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Attributes of the Ideal Currency:

In document UNIT - I Foreign Exchange Markets (Page 64-68)

Reserve Bank of India Act,

Lesson 1: Exchange Rates – Exchange rate systems – Gold Standard – Bretton Woods Fixed Vs Floating Exchange Rate systems

5. Others: Apart from the models discussed above there do different countries follow some more practices They are:

1.5.4. Attributes of the Ideal Currency:

Mas acuérdate del Señor tu Dios, porque Él es el que te da poder para hacer riquezas, a fin de confirmar su pacto, el cual

juró a tus padres como en este día.

~ Deuteronomio 8:18

I

NTRODUCCIÓN

Uno de los problemas que a menudo traen los creyentes a la sala de consejería es su mala administración financiera, que lleva a muchos hijos de Dios a vivir esclavizados con deudas y pagos atrasados. Aunque en la superficie estos problemas parecen ser de índole económico, en realidad con cierta frecuencia representan un problema de integridad y de carácter. De hecho, como ya hemos mencionado, la crisis financiera que ocurrió a principios de este siglo y que llevó a muchas compañías norteamericanas a la quiebra, entre las cuales Enron fue la más cuantiosa, se debió precisamente a una violación de la integridad. Esta compañía llegó a reportar ganancias que no tuvo y a ocultar pérdidas cuantiosas hasta que explotó el escándalo. La quiebra fue económica, pero es evidente que antes hubo una «quiebra» del carácter de los que manejaron las finanzas de la empresa. Eso que podemos ver con claridad en la quiebra de una compañía ocurre a menor escala en las economías personales de muchos individuos.

Una vez más volvermos a decir que el talón de Aquiles, tanto de creyentes como de no creyentes, está en el manejo de sus finanzas. Y la raíz del problema está en la mentalidad materialista que la sociedad nos ha vendido y que muchos han comprado con tanta facilidad. Podríamos definir el materialismo como un sistema de valores que da prioridad a las cosas materiales por encima de los valores espirituales. Una buena ilustración de esto sería el creyente que es disciplinado en su gimnasio, al que le dedica una hora diaria,

pero no tiene cinco minutos para escudriñar la Palabra de Dios. Otro ejemplo similar es el de aquella mujer cristiana que va al salón de belleza todas las semanas, pero que nunca invierte tiempo ni dinero en la compra de literatura cristiana para nutrir su alma.

Por otro lado, el materialismo puede definirse como una preocupación excesiva por las necedades y deseos materiales en vez de las cosas espirituales. Los diccionarios seculares concuerdan con esta definición. De esta manera, aun en el mundo secular algunos ven el materialismo como una preocupación por necedades (no necesidades).

S

ÍNTOMAS DEL MATERIALISMO

El materialismo puede evidenciarse en la vida de una persona a través de múltiples síntomas. A continuación veremos algunos de ellos:

1. Falta de contentamiento

La mente materialista encuentra poco gozo en lo que tiene. Esto la lleva a querer poseer siempre más cosas o algo mejor. Desafortunadamente, ese descontento en ocasiones puede terminar provocando que el individuo comprometa su integridad, con miras a adquirir aquello que hoy no tiene.

El cristiano necesita aprender el secreto que Pablo dice haber aprendido: No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad (Fil. 4:11-12).

Pablo pudo decir esto porque había reducido sus expectativas a lo esencial, por amor al evangelio. Estas palabras de Pablo a Timoteo acerca del contentamiento son impresionantes: Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos (1 Tim. 6:8). De la misma manera, en Mateo 6:25-34, Cristo nos instruye a no preocuparnos por el día de mañana o por lo que comeremos o cómo vestiremos porque los gentiles o incrédulos son los que se preocupan por esas cosas. Nosotros, sin embargo, deberíamos

buscar el reino de Dios primero y todas esas cosas se nos darán por añadidura.

Observe cómo lo dijo Salomón en el libro que escribió para darles entendimiento a los simples: Dos cosas te he pedido, no me las niegues antes que muera: Aleja de mí la mentira y las palabras engañosas, no me des pobreza ni riqueza; dame a comer mi porción de pan, no sea que me sacie y te niegue, y diga: ¿Quién es el Señor?, o que sea menesteroso y robe, y profane el nombre de mi Dios (Prov. 30:7-9). La abundancia nos puede llevar a vivir como ateos prácticos y la pobreza puede llevarnos a hacer cosas indebidas para adquirir lo que no tenemos.

2. Falta de gratificación retardada

Estudios recientes han demostrado que estamos experimentando un aumento de las tendencias narcisistas en nuestros días. «La media de la prueba sicológica para el narcisismo ha aumentado un 30% en las últimas dos décadas. El 93% de los jóvenes obtuvo una puntuación más alta que la media de hace 23 años. El mayor aumento se produjo en el número de personas que estuvo de acuerdo con la afirmación: “yo soy una persona extraordinaria” y “me gusta mirar mi cuerpo”».103

Mientras más egocéntricos nos volvemos, menos habilidad o disposición tenemos para esperar. La gente parece decir: «Yo lo quiero ahora y no tengo tiempo para esperar», y eso nos lleva a cometer fraudes y actos de corrupción, a no pagar deudas para adquirir otras tantas, a no pagar impuestos y a una serie de acciones no íntegras porque no estamos dispuestos a esperar. Tristemente, los padres contribuyen a esta deformación del carácter en los hijos si, cada vez que el hijo quiere algo, se lo conceden. Cuando actuamos así, no estamos enseñando a nuestros hijos a esperar. El concepto de gratificación retardada es algo casi desconocido para esta generación.

3. Insatisfacción

La persona materialista pierde interés fácilmente por aquello que adquiere o por aquello que comienza a hacer. Compra un auto y al poco tiempo ya no le atrae tanto; compra una computadora y a los seis meses también le pierde el interés, a menudo porque otros

modelos han empezado a cautivar su mente. Esta forma de vivir nunca producirá la satisfacción que el hombre de hoy busca. Nuestra generación es la que cuenta con el mayor número de cosas en la historia de la humanidad, pero tal vez sea la menos satisfecha.

4. Ingratitud

Sin duda, la mente materialista tiene una disposición hacia la queja. Si tuviéramos una mente espiritual, no estaríamos quejándonos todo el tiempo. No es sabio vivir de esa manera porque tarde o temprano terminaremos cosechando las consecuencias de nuestro espíritu de queja. Es necesario que aprendamos del apóstol Pablo, quien aun en medio de sus prisiones, nunca mostró una actitud de queja, sino de aceptación, gratitud y confianza en la soberanía de Dios.

Hoy más que nunca vemos personas a las que les cuesta experimentar gratitud por el trabajo que tienen, por lo que se la pasan criticando y quejándose de su condición laboral. Pero no podemos olvidar que la queja, en última instancia, es contra Dios, como nos enseñó Moisés: Y Moisés dijo: Esto sucederá cuando el Señor os dé carne para comer por la tarde, y pan hasta saciaros por la mañana; porque el Señor ha oído vuestras murmuraciones contra Él. Pues ¿qué somos nosotros? Vuestras murmuraciones no son contra

nosotros, sino contra el Señor (Ex. 16:8, énfasis agregado). Si Dios

orquesta todos los eventos de nuestras vidas y todas las cosas las hace cooperar para bien, entonces al quejarnos estamos expresando nuestra molestia contra Dios, el director del «drama de nuestras vidas».

5. Uso de las personas y amor por las cosas

Usar a las personas mientras amamos las cosas es típico de la mente materialista. Y la mejor evidencia está en la crianza de los hijos. Como padres, a diario abandonamos a nuestros hijos para que los críe otra persona o, peor aún, para que los eduque la televisión, mientras damos nuestros mejores esfuerzos, nuestras mejores horas al trabajo y a la acumulación de bienes. En el proceso, nuestros hijos se pierden. Amamos tanto las posesiones que mostramos un deseo continuo de cambiar aquello que tenemos por nuevas o mejores cosas porque siempre aspiramos a tener el último modelo, o lo mejor del mercado.

Cuando compramos algo, ¿tiene que ser de una marca reconocida? Cuando estamos tristes, ¿salimos de compras? Esta es la manera como muchas personas afrontan la tristeza, el desánimo o la depresión. ¿Siente usted la necesidad de tener lo último, lo máximo, el mejor modelo del mercado? Algunas personas viven revisando catálogos por lo menos para estar al tanto de lo último de la moda. El problema es que nuestro corazón se va de continuo tras esas cosas. El resultado es una conducta consumista y un espíritu de insatisfacción que con frecuencia nos acarrean mayores gastos, y mayores compromisos financieros. Todo eso es señal de una mente materialista.

Otra forma en que usted puede monitorear sus tendencias materialistas es preguntándose cuál es su actitud cuando otros poseen algo mejor de lo que usted tiene. ¿Se siente mal? ¿Se siente inferior? Por otro lado, piense en cuál es su actitud frente a las cosas materiales: ¿se le hace difícil dar? Todas estas actitudes revelan que nuestras posesiones nos están poseyendo, en vez de ser a la inversa. Richard Foster, en su libro Dinero, sexo y poder, dice que nosotros deberíamos encontrar formas de profanar el dinero, el cual ha adquirido un carácter sagrado en nuestro mundo.104 Entonces, él nos

habla de que «la mejor forma de profanar el dinero es regalándolo sabiamente».105 Hay que ser sabios, aun al dar.

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