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Chapter 3. Occupants’ energy consumption behaviour and behavioural

3.3 Behavioural interventions for home energy conservation

3.3.3 Behavioural interventions for behavioural change

Masson, L. (2014) El cuerpo como un espacio de disidencia. Recuperado de http://ineditviable.blogspot.com.co/2014/11/el-cuerpo-como-espacio-de-disidencia.html

Esta categoría emergente nace de las relaciones que existen en cada uno de los agentes y su posicionamiento desde el propio cuerpo en el que coexiste un empoderamiento desde la disidencia y la anormalidad; que permite ver el cuerpo fuera de los parámetros que lo moldean, en una única sinfonía y sentido de la existencia.

Lo que posibilita transcurrir por las experiencias de los cuerpos de los agentes es el acercamiento a otras vitalidades, que facilitan el tránsito desde mi propio cuerpo como partícipe de esta investigación-creación y más aún cuando se detiene a escuchar las experiencias de otros; una disidencia que se vuelve poder desde el cuerpo mismo, pues el poder reside desde uno y desde lo que hace al cuerpo disidente y anormal.

Una manera política de vivir, en la que el cuerpo se expone para postularse desde lo privado llevado a lo público; un cuerpo que se resignifica desde el poder imperante de la diferencia, no desde la sexualidad únicamente, sino desde las ideas y desde los pensamientos. El cuerpo disidente como una rama vital en los pronunciamientos de las prácticas artísticas de los agentes de esta investigación-creación, en permanente estado de

reflexión, que se convierte en la base de sus propias intervenciones a partir de su propio conocimiento e inquietud de vida.

El cuerpo disidente está en constante tránsito, partiendo de la no definición y de una constante reflexión con el operante estado de términos y etiquetamientos que impera sobre los cuerpos en los discursos heteronormativos; pero son las pulsiones de cada uno de los agentes que hacen parte de esta investigación-creación, las que permiten otras formas discursivas de narrarse desde el cuerpo, con la particularidad de estar en un permanente juego de resignificación de género, y en este juego con el género desaparece la diferencia de un cuerpo regido por la heteronormatividad; ya que el género siempre será un canalizador de formas de dominio a los estigmas sociales o heridas.

Las personas tienen la tendencia a clasificar, “Incluso en nuestros entornos politizados se tiene rechazo a ciertos cuerpos como consecuencia de la imposición de un sistema estético y de valores implantado en nuestro cerebro desde la infancia, que, en muchos casos, todavía no hemos podido resetear” (Post-op. 2014, p.204).

Pero aquí se nos presenta la no etiqueta como una manera de pensar y de sentir propia; que permite una auténtica representación; una lealtad a la subjetividad, una ética a lo que somos y queremos ser en verdad; una configuración de identidad, una construcción renovada de cuerpo, re-existente desde lo que se piensa, se siente o se es. O, simplemente, desde lo que no se es. Desde el no entrar en definiciones que impiden lo que eres; un conocimiento desde la auto-conciencia, una invitación para auto sentirse.

El cuerpo en disidencia es un cuerpo que confunde, que no se descifra, que es absurdo. Es el lugar de los conflictos del cuerpo que renace cuerpo; imaginarios reales que se hacen discurso con otros cuerpos que no se proyectan tan legítimos para el común; porque logran las representaciones de otros placeres, desde su visibilidad, desde su deconstruir del deseo y la subversión de las formas.

La búsqueda de otros órganos de placer; sentir desde todo el cuerpo, amplía el imaginario, a partir de estas búsquedas, desde otros cuerpos, otras realidades, otros ideales que salen de la heteronorma. Un cuerpo disidente es un vehículo vital para la experiencia sensible, pues la exploración y la ampliación al placer desde otros sentidos es una de las tantas críticas a los ejercicios de control que amputan los cuerpos.

Encarnar un cuerpo disidente es encarnar las propias satisfacciones y, en los agentes de esta investigación-creación, se ve un encuentro de afinidad en el que el cuerpo, la sexualidad y el deseo son llevadas al escenario de una manera política; porque rompen con la dicotomía de sexo y género, al mostrar que sus cuerpos son un constructo que confunde, que molesta, que no tiene una lectura ni como hombre, ni como mujer, sino que se trata de unos seres que están mutando constantemente desde sus sensibilidades y mundos sensoriales inusuales.

En estas representaciones de cuerpos, se encuentran estrechos vínculos con los planteamientos del postporno; éste, visto desde las proyecciones de los cuerpos que subvierten y que generan nuevos imaginarios fuera de las normas heteropatriarcales; un postporno que presenta a los cuerpos y sentires desde la disidencia, como parte del monstruo que se construye desde otras formas de discurso, como afirma Post-op (2014), “El postporno es de monstruas empoderadas que muestran su sexualidad sin pudores ni tapujos, que muestran sus heridas de guerra, que muestran lo que la sociedad bien pensante les ha invitado a esconder” (p.198).

Cada vez estoy más convencida de que “SÍ” me identifico con los sujetos que se han pronunciado, que han expuesto e intervenido sus cuerpos en pro de una lucha corpórea subversiva y trasgresora; que busca el reencuentro, la reivindicación, la visibilidad, el empoderamiento, la trasgresión y la resistencia de los cuerpos anulados, de los cuerpos callados, de los cuerpos excluidos por los entes de poder que han ejercido toda su fuerza para silenciarlos, controlando su sexualidad e identidad. Me asemejo a sus ideales, a sus pensamientos, a sus indagaciones, a sus inconformidades; ellos ya hablaron, se han pronunciado, también han comunicado mis exclusiones.

Su búsqueda atraviesa el territorio de la sensibilidad que permite replantear nuevas y perdidas formas de locución que nos posibilitan ser más libres o, por lo menos, un poco más conscientes del recorrido de nuestra propia sensibilidad e identidad por la existencia.

¿Acaso las sensibilidades no son múltiples? ser sensibles desde nuestra corporeidad nos permite el desprendimiento de muchas de las etiquetas socialmente estructuradas, lo que no quiere decir que el indagar no se haga desde fuera de la estructura, sino dentro de ella; para

conocerla y poder generar una nueva visión transformadora de la realidad a partir de la disidencia.