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Los textos de Sierra, de Darío, de Carlos Reyles, marcan una asunción franca de la nueva sociedad en curso, opuesta a la "mentalidad tradicionalista" de un patriciado sostenido por la renta de los campos y no por las riquezas muebles del comercio y las finanzas, reconociendo el

trasfondo democrático de la sociedad burguesa respecto

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al viejo modelo aristocrático y también el materialismo y

la sensualidad de la nueva cosmovisión. De hecho es la asunción del impulso universalista que había desencade- nado

las

crudas_apetencias latinoamericanas y que tanto al sector intelectual (de .clase· media) comp al obrero de las ciudades acarreaba beneficios, por desmedrados que fueran con relación a los que alcanzaban los capitanes del comercio y la industria, los especuladores de las rentas públicas y de las tierras y servicios urbanos.

Este universalismo es el que acarrea la tarea exegética sobre los innumerables "textos" procedentes de la cultu­ ra occidental, ejerciendo la que Nietzsche había designa­ do como la tarea "interpretativa" capaz de anegarlos, uni­ ficarlos y absorberlos. La interpretación era, para Nietzs­ che, una perspectiva histórica, ya que se producía a causa de un desplazamiento temporal; para los americanos será, además, una perspectiva geográfico-cultural, pues se pro­ duce desde un desplazamiento en el espacio dentro de una conformación cultural que, aunque derivada de la eu-

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ropea, ya.no es asimilable a ella. Por eso la exégesis recla­ ma dos tipos de operaciones: unas están dirigidas a procu­ rar una solución sincrética a la pluralidad, cuando no a la contradicción, de los mensajes recibidos, que abarcan milenios de historia y decenas de culturas distintas; otras se orientarán a la inserción, dentro de ese cúmulo de mensajes, de los propios escritores, sus concepciones y sus cosmovisiones, y también de las culturas en las que se formaron dentro de las plurales áreas latinoamericanas. Mediante el sincretismo y mediante la reinserción de lo peculiar americano, se trata de componer la vasta inter­ pretación que sea capaz de sustituir al texto originario, aunque sin perder sus contactos con él.

La doble operación ya había sido acometida por los in­ mediatos antecesores, los neoclásicos y los románticos, de manera que el campo había sido desbrozado. Sin em­ bargo éstos, sobre todo los últimos, resolvieron la segun­ da de las operaciones, (la inserción de la peculiar confor­ mación cultural latinoamericana dentro del discurso in­ telectual europeo) mediante una solución contenidista que no escondía su neocolonialismo: debía recurriese a asuntos locales,

tal

como lo expuso Ignacio Altamirano en su teoría nacionalista. Los resultados fueron curiosa­ mente paradojalés: quizás el mejor exponente de esta concepción nacionalista fue Sarmiento, quien construyó una obra monumental sobre la concreta realidad argenti­ na, la que convivió con pasión. Sin embargo, ideológica­ mente fue el más europeísta de los grandes escritores del XIX, por su manejo de esquemas intelectuales copiados fervorosamente de los franceses o norteamericanos.

Respecto a sus antecesores románticos, los escritores modernistas fueron más sofisticados y también más ave­ zados comediantes, debido.a que pertenecían a un movi­ miento democratizador en sociedades que se incorpora­ ban a la economía-mundo activamente. Como atestiguan los textos citados de Sierra y Darío, reconocieron que en las nuevas fuerzas que animaban la modernización, parti­ cipaban diversos estratos a los que mancomunaba el em-

puje progresista: los modelos de la nueva burguesía, que ejercía la dominación, impregnaban, como era previsi­ ble, a los estratos que participaban de

la

transformación. Los intelectuales modernizados fueron parte del movi­ miento democratizador por diversas causas: por sus orí­ genes en la baja clase media, por

las

mayores posibilida­ des que les ofrecía el cambio económico, por sus expe­ riencias vitales, por el acceso que les dio a la información internacional, por su propio trabajo que comenzó a ser el de profesionales en un mercado económico en expan­ sión.

En su meditación sobre el comediante como prototipo de "la concepción peligrosa del artista" en la modernidad, persuadido de que "el literato es esencialmente come­ diante", Nietzsche observó que esos rasgos definitorios preferentemente procedían de la por él desdeñada plebe. La situación social comprimida en que vivía, generaba formas de comportamiento duales y astutas mediante las cuales podía sobrevivir y deslizarse entre la hostilidad, para alcanzar sus fines. Ya la literatura del "iluminismo" a través de Le Sage, Goldoni, Marivaux, Diderot y finalmen­ te Beaumarchais, había examinado el sagaz comporta­ miento de los criados en una sociedad todavía aristocráti­ ca, pero Nietzsche habla cuando se ha producido el triun­ fo burgués, generando una sociedad abierta que en Amé­ rica resultó más ostensible que en la propia Europa. Nin­ guno como él vio que esa larga tradición, en que estaba el bufón o el loco prerrenacentista de que habla Bakhtime, o la "figura del donaire" de la comedia renacentista, o los criados de la "comedia del arte", podía conducir a la gé­ nesis del artista moderno. La asimilación la estableció te­ niendo en cuenta la analogía de los instintos de �sos di­ versos modelos y sus lazos con las ciases oprimidas de la sociedad:

Tales instintos se desarrollan más fácilmente en las fa­ milias de las clases bajas, que, por imperio del azar, en una dependencia estrecha, atravesarían penosamente

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su existencia; se vieron obligadas a acomodarse a lo in­ cómodo, a plegarse a las circunstancias siempre n�e­

vas, a mostrarse y a presentarse de otro modo que

eran, las que acabaron, poco a poco, por saber suspen­ der su manto de todos los vientos, haciéndose así casi idénticos a ese manto, habiéndose hecho maestras en el arte, íiSimilado e inveterado desde entonces a un eterno juego de escondite, que se llama "mimicry" en­ tre los animales; hasta que para terminar, ese poder, acumulado de generación en generación, se hace des­ pótico, arbitrario, aprende, en cuanto individuo, a mandar a los otros y a engendrar al comediante, al "ar­ tista" (primero el bufón, el charlatán, el arlequín, el loco, el "clown" y también el doméstico clásico, el Gil Bias, pues semejantes tipos son lOs precursores del ar­ tista y, a veces, del "genio"). 1

Es una definición de la sociedad burguesa triunfante

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