CHAPTER 6: CONCLUSIONS AND FUTURE WORK
6.3 RTI-ASOM
Hilario distingue los dos relatos de la creación del hombre, Gn 1, 26-27 y Gn 2, 7. Respecto al de Gn 1, 26, el obispo de Poitiers toma las opiniones de Tertuliano, que obtiene de la tradición griega, a tra- vés de Orígenes. Defiende la superioridad del hombre respecto al res-
to de los seres de la creación creados por la palabra y la orden divina, mientras que la creación del hombre es fruto de una deliberación pre- via, «consilium», y obra de las manos de Dios127.
Al estudiar en concreto las palabras de san Hilario del Tratado sobre los Salmos donde el obispo de Poitiers compara la creación del hom- bre con la del resto de seres materiales, se aprecia que el modo en que la Sagrada Escritura relata la creación del hombre le indica a Hilario que el hombre es fruto de un examen previo y una confirmación, que no se ha dado en la creación de las otras criaturas.
«En la creación del mundo, sabemos que todo fue hecho por la pala- bra, puesto que él dijo: “Que la luz sea”, él dijo: “Que el firmamento sea”, él dijo: “Que aparezca la tierra firme”, él dijo: “Que la tierra pro- duzca hierba llevando semilla según su especie”, él dijo: “se hagan las lu- ces en el firmamento”, dijo: “Que las aguas hagan salir...” (cfr. Gn 1, 3.6.9.11.14.20). Por consiguiente todas las cosas a partir de las cuales o en las cuales el cuerpo del universo entero ha sido creado, toma origen de una declaración y comienza a tomar la forma que ella tiene (a subsis- tir) a partir de una palabra de Dios128. Pero a propósito del hombre, Dios habla en estos términos: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza” (Gn 1, 26). Así la naturaleza y el origen del “hom- bre” se distinguen ellas de la constitución de todo el resto de la creación; la génesis del hombre en particular es el resultado de un examen y de una confirmación, mientras que las otras criaturas han recibido la orden de existir por así decir sin deliberación. Así pues el origen del “hombre” posee la dignidad particular de haber sido el objeto de un examen pre- vio129»130.
Por tanto el hombre tiene una naturaleza y un origen distintos del resto de seres de la creación, y de este modo se podría decir que el hombre es objeto de una especial creación que produjo una naturale- za especial distinta a la de los demás seres.
Por otro lado, en una línea similar a lo expuesto hasta ahora en este epígrafe, san Hilario al comentar el Salmo 134, en concreto el versículo 6 referente al obrar de Dios con voluntad infinitamente po- derosa, también habla de la creación especial del hombre, fruto de un plan de Dios, pero con el aliciente de que aprovecha para incoar el tema de la vida moral.
Concretamente, el obispo de Poitiers habla de la omnipotencia de Dios y de su amor al hombre por encima de los otros seres creados. Su creación fue diversa de la de los demás seres, fruto de una delibe- ración, también hecho a imagen y hecho un alma viviente por el so-
plo de Dios. Sin embargo el hombre pecó y después de su caída que- dó la misericordia divina y el hombre fue lentamente instruido en el conocimiento de Dios y esto lo hizo bueno. Por eso Dios se encarnó y dio la doctrina apostólica que da sombra ante el calor y excluye todo lo que estaba seco, del futuro juicio. Estas son las palabras de Hilario:
«En aquel (la frase que sigue): “todo lo que quiso, hizo en el cielo, en la tierra, en el mar y en los abismos” (Sal 134, 6); a cuanto alcanza nues- tro conocimiento no hay para Dios nada más digno de amor que el hombre. A esto subyace una causa, para que este ser vivo le sea un ser es- pecial. El mundo lo fundó por medio de la palabra, el hombre, sin em- bargo, está hecho como fruto de una deliberación (procede de una refle- xión), no a través de la (mera) palabra sino a través de un obrar pensado. También está hecho a imagen de Dios; es llevado a su término como un alma viviente por el soplo de Dios. Recibe una ley, y es entregado a su propia voluntad (o sea), libre de todas las cosas es constituido señor del mundo, habita el paraíso, el demonio le considera digno de su envidia, después del pecado le queda todavía (no así a los demonios)131la miseri- cordia de Dios, en todo tiempo del paganismo es educado para conocer mejor a Dios y es preparado para ser juez de los ángeles. La creación es- pera la revelación que recibe el hombre, estando ella misma sometida a la vacuidad en la esperanza (de la Redención que vendrá); cuando hace penitencia de su pecado, se da la máxima alegría de los ángeles en los cielos. Él mismo (el hombre) por el misterio de la natividad humana de Cristo, es asumido en Cristo, y ahora en todos los lugares ante la boca irreligiosa enseña su religión (de Cristo) y ya el cuerpo ensuciado por los estupros (la violación de una mujer) es puro a través de la continencia, y ya la inteligencia, anteriormente ciega respecto al conocimiento de Dios, está convertida en Israel (o sea en el nuevo pueblo de Dios, es de- cir la Iglesia). Ya de la envidia pasa a la imitación del bien, ya de la ebriedad pasa con ardor al ayuno, ya el odio se convierte en amor, ya de- saparecen los vicios en una vida de virtudes»132.
El hombre no ha sido hecho como las demás cosas sino que es he- cho por una reflexión. Tiene alma, vive en el paraíso, después del pe- cado Dios le mira con misericordia, le educa, y es preparado para lle- gar a ser juez sobre los ángeles. Cuando hace penitencia todos los ángeles se alegran. Por el hombre, el Unigénito tomó condición hu- mana y el cuerpo del hombre ensuciado por los estupros se ha vuelto puro, la envidia se ha convertido en la admiración del bien, el odio en amor y han desaparecido los vicios con una vida de virtud. El hombre antes no tenía nada de todo eso que ha conseguido gracias a
Dios, porque es Dios el que con su iniciativa hace lo que quiere y con el hombre tiene un plan.
En resumen, el hombre no es hecho como las demás cosas, sino fruto de una reflexión, tras una deliberación, y una confirmación. Y además es obra de las manos de Dios133, con lo que se puede decir
que san Hilario en este punto sigue a Tertuliano.