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The Attack Scenario

Las tensiones musculares se ponen de mani- fiesto a través del inventario de las zonas cor- porales y de las posturas de control.

5.1.1. El inventario de las zonas corporales

El trabajo comienza con una invitación a sentir el propio cuerpo, generalmente acosta- dos sobre el suelo. Se realiza un inventario de las zonas corporales que tocan el cuerpo, per- cibiendo las superficies parciales que contac- tan con el suelo y después generalizándolas hasta lograr la unidad corporal, primero sin- tiendo las partes externas y luego las más in- ternas. Dicho inventario puede iniciarse en una posición de decúbito dorsal y continuarse en todas las posiciones deseadas (decúbito la- teral, decúbito prono, etc.). Los participantes se colocan sobre superficies que tengan diver- sas texturas y solidez con el fin de que perci- ban la mayor cantidad de información propio- ceptiva posible.

5.1.2. Las posturas de control

Las posturas de control van a poner tam- bién de manifiesto las tensiones musculares. Permiten comprobar si nuestros músculos tie- nen la elasticidad y longitud normales. Como muestra la figura 6.1, algunas de las posturas de control que se pueden utilizar son:

1. Sentado de rodillas, sobre los talones, con los dedos de los pies flexionados: permite comprobar si existe tensión en los dedos de los pies y los tobillos. 2. Sentado de rodillas, sobre los talones,

con los dedos de los pies extendidos y el empeine tocando el suelo: permite com- probar si existe tensión en la articula- ción del tobillo y los dedos de los pies. 3. Sentado sobre los huesos de los glúteos

(isquiones) con las piernas flexionadas a los lados del cuerpo y ligeramente sepa- radas. Pone de manifiesto la elasticidad de las rodillas, la cadera y los músculos anteriores a los muslos.

4. Sentado en el suelo, con las piernas flexionadas, las manos entre las piernas agarrando por delante los tobillos y la frente tocando las rodillas. Va estirando progresivamente las piernas mientras la frente sigue tocando las rodillas. Esta postura pone de manifiesto la elastici- dad de la espalda, la nuca y los múscu- los y articulaciones de las piernas. 5. Tumbado de espaldas, flexionar las pier-

nas hacia atrás intentando tocar con las rodillas las orejas. Pone de manifiesto la flexibilidad de la columna vertebral y de la musculatura lateral del cuello.

6. Tumbado de espaldas, con las piernas flexionadas, las plantas de los pies to- cando el suelo y las manos por detrás de la cabeza, llevar las rodillas hacia

un  lado  y  hacia  otro  sin  levantar  los  omoplatos del suelo. Permite compro- bar la flexibilidad de la musculatura de  la espalda y de las articulaciones de la  cadera.

7.   Tumbado  de  espaldas,  con  las  piernas  flexionadas,  las  plantas  de  los  pies  to- cando el suelo y los brazos paralelos en- tre sí en un ángulo de 90° por el codo.  Primero con las manos por encima de  la  cabeza  y  las  palmas  hacia  arriba,  y  después hacia abajo, con las palmas de  las manos tocando el suelo, a la altura  de las caderas. Los hombros, los codos,  las muñecas y las manos están en con- tacto con el suelo. Pone de manifiesto  la  elasticidad  de  hombros,  brazos  y  manos.

Si los músculos tienen una longitud normal,  estas posiciones pueden adoptarse sin dificul- tad, como si se tratara de posturas de descan- so.  Si  están  acortados,  provocan  sensaciones  dolorosas, molestas o son impracticables. Estas  posiciones de control deben utilizarse con cier- tas precauciones, pues la morfología (obesidad,  relaciones segmentarias, etc.) puede perturbar  su realización. 5.2.  La respiración El siguiente paso es el trabajo sobre la res- piración, que se realiza de una forma indirec- ta,  quitando  las  tensiones  que  impiden  una  respiración correcta. Evita hablar de ella, so- bre todo al principio, porque en el momento  en que se nombra se altera. La respiración ha  de ser libre; el objetivo es desarrollar la capa- cidad de ser el propio observador de la respi- ración,  sin  modificarla  de  forma  voluntaria  (Digelmann, 1981).

5.3.  El contacto

Alexander diferencia entre tacto y contacto.  Por el tacto experimentamos la delimitación de  nuestro  cuerpo  y  obtenemos  información  del  mundo que nos rodea; el contacto permite ir  más  allá,  traspasando  la  periferia  de  nuestra  piel. El contacto de los pies con el suelo, de las  manos con un instrumento o material de mo- delar lleva a una armonización de las tensiones  emocionales.  Se  pueden  realizar  ejercicios  de  contacto con objetos o con los otros.

Cuando establecemos contacto con un obje- to, hemos de ser abiertos y receptivos y buscar  entrar en equilibrio y en armonía con ese obje- to.  Se  utilizan  materiales  de  diferentes  tama- ños, superficies, constitución, etc., como, por  ejemplo, pelotas de tenis, balones grandes de  goma, pelotas medianas de gomaespuma, cuer- das, cañas de bambú, etc.

El  contacto  con  otra  persona  no  se  inicia  hasta que la regulación del tono haya alcanza- do  un  estado  de  equilibrio  tal  que  no  pueda  perjudicar el de la otra persona (si estoy tenso,  voy a transmitir tensión). En estos ejercicios se  trata  de  tomar  conciencia  del  organismo  del  otro a través de un punto de su cuerpo. Se rea- lizan  también  ejercicios  de  manipulación,  en  los que cobra especial sentido el contacto con  las manos. Consiste en la realización de diver- sos tipos de automasaje y/o de masajes en pa- reja. 5.4.  El movimiento Finalmente se ocupa del movimiento que se  caracteriza por la ligereza en su ejecución y el  empleo  de  poca  energía.  Esto  presupone  que  todas las fijaciones del tono hayan sido supri- midas. Las experiencias de tono ligero y de mo- vimiento son fundamentales. La toma de con-

ciencia del hueso conduce a una sensación de  ligereza y desencadena frecuentemente el deseo  de moverse. También el trabajo sobre la toma  de conciencia de la piel permite vivir con fre- cuencia esta experiencia de ligereza. Los movi- mientos deben ser ejecutados con la sensación  de las variaciones de contacto con el suelo, la  conciencia del espacio interior, una respiración  libre y la conciencia de los huesos. Cada perso- na experimenta todas sus posibilidades sin de- mostración alguna por parte del terapeuta, sin  indicación de ritmo o de forma y sin acompa- ñamiento musical que estimule. Una vez que el  tema del movimiento ha sido desarrollado en  todas sus posibilidades de improvisación, el in- dividuo  retiene  los  motivos  del  movimiento  que  le  parecen  mejores,  en  una  forma  fijada  que permite la repetición. Durante las repeti- ciones  necesarias,  el  movimiento  debe  seguir  siendo vivido. El movimiento se practica pri- mero  de  forma  individual,  después  con  un  compañero y finalmente en grupo. Se da cuen- ta de las fijaciones y de los límites de sus movi- mientos, y se trata de desarrollar la expresión  corporal del individuo. 5.5.   La eutonía en la sesión   de psicomotricidad La eutonía, al ser un método activo y no di- rectivo,  se  utiliza  frecuentemente  en  sesiones  vivenciadas, especialmente en el trabajo con los  adultos, como una técnica con mediación cor- poral. Permite abordar un trabajo de escucha  sobre el cuerpo para llegar a la regularización  del tono. Según Alexander (1983), la eutonía permite: —   Restaurar la sensibilidad de toda la su- perficie corporal, mejorando así la ima- gen corporal. —   Aumentar la vitalidad de la persona. —   Regular el tono, ayudando a eliminar es- tados depresivos o eufóricos. —   Desarrollar de forma óptima un medio  de expresión (modelado, pintura, dibu- jo, etc.) al permitir una flexibilidad del  tono. Brand (1997) advierte que la eutonía tiene  influencia en los componentes: 

—   Físico  o  motor,  produciendo  un  incre- mento de la energía corporal. —   Cognitivo, mejorando la concentración. —   Social o relacional, mejorando la capaci- dad de relacionarse con los demás. 6.  LA DANZA El poder terapéutico de la música y la danza  es bien conocido desde las civilizaciones anti- guas. García Ruso (1997) define la danza como  una actividad humana universal, motora, poli- mórfica,  polivalente  y  compleja.  Esta  defini- ción entraña diversos aspectos:

—   Universal: se extiende a lo largo de toda  la  historia  de  la  humanidad,  desde  los  tiempos primitivos, en ambos sexos (tan- to hombres como mujeres) y a todas las  edades (desde los niños hasta los ancia- nos). —   Motora: a partir de estructuras rítmicas,  utiliza el cuerpo a través de técnicas cor- porales para expresar ideas, emociones y  sentimientos; por tanto, sería más ade- cuado decir que es una actividad psico- motora. —   Polimórfica: se presenta de distintas for- mas, como son la danza clásica, moder- na, folclórica, etc.

—   Polivalente: es aplicable a distintas áreas,  como son el arte, la educación, el ocio o  la terapia.

—   Compleja:  conjuga  e  interrelaciona  va- rios  factores  (biológicos,  psicológicos,  sociológicos, históricos, estéticos, mora- les, políticos, técnicos, geográficos), con- juga la expresión y la técnica y es simul- táneamente  una  actividad  individual  y  de grupo.

La danza permite al individuo exteriorizarse  y sentir su cuerpo, tomando conciencia de la  posición y tensión de los músculos. Es a la vez  una  actividad  psicomotriz  y  un  arte,  ya  que  combina  armoniosamente  los  movimientos  ininterrumpidos en el espacio, que la audición  musical crea y ordena. Como señala Gaetner  (1981),  se  trata  de  la  expresión  corporal  más  perfecta  y  elaborada  porque  exige  la  concor- dancia entre espacio y tiempo.

6.1.   Tipos de danza utilizados  

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