• No results found

Tomaremos en cuenta que no existe una teoría definitiva sobre el origen de la violencia, sin embargo, expondremos algunas ideas de teóricos.

Como señala el instintivista Lorenz (1966) citado en Alternativas frente a la violencia social desde la Teoría de la praxis, por Marco Eduardo Murueta Reyes: actuar de modo violento contra otros seres (la capacidad de agresividad) es una posibilidad de casi todos los animales y de algunos vegetales para su sobrevivencia, para su bien. La ira y el temor, bases de la agresividad y la violencia, son una expresión compleja de la irritabilidad que existe desde los organismos unicelulares, una forma automática de reacción ante eventos externos que afectan su homeostasis o estabilidad vital y ponen en riesgo su vida. En los seres humanos y en otros animales vertebrados, esas reacciones son generadas por hormonas controladas a gran velocidad por el sistema límbico.

Ante una situación amenazante, el sistema límbico genera el deseo de huir, (miedo) o atacar (agresividad) aquello que genera la amenaza. Si crece la magnitud de la amenaza sobre la sobrevivencia o la estabilidad corporal o psicológica de una persona, crecerá también el deseo de huir o atacar, o ambos deseos de manera simultánea. Conforme la posibilidad de huir disminuye, cobra fuerza el deseo de atacar, y viceversa. La testosterona es una hormona que, a niveles elevados y en combinación con la adrenalina, genera el deseo de atacar y prepara al organismo para sobreponerse al peligro, mientras que la adrenalina elevada genera el deseo de huir y contribuye a agilizar o fortalecer las acciones motrices necesarias. Ambos procesos hormonales en proporción diferente y variante, surgen ante situaciones amenazantes de distinta magnitud.

El temperamento de las especies, las razas y los sexos implica programaciones biológicas desarrolladas por la historia filogenética que favorecen la tendencia a

35

atacar o huir y se combinan con las experiencias ambientales para fortalecer una u otra tendencia hormonal, una actitud más valiente o más cobarde antes cierto tipo de amenazas. Algunos tienden más al ataque ante determinados peligros, mientras que otros rehúyen a esos peligros, pero son más agresivos frente a otra clase de riegos, y viceversa.

La programación filogenética se integra con la interacción social para generar una personalidad más o menos agresiva, o más o menos huidiza, en cada ser humano que a su vez repercute en la vida colectiva y en los tipos de interacción social, formando un círculo vicioso (cada vez más agresividad mutua) o un circulo virtuoso (cada vez más concordia).

El naturalista de todos los pensadores sociales del siglo XVIII, Rousseau (1755) pensaba que “la razón” se había pervertido por la desigualdad en que habían caído los seres humanos debido a lo “antinatural” de la “propiedad privada”. Causa de los conflictos de interés y, por tanto, de la agresividad mutua. Por eso pugnaba por una nueva educación que ayudara a volver al “estado de naturaleza” y enderezar así la razón de las nuevas generaciones cuya voluntad “natural” se integrara en un contrato social que no estuviera nunca por encima de los ciudadanos, sino en el que los vieran precisamente la relación de sus propios deseos y su mayor conveniencia.

Así también, Kant (1795) supone que la “paz perpetua” entre los seres humanos depende de leyes que obliguen a todos a actuar con base en la “razón” y no en “las inclinaciones” convoca a los gobernantes a privilegiar la justicia y el deber para actuar con base en la moral. Kant no se preguntó sobre el criterio del “libre albedrio”, basado en “la razón práctica”, que por sí misma y de manera innata, sabe lo que es debido y lo que no.

Además, Schopenhauer (1819) acierta al analizar el proceso de la voluntad del querer. ¿De qué depende que alguien quiera hacer o no algo?, es evidente que no depende de “la razón” sino de fuerzas emocionales de las que “la razón” es tan solo una expresión compleja.

36

También, Nietzsche (1878,1883,1885) convoca a abrirse a la pasión y dejar de someterse a las creencias “racionales” paradójicamente absurdas, que han provocado el sufrimiento, la mediocridad y la decadencia del hombre, al no dejarle ser, al pretender limitar la libertad del querer, de la voluntad. Para Nietzsche, ese sometimiento a la razón ha generado muchos absurdos entre los humanos. Las instituciones establecidas con base en “la razón”, no los dejan ser libres para realizar su voluntad (su deseo) y los hacen débiles, hipócritas, enfermizos y temerosos unos de otros.

En su pensamiento Nietzsche considera a los seres humanos proclives a la violencia cuando son temerosos, débiles y dejan de realizar su voluntad, dando a entender que las instituciones sociales en la historia del ser humano son foco de su decadencia y tendencia a la violencia hacia uno mismo y a la violencia colectiva, por factores como la falta de autonomía y determinación.

Por otra parte, Marx piensa que, a mayor enajenación, y ensimismamiento, mayor tendencia a ver a los demás como medios u objetos sobre los que es válido ejercer violencia para obtener un beneficio. Esa exterioridad con la que la persona enajenada percibe los objetos lo disocia y lo vuelve insensible a los demás, ya que no los percibe como un interés para sí mismo. Desde este pensamiento el individuo actúa de igual manera con las cosas, la tierra, el agua, las montañas, las platas y los animales. Todos son medios y recursos de explotación con intereses de apropiación y poder.

Y Freud (1923) llego a la conclusión de que la agresividad y la violencia son inherentes a la vida. Consideró que todos los animales y en específico que los seres humanos tienen dos tendencias naturales innatas e instintivas. Una de estas tendencias se trata de preservar y desarrollar la vida, a la que llamo eros, porque vio en el impulso sexual su principal expresión; y otra tendencia reciproca a la destrucción de la vida, a la que llamo thanatos. Pensó que la energía psíquica o libido, generada bioquímicamente requería “liberarse” por medio del placer ya sea mediante el goce sexual, el comer, el beber, la eliminación de los malestares fisiológicos o la destructividad. Freud consideró que el instinto de vida (eros) y el

37

instinto de muerte (thanatos), creatividad y destructividad podrían entrelazarse y mimetizarse, pero estaba convencido de que se requería abrir el cauce para ambas tendencias como una manera de aliviar la tensión psicológica que se produce con la represión. Así la agresividad y la violencia no pueden suprimirse de los seres humanos. La represión de las tendencias violentas y las tendencias sexuales genera según su teoría el sufrimiento emocional o neurosis, las histerias y la psicosis.

Related documents