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Los autores y autoras inscritos en la tradición de la TL que concurren en el texto que acabamos de mencionar, insisten en su crítica al modelo de Iglesia de cristiandad desde su experiencia latinoamericana de renovación eclesial.

Sobrino ha exaltado el proceso específico de la Iglesia latinoamericana, como lo hacen ahora muchos de sus colegas. Tal es el caso, por ejemplo, de Teófilo Cabestrero, quien

considera que “de los puntos luminosos de Juan XXIII, de Pablo VI y del Cardenal Lercaro,

que iluminaron la experiencia eclesial y espiritual del Concilio Vaticano II en Roma, se ven pocas huellas en los Documentos conciliares. Pero su luz se extiende por los Documentos de Medellín, de Puebla, e incluso por los de Santo Domingo aunque con menor

intensidad”.121 Y en el mismo sentido Víctor Codina concluye que “la Iglesia

latinoamericana posee ya un largo caminar propio que debe ser reconocido y respetado por la Iglesia universal, sin que se le obligue a seguir otros rumbos. Todavía nos cuesta admitir

106 la reafirmación de las Iglesias locales dentro de la Católica, siendo así que fue uno de los

logros teológicos y eclesiológicos más importantes del Vaticano II”.122

Marcando diferencias de fondo entre la visión jerárquica y la de la TL, Juan José Tamayo resalta que “el interés de la teología de la liberación es decididamente emancipatorio”, de modo que “…quienes critican quieren colocar los textos al servicio de la institución eclesiástica más que al servicio de los desheredados de nuestro tiempo”.123 Y en un tono aún más radical, Jean Richard denuncia que “...nada puede ocultar el hecho de que la Notificación, a pesar de afirmar lo contrario, se propone debilitar la irrupción de los pobres y su urgente grito demandando justicia”ν por ello asegura que la Iglesia es cada vez más sectaria y “no permite la autocrítica ni la actividad autocrítica de parte de sus miembros o sus intelectuales”, hasta el punto que “…el ideal de unidad se ve reducido a la uniformidad y por tanto conlleva un acento en la disciplina”, lo cual la ilegitima en el entorno modernoμ “ninguna organización puede tener autoridad en las sociedades occidentales sin asumirse críticamente y sin libertad de discusión. La iglesia ha perdido su autoridad porque estas

características no existen en ella”.124

En la misma dirección, José Comblin cree que detrás de las disputas cristológicas, renovadas ahora por la Notificación, subyacen dos proyectos eclesiológicos: uno de cristiandad soportado en la teología de la encarnación, a la postre visión espiritualizada de Jesús, y otro que quiere volver a las fuentes bíblicas desde una lectura histórica. Considera que ésta última es la posición latinoamericana:

Desde hace medio siglo quedó claro que el modelo de cristiandad era perjudicial a la Iglesia en América Latina, y no tenía futuro, dada la evolución social y cultural. Lo que se busca es un nuevo modelo inspirado más directamente en la Biblia y en la tradición antigua, sin negar lo añadido después, pero con el interés primordial por los orígenes cristianos.125

122Codina, “Los pobres, la Iglesia y la Teología. Una pregunta ingenua”, 58. 123Tamayo, “Hacer teología desde las víctimas.

124Richard, “Una Iglesia de notificaciones”, 189 y 192-193.

107 Desde esta posición, la propia de la Iglesia de los pobres en la que se inscribe Jon Sobrino, Comblin interpreta lo que sucedió en la historia del cristianismo:

Hasta Constantino la Iglesia fue de los pobres, aunque hubiera algunos ricos en medio de los pobres, pero la tonalidad era dada por el pueblo pobre. Con la cristiandad la situación cambió: durante siglos hubo un clero rico y poderoso y un pueblo pobre. Esta situación provocó innumerables conflictos. El clero logró vencer gracias al apoyo de los reyes con

toda su nobleza…Ya no se habló de la Iglesia de los pobres sino de la Iglesia que socorre a

los pobres.126

Comblin deja planteada una doble posibilidad que estaría por definirse:

Hoy día, la cristiandad está en un dilema. O bien renueva la alianza entre el clero y las nuevas fuerzas políticas y económicas dominantes y se aparta de los pobres, o bien entra en el mundo de los pobres y hace de ellos el cuerpo de la Iglesia. Este dilema es el desafío de América Latina.127

Jung Mo Sung, por su parte, si bien coincide con la idea de dos visiones al interior de la institución eclesial, considera que en esta controversia se suscita una cuestión coyuntural y sociopolítica: Sobrino insiste en una visión de pobreza que parte de las necesidades materiales de los pobres y que colocan en un primer plano el hambre de las mayorías y la necesidad de la justicia; mientras la CDF, por su parte, considera que la verdadera pobreza es no conocer a Cristo. De cada postura se desprende implicaciones diferentes: de la primera que la Iglesia pasa a ser una institución más, que junto con otras, lucharía por la superación de la pobreza y la instauración de la justicia; la segunda postura colocaría a la Iglesia institucional al centro, como aquella que verdaderamente está en condiciones de luchar contra la pobreza en tanto que conoce y puede anunciar a Cristo, diluyendo el problema de las diferencias sociológicas:

Parece-me que a Congregação da Doutrina da Fé está tentando produzir um novo sentido à palavra pobreza para que a Igreja Católica possa recuperar a importância, a influência e a centralidade que já teve no passado. Se a primeira pobreza do pobre é não conhecer o

126 Ibid., 67. 127 Ibid.

108 verdadeiro Cristo, a Igreja Católica se tornaria a instituição mais importante na luta mundial contra a pobreza e a defesa da verdadeira doutrina contra teologias, como a do Sobrino, que não repetem a doutrina que o Vaticano considera a ortodoxa é se tornaria uma tarefa vital.128 De otra parte y de manera bastante optimista sobre la influencia actual de la TL y de las CEB, Pablo Richard valora que “…la acción contra Jon Sobrino demuestra que la Teología de la Liberación existe. Si estuviera muerta, como dicen, no sería necesario ningún tipo de acción contra ella. Si lo hacen, es porque saben que realmente existe, y lo más importante: le tienen miedo”. Tal visión la corrobora con datos empíricos que parecerían contundentesμ

La Teología de la Liberación inspira a varios presidentes como en Brasil, Ecuador, Bolivia. Incluso en Venezuela y Cuba la Teología de la Liberación es una referencia cuando se habla de la Iglesia a contrapunto de la Iglesia oficial. Lula en Brasil y Correa en Ecuador vienen de las comunidades de Base y de la Teología de la Liberación. Muchos líderes de los movimientos sociales, definen su fe “a la manera de la Teología de la Liberación”.129

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