5.6 Policy Area 6: Identification and Authentication
5.6.2 Authentication Policy and Procedures
A pesar del cuadro pesimista del panorama escatológico que dibuja Troeltsch, a finales del siglo XIXy comienzos del XXya están en marcha pro-
cesos de fondo, que están destinados a transformar el clima teológico. En un espacio relativamente breve de tiempo –la primera mitad del siglo XX, aproxi-
madamente– un conjunto de factores de variado valor e índole va a operar una reactivación del pensamiento escatológico, hasta tal punto que H. Urs von Balthasar pueda aseverar en un artículo de 1957: «La escatología es el “signo de los tiempos” de la teología contemporánea»29.
¿Qué pasa en este lapso de tiempo? Aunque se trata de un cuadro com- plejo, en el que se entrecruzan múltiples corrientes históricas, cabe identificar los factores más relevantes y ofrecer así un resumen de los «fermentos» de re- novación escatológica en el siglo XX.
a) Cambios en el campo bíblico
En el campo bíblico, hay un primer despunte de interés por la escatología con el surgir de la corriente protestante denominada escatologismo conse-
cuente (para más detalles y una crítica, cfr. Excursus 3). Esta escuela de pen-
INTRODUCCIÓN. LA NOCIÓN CRISTIANA DE ESCATOLOGÍA
28. Cfr. E. TROELTSCH, Glaubenslehre, III, Munich-Leipzig 1925, p. 36. De todos modos, cabe matizar esta valoración global, recordando las aportaciones de autores del siglo XIXcomo F.A. STAU- DENMAIER(la escatología como culminación de la eclesiología), M.J. SCHEEBEN(gracia y gloria como participación humana en la Encarnación, misterio de asociación divino-humana); J.A. MÖHLER(subra- yado en la dimensión pneumatológica del misterio de comunión entre Dios y los hombres).
29. «Eschatologie», en J. FEINER ET AL. (dirs.), Fragen der Theologie heute, Einsiedeln 1957, p. 403.
samiento30presenta a Jesús como predicador apocalíptico que creía –equivo-
cadamente, según los representantes de la escuela– en la inminente venida del Reino, y que obraba y hablaba en consecuencia. Tal propuesta suscita un vivo debate –entre otras cosas por lo descompensado de sus presupuestos exegéti- cos y cristológicos31–, con el efecto global de reavivar el interés por el núcleo
escatológico del mensaje de Jesús32.
En el campo católico las tesis de los escatologistas consecuentes hallan eco en los modernistas. A. Loisy en particular, con su obra titulada L’Évangi-
le et l’Église publicada en 1902, llega a sus consecuencias eclesiológicas,
manteniendo que Cristo no tenía pensado fundar una institución duradera y que la Iglesia había aparecido al retrasarse la parusía, como medio para perpe- tuar el mensaje del Señor. Esta teoría, que postula un hiato entre el Reino con- cebido por Jesús y la realidad eclesial que atraviesa la historia, es condenada junto con otras tesis modernistas en 1907 por el Santo Oficio (Decreto La-
mentabili33) y el Papa Pío X (Encíclica Pascendi34).
Puede decirse que las discusiones en torno al contenido escatológico de la predicación de Jesús sirven al menos para recordar a todos el hecho básico de que el éschaton está en el corazón mismo del mensaje evangélico.
En esta época también se alcanza un conocimiento más profundo de los
géneros bíblicos en que está formulada gran parte de la revelación escatológi-
ca. Los estudios positivos muestran que los géneros profético y apocalíptico, usados tanto en libros canónicos como en escritos apócrifos, tienen una larga y sólida tradición en el pueblo de Israel, con formas de expresión propias y contenidos teológicos importantes. El conocimiento más preciso de estos gé- neros da lugar a una exégesis mejor contextualizada, y por tanto más exacta, de los textos35.
Además, esta línea de investigación bíblica destaca ideas tan decisivas para el tratado escatológico como: la esperanza en cuanto hilo conductor de la
ESCATOLOGÍA
38
30. Con A. SCHWEITZER(cfr. Vom Reimarus zu Wrede. Eine Geschichte der Leben-Jesu-Fors-
chung [De Reimarus a Wrede. Una historia de la investigación sobre la vida de Jesús], Tübingen
1906) y M. WERNER(cfr. Die Entstehung des christlichen Dogmas [La formación del dogma cristia-
no], Berna 1941) como principales representantes, y J. WEISSy A. RITSCHLcomo precursores. 31. Cfr. Excursus 3: «El Reino, ¿presente o futuro?».
32. En esta línea proseguiría K. BARTH, hasta proponer la re-escatologización de la entera doctri- na cristiana: «Un cristianismo que no es total y absolutamente escatología está total y absolutamente alejado de Cristo» (Der Römerbrief [La carta a los Romanos], München 1922 [2.ª ed.], p. 298). En la misma dirección, O. CULLMANNpropondría la caracterización básica del cristiano, como alguien que ve la historia como encaminada hacia el éschaton y marcada por las dos venidas de Cristo: cfr. Chris-
tus und die Zeit (Cristo y el tiempo), Zurich 1946.
33. Cfr. especialmente el n. 52 (DH 3452). 34. Cfr. especialmente DH 3500.
35. En este campo de estudio destacan especialmente las publicaciones de R.H. CHARLES(The
Apocrypha and Pseudoepigrapha of the Old Testament [Los apócrifos y pseudoepígrafes del Antiguo Testamento], Oxford 1913) y D.S. RUSSELL(Message and Method of Jewish Apocalyptic, 200 BC
– 100 AD [Mensaje y método de la apocalíptica judía], London 1964) –ambos anglicanos ingleses– y
(algo más tarde) los estudios del alemán E. KÄSEMANN. Éste llega a dar tanta importancia a la apoca- líptica, que la proclama como «la madre de toda la teología cristiana... el verdadero comienzo de la te- ología cristiana primitiva» («Die Anfänge christlicher Theologie [Los orígenes de la teología cristia- na]», en Zeitschrift für Theologie und Kirche 57 [1960] 180).
experiencia religiosa del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento; la pri- macía de la resurrección en esta esperanza, junto con la concepción fuerte- mente unitaria del hombre; el carácter colectivo o corporativo de la salvación prometida; la presencia de un drama unitario de salvación; y las notas singu- lares del Reino predicado por Jesús.
b) La renovación patrística y litúrgica
Hay también en esta misma época un avance importante en los campos
patrístico y litúrgico. Puede describirse, en resumidas cuentas, como un «re-
torno a las fuentes» de la fe. No se trata tan sólo de un incremento cuantitati- vo en las investigaciones relacionadas con la Tradición de la Iglesia, sino de un cambio de perspectiva: una aproximación a los textos antiguos no como si fueran meros complementos o apoyos de formulaciones dogmáticas, sino como textos «originarios», es decir, auténticas manifestaciones históricas de un proceso de formulación precisa de las verdades de fe.
Con esta actitud se estudian a fondo los documentos y las celebraciones de los cristianos de siglos pasados, captando con nuevo frescor aspectos cla- ves de la doctrina escatológica, como p. ej. detalles de la historia de la expec- tación cristiana de la parusía; la presencia de una perspectiva cristológica, afectiva y vital en las expresiones sobre los novísimos; la existencia de una
oikonomía divina que preside la historia humana desde el principio hasta el fi-
nal; la dimensión social y cósmica de la salvación36.
La renovación litúrgica, iniciada en el seno de los monasterios benedicti- nos en Francia y luego extendida al resto de la Iglesia católica, contribuye por su parte a recuperar el sentido del misterio como realidad de presencia y co- municación divinas; a redescubrir las dimensiones cristológica, pneumatoló- gica y, sobre todo, pascual de la celebración cristiana; y a valorar el fuerte sentido de historia salutis que impregna los textos litúrgicos, tanto antiguos como modernos.
c) Conciencia de las relaciones entre historia y éschaton
Factores de diversa índole llevan en esta misma época a una toma de con- ciencia de las relaciones entre historia y escatología (o si se quiere, entre mun- do actual, Iglesia y Reino escatológico). Podemos afirmar, en términos genera- les, que se recupera la idea de la conexión entre vida cristiana en el mundo y
realización del Reino de Dios. A esta conciencia renovada contribuyen diver-
INTRODUCCIÓN. LA NOCIÓN CRISTIANA DE ESCATOLOGÍA
36. Profundo conocedor del pensamiento patrístico, H. DELUBACpublicaría en 1938 una res- puesta a la crítica marxista del cristianismo como religión individualista y olvidada de la dimensión social del hombre. Su obra, titulada Catholicisme (Catolicismo), muestra cómo la salvación ha sido siempre concebida en la Biblia y en la Tradición como un misterio colectivo (realidad «intraperso- nal»). Los individuos se salvan, integrándose en una comunidad ligada a Dios.
sos fenómenos pastorales surgidos en el seno de la Iglesia y los escritos de al- gunos teólogos. Entre los primeros figuran los movimientos, realidades e insti- tuciones que recalcan la vocación de los cristianos en el mundo y su papel de forjar la historia de acuerdo con el proyecto divino. Se llega así a la revaloriza- ción de la actividad humana en el mundo y en la historia; y se recupera, para el horizonte teológico, la conexión entre realidades terrenas e historia de la salva- ción37. Entre los autores que ejercen una influencia en este mismo sentido cabe
mencionar a G. Thils (Théologie des réalités terrestres, Louvain 1946-1949) e Y. M. Congar (Jalons pour une théologie du laïcat, Paris 1953).
La reconexión entre actividades terrenas y Reino de Dios no se hace sin dificultades. Buena muestra de ello es el debate entre «encarnacionistas» y «escatologistas», iniciado en Francia antes de la segunda guerra mundial y desarrollado con fuerza una vez terminada la contienda. Mientras que un pri- mer grupo de autores38advierte una estrecha conexión entre los esfuerzos
humanos por mejorar el mundo y el advenimiento del Reino divino, el se- gundo grupo39mantiene que la correlación no es tan evidente ni estricta
(para más detalles, cfr. Excursus 4). Quizá el valor de esta discusión teológi- ca resida sobre todo en la coincidencia de todos sus protagonistas sobre la importancia de profundizar en la relación entre la etapa incoada y la etapa consumada del Reino; es decir, en la sensibilidad mostrada hacia un punto crucial de la escatología40.
d) Influjo de corrientes de pensamiento
Finalmente, cabe mencionar que las corrientes de pensamiento prevalentes durante gran parte del siglo XXgravitan también sobre la reflexión escatológica,
afectando tanto su enfoque como sus contenidos. Entre ellas podemos citar: — las corrientes personalistas, que subrayan dos dimensiones claves del
ser humano: su realidad espiritual-material (en respuesta al reduccio- nismo materialista del marxismo y al espiritualismo exagerado del dualismo); y su esencia relacional, que hace del hombre un ser intrín- secamente religioso y social;
— el existencialismo, que, a pesar de sus elementos discutibles41, apunta
válidamente a la muerte como realidad insoslayable en el horizonte ESCATOLOGÍA
40
37. Son emblemáticas estas palabras de SANJOSEMARÍAESCRIVÁ DEBALAGUER(Camino, Madrid 1939, n. 301): «Un secreto. – Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. Dios quiere un puñado de hombres “suyos” en cada actividad humana. Después… “pax Christi in regno
Christi” – La paz de Cristo en el reino de Cristo».
38. D. DUBARLE, G. THILS, B. DESOLAGES, L. MALEVEZ, etc. 39. L. BOUYER, J. DANIÉLOU, etc.
40. Más adelante, el Concilio Vaticano II ofrecerá una formulación cuidadosa de la doctrina ca- tólica –equilibrando los aspectos de continuidad y discontinuidad entre lo incoado y lo consumado– en la Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 39.
41. P. ej. algunos de sus representantes conciben la muerte como algo predominantemente positi-
humano (el hombre, ser-para-la-muerte: Heidegger); y otorga gran va- lor al presente como momento de decisión personal, subrayando de este modo el peso y la dramaticidad de la existencia humana42;
— cabe apuntar por último la conciencia cada vez más aguda y genera- lizada de la importancia de la dimensión histórica del hombre: con- ciencia avivada tanto por la experiencia de vertiginosos cambios his- tóricos y el espectacular progreso científico y tecnológico, como por la consolidación de una visión evolutiva del cosmos y de los vivien- tes.
e) Propuestas concretas de teólogos
En un ambiente cultural fermentado por los elementos que acabamos de enumerar, destacados teólogos formulan sugerencias específicas en orden a la renovación del tratado escatológico. Entre las aportaciones merecen ser rese- ñadas algunas concretas, por el influjo que luego ejercen:
— En 1948, M. Schmaus publica en Munich el manual Von den letzten
Dingen (Sobre los novísimos) con una significativa novedad: invierte la se-
cuencia de los dos grandes bloques del tratado, anteponiendo la escatología general a la individual. Representa una toma de postura que el autor explica así: «Hay que tratar primero la doctrina de los novísimos de la humanidad y del cosmos, y después la de los novísimos del hombre individual... en el or- den de nuestra exposición importa que se vea la verdadera importancia de las partes» (p. 3).
— J. Daniélou, en un artículo de una obra colectiva publicada con oca- sión del 150 aniversario del concilio de Calcedonia («Christologie et eschato- logie», en A. Grillmeier y H. Bacht (dirs.), Das Konzil von Chalkedon: Ges-
chichte und Gegenwart, III, Würzburg 1954, pp. 269-286), destaca el lugar
sencillamente central de Cristo en el misterio escatológico (pasamos, dice, del
éschaton al éschatos: cfr. p. 275). Apunta al nexo intrínseco que existe entre
la unión divino-humana realizada en la persona de Cristo por la encarnación, y la unión divino-humana más global que resultará en la consumación, abar- cando al resto de los hombres. La escatología aparece entonces como última ampliación del misterio de la unión hipostática.
INTRODUCCIÓN. LA NOCIÓN CRISTIANA DE ESCATOLOGÍA
na de la muerte como medio de unión personal con Cristo, puede también llevar al olvido de otra ver- dad revelada: el carácter negativo de la muerte en cuanto consecuencia del pecado.
42. R. BULTMANNlleva esta perspectiva a la exégesis y a la teología, proponiendo una escatolo-
gía existencialista. Hay que «desmitologizar» –dice– la doctrina bíblica sobre los novísimos, para
quedarse con una escatología subjetiva del presente: la salvación o condenación se realizan ahora, cuando el individuo decide acoger o no con fe el mensaje de salvación predicado por Jesús. Se llega así a una escatología que se agota en el nunc del individuo. (Bultmann lo hace ya en una conferencia de 1941, titulada Kerygma und Mythos, y posteriormente en obras como Theologie des Neuen Testa-
ments, Tübingen 1948-1953; Die christliche Hoffnung und das Problem der Entmythologisierung,
Stuttgart 1954; History and Eschatology: The Presence of Eternity, New York 1957; Jesus Christ and
— Y. M. Congar es autor de dos escritos –una reseña breve a un libro es- catológico de corte neoescolástico, de R. Garrigou-Lagrange (cfr. «Bulletin de théologie dogmatique», en Revue des Sciences Philosophiques et Théolo-
giques 33 [1949] 463-464), y un artículo extenso sobre el purgatorio («Le
purgatoire» en Le mystère de la mort et sa célébration, Paris 1956, pp. 279- 336)– críticos de la metodología tradicional en escatología. Congar advierte una tendencia a elaborar una «física de las postrimerías» («Bulletin de théolo- gie dogmatique», p. 463), que lleva a cosificar los misterios escatológicos. Aboga por recuperar la percepción dinámica y teleológica («le sense du mou-
vement», ibid.) de la historia de salvación.
— Por derroteros parecidos se moverán H. Urs von Balthasar y K. Rah- ner en escritos posteriores. El primero hace balance de la escatología en un ar- tículo del año 1957 («Eschatologie», en J. Feiner et al. (dirs.), Fragen der
Theologie heute, Einsiedeln 1957, pp. 403-421) y recomienda una «descos-
mologización»43, es decir, la purificación de conceptos escatológicos de ele-
mentos imaginativos procedentes de una lectura excesivamente literalista de los textos bíblicos. Sugiere emplear un enfoque más relacional y personalista de los novísimos: «Dios, dice, es “el novísimo” de la criatura. Como alcanza- do es cielo; como perdido, infierno; como examinante, juicio; como purifi- cante, purgatorio» (p. 407).
— En un articulo publicado en 1962 sobre el lenguaje escatológico («Theologische Prinzipien der Hermeneutik eschatologischer Aussagen [Prin- cipios teológicos de la hermenéutica de las declaraciones escatológicas]», en
Schriften zur Theologie, IV, Einsiedeln 1962, pp. 401-428) K. Rahner advier-
te que tal discurso no pretende ser un reportaje gráfico del futuro, sino más bien –al igual que la cristología– expresión de aquello que el hombre lleva ac- tualmente dentro, y que reclama una trascendente plenitud en el futuro.
* * *
Todos los factores que acabamos de referir confluyen en un impulso re- novador para la reflexión escatológica antes del Concilio Vaticano II. En su articulo de 1957, H. Urs von Balthasar ya puede ofrecer una comparación bien distinta de la empleada seis lustros antes por E. Troeltsch: en el despacho escatológico –dice– ahora se trabajan horas extraordinarias; y parece un rin- cón de donde salen todas las tormentas (cfr. op. cit., p. 403).