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CHAPTER 1 INTRODUCTION

1.1 Background and Rationale

Sin el ánimo de ser reiterativo en nuestras afirmaciones, dejemos que sea el mismo Feuerbach quien nos determine con precisión lo que entiende por naturaleza. La definición más concreta la encontramos de una manera explícita en una obra posterior a

EC, pero que citamos de la traducción hecha por Manuel Cabada:

Yo entiendo por naturaleza –escribe- el conjunto de todas las cosas, esencias y

fuerzas sensibles que el hombre distingue de sí mismo como no humanas[…]

Naturaleza es todo lo que se le presenta al hombre como fundamento y objeto de su vida, prescindiendo de las insinuaciones sobrenaturales de la fe teísta. La naturaleza es la luz, el agua, el fuego, la tierra, el animal, la planta, el hombre en cuanto esencia que opera necesaria e inconscientemente. Para el concepto de naturaleza no exijo yo nada más; no incluye, por tanto, nada místico, nebuloso o

teológico […] Naturaleza es todo lo que ves o el conjunto de esencias y cosas,

cuyos efectos, expresiones o manifestaciones -en los que consiste y se manifiesta precisamente su esencia y existencia- tiene su fundamento, no en pensamientos, intenciones o decisiones voluntarias, sino en causas y fuerzas astronómicas o cósmicas, mecánicas, químicas, físicas, fisiológicas u orgánicas314.

De hecho hemos visto desde el inicio de nuestro trabajo que Feuerbach sustituye a Dios por la naturaleza. Al mirar con detenimiento este proceso a lo largo y ancho de estas páginas, en adelante, nuestro interés radicará en analizar al hombre religioso entendido desde una realidad que es le es superior. Lo que antes veníamos analizando era precisamente la explicación del fenómeno religioso-teológico en el hombre. Y, de ello llegamos a la conclusión de que este dato fenomenológico nos revela la proyección que

312 Cabada, citando a Feuerbach en CABADA, Manuel.

El humanismo premarxista de Ludwig

Feuerbach…, p 72.

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Cfr. CABADA, Manuel. El humanismo premarxista de Ludwig Feuerbach…, p 72.

314 Cabada, citando a Feuerbach en CABADA, Manuel.

El humanismo premarxista de Ludwig

98 el hombre hace de sí mismo. En este sentido, el giro ontológico en el que nos adentramos es de gran importancia. Miremos en qué consiste este nuevo aporte: el fenómeno religioso tiene un elemento substancial, la naturaleza. Esta colocación es a su vez complemento indispensable para Feuerbach en la argumentación antropológica de la religión. Por lo tanto, al incluir este nuevo factor en el fenómeno religioso lo que pretende Feuerbach es demostrar que si el hombre pertenece a la esencia de la naturaleza, entonces la naturaleza pertenece también a la esencia del hombre. Pero es claro también para Feuerbach que esta conexión esencial o mutua implicación no explican del todo la religión. Por tal motivo, la naturaleza se distinguirá del hombre siendo ésta su objeto, así se libera de cualquier posibilidad de subjetivismo. De esta manera, esta relación es concreta, objetiva y causal: “la naturaleza es causa y origen del sentimiento religioso del hombre”315. En este sentido, Feuerbach en La esencia de la

religión, trae a colación el siguiente símil:

De la misma manera que el poeta necesita para su poesía el impulso de algo externo a sí mismo y, gracias a este impulso objetivo y exterior, es capaz de suscitar en sí mismo la inspiración y la forma poéticas convenientes, de la misma manera el hombre recibe de la naturaleza el material para la religión, y así es el fundamento de la religión no solamente subjetivo316.

Así mismo sucede con los atributos de Dios, cuando son considerados por el sentimiento religioso como cualidades distintas y excelsas al hombre. Al respecto continúa diciendo nuestro autor:

Las propiedades que constituyen y expresan la diferencian entre la esencia divina y la esencia humana, o por lo menos el individuo humano, consideradas de forma originaria o en su principio, no son otra cosa que propiedades de la naturaleza317.

Cabe preguntarse en este momento, ¿por qué Feuerbach necesita de la naturaleza para esclarecer la necesidad del hombre en concebir una esencia distinta de él mismo? Esta esencia objetiva e independiente a la que llamamos Dios, que no es más la propia esencia humana, se convierte para nuestro filósofo en la naturaleza, la existencia y

315CABADA, Manuel.

El humanismo premarxista de Ludwig Feuerbach…, p 79.

316 Cabada citando a Feuerbach en CABADA, Manuel.

El humanismo premarxista de Ludwig

Feuerbach…, pp. 79-80.

99 objetividad de Dios. También es conveniente tener presente que los atributos de Dios, que pudiéramos considerar como no esenciales al hombre, encuentran en las propiedades de la naturaleza su plena conexión. Con ello responde Feuerbach a alguna presunta interpretación subjetivista en sus propias posturas filosóficas. ¿Qué vemos entonces en este proceso reflexivo? La inmersión plena en la naturaleza que no es otra cosa que la concretización de su antropología. Tema que desde luego abordará más en detalle en La esencia de la Religión.

Al abrirnos espacio en la reflexión religiosa trazada por Feuerbach, encontramos en varios de sus escritos cómo Dios es causa y origen de la naturaleza. No obstante, esto no niega que en el hombre se origina la idea de Dios. Pues como dijimos más atrás, lo que pretende Feuerbach es demostrar que si el hombre pertenece a la esencia de la naturaleza, entonces la naturaleza pertenece también a la esencia del hombre. Ahora bien, de las manifestaciones, efectos y cualidades de la naturaleza, el hombre concibe en su imaginación la idea de Dios. Tal impresión causada por la naturaleza es la que le da el nombre a Dios y hace que Él sea el que es: ego sum qui sum.

Miremos en detalle algunas afirmaciones hechas por Feuerbach en varios de sus escritos, en donde podemos precisar cómo en su reflexión religiosa, Dios refleja las cualidades de la naturaleza, entre ellas, por ejemplo, su grandiosidad, poderío y omnipresencia:

No se ha de decir, por tanto, ‹‹que la naturaleza tiene su origen en Dios, sino, por el contrario, que Dios tiene su origen en la naturaleza, que es deducido de

ella, que él no es sino un concepto extraído de la misma››. La diferencia entre

Dios y la naturaleza no estriba, según Feuerbach, en el ‹‹contenido››, que es el

mismo, sino únicamente en la forma de concebirse ambos: Dios es la naturaleza

‹‹abstracta›› o la ‹‹esencia abstracta del mundo››, mientras que la naturaleza –en su sentido estricto- es sensible y ‹‹concreta››. La naturaleza es, por lo tanto, el

‹‹original›› -dice Feuerbach-, mientras que Dios no es más que la imagen, la

‹‹copia››. ‹‹No es la existencia de la naturaleza la que se fundamenta en la

existencia de Dios, como quiere el teísmo, sino al revés: la existencia de Dios, o más bien la creencia en su existencia, se fundamenta únicamente en la

existencia de la naturaleza››. El fundamento, por tanto, de la idea de Dios en el

hombre no es Dios mismo, sino el hombre y la naturaleza, en la que el hombre está entroncado. Hombre y naturaleza son los dos ‹‹momentos›› que constituyen la esencia y el origen de la idea de Dios: ‹‹La esencia de la religión,

es decir, la esencia de Dios no es otra cosa sino la esencia abstracta, purificada e idealizada del mundo, por una parte –momento no atendido por mí en mi

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escrito [La esencia del cristianismo], en el que me limité al hombre›› […]

Ambos momentos pertenecen no a la teología, sino a la antropología, -es decir, momentos que constituyen la esencia del Dios filosófico como denomina Feuerbach al Dios creador de la ‹‹naturaleza, las estrellas, los árboles, las piedras, los animales, los hombres››.318

Es claro para Feuerbach que „el Dios creador‟ de esta físico-teología es realmente física o fisiología. ¿Qué significa esto que estamos señalando? Que la naturaleza y el hombre son el epicentro de la teología. Como bien dijimos al inicio del primer capítulo: el

secreto de la teología es la antropología, ahora Feuerbach añade que “la teología es antropología y fisiología”319, es decir, en el sentido más inmediato de la creación, hombre y naturaleza, resumen su intuición filosófica.

Como hemos visto, el contenido de esta intuición interactúa simultáneamente sin que exista contradicción en ellas. Por una parte, el hombre tiene su génesis y existencia en la naturaleza. Y, por otro lado, en el hombre la naturaleza se hace inteligible, responsable y dueña de sí, en últimas se hace personal. Por lo cual puede sostenerse que el hombre no proviene de sí mismo ni de un ser superior a la naturaleza, sino que lo que somos físicamente es producto de un proceso evolutivo en el seno de la naturaleza misma. ¿Qué estamos diciendo entonces según Feuerbach? Que el hombre ha llegado a ser, pero no ha sido hecho. Esto confirma lo que ya habíamos dicho: el hombre es en comunidad para vivir en sociedad. En Las tesis provisionales, Feuerbach nos habla sobre esta

situación.

No es por tanto, el hombre, „hechura inmediata‟ de la naturaleza, sino proceso evolutivo: “El hombre, cuyo origen inmediato fue la naturaleza, no era sino una esencia puramente natural, pero no hombre. El hombre es un producto del hombre de la cultura,

de la historia”320. Por eso, alude nuestro filósofo, no es necesario preguntarnos sobre el

origen del mundo. Ello lo indica por el hecho de que la naturaleza procede de sí misma. No tiene comienzo ni fin, pues pensarla en estos términos sería lo mismo que reducirla a representaciones humanas. Por lo cual puede sostenerse, dado lo expuesto desde el

318 Cabada, citando a Feuerbach en CABADA, Manuel.

El humanismo premarxista de Ludwig

Feuerbach…, p 82.

319 CABADA, Manuel. El humanismo premarxista de Ludwig Feuerbach…, p 83

.

320 Cabada, citando a Feuerbach en CABADA, Manuel.

El humanismo premarxista de Ludwig

101 inicio de este trabajo, que no es posible desechar la naturaleza para darle primacía a Dios sobre ella. Prescindir de la naturaleza o del mundo es desaparecer a Dios. Si se relega la naturaleza no queda nada de Él, puesto que su campo de acción desaparecería: ¿cómo ser compasivo y misericordioso, si no hay mundo para accionar de tal forma? Acabar con la realidad es por lo mismo destruir la realidad de Dios.

¿Cómo podemos entonces pensar y hablar de Dios? Necesariamente, en categorías mundanas y humanas. Son en este sentido, el pensamiento y el lenguaje, realidades netamente humanas, pues de Dios sólo sabemos y decimos lo que es reflejo de los dinamismos propios de la vida humana y del mundo321.

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