Es curioso observar las diferentes formas que puede adoptar la poesía para hablar de la urbe. Con el paso del tiempo, las poéticas cambian adaptándose a los nuevos acontecimientos o inquietudes que surgen en el espacio ciudadano. Sin embargo, en muchos casos perdura una esencia que no puede desaparecer mientras el poeta siga habitando la ciudad. Esta sigue teniendo sus estructuras y su engranaje, que se modifican con el tiempo pero siguen heredándose y reconociéndose. Este es el caso de un poeta de finales de siglo, Fabián Casas, que, al igual que De Lellis lo hizo sobre Almagro, él poetiza sobre Boedo. Ambos son poetas barriales, y eso, con todo lo que
implica, es lo que ha perdurado. Sin embargo y, como veremos, sus formas de entender el espacio son diferentes, y van ligadas a la propia sensibilidad de su tiempo.
Con Fabián Casas nos situamos en la década de los 90, en los albores del fin de siglo XX. Bien es cierto que, desde la figura de Humberto Costantini, poeta tradicionalmente asociado a la generación de los 60, hasta Fabián Casas en la generación de los 90, observamos cierta ausencia de una tradición poética urbana como tal en Argentina.
Para comprender el sentido de la poesía urbana de los 9060, y más concretamente la de Casas, necesitamos hacer una breve referencia a la década de los 80. Diremos que este período está fuertemente influido por la estética neobarroca, que desplaza el tema de la urbe tan presente en la poesía social y popular de mitad de siglo para desarrollar una primacía de la reflexión meta poética y todas las cuestiones que envuelven al lenguaje, por encima del espacio habitado. Como comenta García Helder (1987) con respecto a los temas que desarrolla el neobarroco de los 80:
La poesía como tema de la poesía, los poemas cuyo tema son la palabra, el lenguaje, lo dicho o lo no-dicho, el discurso, la escritura, etcétera; éstas y otras tautologías, parientes cercanas del writing on writing, no son propias del neobarroco sino patrimonio común de los poetas modernos argentinos, preocupados en abordar o rozar los temas de la lingüística y el psicoanálisis así como los poetas de antes abordaban o rozaban los de la filosofía y la ética. Pero si bien los neobarrocos no son los únicos en ensimismar la poesía, son los que llevan a cabo un proceso que se inició con el modernismo: el acercamiento de lo que se tiene por tipicidad española (la naturaleza barroca) a cierta tipicidad francesa postmallarmeana (la confusión de la literatura y el pensamiento de la literatura). (p. 25).
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La poética de esta generación trabaja en gran medida el tema urbano, especialmente en relación a la proyección social que buscamos en este capítulo. Poetas como Martín Gambarotta, Washington Cucurto o Fernanda Laguna integran, aunque de formas diferentes, la cotidianidad de sus vidas en la ciudad como sujetos sociales conscientes del otro en el mismo espacio habitado.
De este modo, la poesía urbana se difumina en estos años para volver a afianzar sus pasos con la llegada de la generación del 90, en la que las nuevas voces toman distancia con esta estética para recuperar la esencia del barrio y la cotidianidad. Existe, de este modo, una especie de superación del neobarroco y un asentamiento del neo objetivismo, del que Casas es uno de los primeros representantes. Un neo objetivismo que se basa precisamente en la recuperación del entorno y en el desarrollo de una relación con él que se reflexiona y se plasma en el poema, tratando de alejarse del artificio propio del neobarroco.
Y Casas, más allá de ser una de las voces más relevantes de su generación, es una de las máximas figuras de la poesía urbana del siglo XX. También lo es de la del presente siglo, puesto que su poética continúa publicándose en nuestros días. En consecuencia, nos tomaremos la licencia, en este apartado que está presentado como una revisión del siglo XX, de incluir algún poema recogido en su obra posterior correspondiente a los primeros años del siglo XXI.
Antes de entrar en las particularidades de la poética de Casas, es interesante revisar las características que acompañan a la poesía producida en la última década del siglo. Como he comentado, estos poetas beben directamente de la poesía de mitad de siglo XX en cuanto a su vinculación con el espacio urbano y la aprehensión de lo popular como materia de poetización, pero desde una óptica muy particular.
En primer lugar, es relevante destacar el cambio drástico en la asimilación del mundo que supone la vida de las últimas décadas. La revolución de la tecnología, internet y la cultura de masas que, aunque siempre presente, se ha disparado como una parte más de entender la vida contemporánea: todas son piezas en la configuración de una nueva mentalidad y sensibilidad que afecta a la sociedad de nuestros días, en
especial al sector más joven. Y esta nueva realidad es testificada por los poetas del fin de siglo. Estos toman la palabra y deciden estructurar su poética alrededor de las nuevas circunstancias en las que se encuentran envueltos, hablar de la urbe a través de esta cultura de masas, de la sociedad de consumo, de la revolución tecnológica. Por esto, efectivamente retoman la voluntad de los poetas de los años 50 de elaborar un discurso urbano, articulado desde la ciudad, pero introduciendo todas estas nuevas realidades.
Inicialmente, la adopción del imaginario de la cultura de masas, tan opuesta a la visión de la poesía y de la literatura en general como un arte que trasciende la banalidad que subyace en esta cultura, es tomada como una desvalorización de la nueva poesía. Tildada de práctica inapropiada y vulgar, no se acepta como una tendencia poética a tener en cuenta. Sin embargo, no sucede únicamente por este motivo; los nuevos poetas también introducirán temáticas transgresoras y socialmente inapropiadas, como la experiencia del sexo o del consumo de drogas. Finalmente, lo que es en origen una actitud disruptiva se convierte en una tendencia, pues responde a unas inquietudes generalizadas que mueven a los poetas de esta generación. Y esto implica, por consiguiente, una nueva forma de entender la figura del poeta y de la poesía.
Es muy destacable cómo se percibe la urbe y la vida postmoderna en términos de inmediatez: se vive una época que exige pensar en el hoy, borrando el recuerdo de la tradición y sin prefigurar el tiempo futuro; y esto es indudablemente un efecto de la sociedad de consumo, que reclama la necesidad de obtención de una satisfacción inmediata, saciando cualquier estímulo que impulse a gastar y a consumir lo que se nos ofrece a través de los medios de masas. La inmediatez es un rasgo característico de esta poética, siempre tratada desde la ironía y el humor del lenguaje.
De hecho, la sátira es el tono que prima en los poemas de esta década. Cualquier tema susceptible de ser poetizado pasa por el filtro de la ironía, desde la angustia existencial o la fe en el cambio de la realidad alienante, hasta los espacios del paisaje urbano que se describen. Y esta es una ironía que frecuentemente está disfrazada de una inocencia e ingenuidad que refuerza mordazmente la crítica que se propone. Otra particularidad del lenguaje es el rechazo a cualquier tipo de adecuación, en una voluntad rupturista. Esto significa que estas voces adoptan frecuentemente un lenguaje políticamente incorrecto, popular, dando cabida a una multiplicidad de posibilidades.
La tradición poética anterior, con el cambio de paradigma existencial, queda atrás, imposible de seguir. Es necesario, para estos poetas, encontrar un modo de poetizar el mundo desde un lenguaje y una forma capaces de dar cuenta de la nueva realidad cotidiana. También como un medio de cambio, de sublevación contra estas imposiciones. Si bien, como apunto, la irreverencia es una característica propia del nuevo lenguaje poético, también lo es en el modo de proyectar la vida urbana con las nuevas características ya mencionadas. Y es que estos poetas van a fijar su atención en los elementos desagradables consecuencia de la masificación y el consumismo: incluirán como materia del poema los residuos, los desperdicios, la suciedad, la basura. Tal y como apunta Caresani (2012) en su artículo: ´La ciudad de los poetas y narradores de hoy ³espacio chatarra según el revelador ensayo de Rem Koolhaas (2006)³ se compone de restos, sobras, desechos, y no hay forma discernible que prometa recomponerlaµ (p. 114).
Esta imposibilidad de recomposición indica, además, una convivencia entre los múltiples elementos que conforman la urbe, caracterizados por su heterogeneidad. Al aceptar esta heterogeneidad se elimina la posibilidad de asunción de una verdad absoluta, puesto que hay tantas verdades como realidades coexistentes en el mismo
espacio. Esta es una característica muy presente en la poética de Casas que observaremos a través de sus poemas.
Sin embargo, no puede evitar producirse un efecto contradictorio: la heterogeneidad a la que aludimos convive con la ya mencionada sociedad proyectada como masa. No es la primera vez que nos encontramos con el concepto que ahora estamos exponiendo, si bien en la poética de los 90 se plantea de una forma diferente. Ya desde el comienzo del capítulo, con la presentación de la figura del flâneur, se estaba aludiendo a la masa, entendida como el conjunto de individuos cuya identidad se encuentra mimetizada y difuminada, pasando a formar un conjunto más o menos uniforme. El flâneur, figura interesada por los nuevos fenómenos que trae la modernidad, supo tomar esta idea y poetizarla. Así, hemos encontrado varios poemas que hablan directa e indirectamente de ella. Montaldo (2002)61 apunta sobre este concepto:
Benjamin62 plantea un punto muy sensible de la reflexión sobre la masa en la cultura contemporánea: la masa opuesta al intelectual [] La masa, entonces, no es, sino que se mira o es en la conciencia de su reproducción bajo las normas de la modernidad [] Sujeto o entidad inestable, que solo sabe actuar, la masa se constituyó tempranamente en un problema de la cultura letrada en América Latina [] No solo se trata de ´mucha genteµ; también de gente del montòn, vulgar, de aquellos que ´hacen masaµ [] ella es el lugar de anulación de los sujetos particulares y la aparición de algo desconocido, una suerte de fuerza, que anula a los individuos y produce algo nuevo, temible, poderoso y, quizá, aniquilador y en el cuela la condición humana no necesariamente se mantiene. Así lo vieron, al menos, aquellos sujetos que hicieron de la individualidad condición de su identidad bajo la modernidad: los intelectuales (p.61).
61 Graciela Montaldo: ´Sujetos y espacios: las masas hispanoamericanas y la ocupaciòn territorialµ en De
Arcadia a Babel. Naturaleza y ciudad en la literatura hispanoamericana, Javier de Navascués (ed.),
2002, p. 61.
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Walter Benjamin, el impulsor de la flânerie como objeto de estudio en el arte, también estudia el concepto de masa. Como decimos, esta idea no puede desligarse de aquella, y ambas deben entenderse como fenómenos ligados: como sabemos, el flâneur encuentra la razón de su ejercicio en la existencia de la masa, y asimismo puede desarrollarlo gracias a las condiciones que esta imprime en el espacio urbano.
Sin embargo, en la posmodernidad la masa adquiere connotaciones diferentes. La masificación se ha acelerado y multiplicado, y esto provoca que los poetas contemporáneos se enfrenten a ella y la apelen directamente. Lo harán, además, a través de las nuevas formas en las que se figura, como hemos adelantado, y de las cuales los mass media y la sociedad de consumo destacan sobre todas.
Si centramos la mirada en Casas, observamos la tendencia a la heterogeneidad desarrollada junto con otras particularidades. El cuestionamiento de lo absoluto al que hacemos referencia, en Casas también afecta a la propia asimilación de sí mismo como sujeto63. Es por esto que es habitual discernir una multiplicidad de voces en su discurso poético. El mismo poeta acepta y confiesa que el suyo se trata de un discurso híbrido, formado por su propia experiencia ±que, por otro lado, podrían ser también muchas voces, tantas como experiencias± y las voces de referencias externas, que van desde las figuras clásicas de la literatura y la filosofía, hasta personajes nacidos en esta nueva cultura de masas. Así lo apunta Pates (2015), citando a su vez palabras de Porrúa:
La voz de Casas, por ejemplo, se teje con otras voces provenientes de la literatura y la filosofía (como Apollinaire y Joaquín Giannuzzi) y también de la cultura mediática (cómics, revistas, videos pornográficos, discos de vinilo y radio). Esto indica que las referencias a partir de las cuales construye una voz propia provienen de diferentes espacios culturales [] Entonces, la introducciòn de la palabra ajena en la poética de Casas provoca una tensión con la palabra propia. De esta tensión, el resultado es una voz propia que no deja de estar formada por otras voces (los poetas norteamericanos, los filósofos, algunos elementos de la industria cultural). Esto se da, para Porrúa (2010), bajo la forma del diálogo, es decir, manteniendo cierta distancia con esas otras voces. Casas afirma que, cuando escribe, hay dos voces como mínimo: la voz propia y la voz extraña, y que elige que predomine la que le resulta más extraña. (pp. 3-4).
63 En esto observamos cómo, siguiendo las palabras citadas de Montaldo (2002), Casas se observa a sí
mismo desde la posición del intelectual, siendo capaz de poetizar sobre la sociedad masificada y, sin embargo, trabajando su propia subjetividad como individuo. Aunque generalmente opte por el discurso esquizofrénico, el poeta marca una diferencia entre su propia identidad ±o identidades± y la identidad difuminada de la masa que deviene en no-identidad.
El diálogo, de este modo, es un eje de articulación del discurso que encontramos atravesando la obra del poeta. Un diálogo que frecuentemente da lugar al fenómeno del desdoblamiento. Y un diálogo que, al estar en permanente desarrollo es capaz de figurar la diversificación de la urbe y la sociedad modernas en una suerte de reflexión e implicación social.
Casas, natural del barrio de Boedo que siempre mantiene presente en su escritura, reivindica el espacio barrial como el lugar donde pueden acontecer cosas extraordinarias ±así de hecho lo presentábamos, como poeta barrial±. En este sentido se entiende su reivindicación social, en tanto trae al poema la esencia del barrio humilde y la experiencia de habitarlo. Casas, en este sentido, también responde a la adopción de la figura del flâneur. Un flâneur moderno, que observa la vida cotidiana dando cuenta de la masificación y el consumismo, y tratando de escapar de ello a través de la escritura. En su flânerie suelen primar las horas nocturnas, sobre todo desde el estado de insomnio, como el momento en el que el poeta debe enfrentar el encuentro con su yo, cuando se lleva a cabo el desdoblamiento y es necesario calmar la angustia existencial y el ahogo provocado por la alienación. También se filtra, inevitablemente, la desazón del recuerdo. Como todo flâneur, el poeta va encajando las piezas que articulan su yo en la caminata, en una voluntad de recomponerlas.
No obstante, la poetización de la ciudad también pasa por el imaginario personal alimentado desde la infancia. No se entiende el barrio de Boedo sin todo el bagaje que le ha influido en las diferentes etapas de su vida, las de su infancia y adolescencia, y que responde precisamente a la cultura de masas que él también ha consumido en las décadas de los 70 y los 80: los iconos culturales, mediáticos, musicales o el cine, muy presente en toda su obra. La introducción de todo esto implica, por un lado, la adscripción a la tendencia de los poetas de su generación de introducir este tipo de
elementos, como he comentado previamente, en su poesía. Por otra parte, también supone un distanciamiento con la imagen tradicional del Boedo presente en poéticas de autores anteriores. Es pues el testimonio de una Buenos Aires de fin de siglo XX y principios del XXI, totalmente renovada en cuanto a su proyección en el imaginario de épocas pasadas.
Esta particular identidad de Buenos Aires que conjuga la poética de Casas es el reflejo de la contemporaneidad. Dibuja un Boedo, como digo, renovado, pero sin borrar las huellas profundas de la identidad barrial. Así lo expone Carreño (2013)64 en su ensayo:
el Boedo de Fabián Casas tiene al menos un par de tangos que le piantan a cualquiera un lagrimòn [] cada esquina está cargada de historia y de prácticas urbanas vinculadas a la producción cultural y literaria. Boedo es una reinvención de Fabián Casas (p. 105).
Es importante, pues, tener en cuenta que el propósito de esta poética no es eliminar el pasado y las raíces del territorio. Por el contrario, supone una voluntad de actualización, de testimonio de la vida en la ciudad bonaerense de los últimos años, llevando consigo un imaginario cultural que forma parte de su identidad como argentino.
Hemos mencionado previamente que Casas es uno de los primeros poetas en encarnar la tendencia neo objetivista. No obstante, en el caso del poeta, la objetividad entra en conflicto con el propio mundo interior. Si bien es cierto que encontramos una voluntad de expresar la urbe y lo que la conforma desde un punto de vista objetivo, lo que inscribiría a Casas en esta corriente. Del mismo modo esta despersonalización se ve derrotada por los fantasmas, el conjunto de voces en interacción, que cuestionan la 64 Rubí Carreño Bolívar: ´Cuestiòn de clases: la escuela en Zambra y Casasµ en Chile urbano: la ciudad
posibilidad de existencia de una mirada objetiva de la realidad. Aspecto que comenta Mallol (2010) en su ponencia:
En las antípodas del materialismo, al menos del lingüístico, el realismo en poesía no es sino el fracaso mismo del decir, una constatación del hueco imposible de llenar entre las palabras y las cosas. Porque sólo en los momentos en que se deja vencer por una cierta emoción, parece ser, viene la subjetividad, siempre a mitad de camino entre lo singular y lo universalizable en el espacio del poema, a llenar de ilusión ese hueco, la ilusión de lo experimentado. (p. 6).
Una frustración en el decir de las cosas; la irrupción de la subjetividad que finalmente se impone como una muestra de que lo único susceptible de ser poetizado es lo que pasa por el sujeto, las propias vivencias. Queda truncada así la objetividad, y sobre este quiebre se elabora una poética que se focaliza en el particular entendimiento de la urbe por parte del poeta-observador. El sujeto queda relegado a un plano pasivo, es el objeto el verdadero protagonista, el que condiciona la experiencia vivencial. El contacto con el mundo externo y este universo en sí mismo es, en resumidas cuentas, la esencia de la poética de Casas. Sin olvidar, por supuesto y directamente relacionado con la primacía del referente sobre el yo, la hibridación de influencias y voces.
Mallol (2014) realiza una síntesis de las características que definen la poética del