En distintas ocasiones, tanto en los documentos como en el pe- riódico I.O., se sostiene que la OCI tiene como política fundamental la “ruptura con la burguesía”: “Esta es la situación concreta que
debemos tener en cuenta para formular la línea fundamental de
nuestra política: ruptura de la coalición con la burguesía,” (Pro-
yecto de informe político, p. 4).
Ahora bien, la coalición con la burguesía existe justamente den- tro del gobierno, puesto que, como señala correctamente el Proyec- to:
“... el gobierno Mitterrand-Mauroy incluye a ministros gaullistas y del partido radical. Su presencia tiene un significado político preciso: el fortalecimiento de los lazos con la burguesía, y más precisamente, la intención del gobierno de no cuestionar a la V República y sus instituciones, al Estado burgués moldeado por el bonapartismo bastardo” (op. cit., p. 7).
Frente a esta situación, señalada con una corrección que nos exime de comentarios, el leninismo y el trotskismo tienen una línea táctica tradicional expresada en la consigna “fuera los ministros
burgueses del gobierno”. Esta consigna expresa en forma accesible
para las masas: la táctica trotskista de exigir la ruptura de los par- tidos obreros con la burguesía. Sin embargo, para la OCI(u) la línea de ruptura con la burguesía no pasa por esa consigna:
“La poca importancia de sus funciones ministeriales [se refie- re a los ministros gaullistas y radical] y de la fuerza política que agrupan tras ellos limita considerablemente la eficacia de la de- nuncia de su participación en el gobierno ante las masas. En rea- lidad, la reivindicación de la ruptura con la burguesía no puede
ser eficaz bajo esta sola forma (...) Aunque en nuestra agitación
tengamos que plantear lo que significa la presencia de Crépeau- Jobert en el gobierno, dado que el CNPF aparece a todas luces como el estado mayor político directo de la burguesía, se debe
enfatizar lo siguiente: ¿Acaso se pueden satisfacerlas reivindica- ciones de las masas y aplicar al mismo tiempo los planes del CNPF? Ese es el contenido principal de la línea de ruptura con la burguesía” (op. cit., p. 7).
Y en otra parte se insiste: “La línea fundamental de nuestra
política [es] la ruptura de le coalición con la burguesía, cuya ma- terialización consiste en enfatizar la movilización contra el CNPF”
Es decir que la línea de “ruptura con la burguesía” no significa romper el gobierno frentepopulista echando a los ministros burgue- ses, sino ruptura del gobierno frentepopulista en su conjunto, con ministros burgueses y todo, con el CNPF.
Esta política obliga a la OCI a hacer extrañas piruetas cuando se producen conflictos en las empresas estatales, que poseen enor- me peso en la economía francesa. Ahí los obreros no chocan contra el CNPF, sino contra el propio gobierno de Mitterrand. Por consi- guiente, en una huelga en una empresa estatal, (la Renault, diga- mos, o el aeropuerto de París), “ruptura con la burguesía” significa ruptura con el gobierno: exijamos al gobierno Mitterrand que re- incorpore a los militantes despedidos, o aumente nuestros salarios o lo que sea.
¿Cómo resuelve esta situación la OCI, cómo hace para que los obreros no rompan con el gobierno? Volvamos a los dos ejemplos anteriores, que da el Proyecto.
En el caso de la CPC desmantelada por decreto del gobierno: “El CNPF mantuvo su plan de desmantelamiento de la CPC (...)
Por la defensa real de nuestros derechos y garantías, por la defen- sa de los asegurados sociales, ¿podemos aceptar que el CNPF
siga dictando su ley? El CNPF fue derrotado, junto con Gicard-
Barre-Barrot” (op. cit., p. 4).
En el caso del aeropuerto, que entró en huelga contra el despido de seis militantes decretado por el gobierno: “¿Qué debimos haber
hecho? Luchar por la victoria de la huelga, formulando una tácti- ca que en su desarrollo plantease la ruptura con la burguesía, y
en concreto en este caso, la revocación de los altos funcionarios puestos por Giscard...” (op. cit., p. 5).
Y un tercer ejemplo, el de la gigantesca empresa estatal Renault, cuyos trabajadores estuvieron en huelga contra los aumentos del ritmo de trabajo en la cadena de producción, desde mediados de setiembre hasta finales de octubre. Haciendo un balance de la huel- ga, I.O. No 1024 dice en su editorial: “Los hombres nombrados
por Giscard para dirigir la Renault, los Vernier-Palliez y los
Hanon, enfrentan las movilizaciones de los trabajadores y aplican los planes de sus mandatarios, los capitalistas y banqueros”.
Hay que reconocer el ingenio revisionista de Lambert y del edi- torialista de I.O. Para esta situación sin salida, que lleva a los obre- ros a romper inevitablemente con el gobierno, inventan el cuco del CNPF (CPC) y de los altos funcionarios giscardianos (aeropuerto y Renault). Estos son los “cínicos saboteadores” de las buenas inten- ciones pro-obreras de Mitterrand y sus ministros.
Esta línea es permanente, se repite de número a número de I.O. Por ejemplo, el editorial del No 1019, titulado “¿En qué situación
“En su conferencia de prensa, F. Mitterrand enumeró una serie de medidas tomadas por el gobierno bajo su responsabilidad. Los docentes tienen pleno derecho a preguntar: ¿de qué sirven las medidas tomadas por el miistro de educación nacional, si su apli-
cación es saboteada sistemáticamente a nivel de la alta adminis- tración y los rectorados?”
Quiere decir que, si fuera por Mitterrand, los buenos maestros de Francia e encontrarían en una situación óptima. El problema es que los rectores y los funcionarios sabotean sistemáticamente esas medidas.
Todos estos argumentos de la OCI no son más que recursos para adelantar su línea fundamental: mantener intacto el campo del go- bierno frentepopulista y orientar a ese campo en su conjunto con- tra la burguesía.
Esto es exactamente lo contrario de lo que plantea el trotskismo. Por ejemplo: “De febrero a octubre los mencheviques y los
socialrevolucionarios, que constituyen un buen paralelo con los ‘comunistas’ y socialdemócratas [y con los “trotskistas”
lambertistas, agregamos nosotros], se encontraban en estrecha
alianza y coalición permanente con el partido burgués de los ‘Kadete’ con los cuales formaron una serie de gobiernos de coali- ción. Bajo el signo del Frente Popular se encontraba la masa de pueblo, incluidos los soviets de obreros, campesinos y soldados. Desde luego que los bolcheviques participaban en los soviets. Pero no hacían la menor concesión al frente popular. Exigían la ruptu-
ra de ese Frente Popular, la destrucción de la alianza con los
Kadetes, la creación de un verdadero gobierno obrero y campesi- no” (Trotsky, OEuvres. T. 10, pp. 248-249; subrayado en el origi-
nal).
La línea que Trotsky nos señala es directamente la opuesta a la de la OCI: el eje de nuestra política es luchar por la independencia política del proletariado, por romper la colaboración de clases del proletariado con la burguesía a nivel gubernamental; denunciar al gobierno frentepopulista ante las masas como un gobierno contra- rrevolucionario de colaboración de clase; señalar que, contra las ilusiones de los trabajadores, este gobierno jamás podrá practicar la lucha de clases contra la burguesía por razones de clase; que por esas mismas razones de clase, es parte de la lucha de clase de la burguesía y el imperialismo contra los trabajadores franceses y los pueblos de las colonias y semicolonias.