Notes to Consolidated Financial Statements
2. BASIS OF PREPARATION (Continued)
Para Lacan( 1964c/2006), la repetición constituye un elemento ineludible de la pulsión, manifestación a través de la cual se muestran los modos de funcionamiento del inconsciente; ella comprende la insistencia de un elemento que retorna en la cadena significante. Esta es entendida como una estructura de lenguaje que precede al hombre, que se encuentra presente desde antes de su nacimiento y rebasa las leyes de la naturaleza. El nuevo ser es investido con dicha estructura al llegar al mundo, y sobre ella se configurará el funcionamiento psíquico (Lacan, 1969a/2008).
Así, la cadena significante se encuentra fundada en el lenguaje. Bajo la vía de la repetición, un elemento insiste en hacerse presente en ella, distante de la reproducción, de la rememoración y de cualquier función biológica. Este elemento rompe con la estructura lógica de la misma cadena significante, causando extrañeza e incluso, desconcierto.
De esta manera, la repetición supone un dejo contradictorio: por un lado, comporta satisfacción, pero, por otra parte, opera incluso en detrimento del mismo sujeto. Lacan advirtió la íntima relación entre la repetición y lo real; señaló que ambos se distinguen por su carácter insistente, imposible de simbolizar, dado que opera por fuera de las redes del
53 lenguaje, aunque se hace sentir a través de sus efectos, que se tornan de carácter extraño, huidizo e incluso indiscernible. Aunque dichos efectos se escabullen, insisten, y siempre vuelven al mismo lugar en vías de la satisfacción (Lacan, 1964d/2006).
De la misma manera, lo real comprende aquello que se encuentra “más allá del automatón, del retorno, del regreso, de la insistencia de los signos, a que nos somete el principio del placer” (Lacan, 1964d/2006, p. 62). Bajo esa lógica, lo real puede pensarse más próximo al costado mortífero de la pulsión, al que aludió Freud.
Para Lacan, lo real se presenta de manera velada y fugaz, igual que los fenómenos del inconsciente, que también se exteriorizan bajo finas expresiones, mediante el tropiezo o la falla, fisuran el discurso, la palabra o el acto. Son manifestaciones que ocurren bajo el acento de lo inesperado, de lo errado e incomprensible y que rompen con la continuidad lógica a la luz de la razón.
De esta manera, se advierte una estrecha conexión entre la repetición, lo real y el inconsciente. A este respecto, Lacan apuntó: “El análisis, más que ninguna otra praxis, está orientado hacia lo que, en la experiencia es el hueso de lo real” (Lacan, 1964d/2006, p. 61). Lo real conduce la repetición y ésta opera como el mecanismo que devela algo de los modos de funcionamiento del inconsciente, a través de aquello que insiste en la cadena significante.
54 Eso que insiste en la repetición alude al significante, el cual se presenta en su forma más originaria como rasgo unario, precisamente bajo la vía de la repetición (Lacan, 1970/2008). De acuerdo con el autor, constituye la primera marca del sujeto como efecto de palabra, produce significado en el sujeto y su inscripción produce efectos. El rasgo unario se erige como medio privilegiado de goce, dado que supera los límites impuestos por el principio del placer a las tensiones usuales de la vida; de esta manera, bajo la vía de la repetición opera una satisfacción pulsional próxima al goce. (Lacan, 1964e/2006).
El goce comprende lo nocivo, lo desagradable, lo doloroso, como condición estructural (Lacan, 1960/2007). Señaló que habita en lo más profundo de sí, como una maldad fundamental, vinculada con la agresividad, y que puede volverse contra sí mismo, en cuyas expresiones conlleva la propia destrucción. Esta condición evidencia la estrecha correlación entre el goce y lo pulsional. Lacan reconoció que se trata de la pulsión en su carácter destructivo; precisó que el goce está prohibido y que, en esa medida, su acceso implica una transgresión, dado que comporta lo mortificante para el mismo sujeto.
De esta manera, se advierte la ligadura entre la repetición, el significante, lo real, la pulsión y el goce, elementos cuya imbricación comporta la satisfacción pulsional. En esta serie, Lacan reconoció la supremacía de la pulsión, que parece actuar como el elemento que empuja, que insiste, que pone en movimiento al resto. Lacan (1964a/2006) señaló que el goce, tan ambiguo en el ser que habla, supone la pulsión; ella se articula en función de la cadena significante, que opera como el mecanismo por donde se infiltra lo histórico, resquicio por el cual se teje la singularidad.
55 Como se ha precisado, la cadena significante comprende una estructura de lenguaje con la cual será investido un nuevo ser a su llegada al mundo (Lacan, 1969a/2008). Es en función de la propia historia y de las vicisitudes de la misma, que surgirá un significante primordial que incidirá sobre la pulsión, historizándola y trastocando el decurso de la misma.
Como efecto de la intervención del significante en la cadena significante, sobrevendrá el sujeto dividido, el sujeto en falta, dado que tal operación supone también una incidencia en la pulsión y en sus modos de satisfacción (Lacan, 1969a/2008). Sobre esa idea, Miller (2000) apunta que el ser previo a la incidencia del significante es un ser de goce.
Así, por la incidencia del significante en la pulsión se produce una pérdida, pérdida de goce a la que Lacan (1964a/2006) representó con el objeto a en tanto objeto perdido al que llamó plus de goce. Ante esta pérdida, la incidencia del significante produce un goce localizado, incluso limitado, erigiéndose la repetición como el mecanismo a través del cual, en sentido irreductible, opera una insistencia a recuperar el goce pleno en tanto satisfacción pulsional perdida, empero, se trata de una satisfacción imposible en tanto no se dirige a ningún objeto, se trata de es un artificio, en tanto el sentido de la pulsión es dar la vuelta alrededor del objeto: “su meta no es otra que ese regreso en forma de circuito” (Lacan, 1964g/2006, p. 186).
56 El significante opera como elemento de lenguaje determinante en la configuración psíquica, dado que incide en la pulsión, la historiza y la singulariza, contrarrestando, atenuando o intensificando su tendencia mortificante. Bajo esta concepción, el inconsciente es la suma de los efectos de palabra en un sujeto, y la repetición es aquello que, bajo la vía del significante, conmemora una irrupción de goce que se experimenta en el cuerpo, mediante distintas expresiones. El síntoma constituye una de ellas (Lacan, 1969a/2008).