Los proyectos entendidos como propuestas concretas de investigación, acotadas en el tiempo, en el tema y en los instrumentos, solo adquieren sentido cuando forman parte de un programa. Los proyectos son, así, intentos de hacer avanzar el programa, o de evitar su retroceso ante los ataques de algún programa adversario. Los proyectos intentan respon- der a determinadas preguntas, corroborar empíricamente determinadas proposiciones, reformular determinados conceptos, pero estas actividades en sí mismas carecerían de sentido si no están insertas en una perspectiva científica global.
Estos conceptos teóricos a menudo se expresan en la organización social y material de la actividad científica. Los científicos se asocian entre sí en función de su común per- tenencia a determinados programas, se citan mutuamente en sus bibliografías, los más experimentados forman discípulos jóvenes a los que guían y asesoran; los trabajos de los más jóvenes (generalmente de alcance más limitado) sirven al desarrollo de proyectos más abarcativos dirigidos por los investigadores de mayor formación o experiencia.
En un medio académico donde la investigación no es una actividad organizada, sino un elemento no esencial, yuxtapuesto sobre una estructura básicamente docente y no investigativa, puede ser común observar investigadores aislados, posiblemente “sin programa” y sin trabajo en equipo, ni formación sistemática de discípulos, ni engarce de unas investigaciones con otras, ni los otros fenómenos sociológicos que expresan en la práctica la existencia de programas científicos en acción. Estos son síntomas evidentes de un sistema científico inexistente, débil o en estado de desarrollo incipiente.
El desarrollo de una comunidad científica se expresa normalmente en el desarrollo de grupos de trabajo, físicamente unidos o dispersos, embarcados colectivamente en actividades vinculadas a un programa, y en competición con programas alternativos. Estos grupos suelen tener otras apoyaturas institucionales tales como revistas, instituciones, fuentes de financiamiento. Por otra parte, un mismo proyecto puede involucrar diferentes clases de análisis, incluso dentro del mismo producto escrito: puede haber en él reformu- lación conceptual, hermenéutica de autores clásicos, análisis de nuevos datos empíricos, reinterpretación de datos empíricos ya conocidos, etc. Normalmente, el desarrollo de una argumentación científica involucra varias estrategias de ataque adecuadas para tratar diferentes problemas.
La investigación avanza en torno a problemas, es decir, a enigmas o interrogantes que brotan en el contacto entre la observación de la realidad y el sostenimiento de deter- minadas premisas teóricas o metodológicas. Los problemas son problemas porque así son definidos o considerados por los programas, y esos mismos programas determinan también formas de atacar esos problemas. Sin embargo, a menudo los investigadores noveles comienzan por elegir un tema, o un área temática, antes que un problema de investigación. Eligen un sector de la realidad, o quizá un fenómeno específico, como objeto de su posible investigación.
Este es el caso, por ejemplo, de un estudiante de Ciencias Sociales que anuncia su deseo de hacer su tesis sobre la pobreza, sobre el trabajo femenino, sobre la reforma de la educación o sobre el desempleo, o un estudiante de historia que declara su intención de investigar el Renacimiento, la Revolución Francesa o un determinado golpe de estado ocurrido en su país. Aunque los conceptos que definen los temas de Ciencias Sociales (pobreza, trabajo, desempleo, etc.) pertenecen a determinados contextos teóricos y los períodos históricos elegidos pueden resultar, en efecto, muy interesantes para la investi- gación, generalmente se los elige no tanto en función de que haya un problema para el programa científico correspondiente, sino como una simple elección de tema basada en preferencias personales, o en la percepción de la importancia política o social de ese tema. Pero esto no es suficiente.
Lo que es necesario percibir es que después de haber señalado o delimitado un área temática, muchas veces falta definir el problema de la investigación y justificar por qué constituye precisamente un problema. Es típico, en esos casos, que primero se elija el tema
y luego comience la búsqueda de un marco teórico, como quien primero elige un destino para su viaje y luego empieza a buscar razones y motivos para ir a ese lugar. En realidad, lo primero debería ser embarcarse en un marco teórico, esto es, en un programa científico que dictará cuáles son los problemas y cuáles son los métodos legítimos para atacarlos. Aun cuando el tema genérico, el área de investigación, brote de preocupaciones extracientíficas, como por ejemplo consideraciones referidas a su relevancia social o política, la elección del área temática no es de ningún modo suficiente para delimitar el problema de investigación. Un problema de investigación no es simplemente algo que el investigador ignora, sino algo que la comunidad científica ignora o necesita resolver.
Esto significa que después de una elección inicial del área temática, y sobre todo si el futuro investigador no la conoce muy bien, se abre una fase de estudio preliminar
(lo que no se conoce se estudia). En esa fase el futuro investigador se dedica a revisar el estado del conocimiento y del debate científico en torno a ese tema, comienza a cons- truir un mapa conceptual del área elegida, a reconocer los distintos enfoques que los investigadores usan para estudiarla y los distintos interrogantes y problemas que se han venido estudiando o debatiendo, los distintos programas científicos en marcha que están tratando de abordar o comprender ese campo o área temática. Puede incluso descubrir la existencia de un problema que hasta ahora no ha sido tratado, lo que le proporciona una valiosa oportunidad de hacer un aporte novedoso si decide afrontar el problema inédito.
Obviamente, la fase de estudio no es estrictamente parte de la investigación científica, sino solo un paso previo, es decir, una etapa de absorción del conocimiento existente, antes que el investigador esté en condiciones de plantearse objetivos de investigación
propiamente dichos, objetivos estos que no son de absorción de conocimientos existentes, sino de creación de conocimiento original. A medida que revisa la literatura científica sobre el tema y se familiariza con ella, el investigador se va convirtiendo en una persona experta en el tema y va adquiriendo la capacidad de pasar de la elección de un área temática a la identificación de un problema de investigación en el marco de determinado programa científico.
Normalmente, por otra parte, la misma elección del problema involucra una opción (explícita o implícita) por un determinado enfoque teórico y metodológico. Para usar el vocabulario de Lakatos: los problemas existen solo en el seno de un determinado programa científico, y al definir su problema el investigador se embarca, conscientemente o no, en un determinado programa científico, con su núcleo central de proposiciones fundamentales, su cinturón protector de hipótesis auxiliares, y su heurística positiva y negativa, que le sirven para avanzar en la definición de problemas y en el intento de resolverlos. Si el investigador está inserto en un grupo de investigadores que trabaja en un determinado programa, ello le habrá dado ya familiaridad con el área temática y con el enfoque de ese programa científico, y le permitirá descubrir problemas vigentes y que merezcan ser objeto de investigación. En otras ocasiones, el investigador parte de la identificación de un problema definido por otros como problema, y se dedica primero a desmontarlo conceptualmente y a reformu- larlo en función de su propio programa de investigación. Por ejemplo, puede comenzar identificando como problema “el hambre”, pero su análisis posteriormente lo lleva a la conclusión de que el problema del hambre o de la desnutrición no puede plantearse por sí mismo sino en un contexto más amplio, como parte de un análisis de la desigualdad y de la pobreza, y de ese modo termina reformulando su problema original inscribiéndolo en una concepción diferente.