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ASSESMENT OF THE MULTISECTOR INSTITUTIONAL SUPPORT PROJECT (PAIM)

In document DEMOCRATIC REPUBLIC OF CONGO (Page 61-66)

La televisión fue creada con la intención de entretener a diversos públicos creándose así diferentes tipos de programación y a su vez llevando implícitos distintos valores, pero, ¿hasta que punto la programación de la televisión llego al extremo de influir en la vida de las personas y hasta en su propia dignidad?

Frankl (1979) nos menciona sobre su experiencia en un campo de concentración y como toda la escala de valores se veía amenazada por todo ese torbellino mental. Influido por un entorno que no reconocía del valor de la vida y la dignidad humana que había desposeído al hombre de su voluntad y le había convertido en objeto de exterminio (no sin utilizarles antes al máximo y extraerles hasta el ultimo gramo de sus recursos físicos) el yo personal terminaba acababa perdiendo sus principios morales.

Si en un ultimo esfuerzo por mantener la propia estima el prisionero de un campo de concentración no luchaba contra ello, terminaba por perder el sentimiento de su propia individualidad de ser pensante, con una libertad interior y un valor personal. Acababa por considerarse solo una parte de la masa de gente: su existencia se rebajaba al nivel de la vida animal. La televisión es como un campo de concentración donde la escala de valores se ve amenazada continuamente ya que la mayoría de la programación puede llegar a no reconocer la dignidad humana, burlándose de los defectos de otros y haciendo hincapié en lo que no es bueno para los demás que no siguen los parámetros establecidos por la programación. Podemos observar continuamente muerte y destrucción en las series, películas, novelas y dibujos animados, dándole un valor mínimo a la vida y como consecuencia a la dignidad humana. El continuo bombardeo de contravalores puede terminar destruyendo los principios morales del si mismo, como consecuencia de la lucha constante contra la masa, o como lo menciona Víctor Frankl un rebaño de ovejas sin voluntad ni pensamientos propios.

La televisión desde que es encendida no toma en cuenta la existencia del que la esta viendo simplemente empieza su ataque agresivamente y despiadadamente. Mostrándonos sus estereotipos e ideales sin tomar en cuenta nuestro propio contexto y experienciación. “Ahora nos tratan como si no fuéramos nadie, como si no existiéramos” (Frankl: 1979:56). Pero esto lo lleva siguiente reflexión “La experiencias en un campo demuestran que el hombre tiene capacidad de elección.

Los ejemplos son abundantes, algunos heroicos, los cuales prueban que puede vencerse la apatía, eliminarse la irritabilidad. El hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión física y psíquica” (Frankl: 1979). Tenemos la capacidad de conservar nuestra propia libertad mental y espiritual podemos evitar todos esos mensajes que intentan manipularnos para movemos con el rebaño.

La televisión nos vende una libertad, una libertad que nos vuelve esclavos del consumismo y de nosotros mismos, ya que al aceptar esa libertad que nos vende estamos ayudando a que consiga su propósito. Para la televisión la libertad es tener objetos e imágenes que nos hagan sentir “libres”. ¿Porque parece que el fin es destruir los valores aprendidos de las personas?

Si nosotros queremos podemos evitar eso que pareciera ser una destrucción de valores positivos, como nos menciona (Frankl: 1979) Los principios morales no mueven al hombre, no le empujan, mas bien tiran de el” así de esta manera puedo llegar a la conclusión de que los valores no son destruidos si no que los valores promovidos por la televisión tiran de la persona hacia otros que se les consideran contravalores, pero desde la perspectiva de Frankl (1979) “El hombre se ve arrastrado por los principios morales, lo que implícitamente se infiere es el hecho de que la voluntad interviene siempre: la libertad del hombre para elegir entre aceptar o rechazar una oferta; es decir para cumplir un sentido potencial o bien para perderlo.

La consecuencia de dejamos tirar por los principios morales que la televisión nos promueve considero que nos lleva a lo que Frankl (1979) llama vació existencial que es lo que el considera la perdida que el hombre ha sufrido de sus tradiciones que habían servido en contrafuerte a su conducta se están diluyendo a pasos agigantados. Carece pues de un instintito que le diga lo que ha de hacer, y no tiene ya tradiciones que le indiquen lo que debe e hacer; en ocasiones no sabe ni siquiera lo que le gustaría hacer. En su lugar desea

hacer lo que otras personas hacen (conformismo) o hace lo que otras personas quieren que haga (totalitarismo).

De esta manera la televisión puede llevarnos a este vació existencial desde que promueve la conducta de otras culturas como las llamadas generaciones X que son identificadas por sus conductas autodestructivas. Frankl nos menciona que este vació existencial puede ser enmascarado con diversas caretas y disfraces y como consecuencia llega a la siguiente conclusión A veces la frustración de la voluntad de sentido se compensa mediante la voluntad de poder., en la que cabe su expresión más primitiva: la voluntad de tener dinero. En otros casos la voluntad de sentido se frustra, viene a ocupar su lugar la voluntad de placer. Esta es la razón de que la frustración existencial suele manifestarse en forma de compensación sexual y así en los casos de vació existencial, podemos observar que la libido sexual se vuelve agresiva.

Considero que seria una explicación viable a la violencia que puede generar la televisión, no simplemente por las imágenes transmitidas cargadas de violencia si no por la frustración que puede provocar al individuo la no obtención de los placeres u objetos materiales que la televisión nos muestra entre la programación y anuncios publicitarios.

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