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Hablaremos hoy de Carlyle. Carlyle es de aquellos escritores que deslumbran al lector. Recuerdo que cuando yo lo descubrí, hacia 1916, pensé que era realmente el único autor. Aquello me sucedió después con Walt Whitman, me había sucedido con Víctor Hugo, me sucedería con Quevedo. Es decir, pensé que todos los demás escritores eran unos equivocados simplemente porque no eran Thomas Carlyle. Ahora, esos escritores que deslumbran, que parecen el prototipo del escritor, suelen acabar por abrumarnos. Empiezan siendo deslumbrantes y corren el albur de ser a la larga intolerables. Lo mismo me sucedió con el escritor francés León Bloy,1 con el poeta inglés Swinburne y, a lo largo de una larga vida, con muchos otros. Se trata en todos esos casos de escritores muy personales, tan personales que uno acaba por aprender las fórmulas del estupor, el deslumbramiento que preparan.

Veamos algunos hechos de la vida de Carlyle. Carlyle nació en un pueblito de Escocia en el año 1795 y murió en Londres —en el barrio de Chelsea, donde se conserva su casa— el año 1881. Es decir, una larga y laboriosa vida consagrada a las letras, a la lectura, al estudio y a la escritura.

Carlyle fue de origen humilde. Sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos, fueron campesinos. Y Carlyle era escocés. Es común confundir ingleses con escoceses. Pero se trata, a pesar de la unión política, de dos pueblos esencialmente distintos. Escocia es un país pobre, Escocia ha tenido una historia sangrienta de lucha entre los diversos clanes. Y además, el escocés en general suele ser más intelectual que el inglés. O mejor dicho, el inglés no suele ser intelectual y casi todos los escoceses lo son. Esto puede ser obra de las discusiones religiosas, pero si bien es cierto que el pueblo de Escocia se dedicó a discutir la teología, es porque era intelectual. Esto suele ocurrir con las causas que tienden a ser efectos y los efectos que se confunden con las causas también. En Escocia las discusiones religiosas eran comunes, y conviene recordar que Edimburgo fue, con Ginebra, una de las

1 León Bloy (1846-1917). Borges incluye luego su libro La salvación por los judíos como el volumen 54 de la

dos capitales del calvinismo en Europa. Lo esencial del calvinismo es la creencia en la predestinación, basada en el texto bíblico, "muchos los llamados y pocos los elegidos".

Carlyle estudió en la iglesia de la parroquia de su pueblo, luego en la Universidad de Edimburgo y a los veintitantos años tuvo una suerte de crisis espiritual o de experiencia mística que él ha descrito en el más extraño de sus libros: Sartor Resartus. Sartor Resartus significa en latín "el sastre remendado" o "el sastre zurcido". Ya veremos por qué eligió este extraño título. Lo cierto es que Carlyle había llegado a un estado de melancolía motivado sin duda por la neurosis que lo persiguió durante toda su vida. Carlyle había llegado al ateísmo, no creía en Dios. Pero la melancolía del calvinismo seguía persiguiéndolo aun cuando él creía haberla dejado atrás. La idea de un Universo sin esperanza, un Universo cuyos habitantes están condenados en una inmensa mayoría al Infierno. Y luego una noche él recibió una suerte de revelación. Una revelación que no lo libró del pesimismo, de la melancolía, pero que le dio la convicción de que el hombre puede salvarse por el trabajo. Carlyle no creía que ninguna obra humana tuviese valor perdurable. Pensaba que cuanto los hombres pueden hacer estética o intelectualmente es de- leznable y es efímero. Pero al mismo tiempo creía que el hecho de trabajar, el hecho de hacer cualquier cosa, aunque esa cosa sea deleznable, no es deleznable. Existe una antología alemana de sus trabajos, que se publicó durante la Primera Guerra Mundial y que se titulaba Trabajar y no desesperarse.2 Este es uno de los efectos del pensamiento de

Carlyle.

Carlyle, desde que se dedicó a las letras, había adquirido una cultura miscelánea y muy vasta. Por ejemplo, él y su mujer, Jane Welsh,3 estudiaron sin maestros el español y leían

un capítulo del Quijote en el texto original cada día. Y ahí hay un pasaje de Carlyle en el cual él contrasta el destino de Byron y el destino de Cervantes. Piensa en Byron, un aristócrata, hermoso, atleta, un hombre de fortuna, que sin embargo sentía una melancolía inexplicable. Y piensa en la dura vida de Cervantes soldado y prisionero, que sin embargo escribe una obra, no de quejas, sino de íntimas y a veces escondidas alegrías en el Quijote.

Carlyle se traslada a Londres —ya antes había sido maestro de escuela y había sido colaborador de una enciclopedia, la Enciclopedia de Edinburgh—4y colabora para las revistas. Publica artículos, pero debemos recordar que un artículo entonces era lo que llamaríamos hoy un libro o una monografía. Ahora un artículo suele constar de cinco o diez páginas, antes un artículo solía constar más o menos de unas cien páginas. Así, los artículos de Carlyle y de Macaulay son verdaderas monografías, y algunos alcanzan las doscientas páginas. Actualmente serían libros.

Un amigo suyo le recomendó el estudio de la lengua alemana. Inglaterra, movida por las circunstancias políticas —ya por el hecho de la victoria de Waterloo los ingleses y los prusianos fueron hermanos de armas— estaba descubriendo Alemania, estaba descubriendo la afinidad que durante siglos había olvidado con las otras naciones germanas, con Alemania, con Holanda, y naturalmente con los países escandinavos. Carlyle estudió alemán, se entusiasmó con la obra de Schiller, y publicó —éste fue su primer libro— una biografía de Schiller5 escrita en un estilo correcto, pero en un estilo común. Luego leyó a un

2 Arbeiten und nicht verzweifeln: Auszüge aus seinen Werken, traducido al alemán por María Kühn y A.

Kretzschmar.

3 Jane Baillie Welsh, también poeta (1801-1866).

4 Edinburgh Encyclopædia. Carlyle colaboró con dieciséis artículos de 1820 a 1825. 5 Life of Schiller, publicada por primera vez en London Magazine en 1823-24.

escritor romántico alemán, Johann Paul Richter,6 un escritor que podríamos llamar soporífero, un relator de sueños místicos lentos y a veces lánguidos. El estilo de Richter es un estilo lleno de palabras compuestas y de cláusulas largas, y este estilo influyó en el estilo de Carlyle, salvo que Richter deja una impresión apacible. En cambio Carlyle era esencialmente un hombre fogoso, de modo que fue un escritor oscuro. Carlyle descubrió también la obra de Goethe, que no era conocida entonces salvo de un modo muy fragmentario fuera de su patria, y creyó encontrar en Goethe a un maestro. Digo "creyó encontrar", porque es difícil pensar en dos escritores más distintos. En el olímpico y — como lo llaman los alemanes— sereno Goethe, y en Carlyle, atormentado como buen escocés por la preocupación ética.

Carlyle fue además un escritor infinitamente más impetuoso que Goethe y más extravagante que Goethe. Goethe empezó siendo romántico, luego se arrepintió de su romanticismo inicial y llegó a una tranquilidad que podríamos llamar "clásica". Carlyle escribió sobre Goethe en revistas de Londres. Esto conmovió mucho a Goethe, ya que aunque Alemania había llegado entonces a una plenitud intelectual, políticamente no había logrado su unidad. La unidad de Alemania se logra en el año 1871, después de la guerra franco-prusiana. Es decir, para el mundo Alemania era entonces una colección heterogénea de pequeños principados, ducados, un tanto provinciana, y para Goethe el hecho de que lo admiraran algunas personas de Inglaterra fue lo que sería para un sudamericano, por ejemplo, el hecho de ser conocido en París o en Londres.

Carlyle publicó luego una serie de traducciones de Goethe. Tradujo las dos partes de Wilhelm Meister, los "Años de Aprendizaje" y los "Años de Viaje".7 Tradujo a otros

románticos alemanes, entre ellos al fantástico Hoffman.8 Luego publicó Sartor Resartus9 y

luego se dedicó a la historia, y escribió ensayos sobre el famoso affaire del collar de diamantes, la historia de un pobre hombre en Francia a quien le hacen creer que María An- tonieta había aceptado un regalo suyo —el ensayo lo toma del conde Cagliostro10—, y sobre temas muy diversos. Entre ellos encontramos un ensayo sobre el doctor Francia, tirano de Paraguay,11 un ensayo que contiene —y esto es típico de Carlyle— una

vindicación del doctor Francia. Luego Carlyle escribe un libro titulado Vida y correspondencia de Oliver Cromwell.12 Es natural que admirara a Cromwell. Cromwell, que en pleno siglo XVII hace que el rey de Inglaterra sea juzgado y condenado a muerte por el Parlamento. Esto escandalizó al mundo, como lo escandalizaría después la Revolución Francesa y mucho después la Revolución Rusa.

Finalmente, Carlyle se establece en Londres y allí publica La historia de la Revolución Francesa,13 su obra más famosa. Carlyle le prestó el manuscrito a su amigo, autor del famoso tratado de lógica, Stuart Mill.14 Y la cocinera de Stuart Mill usó el manuscrito para

6 Johann Paul Friedrich Richter, novelista y humorista nacido en Wunsiedel, Alemania (1763-1825). 7 Wilhelm Meister's Apprenticeship (1824) y Wilhelm Meister's Travels (1827).

8 Ernst Theodor Wilhelm "Amadeus" Hoffman, escritor y músico alemán (17761822). 9 En 1833-34.

10 José Balsamo, alias conde Alejandro Cagliostro, aventurero italiano (17431795). Publicó un conocido libro

de Memorias.

11 José Gaspar Rodríguez de Francia, dictador paraguayo (1766-1840). 12 Oliver Cromwell's Letters and Speeches (1845).

13 The French Revolution (1837).

14 John Stuart Mill, filósofo y economista inglés (1806-1873). El libro al que se refiere Borges es Lógica

encender el fuego de la cocina. Quedó así destruida una obra de años. Pero Stuart Mill consiguió que Carlyle aceptara una suma mensual hasta reescribir su obra. Este libro es uno de los más vívidos de la obra de Carlyle, pero que no tiene la vividez de la realidad sino la vividez de un libro visionario, la vividez de una pesadilla. Recuerdo que cuando leí aquel capítulo en que Carlyle describe la fuga y la captura de Luis XVI recordé haber leído algo parecido antes: estaba pensando en la famosa descripción de la muerte de Facundo Quiroga, uno de los últimos capítulos del Facundo de Sarmiento. Carlyle describe la fuga del rey en un capítulo que se llama "La noche de las espuelas". Describe cómo el rey se detiene en una taberna y allí un muchacho lo reconoce. Lo reconoce porque la efigie del rey estaba grabada en el anverso de una moneda y lo delata. Luego lo arrestan y finalmente lo llevan a la guillotina.

La mujer de Carlyle, Jane Welsh, era socialmente superior a él, era una mujer muy inteligente y se considera que sus cartas pueden contarse entre las mejores del epistolario inglés.15 Carlyle vivió entregado a su obra, a sus conferencias, a su labor en cierto modo

profética, y descuidó bastante a su mujer. Después de la muerte de ella, Carlyle escribió pocas cosas importantes. Antes él había dedicado catorce años a escribir la Historia de Fe- derico el Grande de Prusia,16 un libro de lectura difícil. Había una gran diferencia entre

Carlyle hombre, a pesar de su ateísmo religioso y piadoso, y Federico, que era ateo escéptico y que ignoraba cualquier escrúpulo moral. Después de la muerte de su mujer Carlyle escribe una historia de los primeros reyes de Noruega17 basada en la Heimskringla

del historiador islandés Snorri Sturluson, del siglo XIII, pero en este libro ya no encontramos el fuego de las primeras obras.

Y ahora veamos el pensamiento de Carlyle, o algunos rasgos de ese pensamiento. En la clase anterior yo dije que para Blake el mundo era esencialmente alucinatorio. El mundo era una alucinación lograda por los cinco engañosos sentidos con que nos ha dotado el Dios superior que hizo esta Tierra, Jehová. Ahora bien, esto corresponde en filosofía al

idealismo, y Carlyle fue uno de los primeros divulgadores del idealismo alemán en Ingla- terra. En Inglaterra el idealismo ya existía en la obra del obispo irlandés Berkeley. Pero Carlyle prefirió buscarlo en la obra de Schelling y en la obra de Kant. Para estos

pensadores, y para Berkeley, el idealismo tiene un sentido metafísico. Nos dicen que lo que nosotros creemos la realidad, digamos, el mundo de lo visible, de lo tangible, de lo

gustable, no puede ser la realidad: se trata simplemente de una serie de símbolos o de imágenes de la realidad que no pueden parecerse a ella. Y así Kant habló de la cosa en sí que está más allá de nuestras percepciones. Todo esto lo comprendió perfectamente

Carlyle. Carlyle dijo que de igual modo que vemos un árbol verde, podríamos verlo azul si nuestros órganos visuales fueran distintos, de igual forma que al tocarlo lo sentimos como convexo, podríamos sentirlo como cóncavo si nuestras manos estuvieran hechas de otra manera. Esto está bien, pero los ojos y las manos pertenecen al mundo externo, al mundo aparencial. Carlyle toma pues la idea fundamental de que este mundo es aparente, y le da un sentido moral y un sentido político. Swift había dicho que todo en este mundo es aparente, que nosotros llamamos "obispo", digamos, a una mitra y a una vestidura colocadas de cierto modo, que llamamos "juez" a una peluca y a una toga, que llamamos

15 Carlyle publicó sus cartas y papeles en 1883 bajo el título de Letters and Memorials of Jane Welsh Carlyle.

En 1903 apareció en Londres New Letters and Memorials.

16 History of Friedrich II of Prussia, called Frederik the Great (1858-65). 17 The Early Kings of Norway (1875).

"general" a una cierta disposición de ropa, de uniforme, de casco, de charreteras. Carlyle toma esta idea y escribe así el Sartor Resartus, o "Sastre zurcido".

Este libro es una de las mayores mistificaciones que la historia de la literatura registra. Carlyle imagina un filósofo alemán que enseña en la Universidad de Weissnichtwo —en aquel tiempo pocas personas conocían el alemán en Inglaterra, de modo que él podía utilizar sin peligro estos nombres18—. Le daba a su filósofo imaginario el nombre de Diógenes Teufelsdrockh, es decir Diógenes Escoria —la palabra "escoria" es un eufemismo, aquí la palabra es más fuerte— del Diablo, y le atribuye la escritura de un vasto libro titulado Los trajes, la ropa, su formación y su obra, su influencia. Esta obra lleva como subtítulo: "Filosofía del traje". Carlyle entonces imagina que lo que llamamos Universo es una serie de trajes, de apariencias. Y Carlyle alaba a la Revolución Francesa, porque ve en la Revolución Francesa un principio de la admisión de que el mundo es apariencia y de que hay que destruirla. Para él, por ejemplo, el reinado, el papado, la república, eran apariencias, eran ropa usada que convenía quemar, y la Revolución Francesa había comenzado por quemarla. Entonces el Sartor Resartus viene a ser una biografía del imaginario filósofo alemán. Ese filósofo es una especie de transfiguración del mismo Carlyle. Allí él cuenta, situándola en Alemania, su experiencia mística. Cuenta la historia de un amor desdichado, de una muchacha que parece quererlo y que lo deja, lo deja solo con la noche. Luego describe conversaciones con ese filósofo imaginario y da copiosos extractos de ese libro que no existió nunca y que se llamaba "Sartor", el sastre. Ahora, como él sólo da extractos de ese libro imaginario, llama a su obra "El sastre remendado".

El libro está escrito de un modo oscuro, lleno de palabras compuestas y llenas de elocuencia. Si tuviéramos que comparar a Carlyle con algún escritor de la lengua española, pensaríamos por empezar de un modo casero en las más impresionantes páginas fuertes de Almafuerte.19 Podemos pensar también en Unamuno, que tradujo al español La Revolución

Francesa de Carlyle y sobre el cual Carlyle influyó. En Francia podríamos pensar en León Bloy.

Y ahora veamos el concepto de la historia de Carlyle. Según Carlyle existe una escritura sagrada. Esa escritura sagrada no es, salvo parcialmente, la Biblia. Esa escritura es la historia universal. Esa historia, dice Carlyle, que estamos obligados a leer continuamente, ya que nuestros destinos son parte de la historia universal. Esa historia que estamos obligados a leer incesantemente y a escribir, y en la cual —agrega— también nos escriben. Es decir, nosotros no sólo somos lectura de esa escritura sagrada sino letras, o palabras, o versículos de esa escritura. Ve al Universo, pues, como a un libro. Ahora, este libro está escrito por Dios, pero Dios para Carlyle no es una personalidad. Dios está en cada uno de nosotros, Dios está escribiéndose y realizándose a través de nosotros. Es decir, Carlyle viene a ser panteísta: el único ser que existe es Dios, pero Dios no existe como un ente personal sino a través de las rocas, a través de las plantas, a través de los animales y a través de los hombres. Y sobre todo a través de los héroes. Carlyle dicta en Londres una serie de conferencias tituladas: De los héroes, del culto de los héroes y de lo heroico en la historia.20 Dice Carlyle que los hombres han reconocido siempre la existencia de los héroes, es decir de seres humanos superiores a ellos, pero que en épocas primitivas el héroe

18 En alemán, Weissnichtwo significa literalmente "Nosédónde".

19 Pedro Bonifacio Palacios, conocido como Almafuerte, poeta argentino (18541917).

es concebido como un dios, y así la primera conferencia suya se titula: "El héroe como dios", y característicamente toma como ejemplo al dios escandinavo Odín. Dice que Odín fue un hombre muy valiente, muy leal, un rey que dominó a otros reyes, y que sus contemporáneos y los sucesores inmediatos lo divinizaron, lo vieron como un dios. Luego tenemos otra conferencia: "El héroe como profeta", y Carlyle elige como ejemplo a Maho- ma. Mahoma, que hasta entonces sólo había sido objeto de escarnio para los cristianos de Europa occidental. Carlyle dice que Mahoma, en la soledad del desierto, se sintió poseído por la idea de la soledad o unidad de dios, y que así fue dictando el Corán. Tenemos otros ejemplos: el héroe como poeta, Shakespeare. Luego, como hombre de letras: Johnson y Goethe. Y el héroe como militar, y elige —aunque él detestaba a los franceses— a Napoleón.

Carlyle descreía profundamente de la democracia. Hay quienes han considerado —y entiendo que con toda razón— a Carlyle como precursor del nazismo, pues creyó en la superioridad de la raza germánica. Los años 1870-71 fue la guerra franco-prusiana. Casi toda Europa —lo que fue Europa intelectual— estaba de parte de Francia. El famoso escritor sueco Strindberg21 escribiría después: "Francia tenía razón, pero Prusia tenía cañones". Esto es lo que se sintió en toda Europa. Carlyle estaba de parte de Prusia. Carlyle creyó que la fundación del Imperio Alemán sería el principio de una era de paz para Europa —[tras] lo acaecido luego con las guerras mundiales pudimos apreciar lo erróneo de su juicio—. Y Carlyle publicó dos cartas en las cuales decía que el conde de Bismarck fue un hombre incomprendido y que el triunfo "de la Alemania, que piensa profundamente, sobre la frívola, vanagloriosa y belicosa Francia" sería un beneficio para la humanidad. En el año