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Assessing Livelihood Outcomes

5.1. LEVEL I ANALYSIS: DESCRIPTIVE ANALYSIS

5.1.3. Assessing Livelihood Outcomes

Un detalle del mito de Hrungnir confirma el valor “iniciático" o “de promoción" de este duelo famo­ so: desde entonces, dicen, fó rr lleva en la cabeza, como un estorboso certificado de su victoria, el pe­ dazo de piedra de amolar (kein), arma del gigante, que allí se le fue a clavar.90 Se trata de una repre­ sentación auténtica, popular, que los lapones no

so Ya Christianus C. Uhlenbeck, Acta Philologica Scan- dinavica, i, 1926, p. 299 (a propósito de Gudmund Schütte, D änisches H eidentum, p. 134), dio una indicación de sentido cercano: ''Die Geschichte des artifiziellen Riesen Mökkur- kálfi beruht vielleicht auf wirklich geübten Zauberbrauch. Die Herstellung artifizieller Tiere um Feinde zu töten findet sich bei den grönländischen Eskimo (s. Hfeinrich] JTohan- nes] Rink, Tales and Traditions of the E skim os, S. 53, 151 f., 201 f., 414 ff., 457 f.).”

oo Cf. mi artículo “Horwendillus et Aurvandill", M élanges Claude Lévi-Strauss, 1969.

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han dejado de apropiarse. Hace tres siglos, en su

Laponia, Scheffer describía así el ídolo de su dios

Hora galles, “el buen hombre Pórr”: in capite in-

figunt clauum ferreum, cum sitiéis partícula, ut si uideatur ignem Thor excutiat. La explicación valdrá

lo que valga, pero ahí está el hecho, el ídolo del Pórr lapón lleva un trozo de sílex fijado en la ca­ beza con un clavo.91

Este “signo” consecutivo a la victoria del dios en su primer einvígr corresponde a uno de los signos —numerosos, excesivos, a menudo monstruosos— que aparecieron en el joven Cúchulainn después de su primer combate y de los cuales unos parecen de plano instalados, estabilizados, en tanto que otros no reaparecerían luego sino en sus crisis de furor guerrero.92 Mencionada en el episodio de los Mac-

gnímrada de la Taín Bó Cuailnge como “elevándose

de lo alto de su cráneo”, es descrita con mayor pre­ cisión en el episodio In carpat serda: “La luna de héroe salió de su frente, tan larga, tan gruesa como la piedra de amolar de un guerrero, tan larga co­ mo la nariz.” Figuras representadas en ciertas mo­ nedas galas tienen asimismo una emanación que les sale de la frente, a veces en forma de clavo de cabeza redonda; sin duda atestiguan que los celtas del continente conocían el mismo estigma de valor.

Entre las “formas” aparecidas sobre Cúchulainn vencedor y la mayoría de las cuales, lo repito, son fantásticas, las hay que no pueden ser sino exagera­

91 Jan de Vries, Altgermanische Religionsgeschichte, 2? ed., ii, 1957, p. 389; el autor trae a colación también los cla­

vos (reginnaglar) de los "postes del asiento de honor"

(bndvegissúlur).

92 Estos signos han sido estudiados, comparativamente con figuras de monedas galas, por Marie-Louise Sjoestedt- Jonval, "Légendes épiques irlandaises et monnaies gauloises, recherches sur la constitution de la légende de Cúchulainn",

Études celtiques, i, 1936, pp. 1-77 (con lámina, pp. 42-43). La

tesis es indiscutiblemente falsa: las particularidades del irlandés Cúchulainn no se produjeron mediante ingeniosas interpretaciones de figuras desmañadamente trazadas por celtas del continente; pero la idea de la confrontación es buena y la documentación inapreciable; la "luna de héroe" es tratada en las pp. 11-12, 14-16.

ción de una mueca heroica. En especial ésta: “Cerró uno de los ojos, hasta el punto de que no era mayor que el ojo de una aguja, y abrió desmesuradamente el otro, hasta el punto de que era tan grande como la boca de una copa de hidromel“ —leemos en el episodio de los MacgnímracLa; y en In carpat ser da: “Metió uno de los ojos en su cabeza, hasta el punto de que a duras penas la garza salvaje hubiera con­ seguido sacárselo del fondo del cráneo a la super­ ficie de la mejilla; el otro saltó y fue a ponérsele sobre la mejilla, afuera“.93 Sin permitirse semejan­ tes deformaciones, los aventureros viking, en las circunstancias graves, adoptaban actitudes y hacían muecas bastante singulares, que establecían su ran­ go, su dignidad y, si puede decirse, apoyaban sus exigencias —en lo cual sin duda mantenían una tra­ dición más antigua. Recibido en pleno banquete por el rey Adalsteinn, de quien tiene derecho de es­ perar una retribución gorda, Egill, el escaldo gue­ rrero, se sienta en el otro extremo de la sala, en el asiento de honor, mirando al rey.94 Conserva puesto el casco, pone el escudo a sus pies y la espada so­ bre sus rodillas, sacándola a medias y volviéndola a encajar alternativamente en la vaina. Se pone tieso y derecho y rechaza toda bebida. Por añadidura, baja una de las cejas hasta la barbilla mientras que la otra sube hasta la raíz del pelo, y también esto alternativamente. El efecto debe de ser impresio­ nante, ya que tiene pegadas las cejas y los ojos ne­ gros. . ,95 Entonces el rey se levanta, ensarta un va- 03 * * * * * * * * * * * * *

03 Cf., a propósito de las monedas galas, M.-L. Sjoestedt,

art. cit., p. 19: “El desarrollo monstruoso del ojo, corrido

además abajo, hasta el punto de caer hacia la mitad de la mejilla, a la altura del ala de la nariz, es una de las carac­ terísticas más chocantes de diversas series de piezas armo- ricanas de estilo bajo, atribuidas a los Curiosolites Treferen­ cias], así como de las monedas de las islas anglonormandas. Llega a ocurrir que el ojo del lado opuesto esté indicado por un punto (‘tan pequeño como el ojo de una aguja'), con lo cual el perfil aparece ligeramente vuelto hacia los tres cuartos [referencias].”

^4 Egils saga Skallagrímssonar, 45, 6-11.

95 § 9: hleypdi hann annarri brúninni ofan á kinnina,

en annarri upp i hárrcetr. Egill var svarteygr ok skolbrúnn.

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liosísimo anillo en la punta de su espada desnuda, va hacia el viking y le tiende el presente por encima del hogar. El viking se pone en pie a su vez, desen­ vainada la espada, se adelanta del otro lado del hogar y recibe el anillo ccn la punta de la espada. Los dos vuelven a sus asientos. Egill se pone la sortija. Sólo entonces le vuelven las cejas al sitio ordinario.96 Deja el casco y la espada y acepta la copa que hasta entonces le ofrecieran en vano. La India no desconoce los signos corporales, a me­ nudo monstruosos. Incluso ha hecho su teoría, va­ rias teorías, pero en otra dirección: sus laksana son signos congénitos y permanentes que designan a un niño para un espléndido porvenir: mahápurusa, “gran hombre“, cakravartin, “el que hace girar la rueda cósmica“, es decir héroe, rey o sabio excep­ cional, según los medios y las épocas. No obstante, acaso convenga agregar a nuestro expediente una breve alusión del Mahábharata.

Arjuna, como es sabido, representa el ideal de los guerreros. Hijo o encarnación parcial de Indra, tie­ ne todas las cualidades de este dios, a las que agre­ ga una distinción y a veces un dominio de sí que lamentamos echar de menos en su modelo. No solamente los maestros de armas humanos lo pre­ pararon para su carrera inigualable, sino que los mismos dioses, en ocasión de las visitas que les hace en el otro mundo, cuidan de proveerlo de armas maravillosas. Este privilegio le cuesta vivir entre fatigas y peligros sin tregua. Ni siquiera después de la dura batalla de Kuruksetra conoce el reposo: su

El sentido de esta última palabra es discutido, v. la nota de Finnur Jónsson a su edición (1894), p. 160; se suma a la interpretación “cui supercilia contigua sunt" (contra “de cejas pardas"; “de cejas oblicuas").

06 § 11 : En er E gill settiz nidr, dró hann hringinn á hönd

sér, ok J)á fóru brynn hans í tag. Sobre las “actitudes de alarde" de los viking, v. Paul Herrmann, Die H eldensagen des Saxo G ram m aticus, 2. Teil, K om m entar: Erläuterungen zu den ersten neun Büchern der dänischen Geschichte, 1922, p. 126 y n. 2.

M í.NOS EN EL HÉROE

hermano mayor, el rey Yudhisthira, ha decidido ce­ lebrar la ceremonia imperial por excelencia, el sa­ crificio del caballo (asvamedha), y es él, de acuerdo con la regla consignada en los libros litúrgicos, quien escolta la futura víctima durante un año entero en su libre carrera a través de los reinos de la India, librando batalla tras batalla para defenderla. Es al término de esta dura misión cuando se entabla en­ tre Yudhisthira y el omnisciente Krsna un curioso diálogo.07

Krsna advierte al rey que, según sus informadores, el caballo y su escolta se acercan, así que es tiem­ po de preparar el sacrificio. Arjuna, añade, vuelve mucho más delgado por el cansancio de tantas ba­ tallas. Estas palabras avivan en el corazón del jefe de los Pándava una desazón que lleva desde siem­ pre: ¿por qué, pregunta, este muchacho ha estado sin cesar privado de tranquilidad y bienestar? ¿No es digno de compasión su destino? ¿No lleva en el cuerpo todos los signos favorables? ¿Qué otro signo tendrá que lo predestine a tales penas y fatigas, a tal “parte excesiva de desdicha”? Krsna contesta:08

ot xiv, 89, 2-8. Acerca de la repartición de las tareas en­

tre los cinco Pándava siguiendo sus “naturalezas funciona­ les", durante los preparativos para el sacrificio del caballo (Wikapder), v. ME i, pp. 101-102.

o» SI. 7-8:

na hy asya nrpate kiñeid anistam upalaksaye ríe purnsasim hasya pindike 'syádhike yatah.

tñbhyárn sa purusavyághro nityam adhvasu varíate, na hy anyad anupasyám i yenásau duhkhabhñjanam . Numerosas variantes. Por anistam (Poona): sam klistam , sam slistam , sam hrstam ; por pindike ’syádhike yatah : pindike 'syñtikñyatah (Poona), -kñyake, -káyike (“excesivamente de­ sarrolladas"); por duhkhabhñjanam (“receptáculo de desdi­ cha"): duhkhabhñgjayah (Poona) o bhavet (“tiene que ser"); pindika designa cualquier protuberancia redondeada, pero aquí de seguro tiene el sentido de “cheek-bone, pómulo".

A DraupadI, la mujer común de los cinco hermanos Pán­ dava, que tiene debilidad por Arjuna (cf. xvn, 2, 6, paksapñta), le cuesta aguantar esta especie de pero puesto a la belleza perfecta del héroe y echa una fea mirada a Krsna —a quien, en su afecto hacia Arjuna, regocija esta reacción femenina.

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No veo en él ningún rasgo físico indeseable, oh rey, como no sea que ese león de los hombres tiene dema­ siado altos los pómulos : por ellos ese tigre de los hom­ bres anda siempre por los caminos, pues no veo en él nada más que lo destine a una vida de desdicha.

Esta tacha física, esos pómulos un poco altos o demasiado desarrollados condenan pues a Arjuna a la agitación, a las expediciones, a las fatigas (pues es por cierto de esto, y sólo de esto, de lo que se trata: adhvasu varíate aclara, limita duhkham) —en una palabra, a la carrera del guerrero. En su rostro son el signo de su vocación. No sé si la literatura de la India mencionará en otra parte tal relación. ¿No sería sencillamente la estilización como laksana, como signo congènito, de un delb a la manera irlan­ desa, de una "forma" que apareciera sobre el gue­ rrero fogueado, alejándolo de la apariencia humana ordinaria, es decir, sin duda, en el origen, una con­ torsión heroica tradicional?

compuesto en gráfica panamericana, s. de r. 1. parroquia 911 - méxico 12, d. f.e impreso en litoarte, s. de r. 1.

ferrocarril de cuemavaca 683 - méxico 17, d. f.tres mil ejemplares 20 de abril de 1971

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