3.4 Results
4.4.1 Artificial Test Images
La hipótesis de elaboración de este mapa es una desaparición de los actuales sistemas forestales arbolados. Esta eliminación hipotética del arbolado se realizaría sin aprovechamiento pastoral posterior, entre otras razones por falta de cabezas de ganado disponibles para tamaña superficie deforestada. Todo ello se traduciría en amplias extensiones de matorral, el cual realiza una labor de lucha contra la erosión mucho menor que un arbolado permanente.
Los porcentajes obtenidos serían los siguientes, donde los efectos del cambio son más claros en Gipuzkoa y Bizkaia por su mayor superficie arbolada.
NUL/LI P/IMPO MODER. ALTA M.ALT EXTRE. IMPRO C.A.P.V. 34 29,6 15,9 13 2,6 0,02 4,9
ALAVA 46,1 31,1 12,7 5,6 5 0,02 3,8
GIPUZKOA 20,7 26,9 19,8 23 5,6 0,04 4
BIZKAIA 29,4 29,8 17 14,2 2,9 0 6,6
La mayor parte de las superficies geográficas de Gipuzkoa y Bizkaia se compone de superficie forestal arbolada con especies de crecimiento rápido (un 34% de Gipuzkoa y un 40% de Bizkaia). Esto se traduce en el hecho de que al cabo de pocos lustros tras su plantación, el arbolado ha alcanzado edades de aprovechamiento final y éste se realiza en forma de cortas a hecho. Cuando esto sucede, el suelo queda provisionalmente desprotegido ante la erosión y puede sufrir las pérdidas de suelo correspondientes a un matorral o un pastizal en sus mismas condiciones, hasta que el nuevo arbolado alcance la espesura adecuada. Un arbolado realiza una protección total del suelo cuando la cobertura
de éste por las copas arbóreas es completa, hecho que suele suceder en las especies de crecimiento rápido a los 7-10 años de la plantación.
Ante este hecho, cabe suponer que la situación real de los sistemas forestales de especies de crecimiento rápido en el tema de la erosión será intermedia entre los mapas 1 y 2.
Como resumen del tema de la erosión en el territorio vasco, se aprecia en general una gran susceptibilidad a sufrirla, caracterizada por el marcado carácter torrencial de las precipitaciones recogidas en las zonas costeras, la irregular topografía y las fuertes pendientes de las montañas. Por lo que respecta a la composición de los suelos, su facilidad para sufrir erosión se puede definir a grandes rasgos como media, con altos porcentajes de materia orgánica que contribuye a disminuirla. La vegetación, sobre todo la gran superficie forestal arbolada, es un factor importantísimo en la lucha contra la erosión y permite que, en general, la velocidad de formación de suelo sea superior a la de su destrucción. De todas formas conviene recordar que el equilibrio formación/destrucción de suelo es inestable, y las actuaciones del hombre (talas masivas, mecanización agresiva en zonas de alta pendiente, cultivos inadecuados, incendios, etc.) pueden echar a perder en pocos años un bien fundamental en la riqueza de un territorio: el suelo.
Puede afirmarse que la cubierta arbórea del País Vasco cumple un gran papel en cuanto al control de la erosión. Siendo ya de por sí importante la extensión actual de esta superficie arbolada y no existiendo los problemas erosivos típicos de otros territorios cercanos, no parece necesario acometer grandes operaciones de reforestación con este fin. No obstante, sí resultará aconsejable centrar este tipo de actuaciones en tierras agrarias marginales ligadas a ambientes mediterráneos y sometidas a importantes procesos de erosión.
3.3.- PRODUCTOS DE USO TERCIARIO 3.3.1.- Fauna silvestre
* Sistemas forestales y fauna silvestre:
La persecución directa ha eliminado a lo largo de la Historia diversas especies en la C.A.P.V. (oso, lince, etc.) o bien las ha dejado reducidas a presencias esporádicas o a poblaciones de pocos ejemplares (lobo, diversas rapaces, etc.). La recuperación futura de estas especies, básicamente vertebrados protegidos por diversos Convenios Internacionales suscritos por el Estado, es lenta y problemática en unos casos e inviable en otros.
La alteración de los hábitats por parte del hombre se puede limitar a una reducción superficial de ciertos biotopos o bien a cambiar las características del entorno, dificultando en ambos casos el desarrollo de la vida animal. En este aspecto, los siguientes factores (Notario, 1986) cumplen un papel fundamental en cuanto al proceso de alteración de los ecosistemas:
- Cultivos agrícolas: La sustitución de los cultivos de secano por los de regadío influye negativamente en la conservación de la fauna silvestre, siendo éste un ejemplo de las consecuencias dañinas que para muchas especies conlleva la utilización intensiva del suelo agrícola (pesticidas, eliminación del matorral, etc.).
- Repoblaciones forestales: Las plantaciones extensivas y monoespecíficas provocan, con el transcurso del tiempo, una reducción paulatina en la variabilidad específica de la fauna existente antes de la repoblación.
- Ocupación del territorio: La reducción del espacio vital y la alteración y transformación que se produce en los terrenos adyacentes a la ocupación humana crea condiciones poco propicias para muchas especies animales.
Una de las ideas fundamentales de la Ecología es el hecho de que la diversidad de condiciones naturales (microclima, topografía, suelos, etc.) crea una gran variedad de hábitats y por tanto favorece la diversidad faunística. Por ello, en cuanto a la protección de la vida animal silvestre, en general, será más propicia la existencia de variedad en los sistemas forestales, tanto entre sus tipos posibles como en su estructuración interna.
Sobre la fauna silvestre que habita los sistemas forestales confluyen diversos colectivos con intereses dispares. Un sector amplio de la sociedad tiene un interés meramente conservacionista hacia la fauna silvestre, por lo que reivindican espacios conservados donde las especies puedan desarrollarse. Grupos más radicalizados llevan este interés hasta posturas que defienden la protección absoluta de las especies y su recuperación en las áreas de donde históricamente han desaparecido.
Los cazadores y pescadores son otros dos colectivos importantes en su postura sobre la fauna silvestre. Estos son los grupos que realizan un aprovechamiento más directo sobre la fauna silvestre. En general son partidarios la protección genérica de las especies, compatibilizándola con un aprovechamiento cinegético o piscícola, en su caso. Demandan, al igual que los colectivos anteriores, espacios apropiados para el desarrollo de la fauna y la recuperación de las especies que han visto mermadas sus poblaciones. A estas peticiones suman otras, tales como el control de las poblaciones de depredadores.
Por último, los ganaderos y agricultores demandan unas poblaciones de especies silvestres tales que no sufran daños económicos en sus aprovechamientos.
3.3.2.- Calidad de las aguas
Difícilmente puede catalogarse a los cursos de agua como una clase de sistemas forestales, si bien muchas de sus características dependen estrechamente del tipo de cubierta vegetal de la cuenca. El porcentaje de superficie de una cuenca ocupada por masas arboladas y el estado de éstas determinan las condiciones del ciclo hidrológico, siendo un buen regulador de los caudales y de la calidad del agua. Además, los bosques de ribera cumplen un papel fundamental en la fijación del terreno de las orillas y crean condiciones favorables para la vida acuática (regulación de temperaturas, aporte de alimento en forma de materia orgánica, etc.). La existencia de un caudal más o menos permanente y la vida de muchos organismos acuáticos están relacionados con el estado de conservación de las masas forestales que jalonan los cursos de agua de los montes. * Estado de los cursos de agua de la C.A.P.V.:
La situación actual de los cauces fluviales de la C.A.P.V. en cuanto a la calidad de las aguas transportadas puede cuando menos calificarse de muy preocupante. El gran número y la diversidad de vertidos industriales y urbanos ha creado, sobre todo en los ríos cantábricos, zonas de aguas "biológicamente muertas". Los trabajos de encauzamiento artificial y la destrucción de la vegetación de ribera son factores que también contribuyen a disminuir la calidad de las aguas, junto a un gran número de obras en los cauces (embalses, tomas de agua) que dificultan los desplazamientos de organismos acuáticos, llegando a aislar a sus poblaciones, impidiendo el intercambio cromosómico.
El informe "1984-85. Situación de los ríos del País Vasco y objetivos de calidad de las aguas" (Gobierno Vasco, 1985) prevé alcanzar unos niveles que se podrían definir como muy buenos en cuanto a la calidad del agua transportada por los ríos de la C.A.P.V. Para ello establece distintos proyectos de saneamiento, con los consiguientes gastos de inversión y mantenimiento.
Alcanzar y mantener los objetivos de calidad de las aguas son fines que no se podrán conseguir sin una ordenación hidrológico-forestal de los montes vascos, que asegure la regulación natural del ciclo hidrológico (control de caudal y de calidad de aguas).
3.3.3.- Uso y disfrute del paisaje * Generalidades.
En consonancia con la idea de que la montaña es "una construcción del espíritu elaborada por la subjetividad colectiva" (Canac, 1968), la sociedad vasca, a pesar del carácter urbano de su economía y de sus formas de vida, se ve a sí misma y es percibida desde el exterior como un pueblo de montaña.
A todo esto hay que añadir la influencia que, sobre este interés especial del ciudadano vasco ante temas medioambientales, tiene la frecuentación del medio natural por parte de una población que, a pesar de su carácter fuertemente urbano y concentrado, considera la montaña y su entorno como parte integrante de su cultura y su sistema de valores.
* Hábitos de frecuentación del medio natural en el País Vasco
Este medio natural, tan próximo, accesible y familiar a las costumbres de una población casi enteramente rodeada de montañas, se presta tanto al montañismo y al senderismo como al pic-nic familiar, a la caza y a la pesca como a la lectura y el reposo.
Dadas las características de la montaña y del medio rural-natural vascos, este tipo de espacios es fácilmente asimilable, en la mayor parte de los casos, a los sistemas forestales. La gran superficie arbolada del país, así como la directa relación de otros usos (praderas, helechales, etc.) con el forestal, así lo determinan.
En invierno, más de un 30% de la población abandona su residencia habitual los fines de semana. De ese porcentaje, más de la mitad dedica parte de su tiempo a actividades ligadas al medio natural, campo, monte, etc., más de un 15% se dedica al montañismo y casi un 35% afirma salir al campo, aunque la mayor parte sólo por unas horas.
En verano la situación se invierte. Casi un 70% de la población afirma abandonar su lugar de residencia el fin de semana.
Frente a lo que ocurre en invierno, la montaña y el campo descienden en importancia relativa, aunque el número absoluto de visitantes aumenta, al doblarse el porcentaje de los que salen de sus domicilios el fin de semana (34% del total de salidas, frente a un 49% en invierno; pero 23% del total de la población, frente a un 17% en invierno). Como en invierno, en verano la frecuentación del medio natural en fin de semana no implica en la mayor parte de los casos el pasar una noche fuera de casa.
En resumen, se podría afirmar que, en torno a un 20% de la población en invierno y a un 30% en verano, utiliza, en algún grado, durante los fines de semana, el medio natural. De ellos, la mayor parte, dada la brevedad de la duración de la actividad, menos de un día en la generalidad de los casos, es de suponer que se realiza, y en todo caso se podría realizar, dentro del ámbito de la Comunidad Autónoma.
* Posibilidades del medio natural de la C.A.P.V. para satisfacer esta demanda. Una buena política de protección del medio natural, particularmente y por lo que aquí más directamente interesa, una política de gestión recreativa de los montes, debería racionalizar la frecuentación y conseguir el objetivo de preservar y comunicar los valores, naturales y culturales, que les son propios.
Hasta el momento, 1992, las Diputaciones Forales mantienen numerosas Areas Recreativas, generalmente en Montes de Utilidad Pública, que, a la par que absorben una parte de la demanda de usos recreativos al aire libre, concentran en ellas riesgos más fáciles de controlar que si se dispersaran en el territorio.
NUMERO DE AREAS RECREATIVAS EN LA C.A.P.V.
ALAVA 24 BIZKAIA 44 GIPUZKOA 40
La frecuentación masiva del medio natural por parte de usuarios urbanos orientados hacia actividades pasivas y necesitados de equipamientos de acogida más importantes, es mucho más peligrosa y difícil de controlar que el excursionismo o montañismo tradicional, actividad lineal y poco exigente en cuanto a infraestructuras. Lo reducido del territorio de la C.A.P.V., unido a las altas densidades demográficas, obligan a tomar seriamente en cuenta el fenómeno de la frecuentación urbana del medio natural que, si bien ofrece amplias posibilidades recreativas, deben éstas estar muy bien estudiadas para evitar impactos negativos, puntuales y zonales, que podrían degradar fácilmente este medio.
Ambos tipos de uso recreativo precisan de tratamientos diferenciados. El montañero realiza un uso lineal del territorio, ocupado mayoritariamente en el caso que aquí interesa por sistemas forestales. Su demanda de equipamientos es muy escasa. En cualquier caso, señalizaciones simples, algún refugio (la práctica inexistencia de grandes distancias en la Comunidad Autónoma no hace a éstos especialmente necesarios) y pequeños equipamientos rústicos en el interior del monte (donde no accede el tráfico rodado) como
ofrecen así buenas posibilidades para este tipo de usuario, generalmente procedente de la misma C.A.P.V., y poco o nada impactante para el medio natural.
Se debe señalar la existencia en este momento de dos Parques Naturales, Urkiola y Valderejo, además de otros en proyecto, y de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. De esta manera, se intentan utilizar las posibilidades ofrecidas por los Parques Naturales para integrar el desarrollo rural, el uso recreativo y la protección medioambiental dentro de una misma figura de Ordenación Territorial.