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4. El ritmo apropiado de alimentación.

Las investigaciones llevadas a cabo durante varios años por F. Martínez y sus colaboradores, y que integró a un grupo multidisciplinario formado por psicólogos, pedagogos, pediatras, fisiólogos, nutriólogos, trabajadores sociales, higienistas escolares, educadores, dietistas, entre otros, permitieron fundamentar de manera científica la concepción y elaboración del horario de vida en los niños de la primera infancia, con respecto a las necesidades orgánicas, funcionales y psicológicas del régimen de vida de estos, desde el nacimiento hasta los seis años.

Los datos de esta compleja investigación respecto a los niños de la edad temprana, se reflejan en la tabla siguiente, y señala las necesidades, períodos y frecuencia del sueño, la vigilia y la alimentación en esta etapa del desarrollo, los cuales sirven de fundamento para la posterior elaboración de los horarios de vida.

Elaborar los horarios de vida es una tarea complicada y laboriosa, donde hay que tomar en cuenta numerosos factores, sobre todo cuando estos horarios se refieren al centro infantil, y particularmente a la edad temprana.

El horario o régimen de vida constituye el eje central de toda la organización del centro infantil, a partir de la cual se estructura el resto de las acciones que lleva a cabo el centro en el desempeño de su función educativa. Desafortunadamente en ocasiones, la vida de los niños se organiza y supedita, no a partir de sus propios regímenes de vida, sino de la del centro y las posibilidades de distribución del personal que labora en el mismo, técnico y de servicios, lo cual aunque se haga con la mejor de las intenciones, siempre va a traer problemas para la adecuada organización de la vida de los niños y la apropiada satisfacción

Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-WAECE). www.waece.org 62 de sus necesidades básicas, con sus consecuentes perjuicios a la salud y el bienestar psíquico de los pequeños.

Cuando se vulnera o incumple el horario de vida de los niños ello provoca la perturbación de su actividad nerviosa superior, la tensión en los procesos de excitación e inhibición y, como consecuencia, alteraciones en la conducta del niño, que a veces pueden ser realmente graves. No es raro encontrar que muchas de las problemáticas que se presentan en los niños en las edades tempranas radican en una organización deficiente de su régimen de vida, dificultades que se suelen achacar a alteraciones psicológicas en el proceso de asimilación de los conocimientos, cuando en realidad son provocadas por un horario de vida desacertado.

Este horario de vida, como ya se conoce, propicia las condiciones favorables para el desarrollo psíquico, la estabilidad emocional del niño, y sirve de base para la adecuada realización del proceso educativo.

Claro está que el régimen de vida, por sí solo, no garantiza la estabilidad psíquica y emocional del niño, pero constituye una base inicial indispensable para garantizar todo el proceso educativo posterior, al propiciar que el organismo del menor permanezca establemente dispuesto y preparado de manera armónica en el plano interno, para la acción de los factores educativos externos, y en los que el juego, la correcta y amplia utilización del uso de las áreas exteriores del centro, las actividades pedagógicas motivadoras y significativas, entre tanto otros aspectos, colaboran al bienestar emocional de los niños y niñas.

Tomando en cuenta los tipos de actividad nerviosa superior y la capacidad de rendimiento intelectual, un buen régimen de vida posibilita que los procesos corticales en la actividad analítico-sintética del cerebro, la capacidad de resistencia de las neuronas, el tránsito y movilidad de estos procesos, y su fuerza, funcionen de manera apropiada, lo que garantiza una actividad psíquica, motora y funcional, adecuada de los niños.

Es de señalar, y según se observa en la tabla, que los horarios de vida guardan una estrecha interrelación con la edad, porque la satisfacción de las necesidades básicas no es igual en cada momento del desarrollo. En esto también intervienen los factores culturales y geográficos, que pueden determinar variaciones en los horarios de acuerdo con los hábitos y costumbres, el clima, las posibilidades de satisfacer estas necesidades, entre otros factores. No obstante, el organismo infantil, el desarrollo físico y psíquico del niño, es semejante en todas las latitudes, en las condiciones propias de un determinado desarrollo social, y hace que, independientemente de las variaciones, todos los niños del mundo en estas edades tengan las mismas necesidades básicas fundamentales, y requieran niveles de alimentación, sueño y vigilia similares, lo que posibilita que los estudios sobre régimen de vida, en sus conclusiones generales, sean aplicables a todos los niños de estas edades.

La aplicación adecuada del horario de vida de los niños en el centro infantil reviste una importancia particular, pues toda la labor del centro ha de organizarse sobre su base. Ello

Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-WAECE). www.waece.org 63 obliga a coordinar, a partir de estos horarios, todas las acciones organizativas y docente- educativas, a los cuales las mismas se supeditan. Las singularidades de la edad temprana, dentro de las particularidades de la primera infancia, en la que en breve tiempo se dan grandes transformaciones y cambios en el desarrollo de los niños, hace que varíen consecuentemente sus necesidades de sueño, alimentación y vigilia, tal como se destaca en la tabla ya señalada. Así, dentro de un mismo año de vida, como sucede en el período del lactante, existen cuatro horarios de vida de acuerdo con su devenir cronológico, y en el grupo del segundo año, los niños de uno a dos años, hay dos regímenes de vida, por no ser iguales las necesidades de los parvulitos del año al año y medio, que los de aquellos de los 18 a los 24 meses. Como ejemplo de esta variación se reflejan a continuación tres horarios bien diferenciados entre sí en los grupos de la edad temprana: