• No results found

2. SIMULATION OF HYBRID GROUND SOURCE HEAT PUMP SYSTEMS

2.1. Introduction

2.1.1. Background/Literature Review

La paradoja de Spinoza como un ateo virtuoso no es una nove- dad descubierta por sus biógrafos de fin de siglo XVII. Durante su vida y antes de la publicación del Tratado teológico político, Spinoza, excomulgado del judaísmo y sospechado de ateísmo por no pertene- cer a ninguna religión, por adherir a una doctrina según la cual Dios se confunde con la naturaleza, gozaba sin embargo de una reputa- ción como un individuo pacífico y de buena conducta, volcado a la investigación científica. Esto, que muchos podrían considerar una paradoja, es confirmado por los bosquejos biográficos de Bayle, Se- bastian Kortholt y Colerus. El reconocimiento de su virtud práctica, sin embargo, no fue suficiente para que alguno de ellos aceptara que Spinoza no era culpable de ateísmo. Al contrario, todos ellos lo denunciaron como un hombre malvado y le reprocharon haber presentado una doctrina monstruosa bajo un aspecto de verdad.

En 1700 Sebastian Kortholt preparó y publicó una segunda edi- ción del exitoso libro de su padre Sobre los tres impostores, al que añadió un Prefacio, redactado por él mismo hacia 1697 durante una estadía en La Haya, que consiste principalmente en un bos- quejo de la vida y carácter de Spinoza. Este breve relato de la vida

de Spinoza se basa en los datos aportados por el Prefacio de Jelles a las Obras póstumas, en la primera versión del artículo del Dicciona-

rio histórico y crítico de Bayle, que había aparecido poco antes y en

una carta del consejero Greiffenkranz, quien había tenido contacto personal con el filósofo. Además, recopila algunos testimonios di- rectos del hospedero de Spinoza, el pintor van der Spyck, y se cree que probablemente se entrevistó con Colerus, quien había realizado investigaciones sobre Spinoza buscando datos acerca de su vida en- tre quienes lo habían conocido personalmente y que algunos años después, publicaría su propia biografía de Spinoza basada en estas investigaciones.1

El texto no deja dudas respecto a la repugnancia que Spinoza genera en este autor. Mediante la exposición de ciertos detalles de su vida, que confirmarían en la práctica su ateísmo teórico, el Pre-

facio parece intentar fortalecer el juicio contenido en el cuerpo del

libro acerca del intolerable ateísmo del filósofo que había decidido llamar Dios a todo el universo. En este sentido, Sebastian Kortholt

caracteriza a Spinoza como “gratis malus Atheus”,2 esto es, como

un hombre que sin razón alguna fue un ateo malvado. La infun- dada malignidad que este profesor de la ciudad de Kiel adjudica al filósofo, sin duda se conecta con el juicio de su padre, según el cual Spinoza, consciente de lo que emprendía, decidió engañar a sus lectores y discípulos –a quienes, según él, “imbuía gratuitamente

la perversidad de sus opiniones”3– presentando como Dios a la

naturaleza. Esto equivalía, según él, a la negación de la verdadera divinidad. El naturalismo, transformado por Spinoza en un sistema filosófico que enseñaba y difundía a través de sus escritos, un sistema filosófico que no conducía sino a absurdos y errores por no tener un fundamento verdadero, no fue, según Kortholt, el resultado de un error, ni una acción equivocada. Había sido una decisión tomada con deliberada malicia.

Sin embargo, este biógrafo de dudosa imparcialidad parece estar dispuesto a aceptar que este ateo malvado fue, al mismo tiempo, un

1Cf. Domínguez (comp.), %LRJUDItDV, op.cit., p. 21.

2 Sebastian Kortholt, Praefatio en Christian Kortholt, 'HWULEXVLPSRVWRULEXV0DJQXV

liber, Reumann, Kiel, 1700 (2°ed.). Cito este texto según es reproducido en Freu-

denthal/Walther, op.cit., t. I, p. 76, doc. 4.

92

hombre aparentemente virtuoso. La paradoja se fundamenta en la suposición de que las convicciones teóricas se conectan directamente con acciones prácticas y remite a la idea de que únicamente un creyente, un hombre piadoso, puede ser sujeto de virtudes. A pesar de su horrible ateísmo, dice, este filósofo no tuvo conductas reprobables: no abusó del vino y llevó una vida austera, pagaba a su hospedero una suma muy baja y gastaba muy poco dinero por año, no era codicioso y “jamás salió de la boca de Spinoza un juramento

o una palabra irreverente contra Dios”.4

Un único vicio logra encontrar Kortholt en Spinoza: la avidez de gloria. Según su retrato, el judío solía conversar con hombres importantes, a quienes recibía en su casa y con quienes discutía asuntos de Estado, “pues pretendía tener renombre de político, y su inteligencia y reflexión le llevaban a predecir con perspicacia

el futuro”.5 Además, fue por orgullo que Spinoza se expuso a ser

cruelmente despedazado con sus amigos, los hermanos De Witt,

“con tal que a una vida breve siguiera una carrera eterna de gloria”.6

Pero según S. Kortholt no fue la multitud la que acabó con la vida de este perverso ateo sino el trabajo nocturno y el agotamiento que lo llevaron a la enfermedad. “Demasiado diligente”, escribe, “se entregaba al estudio incluso en plena noche y la mayor parte de sus tenebrosos libros los elucubró de las diez de la noche a las

tres de la madrugada”.7 Acerca del momento de su muerte, dice

que, acompañado solo por un médico, exhaló plácidamente su alma impura y su último aliento.

En lo referente al legado de Spinoza, Sebastian Kortholt se alegra de que éste no hubiese terminado antes de morir una supuesta traducción de la Biblia al latín, celebra que el público no tuviera que enfrentarse a la obra de Dios por él corrompida e indica que entre sus libros tampoco se encontró un Tratado acerca del arco iris, que Spinoza mismo habría quemado frente a otros testigos. Indignado, escribe:

4,ELGHP; trad. cast.: ibidem. 5,ELGHP; trad. cast.: ibidem. 6,ELGHP; trad. cast.: ibidem. 7,ELGHP; trad. cast.: idem., p. 92.

¡Ojalá también hubiera destruido con el fuego vengador los demás trabajos, que habían de proyectar las tinieblas sobre la luz de la clarísima verdad, engendros de una fantasía errática y espectros repugnantes de la puerta infernal, dignos de ser de- vueltos al orco, del que habían venido, a fin de que no pudiesen arrastrar a sus lectores a las llamas inextinguibles!8

La paradoja del ateo virtuoso vuelve a aparecer en el artículo de Pierre Bayle, que había sido publicado en 1697 en la primera edición de su Diccionario histórico y crítico. Pocos años más tarde, en 1702, esta obra exitosísima fue reeditada. En esta segunda versión, Bayle aumentó y mejoró su texto sobre Spinoza. Agregó algunos da- tos y corrigió otros a partir del Prefacio de Sebastian Kortholt, con quien había entrado en contacto epistolar. Basándose en la traduc- ción francesa del Tratado teológico político y en la versión latina de las Obras póstumas, este francés radicado en Rotterdam se preocupó además por recopilar todo aquello que se había escrito acerca de Spinoza, tal como se desprende de las abundantes referencias bi- bliográficas que se encuentran en las notas marginales de su artículo. Bayle retrata a Spinoza como un hombre comprometido con la búsqueda racional de la verdad, que rechazó toda coacción de conciencia y que, por lo tanto, no dudó en exponer libremente sus dudas acerca de la religión judía ante sus maestros. Insatisfecho con las respuestas y sin aceptar el soborno que los rabinos le habrían ofrecido a cambio de que se adecuara exteriormente al ceremonial, Spinoza rompió con su religión por completo. Finalmente, fue exco- mulgado y, como respuesta, habría escrito en español una apología a su salida de la Sinagoga, la cual se encontraría fragmentariamente en su Tratado teológico político, que Bayle no duda en caracterizar como un “libro pernicioso y detestable, donde se cuelan todas las semillas

del ateísmo que se ven al descubierto en las Opera Posthuma”.9

Tal como es presentado en el Prefacio de Jelles a las Obras pós-

tumas y en el bosquejo biográfico de Kortholt, Bayle asegura que

Spinoza fue un hombre por completo dedicado a la meditación y a

8,ELGHP; trad. cast.: idem., p. 94.

9 Bayle “Spinoza”, op. cit., p. 255; trad. cast.: Bahr en P. Bayle, 'LFFLRQDULRKLVWyULFR

\FUtWLFR (antología), estudio, trad. y notas de F. Bahr, Ed. de la FFyL-UBA, Buenos

94

la experimentación con telescopios y microscopios, por lo que prefi- rió llevar una vida apartada, instalado en el campo. Por los mismos motivos –la búsqueda de la tranquilidad necesaria para su traba- jo intelectual– habría rechazado el ofrecimiento de una cátedra en Heidelberg. También Bayle contribuye a la imagen de un Spinoza solitario que prefiere permanecer confinado durante meses en su habitación, dedicado a los libros y la meditación filosófica. Sin em- bargo, suaviza este retrato con el siguiente pasaje:

Los que solían visitar a Spinoza y los campesinos de las aldeas en las que vivió retirado durante algún tiempo, lo recuerdan como un hombre de trato agradable, afable, honrado, servicial y muy correcto en sus costumbres. Esto es extraño, pero en el fondo no resulta más sorprendente que ver gente que vive muy mal aunque tenga una plena persuasión del Evangelio.10

En el comentario a este párrafo, y remitiendo explícitamente al Prefacio de Sobre los tres impostores, Bayle asegura que Spinoza ja- más juraba, jamás hablaba con irreverencia de Dios, asistía a veces a los sermones y exhortaba a otros a concurrir a los templos, no se

preocupaba por el vino, ni por la buena comida, ni por el dinero.11

Finalmente, sin hacer caso a los rumores, Bayle sostiene que Spino- za murió convencido de su ateísmo y que no quiso que se diera su

nombre a una secta.12

Al igual que Jelles y que S. Kortholt, aunque sin el tono apologé- tico del primero y sin el evidente fastidio del segundo, Bayle admite que Spinoza, el ateo, había llevado una vida de buena conducta. Sin embargo, este autor no se escandaliza ni se sorprende por esto. Que Spinoza haya llevado una vida virtuosa no es para él más extraño que el hecho de que muchos hombres religiosos se conduzcan de un modo considerado malo.

Poco después apareció una nueva biografía de Spinoza, más ex- tensa y completa, escrita por Johannes Colerus –o Köhler–, un pas- tor de origen alemán designado para presidir la comunidad luterana

10,GHP pp. 257-8; trad. cast. idem., pp. 329-330. 11Cf. idem. p. 257.

de Amsterdam primero y de La Haya en 1693. En esa ciudad cono- ció a van der Spyck, miembro de su parroquia, y no sólo se hospedó en la casa donde había funcionado la pensión de la viuda van der Werve, donde también había vivido Spinoza, sino que ocupó su misma habitación.

En 1705, Colerus publicó un libro en holandés sobre la resu- rrección de Jesucristo, contra Spinoza y adjuntó a este texto su Breve

pero veraz biografía de Benedictus de Spinoza, recogida a partir de tes- timonios auténticos escritos y orales de personas aún vivas.13 La obra fue probablemente escrita en latín o alemán y traducida al holandés por alguno de los miembros de la comunidad luterana. Al año siguiente fue traducida al inglés y al francés, versión que sirvió de fuente para dos traducciones al alemán, publicadas en 1733 y 1734.

Este pastor luterano ortodoxo sintió gran interés por la vida y la obra de Spinoza. Recogió durante veinte años noticias y datos de quienes lo conocieron, principalmente de van der Spyck y su mujer. Leyó sus obras. Extrajo datos del Prefacio de Jelles, de la versión ho- landesa del artículo de Bayle y, tal vez a través de éste, de la biografía de Kortholt. Analizó los libros en los que se lo mencionaba y estudió las críticas a sus doctrinas. Como Bayle, Colerus presenta tanto la biografía de Spinoza como un breve bosquejo de su doctrina filosó- fica y, asimismo, mantiene la doble actitud de, por un lado, refutar su pensamiento y, por el otro, admirar sus buenas costumbres. Por

esto último pronto se ganó la sospecha de crypto-spinozista.14

Colerus sostiene que Spinoza fue un ateo, pues negó la existencia de Dios –el Dios verdadero, es decir, el del teísmo–. Estas convic- ciones habrían surgido muy temprano en su vida, al iniciarse en el estudio de la filosofía y el latín con Franz van den Enden quien, según Colerus, además, intentaba imbuir a sus alumnos las primeras

semillas y los principios del ateísmo.15

13 J. Colerus, .RUWHGRJZDDUDJWLJHOHYHQVEHVFKUL\YLQJYDQ%HQHGLFWXVGH6SLQR]DXLW$XWHQ-

WLTXH6WXNNHQHQPRQGHOLQJJHWXLJHQLVYDQQRJOHYHQGH3HUVRQHQRSJHVWHOWEl libro original,

de 1705, falta. Existe, sin embargo, una reproducción de 1880, según el ejemplar de la Koninklijke Bibliotheek de La Haya. Freudenthal reproduce el texto en su versión alemana.

14Cf. Grunwald, op.cit., p. 26.

15Cf. Colerus, .RUWHGRJZDDUDJWLJHOHYHQVEHVFKUL\YLQJYDQ%HQHGLFWXVGH6SLQR]Den Freu- denthal/Walther, op.cit., t. I p. 10.

96

Colerus también brinda datos acerca de la vida austera y tran- quila del renombrado ateo. Basándose en los cuadernos contables que van der Spyck conservaba, admite que “es casi increíble cuán económica y moderadamente vivió, no forzado por la necesidad ex- terior, puesto que se le ofreció dinero suficiente, sino porque era

sobrio por naturaleza y fácil de contentar”.16 Tampoco se preocu-

paba por cómo iba vestido. No era codicioso y prefirió no recibir la pensión anual que su amigo Simón de Vries le había ofrecido para vivir más holgadamente, aduciendo que no tenía necesidad de nada y que aquello más bien le distraería de sus ocupaciones y meditacio- nes. Tampoco quiso ser declarado su heredero y de su padre, relata Colerus, no aceptó heredar más que una buena cama.

El pastor describe a Spinoza como un hombre sencillo, afectuoso y asequible en su trato cotidiano, que sabía dominar admirablemen- te sus pasiones. Consolaba a los enfermos y aconsejaba a los niños ser obedientes y seguir la religión revelada. Cuenta que, cuando sus hospederos regresaban del servicio religioso, a menudo les pregun- taba acerca del sermón que habían escuchado. Incluso, señala Co- lerus, Spinoza tenía en alta estima a su predecesor, el pastor luterano Cordes, cuyos sermones en algunas ocasiones había ido a escuchar. Pasaba mucho tiempo dedicado a su meditación, sin molestar a na- die, afirma el alemán, y cuando se cansaba, bajaba a hablar con los hospederos de lo que sucedía, aún de cosas sin importancia. Para distraerse, fumaba una pipa de tabaco y a veces estudiaba insectos con su microscopio o “se procuraba unas arañas y las hacía pelearse entre sí o buscaba algunas moscas, las echaba en la tela de una araña

y contemplaba con tal placer esa batalla que hasta se echaba a reír”.17

El tono benevolente de la biografía desaparece cuando Colerus pasa al análisis de los escritos de Spinoza. Su desagrado es constante- mente remarcado. Acerca de los Principios de la filosofía de Descartes, exclama: “¡Oh, si este hombre se hubiera detenido aquí, aún cabría

dejarlo pasar por un filósofo sincero!”.18 Respecto del Tratado teo-

lógico político, cita las críticas de Spizelius y Blijenbergh y asegura

que después de haberlo leído varias veces de principio a fin, no ha hallado nada que haya podido provocar en él algún titubeo acerca

16,GHP, p. 16; trad. cast.: Domínguez en ,GHP., (comp.), %LRJUDItDV, op.cit., p. 111. 17,GHP, p. 20; trad. cast.: idem., p. 114.

de la solidez de la verdad evangélica y denuncia sus argumentos como falaces. Finalmente, Colerus habla de la publicación de las

Obras póstumas –que caracteriza de “malditas lanzas”19– y se detie- ne particularmente en la Ética. Su objetivo, al examinar y reproducir las ideas absurdas e impías de Spinoza es, según él, causar en los lectores cristianos terror y aversión hacia los escritos y enseñanzas de este hombre.

Si bien al leer sus hermosas definiciones de Dios, advierte Co- lerus, alguien podría pensar que se trata de un filósofo cristiano, “tan pronto se examina esto a plena luz, se ve que su Dios no es

Dios, sino un no-dios”20. Es que este supuesto Dios de Spinoza no

es sino la causa inmanente del universo. Como Kortholt, Colerus parece querer desenmascarar el verdadero sentido de la doctrina spi- noziana y desvelar el engaño al que conducen sus palabras. Al iden- tificar a Dios con el universo, Spinoza debe aceptar que la divinidad sea conforme a éste. “Como el universo es finito, él hace a Dios

finito”,21 señala, y lo identifica con la materia en la que obra. Ade-

más, ya que en Spinoza el mundo y todas sus creaturas pertenece a la naturaleza de Dios y Dios es causa necesaria de todas las cosas, no puede existir pena ni castigo ni juicio ni resurrección ni salvación. Pues esto significaría que “Dios debería castigar o premiar su propia

obra, por él mismo producida de forma necesaria”.22 Por todo esto,

concluye que se trata del más “infame ateísmo”23 que jamás se haya

visto. Nuevamente, el ateísmo que Colerus atribuye a Spinoza con- siste en la negación del Dios teísta y es asimilado a la posición teóri- ca del naturalismo y a la doctrina del fatalismo. Afirmar que Dios es la totalidad de la naturaleza implica la necesaria negación del Dios trascendente, libre y personal. Implica, además, que no hay libertad para los hombres ni salvación. Colerus reconoce, pues, que el ateís- mo spinoziano se fundamenta en una teoría filosófica. Sin embargo, en tanto que teoría, no le atribuye ningún valor sino que se apresura a mostrar las consecuencias prácticas inaceptables de esa posición.

19,GHP p. 42; trad. cast.: idem., p. 123. 20,GHP, p. 44; trad. cast.: idem., p. 124. 21,GHP p. 46; trad. cast.: idem., p. 125. 22,GHP p. 48; trad. cast.: idem., p. 126. 23,ELGHP; trad. cast.: ibidem.

98

Luego de mencionar a todos los héroes que, incitados por Dios para su gloria y la defensa de la religión cristiana, atacaron con éxito a Spinoza, el texto concluye con un capítulo acerca de la muerte de Spinoza, sobre la cual el autor se sorprende de haber encontrado tantas descripciones trastocadas que no pudo confirmar. A pesar de no presentar los rumores que considera infundados, Colerus re- produce las cuentas de un barbero, del empleado de la funeraria, de dos hojalateros y de un tendero francés, que, al reclamar el pago de lo que se les debía, se referían al deudor como “el bienaventurado Spinoza”. Irritado, escribe:

Estos señores no debían saber sobre qué fundamentos había construido Spinoza, pues, de lo contrario, no hubieran juzgado tan a la ligera con la palabra bienaventurado. O es que quizá la han escrito en el sentido que se le suele dar actualmente, según el cual también a los hombres malvados, que han expirado sin ninguna señal de penitencia o conversión de sus pecados, se les llama bienaventurados o de santa memoria.24

Así pues, es claro que también para Colerus Spinoza fue un Fi-

lósofo maldito. El hecho de haber construido una doctrina filosófica

fundándose en el principio naturalista y la consecuente negación de la existencia del Dios trascendente de las religiones hace de Spinoza un malaventurado. Todos los testimonios acerca de su virtud no son suficientes para convencer a este pastor protestante, preocupado por el efecto del spinozismo sobre sus parroquianos, de que Spinoza pudo haber sido un hombre bueno. Su sistema, por otro lado, es

Related documents