiempo que inhibe a otros grupos la posibilidad de satisfacer sus necesidades. Y cabe la posibilidad de una constitución de una doble inhibición o doble inequidad, en el sentido de que el estilo de satisfactores que usa un grupo social excede de tal forma los límites ambientales que imposibilita a otros grupos de la misma generación satisfacer sus necesidades y al mismo tiempo le quita la posibilidad de satisfacer sus necesidades a grupos futuros.

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Es una perspectiva cercana en el sentido de capturar diferentes facetas del humano y plantear una propuesta de desarrollo desde sus potencialidades. Sin embargo, hay diferencias principalmente porque Sen se opone a la perspectiva de las necesidades pues arguye que ver a los sujetos del desarrollo como necesitados es equivalente a verlos como pacientes o enfermos que requieren de una receta para mejorarse y así se niega la característica de la agencia, o capacidad de acción de los propios sujetos para conseguir lo que ellos valoran. Sin embargo, esta no es la noción que Max-Neef da a las necesidades, de hecho incluye en su matriz varias necesidades básicas que son constituyentes de lo que Sen denomina agencia, a saber, Participación, Creación, Identidad y Libertad.

Jackson (2008) argumentó que el sistema económico actual necesita aumentos constantes en el nivel de consumo para sostenerse como sistema, pero estos aumentos en los niveles de consumo a partir de cierto punto no mejoran los niveles de bienestar, esto es lo que se conoce como la ‘paradoja del bienestar’. El autor afirma que esos aumentos tienen raíces a nivel psicosocial y a nivel estructural. Es importante extraer de aquí que la inequidad más que ser un fenómeno aislado, hace parte del proceso de expansión del consumo agregado y puede, contrario a la hipótesis de Kuznets, acabar por amplificar las inequidades sociales.

Finalmente, Gudynas (2010) mostró de forma análoga que el consumo tiene un límite inferior, de pobreza, y uno superior, de opulencia, que están en relación con la extracción de recursos naturales, que a su vez tiene un límite superior de sostenibilidad. En su argumentación, la sostenibilidad fuerte consiste en la conjunción de esos tres límites. El espacio entre los tres es el espacio de la sostenibilidad. Además, afirmó que el mundo de hoy se caracteriza por un pequeño grupo que está por encima del límite de opulencia y del límite de uso de recursos mientras una gran cantidad de individuos permanece por debajo de la línea de pobreza.

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