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2 THE BASELINE SCENARIO

In document Report on Operations 2008 (Page 182-185)

En el punto anterior abordamos los distintos instrumentos de vigilancia usados para adscribir los comportamientos entre un polo positivo, la lealtad, y un polo negativo, la traición. Así, las manifestaciones de lealtad de acuerdo a los parámetros del Juarismo podían ser recompensadas, mientras que los “actos de traición” podían ser castigados. En el punto anterior destacamos la existencia de distintos tipos de controles y su carácter descentralizado. Pero esto no debe hacernos perder de vista que la decisión de castigar no estuvo descentralizada de la conducción partidaria. Antes de avanzar sobre las modalidades típicas de castigo dentro de la JP durante el Juarismo, introduciremos algunas cuestiones respecto de la función del castigo dentro de un mecanismo disciplinario como entendemos que fue el trabajo político.

Dado que la disciplina tiene por función reducir las desviaciones y encauzar comportamientos el castigo tiene una función correctiva. Más que a la violencia abierta o la represión, apela a procedimientos sutiles como el castigo físico leve, privaciones menores o pequeñas humillaciones (Foucault, 2008 [1975]:207-215).

La lealtad, con su significación particular dentro de la JP, operó como criterio de demarcación entre leales y traidores. La continuidad en el “trabajo político” para un determinado dirigente constituía una manifestación de lealtad que habitualmente era recompensada a través de designaciones, promociones y ascensos dentro de la carrera jerárquica en la administración estatal.

164 Así como los significados asociados a la lealtad fueron difusos, del mismo modo los significados relativos a la traición fueron inespecíficos. De acuerdo a los dirigentes entrevistados la acusación de traición podía recalar sobre una amplia gama de acciones, inscriptas en el orden de lo cotidiano, que iban desde la inasistencia a una reunión partidaria o a la convocatoria a una movilización, la resistencia a ceder una parte de su salario o el trabajar para otro dirigente. La variedad de situaciones comprendidas dentro de la representación juarista sobre la traición da cuenta de que la acusación de traición fue empleada entre los distintos actores partidarios como una estrategia de posicionamiento.

Del mismo modo que la lealtad solía ser recompensada a través de nombramientos y ascensos, la deslealtad solía ser sancionada apelando a la misma herramienta pero usada en el sentido contrario: la exclusión y la degradación. El empleo estatal fue empleado para recompensar y para sancionar.

“El hecho de que aquellas personas que habían conseguido un trabajo, éramos pocos los que habíamos conseguido un trabajo estable, permanente, el resto estaba con contratos, en cualquier momento y por decisión política o lo dejaba de tener o lo suspendían, sabían que tenían que estar complaciendo a su dirigente o al funcionario para el que trabajaba” (Juan, dirigente barrial de la JP).

La individualización de un militante, un referente barrial o un dirigente como desleal ponía en funcionamiento distintas modalidades de castigo.

“¿Qué medidas tomaba Pololo ante un acto desleal?

maltratarte delante de gente, quitarte el trabajo que tenías, o sea, te hacía perseguir en el trabajo, dejarte cesante, exonerarte. Ese tipo de cosas, dejarte de alguna manera sin el trabajo” (Juan, referente barrial de la JP)

Al principio señalamos que el castigo disciplinador no opera por la aplicación del suplicio físico, sino que utiliza procedimientos sutiles para generar docilidad y desarmar resistencias. Las sanciones estuvieron inscriptas en el orden de lo cotidiano. Uno de los modos de generar obediencia en la JP fue la amenaza a la continuidad laboral que, en un contexto económico de escasa demanda laboral fuera del sector público, cobra un peso determinante. Otro modo fue la amenaza de coartar la carrera jerárquica de quienes sí eran empleados de planta permanente.

“Te tenías que afiliar, era la condición necesaria para que puedas ser promovido…te querían ver en todos los actos, eso mas para las jerarquías mayores y dentro de los cuadros de oficiales menores también, tenías que ponerte la camiseta como decían en ese entonces, demostrar de que realmente estas en ese modelo, en ese grupo, te tenías

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que hacer ver, te tenías que mostrar, ir a los actos políticos, sino ya te iban marginando en las listas de ascensos” (Luis, Comisario)

El pasaje de la coerción al castigo se efectivizó bajo la forma de traslados laborales a zonas desfavorables, cesantías, exoneraciones. El carácter no corporal de estos tipos de sanciones no elimina el hecho de que estos infligían un daño a la persona que lo padece. Aunque se trata de un tipo de daño que no es físico, y que por ello carece de visibilidad, tuvo distintos efectos de desorganización de la vida cotidiana. Desde sanciones económicas como la pérdida de los medios de subsistencia, por otra parte difícil de reemplazar en una economía de las características como la santiagueña278, hasta sanciones morales como “el

desarraigo” y el “aislamiento” que un traslado podía causar. Los entrevistados describen que con estas prácticas se “desestabilizaba toda tu vida familiar como tu vida funcional”; “te mataban en vida porque vos no podías tomar ningún tipo de decisión propia”. Los dirigentes señalan que con estas sanciones se “intentaba de que vos cambies, de que entres al sistema” poniendo de relieve una faceta violenta en las prácticas partidarias del Juarismo, ya que la violencia inflige un daño que puede inscribirse a nivel físico y/o a nivel moral.

Para los referentes y los dirigentes, una acusación de traición significaba “caer en desgracia”. En este nivel, el castigo operó a través de la pérdida de atributos, como la cercanía con la conducción y el acceso a funcionarios, dependencias y recursos del Estado, que cimentaban su capacidad de “dar respuesta” a las demandas y problemas de sus redes barriales. Sin estos recursos materiales y simbólicos la degradación de su rango partidario era inminente por la pérdida de su capacidad de aglutinación y movilización de las redes barriales, cuando no se producía directamente la finalización de la carrera política.

“¿Qué acciones eran consideradas como una deslealtad?

Cuando alguien era desleal estaba aislado y completamente alejado de la posibilidad de acceso a cualquier despacho… vos estabas con el estigma de ser desleal

¿Cómo un estigma?

Claro, era un estigma. Cuando alguien no era leal, no tenías acceso a poder tener los beneficios de que se te abran los ministerios, de que se te brinden esas ayudas en las

278 Las principales actividades económicas de la provincia han sido descriptas en el Capítulo 2. Además del empleo público como hipermercados, casinos, salas de juegos, agencias de Administración de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP), medicina prepaga, etc. Otros, con menor inversión de capital, como farmacias y casas de comidas (abiertas las 24 horas y con el sistema de envíos a domicilio), telecentros y cyber cafés.

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gestiones. Si… el estigma era que yo… es como dicen: no es solamente que estás enfermo sino que sos contagioso” (Mariano, dirigente barrial de la JP).

El estigma, siguiendo a Goffman (1963), inflige un deterioro de la identidad social a partir de un defecto que puede ser físico, de carácter o heredado, por el cual una persona queda desacreditada frente al grupo. El estigmatizado suele convertirse en objeto de discriminación dado que los demás tratarán de evitar establecer contacto con él. La estigmatización de traidor producía el aislamiento a quien lo padecía y, en consecuencia, un daño a su reputación como “buen dirigente”, principal capital en el campo político (Bourdieu, 2000).

Este conjunto de controles y castigos fueron forjando un vínculo político que contribuyó a sostener la presencia territorial así como mantener permanentemente activo al partido. En el próximo capítulo abordaremos las prácticas de vigilancia y disciplinamiento en la Rama Femenina.

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En esta tesis señalamos la importancia de preguntarnos por el “cómo del poder” para observar, desde una óptica alternativa, a la política en provincias percibidas como autoritarias. Decidimos corrernos por un rato del análisis del régimen político o el tipo de liderazgo para mirar en las prácticas políticas ejercidas cotidianamente que el partido de gobierno articula para enlazar el Estado con la sociedad. Esas prácticas partidarias entendemos que pueden comprenderse a la luz de la categoría nativa “trabajo político” que comprendía conjuntos de tareas partidarias diferenciadas en función de la posición dentro del partido y de obligaciones con el partido realizado bajo un sistema de recompensas y sanciones y que era asumido por militantes, referentes y dirigentes de las redes partidarias del Juarismo. Sostenemos que el trabajo político constituyó, en términos analíticos, un mecanismo disciplinario donde la violencia institucional, traducida en prácticas de vigilancia y disciplinamiento, contribuyó a forjar el lazo político y a establecer las jerarquías dentro del PJ-Juarista. En el capítulo 4 abordamos esa dimensión, desde la perspectiva de los integrantes de la JP y, en ese contexto, avanzamos sobre las formas de vigilancia y los tipos de castigos. En este capítulo expondremos las características del “trabajo político” en la Rama Femenina (RF) y las formas en que se concretó la vigilancia y el castigo disciplinador entre sus integrantes.

Hasta hace pocos años la dirigencia del Juarismo era reticente a revelar los detalles de su trabajo político. Pero luego de la intervención federal de abril de 2004, como consecuencia de la protesta por los Crímenes de la Dársena, que removió al Juarismo del ejercicio del gobierno, los otrora actores centrales de la política provincial se encuentran

168 hoy desplazados. Esta situación y la dilución de los controles que pesaban sobre los actores partidarios, nos referimos a la temida Dirección General de Seguridad y el encarcelamiento de Musa Azar, abrió un contexto favorable para nuestra investigación. En esas condiciones pudimos reconstruir la política partidaria y las prácticas de vigilancia y disciplinamiento a partir de entrevistas en profundidad con dirigentes de primera línea de la RF y relevamos fuentes secundarias como periódicos y documentos oficiales279.

En primer lugar presentamos la inserción de la RF dentro del PJ-Juarista para avanzar luego en las características particulares del trabajo político en dicha rama. En segundo lugar, describimos las prácticas de vigilancia atendiendo a los comportamientos que eran objeto de la espía, los instrumentos de control y sus efectos. Por último, exponemos las formas típicas de castigo dentro de la RF.

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