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4.3.2 Attractiveness

En la primera mitad de la vida podemos leer nuestra edad en el pasaporte. En cambio, en la segunda mitad nos basta con examinar el estado de nuestros vasos sanguíneos. Ya se ha hablado en el capítulo correspondiente (véase página 27) del gran perjuicio que sufren nuestros vasos coronarios por el efecto de la proteína animal. Sin embargo, si adoptamos una alimentación saludable nos mantendremos sanos, le sacaremos mucho partido a la vida y podremos detener los típicos procesos degenerativos asociados a la edad, y relacionados en muchas con probocasioneslemas circulatorios.

ALZHEIMER Y DEMENCIA

Una enfermedad preocupante en la actualidad es el Alzheimer, una forma agravada de demencia. Actualmente, un 1 % de la población norteamericana por encima de los 65 años está afectada por ese mal. La cifra se dobla cada cinco años. En Suiza se perciben ratios de crecimiento más considerables que en Alemania, mientras que en Italia son notablemente más bajos. En Austria afecta a más de 1 % de la población, y cada año se suman otros 20.000 afectados.69 El World Alzheimer’s Report de 2009 vaticinaba para 2010 más de 35 millones de casos de demencia en todo el mundo. Esto supone, según la revista médica The Lancet, un aumento del 10 % frente a los sondeos del año 2005, y hace presagiar que en 20 años la cifrade enfermos de demencia se habrá doblado.

Según la interpretación que recojo en mi libro El mensaje curativo del alma, el aspecto emocional viene introducido en la Biblia con la idea de «Volver a ser como niños». Si trasladamos este aspecto al cuerpo, nos infantilizamos y a eso lo denominamos Alzheimer. Todo aparece en la Biblia («Si no cambiáis para volver a ser como niños»), que indica lo importante que es regresar a la primera mitad de la vida y volver a descubrir al niño que llevamos dentro. En mi opinión, la probabilidad de sufrir Alzheimer en cada país es mayor cuanta más animadversión se sienta hacia los niños. Esto no es mensurable desde un punto de vista científico pero, como padre de una niña que padece una minusvalía, en los últimos veinte años he observado que en países de «alta eficiencia», como pueden ser Alemania y Suiza, la frecuencia de esta enfermedad es mucho mayor que en Italia, donde es bien conocido el amor que sienten hacia los niños.

Por otro lado, es necesario relacionar el número creciente de enfermedades asociadas a la demencia con la reacción del cerebro frente a las múltiples represiones que las personas por encima de los 65 años tienden a sufrir. Cuando se posee una capacidad mental entrenada para pasar por alto muchas cosas y se sabe dejar a un lado lo desagradable, lo más normal es que el organismo, con su poder de adaptación, aprenda a olvidar y saque de todo ello un plan de vida general. Más complicado lo tienen ahora las personas que se jubilan antes de tiempo, las que contaban con un trabajo bien definido y, de pronto, al día siguiente, sufren la barbaridad del despido. La contaminación medioambiental, el estilo de vida y el consumo de carne se ocupan del resto.

Algunas de esas características, como puede ser la falta de sintonía con los niños, parecen estar relacionadas con la alimentación. Todo lo infantil pertenece, como lo ancestralmente femenino, al arquetipo de la Luna. La típica alimentación económicamente rica, relacionada, en cambio, con el modelo masculino, es muy abundante en proteína animal frente a la de economías pobres, que siguen el patrón femenino y es mucho más rica en hidratos de carbono.

En el caso de los trastornos del Alzheimer existen otros indicios que apuntan también a la alimentación. Los niveles elevados de homocisteína, un producto de la desintegración del aminoácido metionina que aparece predominantemente en la proteína animal, hacen incrementar en 4,5 veces la probabilidad de sufrir Alzheimer;

los valores más bajos, es decir, una menor aportación de ácido fólico, una vitamina que podemos ingerir a partir de la verdura de hoja verde, elevan el riesgo de Alzheimer en más de 3 veces.70 En la página 309 se puede consultar un resumen relativo al contenido de ácido fólico de diversos alimentos.

De todo ello, como no podía ser de otra forma, obtenemos la siguiente conclusión: hay que alejarse de lo animal y dirigirse a lo plenamente vegetal. En general, seguir ese principio resulta preventivo, además de lo útil que es recordar nuestro origen natural y elegir el camino más sencillo y primario en lo que se refiere a la alimentación.

Lo mejor es confiar en las sendas vitales fijadas por nuestra cultura por las que, gracias a una niñez y juventud muy protegidas y a una agotadora vida laboral y personal, se mantenga como objetivo para la segunda mitad de la vida un regreso y retorno que lleve finalmente a los arquetipos marcados por nuestros mayores. Para ello es necesario mantener todas las funciones del cerebro, algo, por otra parte, muy saludable y razonable. La segunda mitad de la vida debería tener menos actividad que la primera y, consecuentemente, estar marcada por la tranquilidad y el sosiego, la conservación de los sentidos y el cuidado de la sensualidad. Ambas cosas resultan respaldadas por un sensible patrón de tipo femenino y la correspondiente alimentación rica en vegetales.

CUANDO BAJA LA CAPACIDAD VISUAL

La alimentación animal no solo lleva a trastornos prematuros de los órganos sensoriales. Los Campbell señalaron que incluso puede estar relacionada con la ceguera, para lo que se remiten al conjunto de 1,6 millones de estadounidenses que sufren degeneración macular (afecta a la retina), y que en muchos casos acaba en ceguera.71

Según un estudio sobre el efecto de los antioxidantes de origen vegetal en el organismo, el riesgo de enfermar se podría reducir en un 88 %72 con una dieta predominantemente vegetal. Algo semejante se puede afirmar sobre las cataratas, que afectan a todos los norteamericanos por encima de los 80 años y a más de 20 millones de ciudadanos de Estados Unidos que han cumplido los 40. Con el consumo de mayor cantidad de verduras de hoja verde, que contienen los antioxidantes necesarios para mantener a raya a los amenazadores radicales libres, cada vez más presentes en edades avanzadas, podríamos vivir durante mucho más tiempo, con mejor visión y manteniendo el contacto diario con lo más esencial.

Resumen:

Descubrir de nuevo a nuestro niño interior y alimentarlo de forma vegana mantiene alejadas numerosas enfermedades y el Alzheimer. En el mismo sentido, también se procura un efecto marcadamente positivo frente a la disminución de la capacidad visual y el resto de nuestra potencialidad sensorial.

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