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A Basic course for MSW Students: “Holistic Practice in an Era of Mass

está necesitado, porque los bienes se reparten entre toda la población, sea cual sea el número; pero entonces, al ser indivisible la propiedad 209, es forzoso que el exceso de

12 población, sea más o menos cuantioso, no tenga nada. Se

podría suponer que es necesario limitar la procreae ión más que la propiedad, de modo que no se engendren más de cierto número, y establecer éste atendiendo a las eventuali­ dades 210 de que mueran algunos de los nacidos 13 y a la infecundidad de otros. El dejar de lado esto, como

ocurre en la mayoría de las ciudades, ílega a ser forzosa­ mente causa de pobreza para los ciudadanos, y la pobreza engendra sediciones y crímenes. Fidón de Corinto 2n, uno de los más antiguos legisladores, creyó que las casas y el número de ciudadanos debían permanecer iguales, aunque

207 Platón considera también la posibilidad de que el exceso de pobla­

ción salga al extranjero y funde una colonia: cf. L eyes V 740d-e; XI

923d; V 736a. Político 293d.

208 No parece que es esta la razón que da Platón.

209 La propiedad no se puede dividir ni por testamento, cf. Leyes

V 740b; ni por venta, 741b; ni de otra manera, 742c; ni por el Estado, IX 855a ss.; 856d-e; X 909c ss.

210 Aristóteles piensa en la posibilidad de las estadísticas demográfi­ cas. Respecto a las eventualidades de muerte e infecundidad también Pla­ tón piensa en ellas; cf. L eyes V 740c-e.

211 Fidón de Corinto, probablemente el mismo que el tirano de Argos

(cf. infra, V 10, 1310b26), fijó el número de propiedades iguales y el

de los ciudadanos, pero no se preocupó de la igualdad de los lotes. En cambio, Platón en las L eyes implanta la igualdad de bienes y fija el nú­ mero de familias, pero no fija el número de ciudadanos.

al principio todos tenían lotes de tierra desiguales en exten­ sión. Y en las Leyes ocurre lo contrario. Pero sobre estas 1 4 cuestiones, de qué modo nos parece mejor, lo diremos des-

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pues .

También se ha omitido en las Leyes en qué han de dis­ tinguirse los gobernantes y los gobernados. Pues dice 213 sólo que, como la relación de la urdimbre a la trama, he­ cha de distinta lana, así también debe ser la de los gober­ nantes con los gobernados. Puesto que permite que la ha- 1 5

cienda entera aumente hasta quintuplicarse 214, ¿por qué no había de ser lo mismo con la tierra hasta un cierto límite?

También hay que examinar la división de las casas, por si no conviene a la administración doméstica, pues asignó a cada uno dos edificios, en lugares separados, y es difícil habitar dos casas.

El sistema, en su conjunto, no quiere ser ni una demo- ie cracia ni una oligarquía, sino un término medio entre am­ bas, al que llaman «república» 215, pues es el régimen de los que tienen armas pesadas. Si establece este régimen co­ mo el más asequible a las demás ciudades, quizá lo ha pro­ puesto bien; pero si lo considera como el mejor después del de la República no lo ha hecho bien. Tal vez alguien

212 Cf. infra, VII 10, 1330a2-23; VII 16, 1335M9-26.

213 Sobre lo que dice Sócrates, véase P l a t ó n , L e y e s V 734e. 214 Véase la misma referencia al quíntuplo infra, II 7, 1266b5 ss. Y P l a t ó n , L e y e s V, 744e.

215 El término república recoge el griego p o lile ta . Aristóteles critica la constitución de las L e y e s de Platón y describe ese régimen mixto como el mejor para los estados, y la constitución de Esparta es un ejemplo vivo; cf. infra, IV 9, 1294bl8 ss. En e! presente pasaje, en cambio, Aris­ tóteles distingue entre la constitución esparciata y la p o lite ía . Los que tienen armas pesadas son los soldados hoplitas que llevaban casco, cora­ za, grebas, escudo, lanza, espada y puñal; todo ello pesaba unos treinta y cinco kilogramos.

podría alabar el de los lacedemonios o incluso algún otro 17 más aristocrático. Algunos dicen 216 que el mejor gobier­ no debe ser una mezcla de todos los regímenes, y por eso elogian el de los lacedemonios. Éstos dicen que es una mez­ cla de oligarquía, monarquia y democracia; la realeza, se­ gún ellos, es la monarquía, el gobierno de los ancianos la oligarquía, y que se gobiernan democráticamente bajo el de los éforos, ya que éstos se eligen del pueblo 217. Se­ gún otros, el eforado es una tiranía, y el gobierno demo­ crático está representado en las comidas en común y en

1266a el resto de la vida cotidiana.

18 En las Leyes se ha dicho que es necesario que el régi­

men mejor se componga de democracia y de tiranía 218, las cuales o no pueden considerarse en absoluto como regí­ menes de gobierno, o como los peores de todos. Opinan mejor los que mezclan más; pues el régimen compuesto de más elementos es mejor 219.

En segundo lugar, ese régimen es evidente que no tiene ningún elemento monárquico, sino oligárquicos y demo­ cráticos, y tiende a inclinarse más hacia la oligarquía. 19 Esto se ve claro por el modo de nombrar los magistrados.

216 Unos, que no participan de la opinión de Aristóteles, consideran elementos de la constitución esparciata la monarquía, la oligarquía y la democracia. Otros añaden un cuarto elemento, la tiranía. En la constitu­ ción de Esparta, Aristóteles ve una república, infra, IV 9, 1294bl6; una aristocracia en V 7, 1306b29, y una monarquía en V 11, 1313a25 ss.

217 Sobre el pueblo de Lacedemonia, cf. infra, II 9, 1270b8 ss.; IV 9, 1294b29 ss.

218 Cf. infra, IV 8, 1293b28; IV 2, 1289b2.

219 Una aristocracia, como la de Esparta, que combina tres elemen­ tos, riqueza, libertad y virtud, es superior a una república, como la de las Leyes, que combina dos, riqueza y libertad. Cf. infra, IV 8, 1294al5; V 7, 1307a7 ss.

El hecho de que sean sorteados de entre los ya elegidos 220 es común a muchos sistemas, pero el que sea obligatorio para los más ricos asistir a la asamblea, elegir a los ma­ gistrados o intervenir en cualquier otro asunto político, mientras los demás quedan exentos, eso es oligárquico, así como procurar que sean más numerosos 221 los ma­ gistrados procedentes de las clases ricas, y que las magis­ traturas más altas estén desempeñadas por los mayores tributarios 222. Incluso la elección de los consejeros la hace 20

oligárquica 223: todos toman parte en la elección obliga­ toriamente, cuando se trata de elegir entre los ciudada­ nos de la primera clase; luego otros tantos de la segun­ da, y después de la tercera. Pero el voto no es obligatorio para todos cuando se trata de los de tercera y cuarta clase, y en la elección de ciudadanos de la cuarta clase el voto sólo es obligatorio para los de primera y segunda. Y después dice que debe elegirse un número igual de 21

cada clase. Así que serán más y mejores los magistrados

220 El echar a suertes para nombrar a los magistrados es democrático, el voto es oligárquico; éste tiene lugar para la elección del Consejo, de los astínomos y de los presidentes de los juegos; cf. P l a t ó n , L e y e s VI 756b-c; VI 763d ss.; 765b-d. Platón no habla de la presencia obligatoria más que para las primeras clases, L e y e s VI 764a (cf. infra IV 13, 1297al7 ss.).

221 Pertenecen a la primera y segunda clase los astínomos y agoráno- mos (cf. Leyes VI 763d-e). El maestro principal de la educación es elegi­ do entre los guardianes de las leyes (cf. VI 766b). Y véase sobre el Conse­

jo Nocturno: L eyes XII 951d-e.

222 Cf. P l a t ó n , L eyes VII 753b ss.; 755b ss.

223 C f . P l a t ó n , L eyes VI 7 5 6 b - c . E l p a s a j e q u e s i g u e t i e n e t a m b i é n o t r a s i n t e r p r e t a c i o n e s , c o n e l f i n d e p o n e r d e a c u e r d o e l t e x t o d e A r i s t ó ­ te le s c o n l a d e s c r i p c i ó n q u e d a P l a t ó n . C f . A r i s t o t e , Politique [ t r a d . J e a n A u b o n n e t ] , P a r í s , 1 9 6 8 , l i b r o s I, II, p á g . 6 8 y n o t a 1, y M. L. N e w m a n , The P olitics o f A ristotle, O x f o r d , 1 8 8 7 - 1 9 0 2 .

procedentes de los mayores tributarios 224, porque algunos de las clases populares, al no ser obligatorio, no votarán.

22 Así pues, que tal régimen no debe componerse de de­

mocracia y monarquía parece evidente por estas razones y por las que diremos después 225, cuando nos proponga­ mos el examen de tal régimen. Además, tiene un riesgo elegir los magistrados entre ciudadanos ya elegidos, pues si algunos, aunque sean pocos, quieren ponerse de acuer­ do, siempre se hará la elección según su voluntad. Esta es la manera en que se presenta el régimen propuesto en

Existen también algunos otros regíme­ nes. Unos propuestos por particulares; otros, por filósofos y políticos, pero to­ dos son más próximos a los establecidos y a los actualmente en vigor que esos dos examinados. Ningún otro 226 ha hecho innovaciones sobre la comunidad de mujeres e hijos, ni sobre comidas en co­ mún para las mujeres, sino que comienzan más bien por las necesidades ordinarias.

2 A algunos les parece que lo más importante es regular

bien lo relacionado con la propiedad, pues dicen que todas las revueltas civiles se producen en torno a ella. Por eso Faleas de Calcedonia 227 fue el primero que introdujo esta

224 Los ciudadanos más respetables son los que toman más interés en la vida política. Así este modo oligárquico contiene elementos aristo­ cráticos. Cf. infra, III 13, 1283a36.

225 Cf. infra, IV 7, 1293a35 hasta IV 9, 1294b39; IV 12, 1296b34-38; 12, 1297a7 hasta 13, 1297b38.

226 Cf. supra, II 12, 1274b9.

227 Faleas, contemporáneo de Platón fue el primero en introducir esta legislación para evitar revueltas civiles. Otros anteriores a Faleas, como Fidón de Corinto, ya se habían ocupado de regular la propiedad; cf. supra, II 6, 1265M2; e infra, 7, 1266bl6. las Leyes. Otras teorías políticas: Faleas de Calcedonia

cuestión, al decir que las posesiones de los ciudadanos de­ ben ser iguales. Y creía que esto no era difícil de hacer i266b3 en las ciudades en el momento de su fundación. En las ya establecidas era más laborioso; sin embargo, muy pron­ to podrían igualarse si los ricos dieran dotes 228 y no las recibieran, y los pobres no las dieran y sí las recibieran. Platón, al escribir las Leyes pensaba que se debía permitir 4 la propiedad hasta un cierto límite, pero eso no daría la posibilidad a ningún ciudadano de tener más del quíntuplo del mínimo fijado, como se ha dicho antes 229.

Pero no deben omitir los que así legislan una cuestión 5 que de hecho olvidan 230: que al fijar la cantidad de la propiedad conviene también fijar el número de hijos. Pues si el número de hijos sobrepasase la magnitud de la propie­ dad, será forzoso anular la ley, y, aparte de esta anula­ ción, es malo que muchos ciudadanos pasen de ricos a po­ bres; pues es difícil que tales no sean revolucionarios.

Así pues, la igualdad de la propiedad tiene una eviden- 6 te influencia en la comunidad política, y algunos de los antiguos parecen haberlo reconocido. Por ejemplo, Solón 231 lo estableció en su legislación, y en otras partes 232 existe una ley que prohíbe adquirir toda la tierra que uno quiera. Igualmente, las leyes prohíben vender la hacienda, como

228 Platón suprime las dotes totalmente en L eyes V 742c; VI 774c.

229 Cf. supra, II 6, 1265b21-23.

230 Cf. supra, II 6, 1265a38-bl6.

231 Según algunos, se refiere a la anulación de las hipotecas y de la seisákhtheia, descarga de deudas. Véase A r i s t ó t e l e s , Constitución de los atenienses [trad. M. G a r c í a V a l d é s ] , B. C. G . , 70, Madrid, 1984, pág. 64 y nota 31 a pie de página.

232 Parece que hubo leyes de esta clase en Turios (cf. infra, Y 7,

1307 a 29 ss.), y en Élide (cf. VI 4, 1319a6 ss.), y en Afitis (cf. VI

4, 1319a6 ss.). Los locrios a los que se refiere a continuación son los

entre los locrios hay la ley de no vender, a no ser que se demuestre que ha ocurrido una desgracia manifiesta; 7 y también está legislado conservar los antiguos lotes de

tierra.

La abrogación de esta ley en Léucade 233 hizo su régi­ men político demasiado democrático, pues sucedía que el acceso a las magistraturas, ya no era a partir de una deter­ minada tributación.

Por otra parte es posible que exista la igualdad de la propiedad y que ésta sea demasiado abundante, de modo que se viva en la molicie, o bien demasiado escasa de suerte que se viva penosamente. Es evidente, por tan­ to, que no es suficiente que el legislador establezca la igualdad de la propiedad, si no apunta como objetivo 8 a un término medio. Y aun cuando se estableciera para

todos una propiedad moderada, no serviría para nada, por­ que es más necesario igualar las ambiciones 234 que la pro­ piedad, y eso no es posible si no se da por medio de las leyes una educación suficiente. Quizá replicaría Faleas que eso es precisamente lo que él dice; cree, en efecto, que en las ciudades debe existir la igualdad en esas dos 9 cosas: la propiedad y la educación 235. Pero es preciso decir

cuál será la educación, y el que sea una y la misma de nada sirve. Es posible que sea una y la misma, pero que sea tal que de ella surjan hombres predispuestos a ser am­ biciosos de riquezas u honores, o ambas cosas.

233 Léucade, colonia de Corinto, fue fundada en el s. vn en la costa de Acarnania, en la parte occidental de Grecia.

234 Cf. P l a t ó n , Leyes V 736e; 742e.

235 Esta misma igualdad de formación se encuentra en Esparta; cf. infra, IV 9, 1294b21. Concuerda con Faleas en este tema; véase itifra, VIII 1, 1337a21 ss.

Además, las sublevaciones se producen no sólo por la 10 desigualdad de la propiedad, sino también por la de los honores, y en un sentido opuesto en uno y otro caso: las masas se sublevan por la desigualdad de las propiedades, 1207a

y las clases distinguidas por los honores, si son igualados; de ahí el verso:

En una misma estimación el noble y el plebeyo 236.

Los hombres no sólo delinquen por las cosas necesarias 11

—cuyo remedio cree Faleas que es la igualdad de la pro­ piedad, de modo que no se robe por pasar frío o hambre—, sino también para gozar y saciar sus deseos. Si sus deseos van más allá de lo necesario, para su apaciguamiento delinquirán. Y no sólo por este motivo, sino también, 12

siempre que lo deseen, para gozar de los placeres sin dolores 237.

¿Cuál es el remedio para estos tres males? Para uno, una propiedad pequeña y una ocupación; para otro, tem­ planza; en cuanto al tercero, si algunos quisieran disfru­ tar por sí mismos, no buscarían remedio sino en la filoso­ fía, pues los demás placeres necesitan de otras personas. Los mayores delitos se cometen a causa de los excesos y 13

no por las cosas necesarias. Por ejemplo, los hombres no se hacen tiranos para no pasar frío 238. Y por eso los gran­ des honores se dan al que mata no a un ladrón sino a

236 Cf. Ho m e r o, Ilíada IX 319.

237 Pasaje que tiene varias correcciones en su tradición textual y da lugar a diversas interpretaciones que intentan hacerlo compatible con otros textos de Aristóteles en donde dice que los placeres sin dolor no son

acompañados de deseo. Cf. Ética a Nicómaco VII 13, 1152b36; III 14,

1119a4. Ética a Eudem o II 10, 1225b30.

238 Cf. Ar i s t ó t e l e s, Ética a Nicóm aco V 10, 1134b7.

un tirano 239. De modo que el tipo de gobierno de Faleas es sólo una ayuda contra las pequeñas injusticias.

14 Además, quiere disponer numerosas medidas, con las

que se asegure el buen gobierno de la ciudad en el interior, pero hay que considerar también las relaciones con los ve­ cinos y con todos los extranjeros. En consecuencia, es ne­ cesario organizar el régimen en cuanto a su fuerza militar, 15 de la que Faleas nada ha dicho. Igualmente también res­ pecto de la riqueza: no sólo debe ser suficiente para las necesidades de la ciudad, sino también para los peligros del exterior. Por eso ni conviene que sea tan grande que los vecinos más poderosos la codicien y los que la poseen no puedan rechazar a los agresores, ni tan pequeña que no puedan sostener una guerra contra un enemigo igual ' 16 o semejante. Aquel, ciertamente, no ha definido nada de

esto, pero no debe olvidarse que conviene cierta abundan­ cia de riqueza. Quizá el mejor límite sea que los más fuer­ tes no saquen provecho en hacer una guerra a causa del exceso de riqueza, sino que sea tal que no puedan hacerla. 17 Así, Eubulo 24°, cuando Autofrádates iba a asediar Atar-

neo, le aconsejó que, considerando el tiempo necesario pa­ ra tomar la plaza, calculase el gasto durante ese tiempo. Pues estaba dispuesto a dejarle Atarneo si le pagaba una

239 Se está refiriendo, sin duda, a los honores que los atenienses tri­ butaban a Harmodio y a Aristogitón, que asesinaron al tirano Hiparco, hijo de Pisístrato.

240 Eubulo era tirano de Atarneo y Aso, ciudades situadas en la costa de Asia Menor, frente a la isla de Lesbos. Autofrádates, general del rey persa, sitió Atarneo probáblemente en 359 a. C., en una campaña em­ prendida contra Artabazo, sátrapa de Frigia que se había sublevado con­ tra el rey. Aristóteles conocía bien esta zona y sus circunstancias históri­ cas; estuvo en Asos después de 347 como huésped del sucesor de Eubulo, Hermías, con cuya hermana se casó.

cantidad menor. Estas palabras hicieron que Autofrádates reflexionara y abandonara el asedio.

Es, desde luego, una medida conveniente que sean igua- 18

les las propiedades de los ciudadanos para que no haya revueltas entre unos y otros, pero no tiene gran importan­ cia, por así decir. De hecho, los nobles se indignarían pen­ sando que no es justo que fueran iguales 241, y por ello se les ve muchas veces en ataques y rebeliones. Además, m7b 19

la ambición de los hombres es insaciable: al principio bas­ ta con dos óbolos 242, pero cuando esto es ya una costum­ bre establecida, siempre necesitan más, hasta el infinito, porque la naturaleza del deseo no conoce límites, y la ma­ yor parte de los hombres viven para colmarla.

El principio de la reforma consiste, más que en igualar 20

las haciendas, en formar a los ciudadanos naturalmente superiores, de tal modo que no quieran obtener más, y a las clases bajas para que no puedan, es decir, que sean inferiores pero sin injusticia.

Tampoco ha hablado bien de la igualdad de la propie- 21

dad, pues sólo iguala la propiedad de la tierra, y existe también una riqueza de esclavos, ganados, dinero y la abun­ dante provisión de los llamados bienes muebles 243. Por tanto, hay que buscar la igualdad o una medida moderada

241 Cf. infra, III 13, 1284a9, y Tu c í d i d e s, VIII 89, 4.

242 Se trata de una circunstancia histórica muy concreta de Atenas del s. v a. C. El gobierno de Ja ciudad concedía, a expensas del teórico,

a cada ciudadano que lo pedía, dos óbolos para poder asistir a las repre­ sentaciones públicas. Cf. Ar i s t ó t e l e s, Constitución d e los atenienses [trad. M. G a r c í a V a l d é s ] , B. C. G . , 70, Madrid, 1984, pág. 157 y nota 379

a pie de página, para el th eorikón , «fondo público», para subvencionar

a los ciudadanos pobres.

243 Cf. Ar i s t ó t e l e s, R etó rica , I 5, 1361al2. Je n o f o n t e, E c o n ó m ico s

22 de todas estas cosas, o bien dejarlo ir todo. Es evidente,

a partir de esta legislación, que Faleas organiza una ciudad pequeña, si todos los artesanos 244 han de ser esclavos pú­ blicos, en vez de constituir un complemento de la ciudad 245. 23 Pero si han de ser esclavos de la ciudad los que trabajan

en obras públicas, deben serlo como en Epidamo 246 y de la forma en que Diofanto 247 dispuso en una ocasión en Atenas. Sobre el régimen político de Faleas, a partir de estas consideraciones, se podrá juzgar sin demasiada difi­ cultad si tuvo errores o aciertos en lo propuesto.

8 Hipodamo M8, hijo de Eurifonte, de

Mileto (que inventó el trazado de las ciu- E l régim en p o lític o dades y diseñó los planos del Pireo, mos-

d e H ip o d a m o trándose en todo lo demás de su vida en d e M ile to . . . . , ,. ..

L a in m u ta b ilid a d exceso original p o r a fa n de distinguirse,

d e las leyes hasta el punto de que algunos considera­ ban que vivía de una manera demasiado afectada con sus cabellos largos y sus lujosos adornos, y

244 Sobre la consideración de los artesanos, cf. in fra III 5 , 1278a6