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Barriers and challenges to effective implementation

In document Social Inclusion of Young People (Page 82-91)

El Instituto del Azar es una institución parásita que

se encarga de buscar dentro de otras instituciones o estructuras espacios gobernados por el azar. en la primera edición trabajé en el instituto interna- cional de estudios Sociales en Amsterdam, que resguarda entre otras cosas el archivo de docu-

el ARCHiVo, el AZAR y lA eXTRAnJeRíA

El archivo, El azar y la ExtranjEría mentos anarquistas más importante de Europa.

la simple imagen de tanta anarquía archivada y organizada me pareció una paradoja. Dentro del archivo encontré una sección con fotografías no identificadas que han sido acumuladas a través de los años y que corresponden al material que no ha podido ser clasificado dentro de ninguna catego- ría. El Instituto del Azar hace uso de este material para generar su propio microsistema dentro de la estructura.

El proyecto documenta la acción realizada por el anarquista jan huygens, quien repartió su archivo por medio de un sistema aleatorio, una lotería en la ciudad de amsterdam en abril de 2004. De un con- junto de 985 personas elegidas al azar, cada una recibió una carta firmada por huygens explicando sus razones, un certificado y una selección de los documentos. cada persona recibió una colección distinta, haciéndose acreedores a un conjunto par- cial pero único de su colección personal.

InstItute of chance

amsterdam, 19 de abril de 2004 a quien corresponda,

El otro día, mientras caminaba por la ciudad te vi entre una multitud de gente. hiciste algo que me hizo saber que tenías que ser el destinatario de esta carta. El grupo se mantenía apretado, con- centrado en algo que desde mi punto de vista no alcanzaba a ver. Parecía que estaban esperando a que algo pasara, o probablemente se preparaban para partir. la reunión tenía un aire de manifesta- ción política, sin embargo no había agitación ni tumulto, ni gritos o discursos (de hecho no se ha- blaban entre ellos) y faltaban los panfletos y las pancartas que generalmente acompañan estos eventos. Es por eso que pude seguir la trayectoria de una hoja de papel que cayó al piso en tanto que la multitud la pateaba inadvertidamente en el pa- vimento. Fue entonces cuando vi que la recogiste, la pusiste en un sobre y seguiste de largo.

a mí también me gusta encontrar cosas —es por eso que camino por doquier—, verme atrapa-

do por detalles extraños que me llevan a lugares inesperados. Supongo que esto constituye un tipo de búsqueda. tal vez seas como yo. nunca me gus- tó hacer las cosas de manera sistemática, siempre seguí un método casual, fortuito y conforme pa- san los años me convenzo de que sólo se puede encontrar algo de esa manera —del mismo modo que un perro corre por el campo—. Si ves a un pe- rro siguiendo su olfato, atraviesa un segmento de tierra de una manera completamente aleatoria, pero invariablemente encuentra lo que busca.

Debido a que esta carta implica cierta respon- sabilidad voy a explicar brevemente mis circuns- tancias actuales. nadie me conoce por estos rum- bos y no tengo mucho dinero. los pocos objetos que guardo en mi maleta ni siquiera merecen ser mencionados (a excepción del sombrero que usa- ba al dar discursos públicos, que todavía posee cierto valor sentimental). De mis parcas perte- nencias, los documentos son lo más importante para mí. Debería funcionar… tiene que funcionar. Si veo mis manos, mis dedos, mis uñas, nadie sos- pecharía.

Decidí ejecutar la maniobra desde aquí ya que está suficientemente cerca para regresar de vez en cuando y lo suficientemente lejos para permane- cer en el anonimato. Me considero, o debería decir que me gusta pensarme, como una especie de ca- maleón. tengo la tendencia a mezclarme, de he- cho me fusiono de tal manera que con frecuencia me confunden con otra persona. Si me topo con un viejo conocido es muy raro que me reconozca, pero por otro lado es común que extraños me rela- cionen con gente que no conozco.

alguien me dijo recientemente:

«Me recuerdas a uno de mis mejores amigos de la escuela, íbamos a acampar juntos, éramos como los tres camaradas.»

lo dicen como si quisieran pegarme a su pasado, como si fuera una partícula flotante de memoria que puede ser incluida en la órbita de sus recuer- dos. Si me encuentro a alguien de mi propio pasa- do podría decir, como me encontré diciendo re- cientemente:

«¿Me recuerdas? hace años me regalaste una maquina de escribir.»

la persona en cuestión me miró perpleja. «¿recuerdas?…», continué, «cuando gané un premio de periodismo de aficionados.» justo an- tes de que el silencio se volviera intransitable, res- pondió:

«ahora te recuerdo, ¡pero has cambiado tanto!» Esta tendencia a la invisibilidad es extraña por- que no me considero un adorno de papel tapiz, de hecho siempre me sentí obligado a dar mi opi- nión, especialmente al hablar frente a una multi- tud. con frecuencia tenía la sensación de que ha- bía una gran bestia a mis espaldas —una especie de medusa que bailaba al ritmo de mis palabras— sentía que la medusa me convertiría en un bloque de piedra si paraba de hablar. Pero sabía que si continuaba hablando podía transformar el miedo en coraje. la gente me decía con frecuencia que tenía una mirada suspicaz al dirigirme a las ma- sas —como si desconfiara de mí tanto como de la audiencia—. había un momento en el que las pa- labras dejaban de pertenecerme, la voz individual se desintegraba en una constelación de partícu- las girando a mi alrededor, creando patrones y fi- guras.

aun cuando dediqué mis años de juventud a la lucha política, me agoté muy pronto de los ri- tuales y de las funciones que inevitablemente la rodean. Me tomó un tiempo sorpresivamente largo entender lo obvio; que el propósito de la lucha política es consolidar el poder para los que ya lo tienen. Era fácil perder la capacidad de ac- tuar espontáneamente y convertirse en un obs- táculo para la libre acción de los otros. Descubrí que los momentos decisivos, aquellos que es- tructuran la vida diaria, son fortuitos, inespera- dos: la unión feliz de gente que nunca esperaba cruzar caminos.

Mi atracción hacia los eventos inesperados era tan fuerte que dediqué gran parte de mi vida a lo que llamo la fabricación de accidentes. En un pun- to en el que mi vida se volvía cada vez más caóti- ca me di cuenta de que aprendí a navegar a tra-

vés de eventos inesperados, respondiendo con velocidad a los caprichos del azar. En cuanto me adaptaba a determinada situación, me sentía obligado a escapar de mis propios talentos de na- vegación. Fue por esta época cuando empecé a buscar los documentos. Entré en la historia, hace demasiado tiempo, cuando algunos de los docu- mentos fueron robados en París. Partes fueron enviadas después a alemania y en septiembre de 1944 el resto fue enviado al este en un barco de carga. Parte de este cargamento fue descubierto dos años después en la zona británica. Fragmen- tos del material localizado en la zona soviética fueron encontrados diez años después.

casi toda la información se perdió, pero a lo lar- go de los años conseguí recuperar los ítems más importantes. uno de los problemas es que la co- lección cambia y crece continuamente. Podría- mos compararla con los anillos de Saturno, que aunque los mejores telescopios observen tres anillos definidos, el sistema se compone de miles de pequeños anillos. no son sólidos, por el con- trario, están hechos de partículas que van desde polvo cósmico hasta pedazos de iceberg del ta- maño de una casa. Se desconoce el origen de los anillos, algunos dicen que se trata de derbis de lunas desintegradas por el constante impacto de los meteoritos, otros creen que los anillos son material residual que nunca se integró en cuer- pos más grandes cuando Saturno y sus lunas se crearon.

El origen de los documentos es igualmente di- verso —fue difícil encontrarlos e incluso comenzar a buscarlos—. De hecho su búsqueda implicaba una forma de contra-búsqueda —tenía que estar abierto a lo inesperado, a las fuerzas y flujos del azar—. la razón por la cual los documentos son tan codiciados es porque escapan a cualquier cla- sificación u orden. he cuidado de ellos por años, pero ahora que mi situación se ha tornado cada vez más frágil (estoy evitando la palabra débil) no los puedo conservar por más tiempo. Estoy seguro de que serían destruidos si cayeran en las manos equivocadas y resulta demasiado peligroso guar-

El archivo, El azar y la ExtranjEría darlos juntos en el mismo lugar, es por eso que

decidí distribuirlos azarosamente entre un gran grupo de personas. Simplemente te pido guardar tu parte del trato, reconociendo la secuela de sufri- miento que los ha llevado hasta tu puerta. creo, independientemente de lo que suceda, que pode- mos incidir en el futuro. Este experimento fue he- cho para captar y preservar fuerzas generadas por el azar, y mi parte en él ha sido a través de mi pro- pia relación con el azar. En este sentido mi libertad es la libertad de todos nosotros.

Jan Huygens

Sistema de distribución a partir de la esquina izquierda del directorio tele- fónico de amsterdam.

las 985 personas que caben en ese espacio, recibieron una selección, todas las veces distinta, de los documentos de huygens junto con la carta.

Mapa de expansión del archivo en la ciudad.

Interludio: los rastros de lector

intervención en las bibliotecas públicas de Ber- lín, París y nueva york.

la biblioteca nacional de Berlín es un ejemplo paradigmático de la arquitectura modernista, dis- tribuida en diferentes niveles como plataformas flotantes, resulta fácil perderse en el espacio entre escaleras que conectan un nivel con el otro. las sa- las de lectura se mezclan con los libreros de mane- ra orgánica, borrando los límites entre catálogo, colección y lectura.

a la entrada, la gente tiene que vaciar sus bol- sos y tomar sólo lo necesario. las bolsas de plásti- co transparente disponibles a la entrada se utili- zan para cargar materiales de trabajo y objetos diversos. Esta medida de seguridad tan simple vuelve de pronto visibles las pertenencias de los

visitantes. Hay un repertorio de objetos que se pueden observar a través de estas bolsas transpa- rentes: computadoras, libros, cuadernos y una co- lección miscelánea de objetos que incluyen comi- da, teléfonos celulares, plumas, marcadores de colores, fotocopias, carteras, aspirinas, tapones de oído, lentes, etc. en las mesas, cada persona cons- truye una isla temporal, un territorio donde es po- sible detectar las estrategias de lectura. el rango varía desde constelaciones sencillas hasta infra- estructuras complejas para retener la informa- ción.

Hay una relación entre el lector y los libros, pero las bibliotecas también imponen una forma de leer, un espacio dedicado exclusivamente a esa ac- tividad donde cualquier actividad distinta se vuel- ve visible inmediatamente. en ese sentido, es fácil distraerse con libros que no están relacionados con la búsqueda original, la gente pasando o el ruido más sutil. la acumulación de material junto con la posibilidad de deambular a través de los corredo- res, acentúa la sensación de que la selección origi- nal es sólo un fragmento entre la acumulación abrumadora de información. Frecuentemente, la historia termina con una mesa cubierta de libros y una hoja de papel repleta de notas heterogéneas. la forma de habitar el espacio en una biblioteca con respecto a la lectura son actividades opuestas basadas en la diferencia entre narrativa y archivo. los catálogos organizan el mundo a partir de una lista nominal de objetos, mientras que la narrativa sigue una trayectoria de causa y efecto.

es posible trazar las distintas maneras como una biblioteca ha organizado su material a través del tiempo, sin embargo resulta más difícil seguir la historia del uso cotidiano de la misma, la crónica de sus lectores. Aparte de las bases de datos que ofre- cen un registro de los libros que cada persona ha utilizado, podríamos pensar en otra estrategia para seguir esta relación, una especie de proceso arqueo- lógico que siga los restos de la lectura, a través de los vestigios materiales de esta actividad. los libros disponibles en una biblioteca son públicos, lo que significa que distintas personas han leído la misma

copia, cada lector deja sus propios rastros y marcas: una hoja de papel para separar las páginas, una nota, un boleto de tren; estos rastros se convierten en textos sin resolver. Su descubrimiento crea un espacio intermedio, en el que excesos o residuos constituyen el registro de un evento que implica un déficit, una historia paralela, la laguna de un evento, el paso de una idea. estas interrupciones suspen- den la continua acumulación de información y nos obligan a entrar en un nuevo espacio. Por un mo- mento, el catálogo de la biblioteca y la experiencia personal de lectura se juntan.

la relación entre las bibliotecas como espacios públicos y los rastros materiales dejados por los lec- tores fue el punto de partida del proyecto Interludio, planeado como una intervención en distintas biblio- tecas públicas. en principio pude haber utilizado un procedimiento arqueológico, trazando, siguiendo y catalogando los rastros de lector encontrados en las bibliotecas; sin embargo, decidí hacer otro tipo de experimento, creando una serie de rastros de lector a la medida, que serían distribuidos en las bibliote- cas públicas en Berlín, París y nueva york. le pedí a una serie de artistas, escritores y diseñadores gráfi- cos que contribuyeran con un texto parásito, una pagina suelta que sería distribuida según sus ins- trucciones en el espacio de las bibliotecas. Cada par- ticipante era responsable de la estrategia de distri- bución de su texto, ya sea para una sección en particular, una selección de libros, una pagina espe- cifica, etc. los textos parásitos fueron impresos en una edición de dos mil ejemplares y distribuidos se- gún las instrucciones de los autores en las bibliote- cas públicas de Berlín, París y nueva york. el proyecto incluye diferentes piezas, que me permitieron, como la distribuidora oficial de los textos, explorar las bi- bliotecas, observando fenómenos que de otra ma- nera hubieran pasado desapercibidos.

Harry Mathews hizo una carta de amor para in- sertarse en los Principios de mecánica cuántica; Peter Piller seleccionó una fotografía de un archi- vo de más de 15,000 imágenes en la que se obser- va la toma aérea de una casa, para insertarse en libros en torno a arquitectura, desarrollo urbano y

el ARCHiVo, el AZAR y lA eXTRAnJeRíA fenómenos paranormales; Darío Gamboni tomó

tres notas relativas al azar, para ser distribuidas en las mesas de lectura; ian Monk utilizó una de sus notas de traducción para ser insertada en la página número 45 de distintos libros; enrique Vi- la-Matas escribió un texto acerca de un libro úni- co e irrecuperable; Manuel Raeder usó papel foto- gráfico sin exponer para marcar el cuento de Jorge luís Borges, El libro de arena; Steve Rushton escri- bió una historia adicional para Las mil y una no-

ches; Raimundas Malasaukas escribió una lista

aparentemente incoherente de agradecimientos; Paul elliman creó marcadores de libro para inser- tarse en los libros donde la criatura de Frankens- tein aprendió a leer, y por último Hubert Czerepok usó la ultima escena de la película Zabriskie Point de Michelangelo Antonioni en un protector de pantalla que se instaló en las computadoras de las bibliotecas.

Después de distribuir los insertos en las bibliote- cas, me di cuenta de que funcionaban a la inversa de las estrategias comunes de edición. en primer lugar, cada pieza es dependiente, en la medida que

está hecha para parasitar otros textos, pero al mis- mo tiempo, en el momento de colocarse en un li- bro, se vuelve única y no se puede encontrar excep- to por casualidad. este hecho pone el acento en los caminos que llevan al lector de una lectura a otra y en el azar que es responsable de estas conexiones.

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4. auDIovIsual y DIgItal:

coMunIcacIón, FrontEra y traDuccIón

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