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Biased Gene-specific Codon Usage Contributes to the Regulation of Spatial Protein

Chapter 2: Natural Selection on Eukaryotic Gene-Specific Codon Usage Bias Has Broad

2.3 Results

2.3.3 Biased Gene-specific Codon Usage Contributes to the Regulation of Spatial Protein

La autonomía indígena es territorial, ni duda cabe. No hay autonomía

indígena sin territorio indígena, sin el espesor cultural que hace de

substrato a la comunidad. La autonomía indígena es autogobierno, autodeterminación, libre determinación y gestión territorial propia. Todo esto supone lenguas propias, instituciones propias, normas y procedimientos propios. La realización de las autonomías indígenas es parte del recorrido de la descolonización y la descolonización es condición indispensable para abolir el capitalismo, cuya matriz constitutiva es precisamente colonial.

Las autonomías indígenas forman parte de la constelación autonómica de las sociedades libertarias. En las transiciones, las autonomías

indígenas son las composiciones históricas y culturales primordiales en

el espacio-tiempo del pluralismo social, político y cultural. No se puede ceder en este tema fundamental. No se puede aceptar los argumentos defensivos del Estado-nación. El Estado-nación es la malla institucional construida en la modernidad como dispositivo de poder de la gestión capitalista. El Estado es capital, así como el mercado es capital; del mismo modo que la valoración abstracta, es decir, la acumulación, es capital. El Estado es la cara jurídico-política del capital, en tanto que el mercado es la cara económica-social del capital. La valoración

abstracta es la contabilidad capitalista, en tanto que la gubernamentalidad aparece como la cara operativa del capital. Es pues

insostenible la tesis marxista que pretende abolir el capital manteniendo su otra cara, el Estado.

Como dijimos, la importancia de las autonomías indígenas es su proyección civilizatoria, como alternativas a la civilización de la modernidad. En este sentido, su crítica e interpelación va más lejos que la crítica “revolucionaria”, que la crítica marxista. No crítica parcialmente al capitalismo como crítica de la economía política

restringida, no crítica solo al modo de producción capitalista, incluso

va más allá de la crítica del sistema-mundo capitalista. La crítica es

civilizatoria, es integral, crítica de la cultura moderna, de la sociedad

moderna, de la política moderna, crítica del Estado y sus “ideologías”. Crítica del fetichismo del desarrollo y de la ilusión del progreso. Las perspectivas indígenas nos invitan a efectuar una crítica integral, crítica que hemos llamado crítica de la economía política generalizada.

La lucha de las comunidades y de los pueblos, no solamente indígenas, en el sentido propio de la palabra, sino también comunidades campesinas y pueblos mestizos, es por la defensa de sus territorios, que comprenden las cuencas, los bosques, los suelos, la fauna, la flora, la biodiversidad, el agua, los ciclos del agua, del aire, de los suelos. Esta lucha es contra el capitalismo depredador, contra las formas destructivas del capitalismo extractivista. Esta lucha es contra las políticas impulsoras del extractivismo, dadas tanto en los gobiernos neoliberales como en los llamados gobiernos progresistas. Es una lucha ciertamente por la defensa de los derechos colectivos, de los derechos de las naciones y pueblos indígenas; empero, la lucha no se circunscribe en la exigencia del cumplimiento de la norma, de las leyes, de la Constitución. Estas luchas se proponen la realización efectiva de los proyectos civilizatorios alternativos.

Las autonomías indígenas enfrentan el avance demoledor de las políticas desarrollistas. Estas políticas, a pesar de ser pronunciadas en distintos discursos, son compartidas tanto por gobiernos neoliberales como por gobiernos progresistas. El enfoque desarrollista se sustenta en el paradigma evolucionista, supone una linealidad histórica ascendente; que llama progreso; los marxistas llaman revolución. Este enfoque observa a las comunidades indígenas y sus pretensiones

autonómicas como obstáculos para el desarrollo. Los neoliberales

pueden llegar a estar dispuestos a hacer concesiones en los parámetros del multiculturalismo liberal; los gobiernos progresistas pueden llegar a estar dispuestos a hacer concesiones en lo que respecta a la normativa de los derechos colectivos, siempre y cuando no afecte al

desarrollo nacional. De entrada las autonomías indígenas se

encuentran acotadas por estas formas de gubernamentalidad, que forman parte del Estado-nación. No se pueden promocionar ilusiones en lograr la comprensión por parte de estas formas de

gubernamentalidad, en lo que respecta a la alteridad civilizatoria

indígena. Hacerlo es debilitar la potencia de los pueblos en la lucha descolonizadora.

De manera concreta, las comunidades indígenas enfrentan la devastadora explotación minera, la contaminante y depredadora extracción hidrocarburífera, el avance expansivo de los monocultivos, controlados por grandes empresas privadas, la implantación de caminos que destruyen sus territorios y ecosistemas. Los gobiernos neoliberales y los gobiernos progresistas, aunque lo hagan con distinta tonalidad, empleando diferentes discursos, dicen que cuando las comunidades indígenas se resisten a la minería, a la explotación hidrocarburífera, al avance del monocultivo y la ganadería, a la construcción de carreteras, atentan contra el “interés general” desde un “interés particular”. ¿Es “interés general” destruir los ecosistemas, afectar las cuencas, los ciclos vitales del agua, del aire, de los suelos? ¿Qué es el “interés general”? ¿Quiénes hablan a nombre del “interés general”? Hay en estas pretensiones políticas por lo menos dos fenómenos de distorsión; uno, que se habla de “interés general” abstractamente, vaciando su contenido, que no puede ser otro que la relativa a las composiciones compuestas de los “intereses” concretos. El otro, a nombre del Estado, que es otra abstracción, el gobierno de turno, habla por todos y dice que es la voz del pueblo. Esta es una usurpación de la voz, de la opinión, de las voluntades de todos, que no puede ser sino las voces singulares, las opiniones singulares, las voluntades singulares de todos.

No hay tal “interés general”, salvo en la “ideología”. Lo que hay son apetencias concretas, deseos manifiestos, voluntades singulares

asociadas, proyectos sociales inherentes. Si se quiere, usando una

palabra discutible, se ponen en juego “intereses” singulares. Las demandas de los pueblos indígenas no responden a un “interés particular”, como cree la “ideología” desarrollista, responden al entramado ecológico, al entramado de las ecologías sociales y las ecologías en su espesor vital. Responden a los ciclos de la vida, que afectan a todos los humanos. La lucha de los pueblos indígenas es por la vida, en defensa de la vida, entonces es una lucha por todos y todas las humanas. El “interés general” que decantan los discursos

desarrollistas no responde a estas constelaciones molares y culturales

de las sociedades y de las ecologías, sino al “interés” del poder y del capital.