La historia de la congelación de espermatozoides comenzó tras la Segunda Guerra Mundial. Cuando los clínicos se dieron cuenta de algunas formas de azoospermia masculina o de oligoospermia severa que no podían ser mejoradas mediante el tratamiento médico, se creo la idea de organizar bancos de esperma. Esto coincidió con las visiones generales éticas de un gran número de parejas que sufrían infertilidad, llegando a la conclusión de que la causa estaba fundamentalmente en el lado masculino, pero que compartían valores emocionales suficientes para garantizar la educación del niño. Por ello, los bancos de esperma iniciales eran fundamentalmente, sino totalmente, para almacenar esperma de donante.
La técnica de la congelación de espermatozoides se demoró solamente unos años hasta llegar a un consenso general. Inicialmente se utilizaron diversos medios que prevenían el choque del frío antes de concluir que el medio óptimo era uno que diluía los espermatozoides no más del 30% y contenían cantidades variables de glicerol, yema de huevo y otros componentes. Los espermatozoides se pusieron en pajuelas en un volumen de 0.5 o 1 mililitro y almacenados en nitrógeno liquido. Los procedimientos de almacenaje para la congelación y descongelacion se han desarrollado satisfactoriamente de forma que el uso regular de inseminaciones de donante ofrece ahora unas posibilidades de embarazo por ciclo que se aproxima mucho a las de la población normal.
La seguridad de utilizar el semen congelado sea probado de forma abundante tanto experimentalmente como en trabajo veterinaria, y finalmente por la existencia de un gran numero de niños sanos nacidos tras el empleo de inseminación de donante con esperma congelado. Cualquier tipo de riesgo que fue considerado en el pasado se eliminó totalmente al utilizar la amplia experiencia que existía en veterinaria y los resultados reales en la especie humana. A pesar de estos resultados, es necesario que existan recomendaciones para un tratamiento óptimo. Estas conciernen a la salud del
donante y la necesidad de excluir cualquier tipo de donante que lleve consigo enfermedades venéreas, hepatitis o virus del SIDA.
Los clínicos que emplean los bancos de semen de donantes pronto se dieron cuenta de que el mismo tipo de almacenamiento de esperma podría ser inicialmente empleado para el esperma del marido. Fundamentalmente en casos de impotencia fue los que este sistema fue empleado. De hecho, hubo unos maridos sufren de impotencia coeundi, pero son perfectamente capaces de producir semen de buena calidad por masturbación. Debido a razones psicologicas y otras no siempre es posible producir una muestra de semen en un momento apropiado del ciclo, por lo que el almacenamiento de espermas también fue introducido para ayudar a los maridos con este tipo de dificultad. El procedimiento después fue extendido a parejas en las cuales el marido tenía que encontrarse fuera por largos periodos de tiempo o para profesionales que necesitaban mantenerse fuera del hogar conyugal y que durante su ausencia el esperma pudiera ser utilizado en sus parejas en el momento de la ovulación. Existe una gran cantidad de literatura que proporciona resultados de utilizar este tipo de inseminación con el semen congelado tanto en ciclos naturales como en ciclos en los cuales la ovulación ha sido inducida.
Uno de los inconvenientes de la congelación de esperma es su pérdida de movilidad de aproximadamente el 20% tras la descongelación de la muestra. Por lo tanto los eyaculados con unos parámetros seminales bajos no deben ser considerados como apropiados para la descongelación.
(Fuente de de consulta: Información obtenida en la dirección electrónica:
http://distritos.telepolis.com/1417/lib/Tecnicas_de_Infertilidad/IFFS.htm, la cual
fue consultada el día lunes 1º de septiembre de 2008, dentro del Portal Google México).
9.4 CRIOALMACENAMIENTO.
El crioalmacenamiento es el estudio y utilización de materiales a temperaturas muy bajas. No se ha acordado un límite superior para las temperaturas criogénicas, pero el Instituto Nacional de Modelos y Tecnología de Estados Unidos ha sugerido que se aplique el término ‘crioalmacenamiento’ para todas las temperaturas inferiores a -150º centígrados. Algunos científicos consideran el punto de ebullición normal del oxígeno (-183° centígrados) como límite superior. Las temperaturas criogénicas se obtienen por la evaporación rápida de líquidos volátiles o por la expansión de gases confinados a presiones de entre 150 a 200 atmósferas. La expansión puede ser simple, es decir, a través de una válvula que comunica con una región de menor presión, o tener lugar en el cilindro de un motor alternativo, donde el gas impulsa el pistón del motor. El segundo método es más eficiente, pero también es más difícil de aplicar.
Los primeros trabajos en la física de bajas temperaturas realizados por los químicos británicos Humphry Davy y Michael Faraday entre 1823 y 1845 allanaron el camino para el desarrollo de la crioalmacenamiento. Davy y Faraday generaron gases calentado una mezcla adecuada en un extremo de
un tubo estanco con forma de V invertida. El otro extremo se mantenía en una mezcla de hielo y sal para enfriarlo. La combinación de temperaturas reducidas y altas presiones hacía que el gas generado se licuara. Al abrir el tubo, el líquido se evaporaba rápidamente y se enfriaba hasta su punto de ebullición normal. Evaporando a bajas presiones dióxido de carbono sólido mezclado con éter, Faraday obtuvo una temperatura de aproximadamente 163 K (-110 °C).
Si un gas a temperatura moderada se expande a través de una válvula, su temperatura aumenta. Pero si su temperatura inicial está por debajo de la llamada temperatura de inversión, la expansión provoca una reducción de temperatura: es lo que se llama efecto Joule-Thomson. Las temperaturas de inversión del hidrógeno y el helio, dos gases criogénicos fundamentales, son extremadamente bajas, y para lograr una reducción de temperatura por expansión, deben enfriarse primero por debajo de sus temperaturas de inversión: el hidrógeno mediante aire líquido y el helio mediante hidrógeno líquido. Generalmente, este método no logra la licuefacción de gases en un solo paso, pero encadenando los efectos en cascada, el físico francés Louis Paul Cailletet y el físico suizo Raoul Pierre Pictet, de forma independiente, lograron producir en 1877 algunas gotas de oxígeno líquido. El éxito de estos investigadores marcó el final del concepto de gases permanentes, y estableció la posibilidad de licuar cualquier gas mediante una compresión moderada a temperaturas inferiores a la temperatura de inversión.
El físico holandés Heike Kamerlingh Onnes montó la primera planta de producción de aire líquido en 1894, utilizando el principio de cascada. A lo largo de los siguientes 40 años, investigadores de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Rusia desarrollaron diversas mejoras del proceso. El químico británico James Dewar fue el primero en licuar el hidrógeno en 1898, y Kamerlingh Onnes licuó el helio (el gas más difícil de licuar) en 1908. Desde entonces se ha dedicado una atención cada vez mayor al estudio de fenómenos a bajas temperaturas. Uno de los retos ha seguido siendo mejorar la eficiencia haciendo que un gas refrigerante opere en un motor alternativo o una turbina. Fueron notables los trabajos del físico ruso Piotr Kapitsa y el ingeniero estadounidense Samuel Collins. Un licuador de helio basado en el diseño de Collins ha hecho posible que muchos laboratorios no especializados puedan realizar experimentos en el punto de ebullición normal del helio, 4,2 K (-268,9 °C).
A temperaturas criogénicas, muchos materiales se comportan de forma desconocida en condiciones normales. El mercurio se solidifica y la goma se hace tan quebradiza como el vidrio. El calor específico de los gases y los sólidos disminuye en una forma que confirma las predicciones de la teoría cuántica. La resistencia eléctrica de muchos metales y metaloides —aunque no de todos— cae bruscamente hasta cero a temperaturas de unos pocos kelvins. Si se introduce una corriente eléctrica en un anillo metálico enfriado hasta hacerlo superconductor, la corriente sigue circulando por el anillo y puede ser detectada horas después. La capacidad de un material superconductor para mantener una corriente ha permitido diseñar módulos experimentales de memoria de ordenador que funcionan a estas temperaturas bajas. No obstante, las computadoras superrefrigeradas aún no resultan prácticas, incluso con el
descubrimiento de materiales que presentan superconductividad a temperaturas algo mayores que las del helio líquido.
Los embriones son congelados 24 horas después de la unión del óvulo con el espermatozoide. Antes de la congelación, bañan al embrión en un líquido que impide la formación de dañinos cristales de hielo que destruyen la maquinaria celular.
El embrión es sometido a un enfriamiento que baja la temperatura hasta los -80º C. Después de quedar completamente congelados se sumergen en nitrógeno líquido a -196º C. Al devolverlos a la temperatura ambiente, la mitad de los embriones muere.
(Fuente de consulta: Jaime Vidal Martínez, et. al., Derecho reproductivos y
técnicas de reproducción asistida, Editorial Comares, Granada, España, 1998,
página 66).
9.5 LA COMPATIBILIDAD Y LA INCOMPATIBILIDAD INMUNOGENÉTICA