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El ser humano en su actividad cotidiana dedica tiempo a diversas ac- tividades, entre ellas el ocio y la recreación y este tiempo denominado libre se complementa con su actividad principal. Para el caso de la/el niña/o hay etapas esenciales en su desarrollo psíquico, donde el juego tiene un rol no solo de aporte a sus cognitivos, sino psicosociales y de aprendizaje cultural, y en estos procesos aparece más de una vez la es- trecha dependencia con respecto al medio, cualquiera que sea la pers- pectiva desde la que se mira, el juego del niño está en relación directa con la sociedad. Para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura – UNESCO (1990) la presencia o ausencia de la madre, la organización familiar, las condiciones de vida y de hábitat, el medio ambiente y los medios de subsistencia influyen

directamente sobre las prácticas lúdicas que no pueden desarrollarse cuando la situación del niño es desfavorable.

En ese sentido los espacios para las prácticas lúdicas deben ser consideradas desde un enfoque de diseño universal, donde no predo- mine la exclusión y la segregación es decir, brindar condiciones para un determinado tipo de personas, por lo tanto, los espacios para la práctica lúdica deben estar pensados para un universo. La práctica lúdica no solo debe entenderse como la actividad física motora, los espacios lúdicos también consideran la actividad pasiva, donde el des- canso y la recreación estén bajo condicionantes de seguridad y auto- nomía y permitan la óptima y completa utilización del tiempo libre.

Una de las condicionantes de la utilización del tiempo libre es la accesibilidad, para los diversos usuarios, los contextos y el equipa- miento con que cuente ese medio. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en 2010 publicó un informe documentando las inequidades que impactan sobre el grupo la primera infancia con discapacidad en Bolivia, y nos plantea además una pregunta: ¿dónde juegan las/os niñas/os y adolescentes con discapacidad?

Las personas con discapacidad han sido excluidas por los me- canismos utilizados por la sociedad en general, con posibilidades de convivencia familiar y/o social adecuadas (Observatorio de la disca- pacidad, 2000). En el caso de las/os niñas/os resulta ser más cruel, debido a que junto a sus familias son presidiarios sin rejas junto a su entorno familiar y quedan excluidos de las posibilidades de juego al aire libre. Los espacios de juego y recreación no han sido diseñados considerando este grupo minoritario con diversidad funcional moto- ra, sensorial, propioceptiva, intelectual, social o múltiple.

En este estudio se analizan las características actuales de los parques infantiles en el municipio de Sucre, Bolivia como principal espacio recreacional, lúdico y de aprendizaje para las/os niñas/os y adolescentes con y sin diversidad funcional.

Según otros estudios (Neufert, 2013) los espacios lúdicos se cons- tituyen en el complemento fundamental del desarrollo de la personali- dad de la/el niña/o especialmente a través del juego, por lo tanto estos espacios ofertarán variabilidad y diversificación, promoviendo de esta manera en la/el niña/o experiencias sociales y de aprendizaje.

En ese marco se entiende que los espacios lúdicos deben acep- tar a cada uno de sus usuarios y enriquecerse con su diversidad, al contrario de lo que plantea la segregación o la integración o la propia exclusión (Romero, 2016).

Imagen 1. Representación gráfica de los conceptos de exclusión, segregación, integración e inclusión

Fuente: Áreas de Juego Infantiles Inclusivas (Romero, 2016).

La identificación de las barreras urbanas y arquitectónicas que obsta- culizan la integración que es un paso fundamental en el camino para lograr la total accesibilidad (Bojórquez, 2006), y se constituyen en barreras simbólicas que impiden en lo cotidiano la accesibilidad de quienes no cumplen con el normotipo funcional, es decir el cuerpo bello/sano/funcional en rechazo al cuerpo enfermo/feo/disfuncional (Rodríguez Díaz, Ferreira, 2008). Cuando el cuerpo deseable por el imaginario colectivo social no coincide con el cuerpo individual de la discapacidad, puede decirse que Este es desalojado del espacio públi- co para de esta manera, normalizar el cuerpo social circulante.

Según la Declaración de los derechos de los niños y adolescentes que se firmó en la ONU en 1959, “el niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones [y estos fines deben ser perseguidos por la educación, la sociedad] y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho” (De la Parra, 2014).

Las experiencias lúdicas constituyen el complemento ideal para el desarrollo cognitivo, emocional y en la personalidad de la/el niña/o, sin importar sus condiciones biológicas o capacidades psicomotoras. Los espacios recreacionales como los parques infantiles son áreas creadas y ambientadas especialmente para la actividad lúdica que es la preferida por las/os niñas/os, por lo que debe ser accesible para este grupo. Cuando nos referimos a los espacios recreacionales, estos deben ser considerados para su proyección desde sus tipologías, pu- diendo ser: parques infantiles, parques escolares, parques urbanos, parques deportivos y metropolitanos; estos están determinados por su cobertura que oscila entre 60 y 6.000 personas por equipamiento respectivamente (Saravia, 1992).

Esta proyección de parques urbanos debe considerar además de la situación técnica, la situación normativa, que en el caso del contex- to boliviano se indica en la Ley 223 (2012) en el Cap. II Artículo 17. Sobre el Derecho a la accesibilidad. Los principios de igualdad, digni- dad, no discriminación, inclusión, accesibilidad, igualdad de oportu- nidades como se establece en ésta.

En estudios anteriores (Serrano et al., 2013) se señala que desde los años 70 las acciones gubernamentales parten de los planes de las Naciones Unidas para asumir el compromiso de los gobiernos de dis- tintos países exigiendo respuestas a las necesidades de la población de personas con discapacidad; en atención a esas propuestas surgen numerosos estudios (Lotito y Sanhueza, 2011) que desde diversos contextos cuestionan las barreras arquitectónicas entendidas como obstáculos que se encuentran en las vías y espacios públicos. Es decir que las barreras arquitectónicas se constituyen en todo situación que entorpece, impide o simplemente dificulta a las personas con disca- pacidad el libre desplazamiento en lugares de uso público, sean estos espacios exteriores o interiores; o bien, los que obstaculizan el uso de servicios comunitarios como señala la Comisión de Cultura del Cole- gio de Arquitectos de España en 1976 (Lotito y Sanhueza, 2011).

Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (De Rosende y Santos, 2013) establece cómo la presencia de los factores contextua- les que actúan como barreras para el funcionamiento del individuo ocasionan o agravan una discapacidad al favorecer la aparición de limitaciones en la actividad y restricciones en la participación de un medio no solo físico, sino social.

Un estudio realizado por la legislación aprobada por la Comunidad Autónoma de Galicia en España (De Rosende, 2013) indica que las barre- ras son cualquier impedimento u obstáculo para el acceso, la libertad de movimiento, la estancia, la circulación y la comunicación sensorial de las personas con movilidad reducida o cualquier otra limitación. Establece esta Comunidad categorías como las barreras arquitectónicas en la edifi- cación, en las vías y espacios libres de uso público. Otro estudio realizado por la Fundación Colombia Sin Barreras (Salazar, 2011) señala que son más las puertas que se les cierran que aquellas que se les abren, en espe- cial al buscar eco a sus solicitudes en las entidades gubernamentales.

Estos autores destacan la influencia del entorno físico sobre el desempeño diario de la persona con discapacidad es muy importante por lo que es necesario promover el asesoramiento en adaptaciones para el entorno. Rosende y Santos (2013), al respecto señalan que hoy en día desde diferentes ciencias se habla de considerar a las personas con discapacidad dentro los diversos procesos de planificación de es- pacios incluyentes, accesibles, seguros y de libre transitabilidad.

En 2005, la UNICEF en el documento de “Inclusión Social, Dis- capacidad y Políticas Públicas” planteó el debate sobre la importan- cia del desarrollo de la/el niña/o en la primera infancia y la discapaci- dad, destacando las implicaciones para las políticas y los programas con participación mediante formas que ellos consideren gratificantes y significativas, promoviendo a la vez actitudes y conductas inclusivas. Sin embargo, a casi 15 años de ese análisis los padres de los niños con discapacidad no están protegidos por leyes y políticas adecuadas, te- niendo que enfrentar actitudes negativas, servicios inadecuados y falta de espacios accesibles. Por ello, nos preguntamos ¿cuál es el sentido de tener una silla de ruedas, si el entorno físico no facilita la circulación/ movilidad? o ¿cuál es el sentido de legislar la inclusión si no hay con- diciones físicas para acceder a los parques o la escuela? Para Conde (2014) las/os niñas/os y adolescentes con discapacidad no tienen acceso a servicios que coadyuven a su autosostenimiento que los promueva a la independencia y están confinados a tener una infancia eterna.

Un estudio de López (2013) sobre accesibilidad universal de los entornos urbanos y la condición que deben cumplir los espacios, ser- vicios y equipamientos para un uso y disfrute, refieren la necesidad de buscar la igualdad de condiciones como itinerario peatonal accesible: estructurando una movilidad funcional, segura y no discriminatoria en los espacios públicos urbanizados. Las conclusiones señalan que el modelo resultante persigue garantizar el acceso y la libre circulación de las personas en el medio social y comunitario.

En estudios previos sobre parques desde la aproximación al usua- rio (De la Parra, 2014), se sostiene que la inclusión de personas con discapacidad será el paradigma para el proceso de diseño con predo- minio de un sentimiento de aceptación y una experiencia positiva y referente de diseño inclusivo. Para Palomero (2015) la concepción del parque infantil accesible plantea algunos imperativos:

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Ser un lugar inclusivo, para que las/os niñas/os se diviertan co- nociendo sus diferencias.

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Ser un espacio solidario en el que se fomenten valores sociales, de amistad y compañerismo.

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Considerar las necesidades concretas de asociaciones, grupos y colectivos.

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Accesible más allá de considerar las normas de seguridad, con- siderando que pueden emplearse ayudas técnicas (sillas de rue- da, andadores u órtesis), garantizando la accesibilidad univer- sal, libre de acceso en arena o grava, acceso a zonas de juego y zonas pasivas.

Es importante destacar que por accesibilidad se entiende al uso uni- versal para todos, es decir, flexibilidad de uso, manejo simple e intui- tivo, información perceptible, tolerancia para el error, poco esfuerzo, tamaño y espacio para acercamiento garantizado (Alonso, 2007).

Organismos internacionales como UNICEF señalan que este gru- po sufrirá el mayor impacto de la pobreza y el analfabetismo entre otros. Las cifras globales de la Organización Mundial de la Salud indi- can que 300 a 500 millones de personas en el mundo viven con algu- na condición de discapacidad, y que de esos, prácticamente la mitad corresponde a niños y niñas adolescentes. El 80% de estas/os niñas/os viven en países en desarrollo, en América Latina viven 85 millones de personas con discapacidad, y es este grupo en que en la primera infan- cia está marginado de las posibilidades de igualdad de oportunidades para su desarrollo humano UNICEF (2010).

En marzo de 2012 el discurso estatal en Bolivia se propuso reflejar la inclusión de las personas con discapacidad desde la propuesta de la Ley 223, Ley general que tiene por objeto garantizar a las personas con discapacidad el ejercicio pleno de sus derechos, sin embargo no estaba respaldada por una política expresada en el presupuesto o por acciones técnicas evidenciadas en resultados inclusivos para este grupo.

Al respecto según la UNICEF (2005) no existen mecanismos de control social para pedir a los gobiernos el cumplimiento de los tra- tados y acuerdos ratificados, como tampoco hay sanciones a tales in- cumplimientos, lo cual no alimenta la credibilidad. La discapacidad surge cuando las personas se enfrentan a las barreras de acceso, sean sociales, culturales, materiales o de acceso físico, que para los demás ciudadanos no presentan dificultad. El modelo social de la discapa- cidad parte de la premisa que la inclusión significa la eliminación de barreras físicas, principalmente barreras sociales expresadas en las actitudes de la sociedad en general.

Es importante enfatizar que el eje fundamental de cualquier po- lítica que trabaje con seres humanos tiene que estar enfocado bási- camente al desarrollo en toda su expresión, sin embargo, al hablar de la niñez temprana, se debe resaltar que no deben existir políticas, planes o programas para niñas/os con diversidad funcional cuyos ejes no sean el logro del óptimo potencial de desarrollo posible.

Cualquiera sea el nivel de déficit motor, psicológico, cognitivo, adaptativo o comunicacional que un ser humano tenga, siempre pue- de tener un mejor nivel de desarrollo, el cual mejorará su calidad de vida. Entendiendo el tema de desarrollo en forma amplia, se puede de- cir que no es solamente crecer y madurar; refleja el producto de la to- talidad de esas capacidades interactuando con factores individuales, con el ambiente y la experiencia Es un proceso de cambio ante el cual

la/el niña/o aprende a lograr mayor complejidad en sus movimientos, pensamientos, emociones y relaciones con otros (UNICEF, 2005).

La inclusión es un movimiento amplio que se preocupa de la parti- cipación de todos los miembros de una comunidad, es una actitud ante la vida, relacionada con un sistema de valores y creencias que se plasma en un conjunto de acciones. Asume que la diversidad, la convivencia y el aprendizaje en los grupos es la mejor forma de beneficiar a todos y cada uno de los participantes. Los valores que conlleva son entre otros: la acep- tación, el sentido de pertenencia, la relación personal, la interdependencia y la consideración de todos los agentes implicados en la comunidad.

Pero ¿qué ideologías subyacen a las barreras arquitectónicas?, acercándonos a un enfoque desde la sociología de la discapacidad, son varios autores que han trabajado el tema (Ferrante, 2017) y (Bar- nes, 1998) y sostienen que el modelo social que la discapacidad es una forma de opresión generada por una organización social, la cual al no considerar las necesidades de las personas, restringe su posibilidad de participación social y afirma (Ferrante, 2017) que esta teoría se origi- na y se fortalece en las sociedades capitalistas, donde se privilegia la funcionalidad y la productividad económica.

Desde esta mirada el modelo social interpela a la sociedad (Pala- cios, 2008) y a sus interacciones como parte determinante de genera- ción de las diversas situaciones y supuestos grados de discapacidad y desafía la noción instituida de normalidad (García y Albina, 2018).

Aunque se han tenido importantes avances en la aproximación y comprensión de la discapacidad, postulando que va más allá de una condición biológica y sosteniendo que se trata de una situación social, este tránsito no ha alcanzado las políticas públicas. Revisado el aná- lisis exhaustivo que hace Ferrante y Dukuen (2017) sobre los aportes de Bourdieu desde su enfoque de dominación lectura a Barnes (1998) desde la opresión nos llama a plantarnos una cuestionante: ¿Cuál es la mirada de la discapacidad en el contexto boliviano?

El Estado boliviano a través de la Ley 223 (2012) que emerge de un discurso estatal, garantiza el derecho de las personas con discapa- cidad a gozar de condiciones de accesibilidad que les permitan uti- lizar la infraestructura y los servicios de las instituciones públicas, privadas, espacios públicos, medios y sistemas de comunicación, tec- nología y transporte, para su utilización y disfrute de manera autóno- ma con independencia de su condición de discapacidad y a exigir a las instituciones del Estado la adopción de medidas de acción positiva para el ejercicio de Este derecho. Sin embargo, la legislación se ha constituido en un discurso estatal y no en un presupuesto para las acciones inclusivas por parte de los aparatos estatales como son las gobernaciones y municipios del país.

Por su parte, la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad destacó la importancia de la accesibilidad a fin de que éstas puedan vivir en forma independiente y participar plenamen- te en todos los aspectos de la vida (ONU, 2006).

En Bolivia, hay algunos avances en términos de normativas y disposiciones legales y quizás mucho menos aún en términos de responsabilidad social y concienciación de la sociedad para respon- der a las demandas de accesibilidad global para las personas con discapacidad. Desde 2005 con la derogada Ley 1678 de la Persona con Discapacidad en Bolivia que establecía la prioridad en la supre- sión de barreras físicas en los ámbitos urbanos y arquitectónicos como los desniveles e inclinación de las aceras y rampas, con un diseño y grado de inclinación para la transitabilidad, utilización y seguridad, pero estas solo se cumplieron en el caso de instituciones de salud y la banca.

METODOLOGÍA

El estudio de tipo mixto donde considera dos muestras que se desta- can por su cobertura, por una parte los parques infantiles y por otra los parques urbanos que están implantados en algunos distritos del municipio de Sucre en Bolivia. El municipio de Sucre está confor- mado por 8 distritos de los cuales 5 son urbanos y 3 suburbanos. El distrito 1 que considera el área central física del municipio, se caracte- riza por tener un uso de suelo residencial mixto, donde el predominio de los equipamientos urbanos logran concentran la mayor actividad administrativa, comercial, institucional, residencial y de recreación; destacando en este distrito uno de los parques urbanos de mayor uso y presencia en la ciudad: El Parque Simón Bolívar.

Mientras tanto, el distrito 2 tiene uso de suelo residencial y con vocación de uso mixto comercial. En este distrito se visibiliza la con- textura contemporánea de la ciudad, la cual se expandió a mitades del siglo XX y agrupa un espacio urbano contemporáneo el cual cobija 2 parques urbanos de importancia que son el Parque Mariscal Sucre y el Parque Libertadores y otros de menor escala a manera de parques infantiles.

El distrito 3 a diferencia de los anteriores es considerado como un área de expansión, que tiene uso de suelo vocacional industrial, incompatible con uso de suelo recreacional, donde el predominio de uso residencial ha permitido la incorporación de espacios de recrea- ción como parques infantiles de menor escala. Es importante destacar en este sector del municipio que área residencial agrupa no solo po- blación citadina sino también migrantes de otras ciudades y del área rural.

El distrito 4 y 5 considerados como áreas de expansión y en pro- ceso de consolidación, tienen un uso de suelo residencial. Donde al ser un área en consolidación, existen zonas empobrecidas en cuanto al asentamiento informal de viviendas, en algunos casos sin acceso a servicios básicos y permanentes. Estos distritos por su uso de suelo actual residencial tienen parques infantiles en los distintos barrios de su espacio físico, los cuales son compatibles con su situación actual.

Para la muestra de estudio se han considerado los parques del distrito 1 correspondiente al área central de la ciudad de alcance me- tropolitano como es el Parque Bolívar que es el más antiguo de la ciudad y el de mayor umbral de implantación. Han sido parte también de la muestra los parques del distrito 2, que es un espacio urbano in- mediato al central, donde aproximadamente a 14 años se implantó un nuevo parque con la intención de descongestionar el distrito 1 y pro- porcionar mejores condiciones, como son los parques Mariscal Sucre y Libertadores. En este mismo distrito están ubicados en la periferia del distrito 2 parques de menor escala y cobertura como el parque Quirpinchaca, el parque de la zona El Tejar y el Parque zona Facultad

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