7 Model Implications
7.3 Who Benets from Introducing Ebooks?
amados.
¡Qué poderosa combinación: he aquí el verdadero evangelio impregnado de la más tierna presenta- ción! ¡Y todo esto en el servicio del Espíritu Santo! ¿Por qué ha de causarnos sorpresa el que los misio- neros hubiesen logrado tanto éxito?
La palabra usada en el original ocurre en el Nuevo Testamento solamente en este lugar. Cf. su uso en Job 3:21: los amargos de alma “desean”, “anhelan” la muerte. En cierta inscripción sepulcral los acongojados padres son descritos como “deseando intensamente a su hijo”49.
47 No hay gran diferencia si “de codicia” se considera genitivo objetivo: un pretexto para codicia (para cubrir la codicia) o como genitivo subjetivo: un pretexto de codicia (producido por la codicia, usado por la codicia como una cubierta). La idea resultante es más o menos la misma. La traducción ni encubrimos avaricia (RVR) es también excelente, aunque pre‐
texto (algo tejido enfrente) o pretensión (algo que se esparce enfrente)—de ahí, un disfraz—extrae en forma más precisa el
significado del prefijo en la palabra griega.
48 Esta es la palabra correcta, no tiernos o blandos, aunque aquélla tiene considerable apoyo textual. Pero el cambio de
amables a tiernos (la diferencia es solamente una letra en el original: ἤπιοι a νήπιοι) puede haberse originado por el
hecho de que amable es raro (usado en el Nuevo Testamento solamente aquí y en 2 Ti. 2:24. Véase también M.M., p. 281). Esto es mejor que decir (con aquellos que favorecen la traducción tiernos) que la primera letra de νήπιοι fue omi- tida por error del escriba por cuanto la misma letra termina la palabra precedente. Después de todo, el contexto en forma bien definida está a favor de amable; amable contrasta a “con peso” (formidable, ponderoso); también encaja con la descripción que sigue inmediatamente: “como cuando una nodriza acaricia a sus propios hijos”.
Es muy probable que exista algo de ironía en esta expresión, como si Pablo quisiese decir, “Los que nos calumnian dicen que nosotros andábamos tras de vosotros; bien, tienen razón, sin duda os anhelá- bamos, pero no con el propósito de obtener algo de vosotros, sino para participar algo con vosotros”. Y ese algo [p 78] consistía en nada menos que dos valiosos tesoros: el evangelio de Dios, y nuestras mismas
almas (o tal vez, ellos mismos como en Juan 10:11; véase C.N.T. en relación a ese pasaje), nuestros talen-
tos, tiempo, energías; véase en el próximo versículo; y todo esto porque vosotros habíais llegado a ser‐ nos muy amados. Pablo, Silas, y Timoteo tienen vívidas reminiscencias de su obra en Tesalónica. Todas aquellas escenas de gozosa aceptación de las buenas nuevas, y esto a pesar de amarga persecución, pa- san por su mente una vez más. Recuerdan cuan estrecha fue la comunión y cómo aquellos lazos entre ellos y los hermanos habían llegado a ser más y más fuertes y perdurables. Estos creyentes, amados de Dios, habían llegado a ser muy amados a los enviados especiales de Dios. Se les insta a recordar:
9. Porque recordáis, hermanos, nuestra fatiga y arduo trabajo: de noche y de día (estuvimos) tra‐ bajando en un oficio, (o “trabajando para sostenernos”), a fin de no ser una carga a ninguno de voso‐ tros en tanto que os proclamábamos el evangelio de Dios.
El giro de la conexión entre este pasaje y el que precede es: “Lo que recién hemos afirmado con res- pecto al hecho de que no hemos estado tratando de recibir nada de vosotros (véase el versículo 5 más arriba) sino más bien impartir algo a vosotros, que habéis llegado a sernos muy amados (véase v. 8), es la verdad, porque nuestra fatiga y afán para no seros carga a ninguno de vosotros cuando estuvimos allí, lo prueba”.
La palabra cariñosa, hermanos, se adapta muy bien especialmente en la conexión presente: Pablo y Si- las, y Timoteo se habían situado al mismo nivel que los obreros de Tesalónica; ¡todos trabajaban por su sustento material! Véase también sobre 1 Ts. 1:4. Sin embargo, la implicación es más amplia; ¡el lazo es espiritual! ¡son hermanos en Cristo! La expresión fatiga y arduo trabajo (palabras que en el original riman: κόπος—μόχθος)—no se refieren tanto a la fatiga y cansancio con relación al trabajo en tiendas como al pensamiento completo expresado en la frase, es decir, que los misioneros habían estado trabajando no- che y día50 (parte de la noche, y parte del día; obsérvese el genitivo) ¡y habían estado predicando ade- más! Debió haber sido muy duro, indudablemente, hallar tiempo para todo esto y no ser quebrantados por tanta carga. Sin embargo, por causa del evangelio de Dios y su grande amor por los tesalonicenses, siendo en su mayoría simplemente obreros, habían soportado la carga con alegría. Obsérvese: “el evan- gelio de [p 79] Dios”. Si hubiese sido de hombres, por ejemplo de “filósofos ambulantes”, los tesalonicen- ses no habrían sido tratados con tal consideración.
Pablo y sus compañeros tuvieron que reflexionar cuidadosamente acerca del asunto, “¿aceptaremos remuneración financiera por el trabajo de llevar el evangelio; particularmente, lo aceptaremos de los convertidos mismos? La posición de Pablo a este respecto se puede resumir en las siguientes diez pro- posiciones:
(1) Tit. 1:11: Definidamente no desea dar base para ser considerado junto con la clase de los “pala- breros” interesados en “sucia ganancia”.
(2) 1 Co. 9:6–15: Sin embargo, enfáticamente sostiene el derecho de recibir remuneración de parte de la iglesia por realizar labores espirituales, y recibirla precisamente de los mismos convertidos (véase especialmente v. 11).
50 Noche y día (en lugar de día y noche) es el orden también en 3:10; 2 Ts. 3:8; 1 Ti. 5:5; 2 Ti. 1:3; cf. Jer. 14:17; contraste 16:13.
No obstante, en lo que concierne a este último grupo (los convertidos), el apóstol había determinado no
hacer uso de ese legítimo derecho (véase v. 15).
(3) Hch. 20:33: De haberlo hecho no habría estado en condiciones de decir, “Ni plata, ni oro, ni vesti- do de nadie he condiciado”.
(4) 2 Co. 11:8: A veces recibió salario de iglesias ya establecidas en tanto que laboraba en un nuevo campo.
(5) Fil. 4:10–20: Aceptó dones de una iglesia ya establecida (Filipos).
(6) Hch. 20:34, 35; 1 Ts. 2:9 y 2 Ts. 3:8: Mayormente provee a sus propias necesidades (y aun a las de otros) trabajando manualmente.
(7) Hch. 18:3: Confecciona tiendas como obrero del ramo.
(8) 1 Co. 6:12; 8:9, 13; 9:12; 10:23: Insiste vez tras vez en el principio (aplicándolo a varias situaciones) siguiente: Todas las cosas me son lícitas, pero no todas convienen: existen muchas cosas buenas en sí, y tengo pleno derecho a ellas, pero no obstante, ¡esto no significa que tenga que hacerlas! En realidad, el corazón del problema es siempre: “¿Cuál es la línea de acción más beneficiosa para promover la obra del reino y la gloria de Dios?”
(9) 2 Co. 11:7: Aun así, a pesar del cuidadoso plan delineado con respecto a obra y salarios, no se es- capa de las críticas. Si recibe dinero, o si sus enemigos sospechan de que lo haya recibido, le acusarán de inmediato de egoísmo y codicia; si no lo hace, la acusación será de ostentar una pretendida humildad.
(10) 1 Co. 4:12; Ef. 4:28; 1 Ts. 2:9; 2 Ts. 3:8, 10: El apóstol (y el Espíritu Santo por medio de él) dignifi- ca el trabajo, y proclama el [p 80] gran principio: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”. Ahora bien, en sus días y época, el trabajo manual no era siempre, ni en todo lugar, considerado como honora- ble. Cicerón (orador y escritor romano, 106–43 a.C.) declara que la opinión general era la siguiente:
“Los oficios de obreros a sueldo y de todos aquellos que reciben paga meramente por su trabajo y no por su destreza, son vulgares e indignos de un hombre libre, ya que su salario responde a una obra ser- vil … Todos los artesanos se ocupan de asuntos vulgares; puesto que un taller no se puede rodear de nada respetable … El comercio, al ser ejercido en pequeña escala, ha de ser considerado bajo; pero si es realizado en alta escala y opulento … no es tan ignomioso” (De Officiis I. xlii).
En contraste notable a este concepto, ¡se yergue el evangelio de Dios, doctrina presentada por Pablo y sus compañeros!
10. Vosotros (sois) testigos y (lo es) Dios, de cuan piadosa, y justa e irreprensiblemente nos con‐