3.7 Student teachers’ views about the support they received during their training
3.8.1 Balance of the ‘theoretical’ and ‘practical’ elements of ITT by different
Considerada como conjunto, una vía, en este caso la Carrera Séptima en su carácter de vía principal, es un movimiento colectivo, maquínico, con paradas y aceleraciones, con atascamientos y congestiones, con ralentizaciones y vacíos, líneas de fuga y convergencia de múltiples líneas del exterior (...) como el río de Heráclito, a pesar de la aparente quietud todo cambia y no cesa de cambiar. El movimiento no se detiene, y tampoco es exterior al peatón; su interioridad es otro cúmulo o conjunto de vías (Toro, 2007, 18).
Como lo menciona Jaime Toro Alfonso, la Carrera Séptima podría considerarse la columna vertebral de Bogotá: lugar donde nació el grito de independencia; espacio de encuentro de los intelectuales de finales del siglo XIX; calle que recorrieron las masas enardecidas después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán; hogar de la Loca Margarita y del Bobo del Tranvía; centro de ubicación de los hippies durante las décadas de 1960 y 1970; vía que también le ha dado cabida al crimen, al tráfico de niños, a los jíbaros y a los proxenetas. La Carrera Séptima es un camino lleno de símbolos sociales y de valor histórico, en el que fluyen constantemente el ayer y el hoy configurando el imaginario colectivo de la sociedad bogotana. Por esta razón, vale la pena reiterar que los tres museos en los que se centra esta investigación lindan con esa vía principal —y hacen parte de su incesante flujo de sentidos— como una red unida por los lazos invisibles de la cultura.
El Museo de Arte y Cultura —en la calle 36—, el Museo Nacional —en la calle 28— y el Museo Botero —en la calle 11— parecen haber sido distribuidos estratégicamente en la Carrera Séptima para que, junto con otros puntos neurálgicos de la ciudad —el Planetario, la Galería Santa Fe, el Museo de Arte Moderno o el Teatro Jorge Eliécer Gaitán—, conformaran una red cultural accesible para millones de transeúntes y conductores que toman esta vía cotidianamente.
Muchas de las personas que participan los últimos domingos del mes en el programa Siga, ésta es su casa, empiezan su recorrido en el Museo Nacional con la intención de seguir caminando por la Carrera Séptima y de entrar a las demás instituciones culturales que encuentren por el camino. La gente que sale a la ciclovía y atraviesa esta vía principal decide hacer una parada al toparse con algún museo que pueda cerrar de manera productiva su fin de semana. Este tipo de públicos no son tradicionales pero, impulsados por eventos populares que hacen parte de los símbolos colectivos de la ciudad, se benefician de esa red cultural que se extiende estratégicamente por la Séptima. Sin embargo, sólo algunos la aprovechan y generalmente lo hacen los domingos; esta ruta es tan habitual para la población que los almacenes, los locales y las oficinas que bordean el camino y se ven todos los días, en ocasiones, se vuelven tan comunes que parecen invisibles.
Por esta razón, surge la idea de levantar el manto que oculta los museos, que se distribuyen tan adecuadamente en el espacio, aprovechando la concepción de la Carrera Séptima como columna vertebral, no sólo de la ciudad, sino de la cultura. Teniendo esta noción como base, la red de museos de la Séptima podría hallar cabida en anuncios publicitarios, en avisos de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte o en proyectos de turismo cultural.
Con respecto a esto es necesario mencionar que el turismo cultural debería fortalecerse, no sólo porque el 20% de las personas que visitan los museos son extranjeros, sino porque puede ser una manera de promover la interacción de los públicos locales con la ciudad y con los refugios del arte. Según esto, se deberían hacer más actividades por toda la ciudad similares a las que realiza la Secretaría de Turismo; como el mes del patrimonio, que, por medio de la comida, impulsó a la gente hacia la Candelaria y luego la condujo a la cultura. En esta medida, pero a largo plazo y como un proyecto mucho más ambicioso, se podría implementar un bus turístico parecido al que se encuentra en importantes ciudades europeas, cuyo recorrido se haría principalmente por la Séptima, con paradas en los lugares más representativos de la ciudad y en los de mayor valor cultural. El bus funcionaría en
diferentes horarios, de tal manera que la gente tuviera tiempo de para bajarse, visitar los lugares y poder tomar el bus siguiente para seguir el camino.
La bus funcionaría de la siguiente manera. Se vendería a un precio asequible un tiquete para subirse al bus y, junto con este, se incluiría un talonario con vales para usar en las paradas que éste haga. Teniendo en cuenta que la idea es fomentar la participación de las personas en las actividades culturales, estos vales tendrían descuentos para la entrada en los museos y los sitios históricos, y para restaurantes típicos, bares y cafés tradicionales, como Casa Vieja, La Bella Antioquia, Leo cocina y cava, Criolla, Leo Bar, Juan Valdez u Oma.
La séptima es la columna vertebral de la ciudad y por sus calles se encuentran un sinnúmero de lugares y espacios donde la cultura se manifiesta. Sin embargo, la mayoría de los ciudadanos están tan acostumbrados a transitarla cotidianamente que olvidan todo lo que tienen por descubrir a la vuelta de la esquina.
Partiendo de esto surge la idea de implementar eucoles a lo largo de toda la Carrera Séptima, donde se encuentre de manera permanentemente el mapa de esta vía principal y de sus alrededores —tendría marcados lugares de interés histórico, museos y calles principales, entre otros—. La persona sabrá dónde está ubicada en ese momento y será consciente de todos los lugares que la rodean. Así mismo, estos mapas serán de gran ayuda para los turistas que buscan los lugares que deben visitar y la forma de ubicarse en una ciudad tan grande y agitada. Según esto, la propuesta no debería quedarse inmóvil en los eucoles, también debería convertirse en un mapa de bolsillo que se reparta los días en los que mayor ajetreo haya en la séptima y que se entregue en los museos y tiendas de la ciudad.
Explotando aun más las oportunidades que brinda la Carrera Séptima como red cultural, también se proponen actividades que llamen la atención de la gente y que inviten a participar. Entre ellas, festivales que giren entorno al arte y a las culturas de los pueblos y que, como en los carnavales de la antigüedad, se opongan a ese pensamiento oficial y legitimado al que se refiere en ocasiones la cultura y, por el contrario, impongan la
diversidad y la tolerancia. En cierta medida se podrían recrear los festivales de otras regiones de Colombia, como el de Barranquilla o el de Blancos y Negros.
En la búsqueda por proponer ideas poco convencionales —ya que las tradicionales no han sido suficientes— que logren romper esas barreras entre los museos y sus públicos, surge una nueva opción que en ocasiones podría reemplazar a los guías turísticos, quienes, a pesar de ser las voces del conocimiento y las culturas, pueden ser poco llamativos y tornarse tediosos. En ese sentido surge la posibilidad de usar el performance para enseñar y seducir a la gente. El performance es una manifestación artística en la que se unen el teatro, la danza, la poesía y la realidad para desarrollar un concepto e “interactuar con el espectador a través de acciones que hagan que el público sea parte de la obra misma” (www.geocities.com/festivaldeartealternativo/Performance.html). Según esto, se pretende usar el performance para convocar a los públicos y vincularlos con la creación artística. Así, la idea es realizar distintos performances a lo largo de la séptima en los que, por ejemplo, se reviva un acontecimiento histórico que ocurrió hace 60 años en uno de esos puntos neurálgicos de la columna vertebral de Bogotá. La fuga de Bolívar, el grito de independencia o el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán pueden ser opciones para representar en performances y, a través del arte, invitar a las personas a conocer otras manifestaciones culturales. La gente será testigo de la historia, no sólo podrán verla sino ser partícipes de ella; así será más fácil llamar la atención de niños, padres y transeúntes desprevenidos. Ligado al performance surge la idea de ubicar cerca de los museos y por le séptima estatuas humanas que representen obras específicas que sea posible encontrar en los museos: alguien obeso ubicado inmóvil imitando la Mona Lisa de Botero o una pareja de enamorados suspendidos en el aire y fingiendo ser personajes sacados de un cuadro de Chagall. Serían acompañadas con una entrega de volantes que invite al museo, den información y hagan una breve reseña que explique lo que representa la estatua. Estas actividades se pueden llevar a cabo en las ciclovías, las tardes de los viernes en los que la séptima se vuelve peatonal y los domingos en los que la gente sale a caminar por el centro de la ciudad.
La última idea, que se surge con el motivo de rescatar la importancia de la Carrera Séptima en la configuración del imaginario colectivo, tiene que ver precisamente con aquellos lugares de esta importante vía capitalina en los que ocurrió algún acontecimiento de relevancia, no sólo para la historia, sino para cada una de las personas que participen en la actividad.
Se llevará a cabo la Caja del artista, una convocatoria para aquellos interesados en realizar una obra que se inspire en la Carrera Séptima. Quienes decidan participar podrán reclamar en los museos de la ciudad una caja en la que se encontrarán un pequeño lienzo, pinceles y óleos.
La idea es rescatar las historias de esas personas que han hecho de esta carrera una arteria de la ciudad y, en el proceso, vincular a los museos que hacen parte de ella. La convocatoria es para todas las personas que quieran participar. Cuando se entreguen todas las obras, se escogerán unos finalistas cuyos trabajos serán expuestos a lo largo de la séptima y, finalmente, los trabajos ganadores serán expuestos por un tiempo determinado en los museos participantes.
Así mismo, con la intención de despertar un interés masivo por la actividad, se enviará por correo directo una pequeña simulación de la Caja del artista a líderes de opinión, medios masivos de comunicación —como periódicos, televisión, revistas y noticieros— y a grandes inversionistas de la ciudad, para así tener la oportunidad de que la actividad genere Free Press3 y patrocinios de diferentes empresas.
Ya sea en el desarrollo de proyectos ambiciosos o factibles, la idea de la red de museos de la Carrera Séptima puede ser de utilidad para que ese camino colmado de “paradas y aceleraciones”, “atascamientos y congestiones”, “ralentizaciones y vacíos”, se llene de sentidos que giren entorno a la cultura y al enriquecimiento del espíritu, convirtiéndose en una arteria de la ciudad por la que fluirán la civilización, la paz y la tolerancia —retomando las palabras de Fernando Botero el día de la donación de su colección—.
3Publicidad gratis que se genera con la intención novedosa de diferentes productos o servicios. Es realizada por medios masivos y puede