• No results found

B Online Appendix Data (Not for Publication)

Para muchos pensadores latinoamericanos, la modernidad y la civilización occidental son consideradas como algo deseable, no obstante juzgan a la identidad latinoamericana como inmadura e incluso inadecuada para producir el pleno despliegue de la modernidad. Las visiones latinoamericanas sobre las sociedades modernas (la europea y la norteamericana principalmente) se agotaron frecuentemente en el desarrollo material, educativo e institucional político. Para emular semejantes logros, los países latinoamericanos tenían que construir una identidad única suficientemente ajustada a la modernidad.

Así, la cuestión de la identidad latinoamericana se transformó en un problema y una cuestión de ‘proyecto de país’ que el colectivo debía desarrollar conjuntamente. La identidad de la sociedad de cada nación o incluso del continente entero tenía que adecuarse a una identidad homogénea, que concordara con las visiones sobre lo que demandaba la modernidad para llegar a constituir una nación occidentalmente civilizada. Esto demuestra que las fuerzas de la política como sistema central de las sociedades latinoamericanas, absorben la discusión sobre la construcción de una identidad civilizada, transformándola así en un medio para la unidad social.

El discurso respecto al ideal de la unidad nacional, o incluso regional latinoamericana, excluía y atacaba todo tipo de identidades que no fueran consideradas compatibles con la construcción de una modernidad de corte occidental. Este discurso se inserta en el concepto de patriotismo nacional de Viroli, el cual persigue en primera instancia la homogeneidad cultural comunitaria y no la asociación social libre.

Debido a que las culturas nórdicas y, especialmente la anglosajona, eran frecuentemente idealizadas en términos del proyecto de construcción de una sociedad civilizada, las culturas indígenas, al igual que la española, eran subestimadas y consideradas inútiles para la construcción de sociedades modernas que se basaran en la razón y la ciencia.

“A fines del siglo XIX la influencia del positivismo y otras ideas iluministas estaba en su cenit. Estas posiciones frecuentemente asumieron formas bastante radicales de autocrítica. Tendían a rechazar el legado cultural indoibérico, resultado de tres siglos de colonización, y ponían sus esperanzas en que soluciones europeas o norteamericanas pudieran implementarse para compensar las inherentes deficiencias latinoamericanas. En muchos casos la descripción de esas deficiencias tenía connotaciones claramente racistas. América Latina tenía que ser civilizada y sus rasgos culturales atrasados y bárbaros erradicados.”39

Emblemático, en este sentido, es el escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento, quien en la introducción de su obra ‘Facundo’ se sorprende de la diferencia entre las poblaciones urbanas de inmigrantes de Europa del norte y los pobladores mestizos o indígenas de la provincia de su país.

“Da compasión y vergüenza en la República Argentina comparar la colonia alemana o escocesa del sur de Buenos Aires y la villa que se forma en el interior: en la primera, las casitas son pintadas; el frente de la casa, siempre aseado, adornado de flores y arbustillos graciosos; el amueblado, sencillo, pero completo; la vacilla, de cobre o estaño, reluciente siempre; la cama, con cortinillas graciosas, y los habitantes, en un movimiento y acción continuos. Ordeñando vacas, fabricando mantequilla y quesos, han logrado algunas

39

Larraín, Jorge (1994). “La Identidad Latinoamericana. Teoría e Historia”. En: Revista Estudios Publicos, 55 (invierno 1994). P.41

familias hacer fortunas colosales y retirarse a la ciudad, a gozar de las comodidades.

La villa nacional es el reverso indigno de esta medalla: niños sucios y

cubiertos de harapos, viven con una jauría de perros; hombres tendidos por el suelo, en la más completa inacción; el desaseo y la pobreza por todas partes; una mesita y petacas por todo amueblado; ranchos miserables por habitación, un aspecto general de barbarie y de incuria los hacen notable.”40

Sarmiento obviamente privilegia la cultura urbana, que él asocia con la civilización europea, mientras que la villa rural, con mayor influencia indígena, la considera encarnación del salvajismo. Es interesante notar que llama a la última ‘villa nacional’, relacionándola así, no solamente con la mayoría de la población, sino también con el status quo de la identidad nacional en general, que el obviamente quiere cambiar. Por lo tanto, su imagen de la realidad argentina, la cual se contrapone a su ideal social, es una imagen de nación sin un contorno claro, heterogéneo y desordenado, que no permite identificar una identidad unitaria.

La identidad indígena como obstáculo para el avance de la modernidad y la civilización se destaca aún más en la próxima cita:

“Si un destello de la literatura nacional puede brillar momentáneamente en las nuevas sociedades americanas, y, sobre todo, de la lucha entre la civilización europea y la barbarie indígena, entre la inteligencia y la materia: la lucha impotente en América, y que da lugar a escenas tan peculiares, tan características y tan fuera del círculo de ideas en que se ha educado el espíritu europeo, porque los reportes dramáticos se vuelven desconocidos fuera del país donde se toman, los usos sorprendentes, y originales los caracteres.”41

Lo europeo es visto por el autor argentino, como la representación de todo lo mental, mientras la identidad indígena se relaciona a lo físico, lo cual se ubica en un lugar inferior. El espíritu mental europeo es estimado como un cúmulo de fuerza, mientras que lo indígena es considerado como impotencia y amorfismo cultural y social. A partir de esto, Sarmiento

40

Sarmiento, Domingo Faustino (s/f) 1843. Facundo. Biblioteca Ayacucho. Venezuela. P.28 Cursivas puestas por parte nuestra.

41

Ibid. P.39

identifica como única solución al problema, el fomento de la colonización europea. En este sentido hace una llamada a levantar los obstáculos que pone su país a la inmigración:

“¿No queréis, en fin que vayamos a invocar la ciencia y la industria en nuestro auxilio, a llamarlas con toda nuestra fuerza, para que vengan a sentarse en medio de nosotros, libre la una de toda traba puesta al pensamiento, segura la otra de toda violencia y de toda coacción?”42

Aquí se manifiesta la idea de la ‘importación de la modernidad’, de la industria y del pensamiento positivista, noción emblemática para el pensamiento desarrollista de la época. La idea de la fuerza civilizadora introducida desde fuera, es presentada como un proyecto para la construcción de la nación única y para la consolidación de la seguridad, no solamente en Argentina sino en América Latina en general.

Sarmiento busca la homogenización de la identidad para superar las diferencias entre civilización y barbarie que él observa. Así, su discurso se integra a la idea política nacional de la construcción de un mundo de certezas únicas que se opone a la incertidumbre y al caos de la desunión.

4. Defender la identidad latina para desplegar lo propio: José Enrique Rodó y

Related documents