confrontación armada
Como se ha visto, a partir de la década de los ochenta comienza a escalar- se la práctica del secuestro por cuenta de la actuación principalmente de la guerrilla y su dinámica global queda atada a la conducta de este actor en el
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desarrollo de la confrontación armada, tal y como lo sugiere el gráfico No. 21. Así mismo, la geografía del secuestro tiene una elevada correspondencia con los escenarios afectados por la confrontación armada, tal como se observa en el mapa No. 9.
Gráfico No. 21
El objetivo principal del presente capítulo consiste en describir la dinámica y las dimensiones estratégicas del secuestro, al estar asociado al propósito de lograr el dominio territorial, a través de la presión ejercida sobre las personas que ocupan cargos públicos e interfiriendo en las decisiones sobre la inver- sión pública local.44
Así mismo, a través del secuestro se busca afectar la gobernabilidad y los mecanismos democráticos de elección. En este sentido, los registros más elevados de plagios de funcionarios y dirigentes políticos coinciden con los
44 Los secuestros simples perpetrados por los actores armados también tienen carác- ter estratégico, cuando permiten constatar identidades y evitar el ingreso a una determinada zona de personas consideradas como enemigas o cuando los casos de secuestros masivos permiten seleccionar un grupo de personas de acuerdo con su nivel de ingreso o importancia política. Este caso se dio con el secuestro de los diputados de la Asamblea del Valle, llevado a cabo por las Farc en 2002, luego del cual fueron liberados funcionarios, asistentes y secretarias de dicha entidad, que no pertenecían al grupo que interesaba a la guerrilla.
Fuente: Fondelibertad, Das
Procesado por el Observatorio del Programa Presidencial de DH y DIH, Vicepresidencia de la República
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momentos previos a la elección de alcaldes en marzo de 1988, las eleccio- nes de los meses de marzo y mayo de 1990 y octubre de 1994 y 1997.45
Otra dimensión que se debe tener en cuenta es el secuestro de miembros de la Fuerza Pública y de dirigentes políticos, con el propósito de presionar el in- tercambio de guerrilleros privados de la libertad y la desmilitarización de par- te del territorio como en los casos de Cartagena del Chaira (Caquetá) durante el Gobierno Samper o Florida y Pradera (Valle) en la actual administración. El recurso sistemático al secuestro, que es un símbolo claro de la degradación de la guerrilla, ha sido un medio de presión en el ámbito regional por cuanto su intensificación es la etapa previa a la expansión territorial. En sentido con- trario la actual caída en los plagios es una expresión inequívoca del repliegue de las estructuras armadas de la subversión.46
Hacia comienzos de los años ochenta, el incremento de los secuestros realizados por la guerrilla llevó a sectores del narcotráfico a organizar aparatos armados propios para neutralizar la extorsión de los grupos subversivos. La creación del movimiento Muerte a secuestradores (Mas), ilustra muy bien este proceso. Sur- ge en 1981 cuando no se había producido todavía la ruptura entre los carteles de Medellín y de Cali. El precedente fue el aumento de las presiones de la guerrilla sobre los narcotraficantes y el factor desencadenante fue el secuestro de Marta Nieves Ochoa, hermana de varios de los integrantes del cartel de Medellín, los hermanos Ochoa, ocurrido el 12 de noviembre de 1981.47
Pablo Escobar Gaviria y Gonzalo Rodríguez Gacha, quienes lideraron en los años ochenta la expansión territorial del narcotráfico, mediante la compra masiva de predios rurales, fueron los impulsores del Mas en el Magdalena Medio, que para aquel entonces era uno de los escenarios más afectados por los secuestros de las Farc. A partir de 1982, la acción de este grupo de justicia privada se expresa en que las muertes se incrementan dramáticamente, mientras que los secues- tros comienzan a mostrar la tendencia contraria.48 El objetivo de los grupos al
servicio del narcotráfico era impedir que se siguieran cometiendo secuestros y para ello atacaron a los integrantes de las redes de apoyo de la guerrilla y, sobre todo, a pobladores inermes que hacían pasar como bases sociales de la subver- sión, evitando el enfrentamiento directo con las estructuras armadas.
Utilizando la táctica de golpear su eslabón más débil, las Farc fueron expulsadas de la zona sur del Magdalena Medio, donde los secuestros se redujeron casi
45 El secuestro de carácter político, que en 1988 tuvo entre sus víctimas a Álvaro Gómez Hurtado quien fuera plagiado por el M-19, se convierte en una práctica a la que no solamente recurre la guerrilla, sino también el crimen organizado para ejercer presión sobre el Estado e incidir en sus decisiones.
46 Daniel Pécaut (2008). Las Farc: fuentes de su longevidad y de la conservación de su cohesión. Revista Análisis Político N0. 63, Universidad Nacional de Co- lombia.
47 Una lluvia de volantes fue lanzada desde una avioneta, el 2 de diciembre de 1981, en el estadio de Cali, donde algunos miles de hinchas que presenciaban un encuentro de fútbol, leyeron el mensaje del Mas, en el cual se hacía referencia al paralelismo entre el incremento de los secuestros cometidos por la guerrilla y el uso de espacios de apertura en el Gobierno de Betancur, y prometían actuar en contra de los responsables.
hasta desaparecer. La “efectividad” de lo que se conoció como el modelo Puerto Boyacá hizo que grupos seleccionados del Mas, ayudaran a entrenar a otros semejantes en Córdoba, Urabá, Putumayo y la región del Ariari en el Meta.49
En las zonas donde los narcotraficantes invirtieron en tierras, buscaron evitar la extorsión de la guerrilla y los intentos de secuestro. Lo anterior coincidió con la generalización del Mas en las zonas rurales y en lo esencial este esquema quedó apropiado por un ala del cartel de Medellín cuando se produce la ruptura con el cartel de Cali, liderada en lo fundamental por Gonzalo Rodríguez Gacha.
Hacia finales de la década de los ochenta, el ELN es la organización guerrillera que registra el mayor número de secuestros, de los cuales una parte impor- tante persigue objetivos de tipo político y propagandístico.50 Esta modalidad
de secuestro se convirtió en un instrumento de presión, que en el ámbito local y regional le permite a la guerrilla intimidar a funcionarios del Estado, dirigentes políticos y candidatos a alcaldías y concejos, con el propósito de ejercer influencia en los poderes locales en las áreas donde tiene presencia. Entre 1989 y 1996, los secuestros de la guerrilla fueron sobrepasados por los que se originaban en la delincuencia común y las organizaciones al servicio del narcotráfico. Cabe anotar que los narcotraficantes recurren al secuestro con los más variados fines: con objetivos puramente políticos; como sustituto del comercio de droga en períodos de iliquidez; para financiar sus guerras contra el Estado o como un mecanismo corriente para cobrar deudas.51
Los secuestros llevados a cabo por el narcotráfico a través de las estructuras armadas a su servicio fueron muy elevados durante este lapso. Entre 1989 y 1991, secuestros entre otros de Diana Turbay, Francisco Santos, Maruja Pachón, Beatriz Villamizar y Marina Montoya, fueron perpetrados por Pablo Escobar, con el fin de imponer la no extradición de narcotraficantes y las con- diciones más favorables para el sometimiento a la justicia colombiana de los miembros del cartel de Medellín.52
La elevación del secuestro hacia comienzos de los años noventa, también coincide con la escalada de acciones de la guerrilla desatada en el país como respuesta a las operaciones desarrolladas por las Fuerzas Militares contra
49 Alejandro Reyes. (1991). “Paramilitares en Colombia: contexto, aliados y conse- cuencias”, en: Análisis Político, núm. 12, enero-abril
50 En el mes de febrero de 1988, el ELN secuestró 26 personas, de las cuales 21 lo fueron por motivos políticos; alcaldes, funcionarios municipales y periodistas que recibieron instrucciones para que se construyeran en garantes de la limpieza en el proceso de elección popular de alcaldes que se realizaría en el mes de marzo. 51 El caso estudiado por Rubio en el trabajo citado es el de Pablo Escobar, por cuanto
se especializó en la realización de secuestros. Su capacidad para tomar rehenes, esconderlos de las autoridades o de terceras partes interesadas y cobrar por su liberación fue un elemento central de su poder. Llegó a ser no sólo el secuestrador más importante de Medellín sino, cínicamente, una de las instancias a la que re- currían las víctimas para ayudarles a negociar y solucionar algún plagio específico. Así mismo, Escobar habría estado detrás de varios secuestros y asesinatos de narcotraficantes importantes.
52 Con respecto a los secuestros perpetrados por “Los Extraditables”, se produjo la muerte de Diana Turbay el día 24 de enero de 1991 en momentos en que miem- bros de la Policía intentaban rescatarla. La liberación de Francisco Santos y Maruja Pachón el día 20 de mayo del mismo año, cierra una larga cadena de acciones terroristas con el sometimiento a la justicia de los jefes del Cartel de Medellín. Ver: Gabriel García Márquez, Noticia de un Secuestro, Editorial Norma, 1996.
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el Estado Mayor de las Farc en Uribe (Meta). Los altos niveles de violencia guerrillera en 1991 no sólo se expresaron en la realización de múltiples aten- tados contra la infraestructura económica del país, sino también en el incre- mento de los asesinatos y secuestros.
Los grupos de autodefensa, que habían crecido de la mano del narcotráfico, luego de ser declarados ilegales en 1989, se sometieron a la justicia e hicieron entrega de armas, acogiéndose a los decretos 207 y 3030 de 1990 y 303 de 1991, que contemplaban para sus integrantes reducción de penas y con- fesión voluntaria. Fueron tres los grupos que se desmovilizaron: un reducto compuesto por cerca de 200 hombres del grupo de Rodríguez Gacha en Pacho (Cundinamarca), el que actuó en Puerto Boyacá, al mando de Ariel Otero, con cerca de 400 integrantes y el de Fidel Castaño que entregó 600 fusiles, así como varias haciendas en su zona de influencia en Córdoba y Urabá.
En 1992, si bien los secuestros se reducen de manera significativa, se con- tinúan realizando por parte de la guerrilla, constituyéndose en un incumpli- miento al compromiso de no atentar contra la población civil, adquirido en el marco de las negociaciones de paz adelantadas durante el gobierno Gaviria por la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, integrada por las Farc, el ELN y la disidencia del EPL.
Pese a que en 1993, las conversaciones entre la guerrilla y el gobierno ya se habían roto, los secuestros siguieron disminuyendo. En ese entonces, los plagios que se atribuyen a las Farc y el ELN están prácticamente a la par, notándose una caída de los secuestros perpetrados por las Farc con respecto a los dos años anteriores. La disidencia del EPL, que cada vez muestra una mayor debilidad en el campo de la confrontación armada, continúa recurrien- do al secuestro en las zonas donde hace presencia. De otra parte, se realizan secuestros como medio de presión para lograr la liberación de familiares o allegados de miembros de organizaciones al margen de la ley, plagiados por grupos rivales.53
En 1994, los secuestros aumentan con respecto a la tendencia observada en los dos años anteriores. La guerrilla intensifica los plagios en procura del fortalecimiento de sus finanzas, luego de enfrentar una fuerte ofensiva de las Fuerzas Armadas, en desarrollo de la llamada “guerra integral”, una vez terminaron los diálogos de paz en el gobierno Gaviria. En 1995, los ingresos por concepto de este delito representan alrededor del 35% de las finanzas de la subversión, constituyendo la segunda fuente de recursos, después del narcotráfico, que participa con el 5% en caso de las Farc y de la extorsión al sector minero, con una participación del 53% en los fondos del ELN.54
Mientras que los ingresos por secuestro crecen entre 1991 y 1995, a par- tir de 1996 se revierte esta tendencia, debido a que el monto por pago de
53 La prensa nacional da cuenta el 21 de enero de 1993, de cómo las hermanas del narcotraficante José Santacruz Londoño y del comandante de las Farc Pablo Cata- tumbo, recobraron la libertad, tras un acuerdo al que llegaron los jefes de la Farc y del cartel de Cali, luego de producirse el secuestro de Cristina Santacruz en el norte del Cauca y los secuestros de Amparo Torres Victoria, hermana de Catatum- bo y 30 integrantes de las Farc, por parte del Cartel de Cali.
54 Edgar Trujillo y Martha Elena Badel.”Los costos económicos de la criminalidad y la violencia en Colombia: 1991-1996” Departamento Nacional de Planeación, Archi- vos de Macroeconomía No.76 de marzo de 1998.
rescates empieza a descender. Una respuesta a este fenómeno es la de- nominada “democratización del secuestro” que se traduce en el plagio de un mayor número de personas que cuentan con menor capacidad de pago. Este cambio se relaciona también con los efectos de la crisis económica, que al limitar la capacidad económica de las víctimas, lleva a que se produzcan más secuestros para compensar la caída en la cuantía por cada rescate.55
Entre 1996 y 1997, se vuelven a registrar secuestros de familiares de miem- bros del Estado Mayor de las Farc y del Coce del ELN, perpetrados por las autodefensas, según se conoció en comunicados aparecidos en los medios de comunicación.56
A partir de 1997, los secuestros realizados por la guerrilla vuelven a superar los cometidos por otros actores, que comienzan a crecer, debido a los se- cuestros masivos de miembros de la Fuerza Pública y la intensificación del secuestro selectivo de dirigentes políticos y extorsivo económico, tal y como se muestra en el gráfico No. 22.
Es importante señalar que la guerrilla también recurrió al aumento del se- cuestro para compensar las pérdidas territoriales muy significativas que se venían produciendo por cuenta del nuevo impulso que experimentaban las autodefensas, con posterioridad a la muerte de Pablo Escobar en 1993. En efecto, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), bajo el mando de Fidel y Carlos Castaño, comenzaron a registrar una expansión muy significativa, con el apoyo de desmovilizados del EPL.57La avanzada liderada
por las Accu se manifestó, inicialmente, en el norte de Urabá. En 1995, se lleva a cabo la entrada al eje bananero y en 1996 la expansión al Atrato, Occidente y Oriente antioqueño y Nudo de Paramillo, junto con el inicio de acciones en Sucre, Magdalena y Cesar.
En el mes de abril de 1997, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, las del Magdalena Medio y las de los Llanos Orientales se unieron para conformar las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). A partir de este momento, las estructuras agrupadas bajo el rótulo de las AUC se trazaron entre sus principales objetivos contener el avance de la guerrilla mediante el enfrentamiento directo con los grupos subversivos. A su vez decidieron
55 Manuel Fernando Castro, Jorge Arabia y Andrés Celis. El conflicto armado: la es- trategia económica de los principales actores y su incidencia de los costos de la violencia 1990-1998. Revista Planeación y desarrollo, Vol. XXX, No. 3, julio- sep- tiembre de 1999.
56 Entre estos secuestros, se encuentra el de Janet Torres, otra hermana de Pablo Catatumbo, realizado en abril de 1996. Tras su liberación, ocho meses después de producirse su secuestro en Cali, la mujer regresó al campamento en Valencia (Córdoba) donde permaneció en cautiverio atraída por un sentimiento amoroso. Luego de sostener un corto romance con Carlos Castaño, éste ordenó su muerte por considerar que la mujer era una infiltrada al servicio de las Farc. Otros se- cuestros contra familiares de miembros de la guerrilla fueron admitidos en versión libre por Salvatore Mancuso: el de Leonor Palmera, hermana de Simón Trinidad, secuestrada entre 1996 y 1997; el de Hilda Rodríguez, hermana de Nicolás Rodrí- guez Bautista, Gabino, jefe del ELN, secuestrada con su esposo Libardo Acevedo en 1997, ambos asesinados en cautiverio.
57 Ver Comisión Verificadora de los Actores Violentos en Urabá (1995), “Informe Final” y Fernando Cubides, Ana Cecilia Olaya y Carlos Miguel Ortiz (1995) “Ten- dencias en el Desarrollo Municipal y Violencia en Colombia”, Cap. 3. Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, Santafé de Bogotá.
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extender su presencia hacia las zonas de alto valor estratégico para la gue- rrilla, buscando el apoyo de importantes sectores sociales vinculados con las actividades rurales más dinámicas.58
Gráfico No. 22
Siguiendo estos propósitos, se comienzan a presentar hechos de violencia en varias regiones, poniendo de presente el nuevo impulso que se comenzaba a producir en el patrón de crecimiento de las autodefensas, que se traduciría posteriormente en mayores pérdidas territoriales para la guerrilla.
El rápido avance de las AUC, en el norte del país llevó a Carlos Castaño a anunciar que para diciembre de 1998 “colgaría su hamaca en la Serranía de San Lucas”, zona de presencia histórica de la guerrilla y de vital importancia para su financiamiento y movilización. Sin embargo, se puso de presente la superioridad táctica de la guerrilla, puesto que las minas, las trampas y la zona montañosa le impidieron lograr su objetivo. En este sentido, entre más
58 Ver de Fernando Cubides “Los paramilitares y su estrategia”, en: Deas, Malcolm y María Victoria Llorente (1999), Reconocer la guerra para construir la paz, Bogotá, Editorial Norma - Cerec - Universidad de los Andes; y. “Paramilitares y narcotrá- fico: ¿Matrimonio indisoluble?”, en: Rangel, Alfredo (2005), El poder paramilitar, Bogotá, Fundación Seguridad y Democracia y Planeta.
Fuente: Fondelibertad
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avanzaban las AUC, mayor resistencia encontraban por parte del ELN y las Farc, que le propinaron una derrota tras otra en el sur de Bolívar.
En los meses previos a la realización de los comicios electorales del 26 de octubre de 1997, las Farc presionaron mediante el secuestro y otras formas de intimidación la renuncia de un conjunto importante de candidatos a los concejos y alcaldías. El sabotaje de las elecciones se produjo en las localida- des donde los grupos de autodefensa venían sosteniendo una fuerte disputa con la guerrilla. Al presionar la renuncia de los candidatos, la subversión bus- có impedir el avance de las estructuras de las autodefensas y que llegaran a influenciar los gobiernos locales.
Es importante señalar además que en 1996, se establece el punto de par- tida de una serie de ataques contra el Ejército y la Policía que permitieron a las Farc secuestrar un alto número de integrantes de la Fuerza Pública. En 1996, los ataques se llevaron a cabo el 30 de agosto, a la base militar las Delicias en el departamento de Putumayo, donde dieron muerte a 27 militares y secuestraron a 60, que fueron liberados meses después, y el 7 de septiembre a la base militar de La Carpa en Guaviare. En 1997, la base militar de Patascoy en el departamento de Nariño fue atacada el 21 de diciembre, murieron 10 militares, cuatro quedaron heridos y 18 fueron secuestrados. En 1998, los secuestros de miembros de la Fuerza Pública alcanzaron su punto máximo. A partir del mes de marzo, fueron atacadas