Baltasar Gracián y Morales
aforismo 237
“Fueran muchos mui personas si no les faltara un algo, sin el qual nunca llegan al colmo del perfecto ser”.
Cuenta Santa Teresa de Jesús en el capítulo XXIII de su
Vida“cómo comenzó a tratar de más perfección, y por qué medios: es provechoso para las personas que tra- tan de gobernar almas que tienen oración, saber cómo se han de haber en los principios”, pues así el prove- cho será seguro para la empresa, y quien la gobierna será muy persona, y en suma, las almas orarán con mayor devoción, que importa mucho a la paz del nego- cio. Valen estas teresianas palabras para mejor ejercer el “liderazgo integrador”, y para todo “departamento de Recursos Humanos (RRHH)”.
“Nótase en algunos que pudieran ser mucho si repararan en bien poco”.
De lo que se ha dado en llamar liderazgo fuerte, esto es, poder “ser mucho”, ha de saber el Alto Directivo que mirar en lo corto, y no levantar la vista, acarrea no pocas y graves caídas, como refiere Diógenes Laercio en Vida de los filósofos ilustres, a propósito de Tales de Mileto:
aforismo 238
C O N O C E B I E N Q U É D E F E C T O S
T I E N E S
A
todas las personas les falta algo para ser per-fectas. Hay gentes que si mejoraran algunos detalles les faltaría poco para ser excelentes. Por ejem- plo, a unos les hace falta tomar las cosas en serio, y eso desluce sus otras virtudes. Otros son muy rudos en el trato, que es un defecto que la gente cercana les nota enseguida, y más si ocupan cargos impor- tantes. En algunos se desea que decidan rápidamen- te, y en otros, que sean más reflexivos. Todos estos defectos, si tomas conciencia de ellos, puedes elimi- narlos o reducirlos con facilidad, que si te vigilas a ti mismo, irás acostumbrándote a librarte del defec- to, hasta convertir la costumbre en hábito, y éste en parte de tu naturaleza.
“Se dice que salía de su casa acompañado por una vie- ja para contemplar las estrellas y cayó en un pozo. Cuan- do se lamentaba, la vieja le dijo: ‘Y tú,Tales, que no pue- des ver lo que tienes ante tus pies, ¿crees que vas a cono- cer las cosas del cielo?”.
A más de perseguir “ser mucho”, no vale con serlo, y para ello el departamento de marketingha de estar listo, como aclara Fray Luis de León en De los nombres de Cristo: “¿No os parece que pide la misma razón que un tan grande artífice, y en una obra tan grande, tuviese por fin de toda ella hacer en ella la mayor y más perfecta comunicación de sí que pudiese?”. En esto, y en la era Google, saben las empresas que por fuerza han de aprovechar las Tec- nologías de la Información y la Comunicación (TIC).
“Házeles falta la seriedad, con que desluzen grandes prendas; a otros, la suavidad de la condición, que es falta que los fami- liares echan presto menos, y más en personas de puesto”.
De las “prendas”, y de la oportunidad del vestir más informal o menos, que de esto también se advierte en algún Master of Business Administration (MBA), convie- ne leer el Quijote: “–Vístanme, dijo Sancho, como quisie- ren: que de cualquier manera que vaya seré Sancho Pan- za. –Así es verdad, dijo el duque: pero los trajes se han de acomodar con el oficio o dignidad que se profesa; que no sería bien que un jurisperito se vistiese como sol- dado, ni un soldado como un sacerdote”. En cualquier caso, ha de proscribirse lo ostentoso, que tanto enfa- daba a Horacio (Odas):
“Odio, muchacho, la ostentación persa. Me disgustan las coronas entretejidas con tilo”.
Sobre las “personas de puesto”, aconseja en certero afo- rismo Gracián no hacer vana y dañosa ostentación: § 117. «Nunca hablar de sí. O se ha de alabar, que es desvaneci- miento, o se ha de vituperar, que es poquedad; y, sien- do culpa de cordura en el que dize, es pena de los que oyen. Si esto se ha de evitar en la familiaridad, mucho
más en puestos sublimes, donde se habla en común, y passa ya por necedad qualquier apariencia della».
“En algunos se desea lo executivo y en otros lo reportado”.
El propio Gracián reconocía la dificultad de hallar el jus- to medio entre el obrar y el pensar: § 16. «Monstrosa vio- lencia fue siempre un buen Entendimiento casado con una mala voluntad», y lamentaba que (§ 151) «algunos obran, y después piensan: aquello más es buscar escu- sas que conseqüencias. Otros, ni antes ni después.Toda la vida ha de ser pensar para acertar el rumbo: el recon- sejo y providencia dan arbitrio de vivir anticipado», aun- que también reconocía que (§ 202) «es fácil el dezir y difí- cil el obrar. Las hazañas son la substancia del vivir, y las sentencias, el ornato». En resolución, pensar y obrar, o una cosa o la otra, pero nunca folgar.
“Todos estos desaires, si se advirtiessen, se podrían suplir con facilidad, que el cuidado puede hazer de la costumbre segunda naturaleza”.
Para “advertir los desaires” no debe uno encerrarse en torre de marfil, por muy persona de puesto que se sea, como aclara Gracián: § 176. «Saber, o escuchar a quien sabe. Sin entendimiento no se puede vivir, o proprio, o pres- tado; pero ai muchos que ignoran que no saben y otros que piensan que saben, no sabiendo. […] No desminu- ye la grandeza, ni contradize a la capacidad, el aconse- jarse. Antes, el aconsejarse bien la acredita. Debata en la razón para que no le combata la desdicha».
De la “costumbre” y de la “segunda naturaleza”, hase de saber que natura non fecit saltus, y por ello ya no se cono- ce en nuestro dorado siglo hombre in puris naturalibus. Para Cicerón (Conversaciones en Túsculo),consuetidinis mag- na vis est, pero por la misma razón esta fuerza de la costumbre lo ha de ser universal, como propugnaba René Descartes en Discurso del método: “Es casi lo mismo con- versar con la gente de otros siglos que viajar.
Bueno es saber algo de las costumbres
CONOC E BIEN Q UÉ DEFECT O S TIENES
de otros pueblos para juzgar las del propio con mayor acierto y no creer que todo lo que sea contrario a nues- tros modos sea ridículo y opuesto a la razón, como sue- len hacer los que no han visto nada”. A esto llaman, en algunos MBA,doing international business.
Por último, y atendidas la “costumbre” y la “segun- da naturaleza”, un buen Gestor no puede hacer de menos a la fortuna, acaso la pri- mera naturaleza de las cosas, y ha de ser previsor, pues como recordaba Maquiavelo en El Príncipe, célebre obra que se estudia o se hojea en algún MBA, “la fortuna muestra su dominio cuan- do no halla enfren-
te una virtud organizada, porque entonces vuelve su ímpetu hacia donde sabe que no existen diques ni defensas capaces de contenerla”.
JAVIERMUÑOZÁLVAREZ
Secretario de la Demarcación de Castilla y León Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos
Baltasar Gracián y Morales