Nuestra realidad carcelaria es variada, pero dentro de esa variedad la regla constante es que resulta caótica, peligrosa, hacinada, desordenada y sin planes
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ni diseños de una mejor estructura o sistematización, que de alguna manera nos otorgue una esperanza de mejora. El sistema carcelario en el Perú nunca ha sido materia de una implementación adecuada que responda a algún criterio técnico y profesional de tratamiento; en todo caso, responde a una necesidad de habilitación o construcción de lugares donde se pueda hacinar personas, cuidando que no se vayan a fugar del lugar. Es probable que en los últimos años recién se hayan realizado estudios que permitan, de alguna manera, proyectar o hacer propuestas para paliar el problema, pero no existe una política carcelaria seria, responsable ni debidamente evaluada. Entonces, tenemos un inorgánico y desordenado número de lugares donde son ubicadas las personas que han sufrido condena penal o están siendo procesadas, no se cumple en lo mínimo con las recomendaciones de las Naciones Unidad, de ahí que los informes anuales de la Defensoría del Pueblo siempre reclamen el mejoramiento del sistema, con una letanía que nunca es escuchada (SEQUEIROS VARGAS, 2016, p, 282).
El término hacinamiento hace referencia a un estado de cosas lamentable que se caracteriza por el amontonamiento o acumulación de individuos o de animales en un mismo lugar, el cual a propósito que no se haya físicamente preparado para albergarlos. Es decir, la cantidad de los seres humanos que habitan o que ocupan un determinado espacio es superior a la capacidad que tal espacio debería y puede contener, de acuerdo a los parámetros de comodidad, seguridad e higiene (En: http://www.definicionabc.com/social/hacinamiento.php).
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De lo anterior se desprende que esta superioridad de la población para el lugar que los puede albergar resulta ser perjudicial para ellos mismos, porque al ser mayor la población, mayores son las necesidades resultado que vivan dichos individuos en situaciones deplorables, tristes y hasta atentatorios a la dignidad humana.
La sobrepoblación determina un estado de hacinamiento que se refleja en un círculo vicioso de mayor deterioro y destrucción de la infraestructura, actos de violencia (motines, reyertas), promiscuidad, inseguridad, enfermedades y disminución de la cobertura de los servicios. Es decir, que en las prisiones peruanas sobra gente y falta espacio, por diversos factores. Este término “hacinamiento” refleja en realidad un contraste entre un denso número de personas con una unidad de superficie p área física. Se trata de una sobrepoblación de internos en un Establecimiento Penal, lo cual genera condiciones desfavorables para su tratamiento, donde los servicios requeridos por los mismos se tornan deficientes, insuficientes y en algunos casos inexistentes (SMALL ARANA, 2006, p, 14-15).
El hacinamiento es el germen de una serie de problemas que se presentan al interior del establecimiento penitenciario que afectan la seguridad no sólo del interno sino del propio recinto carcelario. Cuando la población penal por falta de control convierte el penal en una tierra de nadie donde campea el tráfico de drogas, tenencia de celulares, armas punzo cortantes y armas de fuego como los encontrados en Lurigancho, con los que inclusive se producen asaltos en
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pabellones que han generado el fallecimiento de internos por proyectil, lo que constituye también una amenaza al personal penitenciario y a la seguridad misma del establecimiento penitenciario (SMALL ARANA, 2006, p, 15).
La solución al problema de hacinamiento, no conlleva la dación de leyes que permitan el egreso de un gran número de internos, con consecuencias negativas para la comunidad, sino que estriba ne el manejo adecuado de una política penitenciaria que ordenadamente maneje el problema, determinando, cuando así lo requiera, la construcción de establecimientos penitenciarios, reconociendo que estos cumplen una función de seguridad para la sociedad, pues albergan a personas que por su comportamiento delictual requieren ser aislados momentáneamente del seno social, para ser sometidos a acciones de tratamiento que permitan modificar su conducta (SMALL ARANA, 2006, p, 16).
Según el informe estadístico del Instituto Nacional Penitenciario, al 21 de Agosto del 2015 señala que actualmente se encuentran funcionando 68 establecimientos penitenciarios, en los cuales existe una población penitenciaria de 90,538 personas de los cuales existen los que cumplen su pena en algún establecimiento penal un total de 75,003 individuos (37,602 procesados y 37,401 como sentenciados) y 15,535 en establecimientos de medio libre (9,509 asistencia post penitenciaria y 6,026 cumplen penas limitativas de derechos. Ahora bien, debemos precisar que la capacidad de albergue del total de los 68 establecimientos penitenciarios es de 33,497 personas y la población a marzo de 2016 se registró una población de 78,342, es decir existe una sobrepoblación
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de 44,845 internos nivel nacional. (https://www.inei.gob.pe/media/criminalidad/Exposiciones/Gustavo_Adolfo.pdf).
La sobrepoblación carcelaria, trae colateralmente al hacinamiento, otros problemas tal como se ha expuesto en el Plan Estratégico del INPE, produce deterioro de la infraestructura, principalmente en los servicios básicos y sus respectivas instalaciones sanitarias y eléctricas, a lo que se suma la destrucción de la infraestructura por sobreuso, lo que se acentúa los actos de violencia (reyertas y motines) amparados en la sobrepoblación que dificulta las medidas de control y seguridad; es decir, el estado de hacinamiento se refleja en un círculo vicioso de mayor deterioro y destrucción de la infraestructura y es causa de actos de violencia (motines y reyertas), promiscuidad, inseguridad, enfermedades y disminución de la cobertura de los servicios (SMALL ARANA, 2006, p, 20).
Finalmente, como es de público conocimiento que los establecimientos penitenciarios de nuestro país sufre precisamente de este problema de hacinamiento penitenciario o sobrepoblación de internos, siendo uno de los más graves problemas de los muchos problemas que aquejan a las cárceles peruanas, resultado que producto de dicho sobrepoblamiento, el espacio en el que viven deviene en muy pequeño para su cohabitación, es más producto de dicho hacinamiento se deprenden otros problemas como el mayor gasto de del Estado en su manutención, y los servicios vitales no alcanzan para todos, lo cual origina conflictos por lograr alcanzarlos en una suerte de disputa por dichos
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servicios, entre otros problemas que vulneran los derechos fundamentales de los internos
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CAPITULO III: RESULTADOS DEL TRABAJO DE CAMPO