¿Cómo es la relación con la comunidad en cuanto al abordaje de esta temática?
—Como te decía, la mayoría de nuestros estudiantes conforman la primera generación de estudiantes universitarios en sus familias. Entonces eso ya habla de una política especial, no especial, sino de una política bien definida de intervención en la comunidad; una universidad que se plantea desde su fundación tener las puertas abiertas a la comunidad en todo sentido. Entonces, sobre esta base trabajamos con muchas organizaciones, y de hecho con organiza- ciones que trabajan con personas con discapacidad, como DIM PAD con Adelma Molinari, la Fundación SUZUKI que tiene un pro- fesorado. A la vez, te contaba que en la “mesa chica” de la Comisión de Discapacidad están incluidos cuatro referentes de la comunidad. En cuanto a los cursos que brindamos siempre traba- jamos “en stereo”, adentro y afuera, esa es la modalidad.
“Desde afuera” ¿también trabajan con NANO?
—Como tenemos mucha relación con todas las ONG y guberna- mentales, colegios de la zona, es como el resultado de un proceso,
no es que los vamos a buscar para eso; es el resultado de una rela- ción, esta es la relación que tenemos.
¿Cómo se realiza la articulación con la escuela media?
—Nosotros trabajamos muchísimo con las escuelas secundarias, pero siempre como política institucional, porque obviamente son nuestros potenciales futuros estudiantes. Por ejemplo, damos cur- sos de informática a chicos de escuelas especiales de la zona. La ver- dad es que es todo un desafío si se plantea la “educación especial” así, porque es un nuevo paradigma. Las escuelas especiales hoy tienden a aislar bastante al discapacitado, me da la impresión. Estamos generando mucha “movida” en ese sentido; pero es poco a poco, poco a poco. Nosotros estamos con escuelas especiales, tra- bajamos con la de sordos y la de ciegos que hay en la zona, pero tampoco abundan escuelas. Trabajamos con la única de ciegos que hay en José C. Paz, y con la de sordos también. Entonces es muy difícil que no vengan, y de hecho si ven alguno nos van a pedir ayuda.
¿La inclusión es un trabajo bien “artesanal”?
—Hay que hacer así, poco a poco, uno tiene que empezar a sensi- bilizar e instalar las cuestiones en la agenda, pero “de prepo” no. Nosotros estábamos poniéndolo en la agenda y costaba, hasta que empezaron a estar los chicos en el aula; ahí venían: “Estamos desesperados, ¿qué hacemos?”, y bueno, nadie tiene las respuestas porque en realidad estamos muy acostumbrados a que nos den res- puestas enlatadas. “¿Qué hacemos? Bueno, esto es así…, el currí- culo es este…, el mecanismo es este…”, y con la discapacidad no es así; entonces esto que formulas y planteas en cada situación, en cada cuestión, es lo que cuesta. Lleva mucho tiempo, pero me pare- ce que estamos avanzando bastante. Hubo capacitaciones en Braille, en “Jaws”, guías para el Museo que está en Biblioteca, todo lo que podemos traer… Vino gente de otras universidades, que tra- bajan mucho en la cuestión.
¿Ustedes forman parte de la Red Interuniversitaria que se reunió en abril?
—Sí, sí, de Derechos Humanos y Discapacidad, sí. Esto ha sido im -
pulsado desde el Ministerio a través de la Secretaría de Políticas Universitarias, a la gestión del CIN que consolidó a la REdBien y a la comisión de discapacidad.
Y desde el marco de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, ¿notás que hubo un cambio? ¿Que favoreció a todo esto?
—No tengo idea. Digamos, sí tengo idea de lo que es la Con - vención, yo hice la calificación, hice todo porque en realidad yo no soy una entendida de esto, como yo planifico políticas tengo que conocer; y con el marco de la Convención digo: si en educación superior necesitamos tener este marco para ava- lar los programas, estamos en problemas. ¿Por qué? Porque somos una institución que es inclusiva, que tenemos una Comisión de Derechos Hu manos, entonces la verdad es que estaríamos en problemas. La Convención no fue algo… porque eso no estuvo en discusión; la persona como persona, sea la que fuere, tiene derecho a tener educación pública y gratuita, eso no está en discusión. La cuestión, el desafío era: cómo garantizábamos primero el ingreso y el avance, y queremos que se reciba.
¿Cuáles pensás que serían los desafíos más grandes que les espe- ran de aquí en adelante?
—Me parece que la discapacidad presenta un desafío diario con cada cosa que se presenta… Podes tener un plan estratégico, pero siempre está sujeto a la revisión, porque “discapacidad” son per- sonas, tenés que ir revisando cada caso y revisar tu propia prác- tica, porque son actores distintos. Y el desafío es no perder el habla y la escucha, pero entre los decisores sobre todo. El desa- fío fundamental es rever la propia práctica cotidianamente y escucharnos, estar atentos para poder planificar, diseñar, imple- mentar políticas lo más cerca posible de las necesidades, porque si no nos alejamos mucho y tenemos un problema, porque es
muy difícil desandar en algunos temas, es muy difícil. “Charlémoslo, nada está dicho”, “Charlemos entre todos porque a todos se les puede ocurrir algo, todos tenemos sentido común…”; si todos estamos “parados en la misma baldosa” de la igualdad de oportunidades, me parece que no tendría que haber discusión que no nos deje “hacer”. Me parece que ese es el desa- fío, no perder la “charla”.