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Para empezar nuestro análisis, iniciaremos señalando que, la educación constituye una práctica inherente a una totalidad social, en la que se establecen y restablecen diversas relaciones sociales, tanto que se puede afirmar, sin temor a equivocación, que difícilmente puede existir una formación social sin educación; y viceversa, la educación no puede darse al margen de la sociedad. En tal sentido son varios los especialistas en sicología o sociología que establecen una relación estrecha entre la escuela y la familia con el rendimiento académico. En vista de que la segunda función importante de la familia es la socialización, ese entorno social inmediato es decisivo en la motivación hacia el estudio y las expectativas de éxitos académicos en el futuro (García Núñez, 2005).

Por tanto, la educación consiste pues, en un proceso socializador al interior de una totalidad social concreta, secuente a la educación familiar. Esta socialización puede ser informal o espontánea y formal o escolar. Por eso la escueta observación de los fenómenos sociales, nos confirma que la educación se desenvuelve siempre en un medio social que la condiciona, y que es necesario para la sobrevivencia de cualquier grupo social, no importa lo avanzada o lo primitiva que ésta pueda ser (Pansa, 2002).

La educación formal, como proceso sistemático, organizado, dirigido, intencionado, surgió históricamente en las sociedades que, habiendo llegado a un determinado estadio de desarrollo, institucionalizaron la transmisión de la cultura, a través del aparato escolar.

La escuela ha sido conceptualizada desde diferentes perspectivas teóricas, así Louis Althusser la ubicó entre los aparatos ideológicos del Estado, Michel Foucault la describió como una institución productora de encierro y represión al lado de la familia, la fábrica y la prisión; y, Pierre Bordiueu la señaló como una institución reproductora del orden social institucionalizado.

Desde esta última perspectiva, la escuela desempeña precisamente, un papel decisivo en la organización, distribución y transmisión de conocimientos, formas de vida, concepciones y comportamientos propios de una sociedad determinada, en la reproducción de las condiciones sociales y la discriminación del capital cultural. Al reproducir cultura, lo que hace es reproducir las condiciones sociales de existencia material y cultural y contribuir a reproducir el ordenamiento social establecido.

J. Ardoino (1980) hace de manifiesto que la educación es una práctica inherente a todo proceso civilizador, sus finalidades pueden ser explícitas e implícitas y se refieren a la vez a la perpetuación de una tradición establecida y a la posibilidad de un futuro diferente. La educación plantea siempre un conflicto entre la necesaria integración a una sociedad establecida y el desarrollo pleno del yo.

El carácter de proceso de la educación le permite pensar en un futuro diferente, pero este futuro nace del necesario cuestionamiento de una realidad histórica determinada en la que se presenta el proceso educativo.

Es preciso recordar que la educación no es sinónimo de escuela; en este sentido Durkheim propone la siguiente definición de educación: “La educación es la acción ejercida por las generaciones adultas sobre las que no están maduras para la vida social. Tienen como objeto suscitar y desarrollar en el niño determinado número de estados físicos, intelectuales y morales que reclaman de él por un lado la sociedad política en su conjunto y por otro lado el medio especial al que está particularmente destinado” (Durkheim, 1974)

De la antecedente definición podemos distinguir dos tipos de educación: 1.- Una educación informal o espontánea y,

2.- Una educación formal o escolar

La educación informal o espontánea es aquella que está entregada a la acción difusa del medio ambiente sobre el individuo, como lo estima Aníbal Ponce (Ponce, 1990) es una educación por y para la vida.

Nos parece lógico señalar que la educación no se reduce exclusivamente a lo escolar; en la sociedad existen otras instituciones, como la familia, sindicatos, partidos políticos, etc. que comparten la función de la socialización de los sujetos.

La educación formal surge en las sociedades que han llegado a un estado de la división social del trabajo en el que se confía a una institución especializada, la escuela, la conservación, transmisión y acrecen tratamiento de la cultura.

La función de le educación no es la de servir de mero agente de la reproducción de los intereses, valores y conocimientos de la clase en el poder, ni tampoco la de servir de agente exclusivo del cambio social.

Al respeto Sara Finkel (1975) nos plantea que no se discute el carácter reproductor de la educación, se niega que este sea su único carácter. El carácter de la educación como mera reproductora es válido en tanto nos ocupemos de un modo de producción puro. En una formación social concreta la educación no sólo reproduce, sino que puede general contradicciones que constituyen elementos de ruptura. Si la educación solamente reproduce las condiciones de colonialismo y dependencia el que trabaja en el sistema educativo debe renunciar a hacerlo so pena de convertirse en cómplice.

La educación se experimenta como instancia enajenante y como posibilidad liberadora. Esto requiere que en el proceso educativo de los niños y jóvenes, los padres deben afianzar los conocimientos y por otro lado los profesores no pueden imponer su propio criterio ante las diversas situaciones que se suscitan, ante todo será un guía y orientador y los aspectos técnicos y científicos no podrán ser completos si el profesional no buscare ante todo realizarse asimismo como valor humano. Y ambos elementos, familia y escuela mantener una relación estrecha y continua, en donde ambos pilares sostenibles del desarrollo del niño, dejen a un lado prejuicios e inhibiciones tanto del padre o tutor hacia el docente y al contrario.