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Al analizar la entrevista de padres se tiene en cuenta como primera medida que la mayoría de la población entrevistada fueron mujeres, aunque la entrevista fue dirigida a padres de familia en general, de 35 familias invitadas a contestar este instrumento, 25 de ellas asistieron a la
actividad, 19 de ellas fueron resueltas por las madres y tan solo 6 por los padres, lo que es muy diciente en cuanto al rol de género, porque son ellas quienes en su mayoría, asumen las
responsabilidades escolares de sus hijos, algunas de estas responsabilidades frente al colegio son: reuniones de padres de familia, apoyos de tareas, talleres de padres, citaciones que requieren acudientes de carácter individual y formatos que deban elaborar en familia, cabe anotar que esta labor de madre acompañante y formadora no es necesariamente porque se goce de mayor tiempo libre, ya que el 64% de las madres entrevistadas deben salir también a laborar, una de las razones podría ser la que plantea la socióloga Rico de Alonso, (1999) cuando asevera que “Al
convertirse la mujer en proveedora económica, la especialización detectada a principios de siglo con un hombre proveedor y una mujer cuidadora, se transformó en una responsabilidad
económica compartida por los cónyuges y en muchos casos asumida por la mujer, sin que se hubiera logrado una redistribución de las tareas en el hogar. El hombre perdió obligaciones, la mujer se recargó de funciones y el Estado no logró garantizar la infraestructura necesaria de
apoyo a la familia, con lo cual el trabajo familiar se convirtió en una sobrecarga para la mujer y
en una fuente de conflicto entre los cónyuges”27.
Sobre este mismo aspecto, la investigadora Smith (1987) señala, cómo las mujeres lideran el acompañamiento de las actividades escolares de sus hijos, en comparación con las actividades compartidas de los padres; las notas académicas son remitidas a los “padres de familia” de parte de las instituciones educativas, dándole el estatus a los hombres frente a su labor en el hogar, porque socialmente son los responsables frente a las instituciones educativas dentro del orden patriarcal, pero son las mujeres las que resultan haciendo el acompañamiento que requieren los niños y son las que de una forma u otra asumen los compromisos requeridos por la escuela, las responsabilidades terminan siendo parte de su conexión maternal, al igual que la crianza de los
hijos.28 Por eso se evidencia en las entrevistas que el 64% de las mujeres permanecen más
tiempo en casa con los hijos, cumpliendo con las labores que le han sido asignadas desde la cultura por su rol de género, en otro sentido, como afirma la experta socióloga Zamudio (1982)
“el hombre hace presencia como padre de forma distante, pero contundente”29 (p.86). El hombre
se limita desde su rol de proveedor, que en muchos de los casos lo lleva a ser distante frente al acompañamiento de sus hijos en su hogar o llegado el caso actúa cuando es requerida su
autoridad; por eso cuando se trata de corregir a los hijos toma un significado y una relevancia la presencia del padre dentro del hogar y este valor es bastante significativo dentro de la entrevista
27Rico de Alonso Ana es Socióloga de la Universidad Nacional de Colombia. Bachelor of Arts (Bryn
Mawr College, Filadelfia, EE.UU). Diplomada en Desarrollo Social por la Universidad de Suecia y Magíster en Estudios de Población en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.
28 Dorothy Smith es un socióloga canadiense con investigaciones en una variedad de disciplinas, que incluyen estudios de mujeres, psicología y estudios educativos, así como en ciertos subcampos de la sociología,como la teoría feminista, los estudios de familia y la metodología. Smith fundó las subdisciplinas sociológicas de la teoría del punto de vista feminista y la etnografía institucional.
donde se aprecia que el 76% piensan que este es un deber que les compete a papá y mamá por igual.
Los entrevistados evidencian en su mayoría, que no hay diferencia en la forma de educar a los niños y las niñas, ya que como padres jóvenes han leído y escuchado que se hace necesaria esta igualdad de género, en segunda medida, pero en porcentaje menor, muestran que sí hay una diferenciación porque a las niñas se les debe inculcar la docilidad, decencia y delicadeza,
también el aseo personal y la protección del cuerpo; valores propios de una educación cristiana y patriarcal; a los niños, según los entrevistados se les debe inculcar el ser respetuosos y menos bruscos, es decir que intrínsecamente se asume por los padres y madres de familia que los niños varones son bruscos, los anteriores valores pueden ser asociados también al patriarcado, en preguntas posteriores se refuerza este aspecto, ya que a pesar de que los padres de familia son adultos jóvenes, fueron educados bajo ese modelo patriarcal que se sigue replicando en el lenguaje y actitudes inconscientes hacia sus familias. Este análisis es corroborado por las
apreciaciones de la investigadora Jaramillo (2007) así: “La familia es la responsable del proceso de transmisión cultural inicial y su papel principal es introducir a sus miembros en las diversas normas, pautas y concepción de infancia, valores que a futuro le permitirán vivir en sociedad, porque es allí donde se aprenden por primera vez los tipos de conductas y actitudes consideradas socialmente aceptables y apropiadas según el género. Es decir, en la familia se aprende a ser niño
o niña”30; dentro de la lógica de ser papás, hoy en día los padres de familia son conscientes de
que existe una diferenciación marcada entre los niños y las niñas, por lo cual se replica una
30Jaramillo. Leonor (2007). Revista Zona Próxima, Instituto de Estudios Superiores en educación Universidad del Norte. No.8. diciembre 2007. Licenciada en Pedagogía Infantil, Universidad del Norte; Magíster en Educación con Énfasis en Cognición, Universidad del Norte.
educación basada en valores y actitudes desde lo femenino y lo masculino, pero a la vez saben que es necesario promover la igualdad y la equidad de género, que se muestra en las respuestas 10 y 11 de la entrevista sobre los valores que resaltan en sus hijos e hijas, se aprecian que son los mismos que ellos promueven o destacan, además les dicen a sus hijos e hijas que pueden ser capaces de tener una educación igual o superior a la de cualquier persona, pero también los frenan en la medida que no se fomenta esta igualdad desde lo vivencial. Recordando que las madres de familia son quienes en su mayoría contestaron la entrevista, también se puede resaltar el aspecto en que se hace mayor énfasis, en la igualdad, ya que son ellas las que de una u otra manera han tenido que luchar actualmente a favor de ella.
En otro aspecto de la entrevista, en cuanto a qué oficios se les debe enseñar a los niños y cuales a las niñas, vuelve a evidenciarse el mismo aspecto anterior, los entrevistados en su
mayoría expresan que esto debe ser igualitario, pero hay unas expresiones que demuestran que se quiere una igualdad, aunque no se es consciente de ella, por ejemplo, el hecho de plantear que “ayuden a la mamá”, es decir, que se asume el oficio del hogar como una responsabilidad materna, la colaboración no es porque son parte de la familia o porque haya una pertenencia responsable, sino es para que se le colabore a la mamá, y nuevamente sobresalen enseñanzas muy enfatizadas hacia lo patriarcal, como que a las niñas también se les deben enseñar oficios de cuidado personal, peinarse y adornarse con accesorios, llama la atención que muchas veces son las mismas madres quienes educan en lo patriarcal, pero también desean la igualdad en cuanto a género se refiere. Puede ser porque como lo plantea la investigadora Pachón (2008):
“En la familia primaba la autoridad indiscutible del padre y del esposo cuyas funciones se encontraban bien definidas, su espacio era el extra doméstico, el mundo de la política, de los negocios y del trabajo, pero era dentro de la familia donde desplegaba y ejercía su
indiscutible autoridad. La esfera doméstica era, por su parte, el espacio femenino por excelencia y el hogar el verdadero “santuario” de la mujer, donde ella debía desplegar todas sus virtudes como cristiana y sus conocimientos sobre una administración del hogar que debía ser manejado con austeridad, sencillez, orden y aseo. Su principal
responsabilidad era hacer de su hijo un “buen cristiano” y hacer de su hogar un “templo doméstico” donde se debía fomentar el culto a la iglesia y a la religión. La mujer era exclusivamente de la familia y su función primordial era la crianza y el cuidado de sus hijos. El niño era aquel ser al cual la madre moldeaba y preparaba para lo bueno, lo bello y lo verdadero. En pocas palabras, en ella recaía la responsabilidad de la educación moral de los hijos”31
Se ratifica el análisis anterior con la pregunta: ¿cuáles son los oficios que desarrolla la mamá en la casa? Los entrevistados expresan en su mayoría que las madres se ocupan generalmente del cuidado de la casa y la manutención de los hijos.
Sin embargo, hay que anotar que desde que la mujer está inserta en el campo laboral y que ha tenido mayor acceso a la educación, los oficios del hogar en muchas de las familias han sido compartidos, las cargas de lo doméstico son repartidas entre los integrantes de la familia, promoviendo relaciones más justas y equitativas, aspecto primordial de la crianza a partir del ejemplo, cosas que en tiempos de antaño nunca se consideraron, es por esto que los hombres
31Pachón, X. (2008). La familia en Colombia a lo largo del Siglo XX. En Familias, cambios y estrategias, Bogotá: Universidad Nacional de Colombia – CES.
Antropóloga de la Universidad Nacional de Colombia, DEA en Antropología Social, Etnología y Etnografía de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y estudios de maestría en Historia en la Universidad Nacional de Colombia. Ha trabajado en múltiples proyectos académicos, entre los que se destacan: Historia de la infancia en Bogotá, proyecto en el que en conjunto con la psicoanalista y socióloga Cecilia Muños han escrito varios libros y artículos, entre los cuales se puede señalar: “Infancia en siglo XX. Bogotá 1900-1930”, “La aventura infantil. Bogotá a mediados de siglo”, “Requiem por los niños muertos. Bogotá siglo XX”, “Los niños de la Miseria. Bogotá siglo XX”
según la entrevista ya aparecen desarrollando nuevas funciones dentro del hogar como son: labores de aseo, cuidado y recreación de los hijos, sin dejar de la lado su función de autoridad y guía dentro de la familia.
Cuando nos referimos a los juegos practicados por niños y niñas hay dos posiciones bien claras observadas en las respuestas de la entrevista, la primera se relaciona con los tipos de juegos tradicionales teniendo en cuenta los roles de género, en el caso de las niñas: jugar a las muñecas, roles de profesiones, patinaje y danzas, que en su mayoría se consideran en el ámbito femenino, en el caso de los niños dos juegos son los definidos como los que deben practicar: el fútbol y el juego con carritos, que están dentro del campo de lo masculino; la segunda posición establece una libertad en la posibilidad en desarrollar cualquier tipo de juego por parte de los niños y niñas. Entonces los juegos en su mayoría vienen con una información implícita, que determina quién puede jugar con él, inicialmente son los adultos los encargados de ir
direccionando esa elección por medio de la práctica, como lo comenta Belotti (2001)
“En el niño la tendencia a jugar es ciertamente innata, pero las formas en las cuales el juego se expresa, sus reglas, sus objetos, son indudablemente el producto de una cultura. El patrimonio lúdico es transmitido degeneración en generación, de adultos a niños, de niños más grandes a niños más pequeños, y las variaciones de un paso a otro son
limitadas”32
32Elena Belotti. (2001). "Pistolas para el niño, muñecas para la niña" La influencia de los condicionamientos sociales en la formación del rol femenino, en los primeros años de vida. Educere, 5 (13), 87-92. La investigadora y escritora Elena Gianini Beloti es Originaria de Bérgamo Italia, ha trabajado extensamente en el campo del cuidado de niños. En 1973 publicó el ensayo " Dalla parte delle bambine" de Feltrinelli. El libro, dedicado al
Este direccionamiento del juguete tiene como referente el sexo del niño33, o sea, es llevado al plano del género, donde hay una diferencia marcada de lo que debe jugar un niño o una niña teniendo en cuenta los espacios donde cada uno se puede desenvolver, las herramientas afines a las profesiones u oficios en los cuales podrían proyectarse a futuro. Sin embargo, es el juego libre y espontaneo el que desarrolla en los niños y las niñas la posibilidad de moverse, experimentar e intercambiar acciones, vivencias y sentimientos. Es importante resaltar que ligado al juego están los juguetes, que tienen gran importancia como recurso didáctico, pero muchas veces la publicidad fomenta la continuación de roles tradicionales de la mujer y el hombre, dicha publicidad está proyectada hacia los padres de familia, que sí tienen muy arraigado el rol de ser hombres o mujeres. Es entonces cuando los adultos propician que los juegos en los niños potencien su capacidad cognitiva y física, los llevan a pensar actividades profesionales fuera de su casa, en cambio en la mujer, los mismos adultos propician el uso de juguetes cuyo tema son las labores domésticas y maternales, necesariamente las niñas jugarán a ser mamás, lavar la loza, cambiar pañales, dar de comer a su hijo, continuando con un mandato tradicional y cultural que inconscientemente van aprendiendo; es importante entonces reflexionar y fomentar desde el papel como padres, juegos con las mismas posibilidades, que desarrollen seres íntegros, independientes, analíticos y físicamente preparados para cualquier evento. Las personas, durante la infancia según los expertos en psicología Vasta y otros (2001), “reciben la aprobación social cuando realizan actividades propias de su sexo, y se les corrige en sus preferencias, cuando éstas no coinciden con los estereotipos tradicionales. En esta etapa de la infancia las personas interiorizan progresivamente las normas de conducta propias de su género,
33 Cuando aparece solo este término se está generalizando los dos géneros, según como se define en el diccionario de la real academia de la lengua española adj. Que está en la niñez
para poder actuar conforme a ellas. Toman conciencia del concepto género, al diferenciar a qué juegan los chicos y a qué las chicas, utilizando como referencia las personas de su entorno
familiar, social, educativo, e incluso personajes televisivos”34 .
Superar ese estereotipo tradicional requiere también un cambio en el quehacer familiar, porque los niños juegan generalmente dramatizando los roles que asumen los adultos en su casa o en los espacios sociales, de este mismo modo interiorizan los valores familiares y la conciencia de equidad.
En cuanto a la equidad de género y el trabajo, existen investigadores que reafirman las posiciones encontradas por la entrevista a los padres de familia, un fragmento acerca de esto se
halla en el estudio de “El concepto de género” por Conway,Bourque y Scott (1987), en el que se
afirma textualmente:
“Fueron establecidos límites para separar las profesiones femeninas en los servicios, enseñanza, enfermería y trabajo social, de las profesiones masculinas de más prestigio, como el derecho, la ingeniería y la investigación científica. La historia de la profesión médica en Estados Unidos es un interesante caso de redefinición de las fronteras sociales. En un tiempo se la consideró un servicio, más que una actividad basada en conocimientos generados por la ciencia de laboratorio, y en ese momento fue un campo abierto a las mujeres”35.
34Vasta, R.; M. M. Haith y S. A. Miller (2001). Psicología infantil. Ariel, Barcelona.
Estos investigadores han desarrollado estudios en el campo de la metodología de la psicología del desarrollo. 35Conway, Susan C. Bourque y Joan W. Scott. “The Concept of Gender", publicado en: Jill K. (eds.), Learning about Women: Gender, Politics and Power (Ann Arbor: The University of Michigan Press, 1987). Traducción de Jessica McLauchlan y Mirko Lauer. Este es un grupo interdisciplinar el cual desarrolla el trabajo de investigación.
En cuanto a las profesiones que los niños deberían tener, según la visión de los padres de familia en la entrevista, se analiza y evidencia claramente que en su mayoría creen que los niños pueden elegir cualquier profesión u oficio, es decir que un hombre tiene la capacidad de asumir en cuanto a trabajo se refiere, cualquier profesión, llama especial atención que las demás profesiones que se nombran han estado asociadas a la diferenciación corporal y social hombre- mujer; históricamente, en el pensamiento masculino las profesiones de mayor preferencia son aquellas en las que se necesita fuerza, físico, capacidad de gerencia o mando, solución de retos mecánicos, conocimientos exactos y construcciones. Las profesiones u oficios escritos por los entrevistados fueron policía, arquitecto, constructor y mecánico, fuertemente ligadas a la concepción anterior.
Por otra parte, se observa (figura 7) que los padres entienden que sus hijas se deben profesionalizar, sin embargo baja sustancialmente el porcentaje de los que creen que las niñas pueden escoger cualquier profesión, mostrándose una desigualdad frente a las capacidades o la oportunidad de elegir que tienen los hombres, además las otras profesiones nombradas son más hacia el servicio, que hacia retos personales, otra herencia de la educación patriarcal en la mujer; es que se reflejan profesiones y oficios que requieren un mayor desarrollo de la creatividad y de la estética, más que la fuerza; profesiones que también requieren de vocación, ayuda,
organización y de un alto desarrollo emocional. Teniendo en cuenta que la entrevista fue
contestada en su mayoría por las madres, se puede analizar que a pesar de que las personas están en una época de búsqueda de la igualdad de género, también pesan fuertemente las enseñanzas al interior de la familia y los parámetros sociales que por años se han mantenido. Es decir que la familia es la primera educadora de los niños y las niñas en cuanto a su rol de género, desde allí se
registran estas estructuras que también serán modificadas por la relación con los otros y la comparación con sus pares.
Otro aspecto importante que se evidencia en las respuestas de las preguntas 13 y 15, es que los padres manifiestan que no repetirían prácticas de crianza, como: la forma de castigar a los hijos, el manejo del tiempo libre y las enseñanzas “machistas”. Analizando este aspecto, el psicólogo Aguirre (2000) en su artículo Cambios Sociales y Prácticas de Crianza en la Familia Colombiana, instruye sobre este tema, expresando que “todo indica que actualmente en las prácticas de socialización de las familias urbanas se manifiesta una tensión entre formas
tradicionales de educar a los niños y maneras contemporáneas de orientar su conducta, típicas de las sociedades industrializadas. Coexisten concepciones tradicionales sobre el castigo que justifican, por ejemplo, el empleo de la violencia como medio para hacer de los niños unos “hombres de bien” y posiciones que rechazan el empleo de la violencia como un instrumento para corregir el comportamiento infantil. Más aún, estas dos concepciones pueden manifestarse