Chapter 2 The Impact of the SAVE Program on Immigrants’ Participation in
2.2 Background
Aunque la meditación es una pura experiencia personal, hay aspectos que pueden ser compartidos y es
conveniente conocer las indicaciones que vienen avaladas por prácticas milenarias de diferentes tradiciones que coinciden en aconsejar una determinada postura, una actitud o alguna forma especial de encarar esta tarea de adentrarnos en nosotros mismos.
"Por la voluntad te pierdes, por la voluntad te encuentras. Por la
voluntad eres libre, cautivo y esclavo."
Ángelus Silesius
El Maestro
Cuando el maestro Fukakusa no Gensei ordenó a su discípulo Seiko, le puso por nombre Jinin, que significa “compasión” y “paciencia” y le dijo: "Cuando un maestro enseña a los demás, es pura compasión y cuando practica para sí mismo, es pura paciencia. Si no tienes compasión no puedes practicar la paciencia y si no tienes paciencia no podrás ser compasivo. Si tienes
paciente te vuelves compasivo".
En el capítulo anterior hemos insistido en que el aspecto fundamental de la meditación es la continuidad de la práctica. Por eso, y a pesar de que siguiendo las indicaciones básicas cualquiera puede iniciarse en la meditación, sobre todo al principio, trabajar con un maestro nos facilita el aprendizaje y tendremos a quien recurrir ante cualquier duda.
El maestro es el instrumento más útil para iniciarse en la técnica de la meditación, es una guía y también una contención para aquellas personas que se arriesgan y que se lanzan de lleno por caminos desconocidos sin medir las consecuencias. Si uno decide practicar
solo, debe estar muy atento. La meditación debe hacer que el que la practica se sienta mejor y debe ayudar a que la vida cotidiana también mejore. Si no es así, esa técnica debe ser
abandonada.
"Si sigues trabajando con la luz de que dispones encontrarás a tu Maestro, ya que también él estará
buscándote."
Ramana Maharshi Encontrar un maestro de meditación no es fácil porque éste debe ser una
persona competente, tanto en sus
conocimientos como en la práctica, para poder ayudar y corregir al practicante.
Hay algunos maestros realmente muy buenos, pero no todos lo son. La elección del maestro no debe estar
condicionada por los títulos que ostente, ni por la popularidad o la riqueza que pudo haber obtenido por lo que cobra para entregar sus enseñanzas. Son las cualidades personales, como el
altruismo, la pureza, el amor, la
benevolencia y, como decía el maestro de zen, la compasión y la paciencia, las que deben marcar la elección. Encontrar un maestro de meditación lleva tiempo y hay que analizar su estilo de trabajo. Sobre todo debe respetar al alumno, darle libertad y no crear dependencia. En una conferencia dictada a maestros occidentales de meditación, el Dalai
Lama expresó: "Uno está tratando de formar un ser humano bueno,
eventualmente un Buda, y no alguien para que le haga a uno los mandados". La devoción por una persona nos hace muy vulnerables, y si por seguir un
camino espiritual se termina destruyendo a la familia, se abandonan los amigos y se cae en la dependencia personal, se ha equivocado la ruta. Mucho más grave es cuando la situación deriva en abuso de poder o de tipo sexual.
Un maestro espiritual no trata de cambiar o dominar a las personas. No exhibe "poderes" (siddhis), no le
interesan los cambios de religión, no le interesa la cantidad de sus devotos ni
acepta honores y mucho menos dádivas. Hoy en día hay cantidad de "gurúes" que están dispuestos a entregar su sabiduría sólo si uno les paga sumas importantes, cobran "iniciaciones" secretas y venden mantras.
El verdadero maestro es el que,
básicamente, nos enseña la observación de nosotros mismos, es el que nos
enseña a ver la realidad.
Aquel Maestro predicaba sentado a la orilla de un río. Un día se le acercó un hombre para preguntarle en qué
consistía su misión. Él contestó: “Yo sólo me siento en la orilla y vendo el agua del río”.
El maestro nos muestra lo que está frente a nuestros ojos y no podemos ver. Cuando lo vemos ya no necesitamos al maestro.
Es bueno tener presente que el maestro de meditación, en Occidente, no es un ser divino, no es el sad-gurú (16) al que en Oriente se debe obediencia total, sino una persona igual que el resto de los mortales. Esperar demasiado del
maestro y ser demasiado crédulo lleva generalmente a la decepción ya que éste tiene virtudes, pero también defectos como cualquiera. Comprender esto es también parte del crecimiento espiritual. Si el maestro habla como si fuese Dios, no hay que creerle, pero si habla como si fuese un Maestro, aunque tenga buenas intenciones, tampoco hay que creerle. Cuando quisieron entronizar a
Krishnamurti, como maestro máximo, dijo estas palabras: "No me podéis
seguir a mí, ni a nadie. El día que sigáis a una persona, dejará de existir la verdad".
"El creer en la autoridad pone en peligro la capacidad de
percepción."
Anthony de Mello Ambos, maestro y alumno, están en una misma búsqueda, crecen el uno junto al otro y deben también ayudarse
mutuamente. El amor por lo que hacen los une y los enriquece.
Es evidente que si nos comprometemos a concurrir a un centro de meditación para practicar en grupo, esto nos ayudará a mantenernos tenaces en nuestro propósito y, como debemos meditar todos los días, podremos
intercalar las prácticas individuales con las prácticas realizadas con el grupo. Pero esto tampoco será necesario cuando la práctica de la meditación se
convierta en parte de la rutina diaria. Para finalizar, hay algo que debemos tener presente, y es que el maestro es externo e interno. A mi entender, si uno se aferra a un maestro externo, por excelente que éste sea, llegará el
momento en que ya no se podrá avanzar. Swami Vivekananda enseñaba:"Qué
puede hacer un maestro externo?
Quitar algunos obstáculos; allí termina su deber. (17)" Hay que estar atentos y escuchar la voz interior, el maestro interno es el que nos dice qué camino debemos seguir.
"Cada uno llegará con el tiempo a conocer la verdad más elevada,
hombres deben ser sus propios maestros."
Swami Vivekananda