CHAPTER 6: CONCLUSION
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Berger y Luckmann en la introducción a su obra La construcción social de la realidad expresan que sus tesis fundamentales son: “la realidad se construye socialmente” y “la Sociología del Conocimiento debe analizar los procesos por los cuales este se produce” (BERGER y LUCKMANN 1994:13)
En la actualidad dicha construcción incluye y otorga un rol preponderante a los medios de comunicación. Se los entiende como constructores a partir de la consideración de la noticia como un discurso que da cuenta de determinado acontecimiento. Esta idea central se intenta profundizar a lo largo del capítulo.
Asimismo, la importancia de los medios gravita en el papel empresarial y comercial, ya que es uno de los sectores de mayor movilidad de capital e inversión en los últimos años. También, es fundamental su rol en la difusión de ideología. Por el momento, basta decir que provienen y se explican a partir de la circulación de información que los medios de comunicación masiva (MCM) despliegan. Dicho caudal informativo, bajo ciertas condiciones, puede representar una suerte de democratización, pues el acceso a datos promueve e incentiva la toma de decisiones de las personas tanto a nivel individual como colectivo, es decir: se adquieren más y mejores posibilidades de participación en los asuntos de interés social.
En la actualidad, la forma más moderna y accesible que tiene las personas de entrar en contacto con los acontecimientos -y de eso modo vivir la historia
contemporánea- es a través de las noticias, donde los sucesos son proyectados y mostrados.
De ahí que el presente capítulo gire en torno a la construcción social, al tratamiento periodístico de la información y del modo cómo ambas alimentan el sistema social y generan así, la realidad.
Por eso, en primer lugar, se aclara la noción de realidad, que Berger y Luckmann proponen y también, se revisan los antecedentes que posibilitan la Sociología del Conocimiento, área que se define como la encargada de analizar dicho proceso.
La realidad se define como “una cualidad propia de los fenómenos que reconocemos como independientes de nuestra propia volición”. (BERGER y LUCKMANN; 1994 : 13)
La Sociología del Conocimiento se ocupa de los fenómenos que una sociedad considera ciertos y reales, por estos motivos se transmiten en el seno de la cultura y así, logran subsistir más allá de su validez o su alcance. El término Sociología del Conocimiento se comienza a emplear en la década del ´20, en Alemania. Esto implica un contexto intelectual que impide su inclusión en las problemáticas sociológicas y retarda su difusión a nivel internacional.
Al estudiar las relaciones entre el pensamiento y sus situaciones históricas, encuentra en la perspectiva histórica un aporte importante. En ese sentido, Dilthey no sólo delega en la Sociología del Conocimiento un fuerte interés por la Historia, sino también – y coherentemente con lo anterior- un método histórico.
La naturaleza se explica; sólo la vida espiritual se comprende. La comprensión deviene así, el órgano gnoseológico de las ciencias del espíritu; nos abre un mundo y el hombre que comprende hace la experiencia de muchas existencias. Comprender es revivir, comprensión es re-vivencia, no re-percepción. (FERNÁNDEZ; 1992: 17)
La fuente que origina los datos es la vida y cada una de sus actualizaciones son vivencias. Así, el hecho de vivir algo o experimentarlo marca la diferencia con la aprehensión donde puede hablarse de relación sujeto- objeto. En el fenómeno de la
comprensión, el sujeto percibe en su interior el hecho, lo actualiza hasta hacerlo presente para él.
Los pilares de esta visión se acercan más a la subjetividad que a la objetividad y por lo tanto, surge el interrogante sobre el modo de conseguir - o al menos pretender- validez general para una experiencia tan subjetiva. He aquí que emerge como camino posible frente a esta encrucijada, la hermenéutica; la interpretación de diversas manifestaciones de vida.
Es fundamental determinar que desde el paradigma interpretativo la mirada no se ubica sobre el mundo objetivo sino en el contexto del mundo de la vida que tiene una relación de copresencia con el mundo objetivo.
En síntesis, la realidad cotidiana del mundo de la vida incluye no sólo la naturaleza que experimentan los individuos, sino también el mundo social y cultural. El mundo de la vida no se crea a partir de los objetos y sucesos simplemente materiales, sino que “también pertenecen al mundo circundante todos los estratos de sentido que transforman las cosas naturales en objetos culturales, los cuerpos humanos en semejantes y los movimientos de los semejantes en actos, gestos y comunicaciones” (SCHUTZ;1977 :50)
5.2 La construcción de lo real
El hombre posee una serie de características con las cuales construye su naturaleza. Una de ellas es la necesidad constante de estar en contacto con el medio que lo rodea. Por eso la humanidad es variable social y culturalmente.
A pesar de esta variación o transformación del hombre -o quizás precisamente por ella- toda actividad humana requiere normas para su realización. El establecimiento de pautas definidas y respetadas llega a ejercer un control sobre el comportamiento humano. Con el tiempo, estas normas se institucionalizan.
“Las instituciones son las poseedoras de una realidad propia que se presenta al individuo como un hecho externo y coercitivo (...) son actividades humanas
objetivadas”. (BERGER y LUCKMANN;1994: 83) Entonces, el hombre ejecuta acciones a través de las cuales va construyendo la sociedad. Cuando estas son repetidas en el tiempo requieren pautas más o menos permanentes, justamente para lograr esa repetición. Es así que la sociedad se objetiviza. Se puede apreciar que tanto la externalización como la objetivación son momentos de un proceso dialéctico continuo.
Por otra parte, el mundo social objetivado, exterior, vuelve al sujeto a través de la internalización. Este proceso tiene lugar sólo cuando se produce la identificación. Es decir, cuando se aceptan los roles de los “otros significantes” y el sujeto se apropia de ellos. A partir de su identificación, el individuo adquiere su propia identidad. De esta manera, el sujeto se socializa, comienza el proceso por el cual él conoce y aprehende las pautas necesarias para desenvolverse en el contexto social.
La socialización primaria termina cuando el concepto de “otro generalizado” se establece en la conciencia del sujeto. Este proceso nunca está acabado. Por lo tanto, las sociedades establecen mecanismos para lograr un equilibrio entre las realidades objetiva y subjetiva. En síntesis, y según la perspectiva de Berger y Luckmann, son tres los momentos dialécticos de la realidad social:
La externalización, donde se entiende que la sociedad es un producto humano. La objetivación, la instancia en la cual la sociedad es una realidad objetiva. La internalización, el proceso que explica al hombre como un producto social.
Se concluye que las producciones humanas salen de sí para objetivarse y regresan al sujeto en la internalización, a través del sistema de instituciones sociales y culturales. Estas requieren legitimación, es decir, una explicación y justificación que naturalice, el orden y el control que proporcionan. A su vez, la legitimación produce nuevos sentidos que sirven para integrar los ya atribuidos a procesos institucionales dispares.
Una de las explicaciones de mayor nivel, al orden institucional la constituyen los universos simbólicos, entendidos como “cuerpos de tradición teórica que integran zonas en una totalidad simbólica” (BERGER y LUCKMANN;1994: 124)
Los universos simbólicos se encuentran en la conciencia colectiva de una cultura y son el resultado de una producción social. Su cristalización sucede a los procesos de objetivación, sedimentación y acumulación de conocimiento. La sedimentación se da frente a la imposibilidad de retener la totalidad de las experiencias y vivencias humanas. Por ello, la conciencia recuerda sólo una parte que clasifica según estereotipos, para posibilitar su permanencia como entidades reconocibles y recordables. La acumulación de conocimiento depende de los roles, requeridos y desempeñados en una sociedad, pues representan y actualizan el orden institucional. El conocimiento relativo a la sociedad es una realización conjunta, donde se aprehende la realidad social objetiva y se produce continuamente esa sociedad.