Chapter 4. Analysis of Experimental Results 4.1 Summary statistics
4.5 Attribution as an explanatory variable for tournament entry
En este momento, el paciente siente la misma energía que tú. Comienza a avanzar despacio a lo largo de su cuerpo. Deja que tus manos continúen acercándose y alejándose con la energía. ¿En qué dirección ir? En la que te parezca bien. ¿Cómo mover las manos?: ¿en círculos?, ¿estiradas?, ¿como si flotaran? Deja que las manos te lo digan. Estás interactuando con una fuerza vital. Tu energía está en una esfera de influencia clave para tu comprensión de una esfera de influencia
diferente. Eres portador de su fuerza de una manera diferente y multidimensional.
Eres un receptor. No se trata de un proceso consciente en el que haya que tomar decisiones. Es lo mismo que cuando vas andando. Sabes que estás yendo de un punto a otro, pero no piensas:
Muy bien, voy a levantar el pie izquierdo y a poner en el suelo primero el talón y después la puntera; ahora voy a desplazar mi peso hacia delante y a levantar el pie derecho y a poner en el suelo primero el talón y después la puntera..., simplemente andas.
Por si tienes dificultades para lograr abstraerte, recordemos un ejercicio de unos cuantos capítulos atrás. Imagina de nuevo que estás hablando con alguien por teléfono. Ahora sube un poco los ojos y llévalos hacia un lado. Estás escuchando atentamente. ¿Lo recuerdas? Escucha con las manos. Simplemente presta atención, no pienses acerca de lo que sientes. No lo analices. No lo interpretes. Simplemente siente.
A modo de ejemplo, voy a compartir lo que yo podría hacer durante una sesión de sanación típica. Podría empezar a los pies de la camilla haciendo un movimiento circular con una mano dirigida hacia las plantas de los pies del paciente. Es como si estuviera agitando algo, aunque en realidad no sé por qué empiezo tantas veces las sesiones por esa zona. No es una elección consciente y podría empezar sobre el área del estómago o la cabeza con la misma frecuencia. El movimiento circular o de agitación intensifica la percepción de la sensación inicial; es como mover un poco los dedos de los pies cuando empiezas a hundirlos en un lago o en una piscina. Muchas veces empiezo buscando las zonas sobre el cuerpo del paciente que me proporcionan más información o sensaciones más claras. Puede que los ojos del paciente estén abiertos todavía y charlemos mientras muevo una mano circularmente y la otra hacia atrás o hacia delante. Por último, le pido al paciente que cierre los ojos y se relaje y sigo a partir de ahí.
Tu mano derecha sabe lo que está haciendo tu mano izquierda
Por cierto, pocas veces muevo las dos manos sincronizadamente. Al hacer eso, lo único que se consigue es crear patrones sólo por crearlos. ¿Cómo se sabe eso? Piensa en los limpiadores del parabrisas; se mueven en paralelo o en oposición uno con respecto al otro, pero siempre de forma regular, sincronizada. Ese patrón sirve porque los limpiaparabrisas lidian con las gotas de agua siempre de la misma manera. Pero eso no es lo más adecuado para nosotros. Mientras que en una zona sentimos una cosa, en otra sentiremos algo diferente. Ya que cada una tiene características exclusivas, no estaremos siendo fieles al proceso si pasamos por alto este hecho y simplemente hacemos movimientos por hacerlos.
Imaginemos que estás sentado a oscuras en un cine. La bebida está en el suelo al lado de tu pie izquierdo y las palomitas en una bolsa en el regazo de un amigo sentado a tu derecha. Cierra los ojos y busca a tientas la bebida y las palomitas a la vez. Date cuenta de que la mano derecha y la izquierda se mueven de manera independiente. Eso pasa porque en realidad estás tomándote el tiempo necesario para introducirte en las sensaciones, dejando que las manos respondan individualmente a la información sensorial que te devuelven dos objetos situados en lugares distintos, con diferente densidad y estructura. Si tus dos manos siguieran el mismo patrón de movimientos, tu amigo tendría las palomitas por encima de él y las personas sentadas delante de ti tendrían la bebida por encima de ellas. También puedes pensar en un pianista o en un guitarrista, cuyas manos hacen cosas diferentes y aún así trabajan juntas para conseguir un único y armonioso resultado.
Análogamente, según vas moviéndote a lo largo del paciente, «escucha» con las manos, atento a sentir las variaciones de energía. Cuando notes que la energía sea más fuerte o más débil o diferente en cualquier sentido, juega con ella, estírala, muévela, interactúa con ella. Nota si burbujea, como los chorros de un hidromasaje o la efervescencia del agua con gas; si es fresca y ligera como una brisa común; o caliente y nítida como si acabaras de meter la punta de los dedos en cera caliente. Ante cualquier cosa en la energía del paciente que te llame la atención, detente y juega con ello, pero sin ningún objetivo determinado en mente. Céntrate en el proceso, no en el resultado. Simplemente juega con ella mientras te parezca interesante y estimulante. Luego sigue adelante.
Mientras tanto, presta atención al resto del cuerpo del paciente. Observa los ojos del paciente sin perder de vista lo demás. Estáte lo más atento que puedas a todos los cambios y relaciona esas respuestas con lo que en ese mismo instante estás sintiendo a través de las manos.
Eso es muy importante porque te garantiza que no confundes sensaciones fortuitas o imaginarias captadas por las manos con flujos de energía y conexiones reales.