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La pregunta que cabe contestar a partir de los testimonios de los sujetos es la manera en la que se encuentran interrelacionados lo espacial y la política. Más concretamente, se trata de dilucidar la dimensión política que atraviesa y es atravesada por la construcción social del lugar, que en ningún caso debe entenderse como algo dado, o situado al margen de los procesos de sociales, económicos y políticos que sirven de condiciones para la generación de todo tipo de representaciones sociales. Para profundizar más en este punto, en este apartado de análisis el foco se pondrá sobre los discursos de los y las jóvenes soachunos y bogotanos.

En cuanto a los sujetos de Soacha, lo primero que puede decirse es que el territorio está en los motivos que dan para actuar políticamente, y se hace explícito como razón para la acción política. Este es un elemento que se repitió constantemente a lo largo de las entrevistas y en los grupos de discusión. Soacha como entidad espacial se constituye en objeto de la acción

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política de los sujetos en la medida en que ellos se reconocen como soachunos, con base en una identidad espacial fundamentada en una memoria compartida y en una vivencia particular de cómo se representan y creen que se representan desde afuera el lugar y sus habitantes.

La acción política de los y las jóvenes que pertenecen a la Red PUB parece estar profundamente vinculada a Soacha en tanto lugar que habitan y de cuyos problemas e injusticias se sienten parte afectada. Esto a primera vista puede resultar de sentido común, dado que pareciera deberse a la proximidad espacial y a la familiaridad con aquellas cuestiones con las que se tiene contacto más cotidianamente. Pero lo cierto es que esa familiaridad es construida y no se debe a la proximidad física. En este sentido puede mencionarse el caso de Altos de la Florida, lugar que es objeto de la intervención que llevan a cabo los jóvenes que habitan las partes bajas de Soacha. Todos los sábados (desde que perdieron el apoyo institucional de FEDES), los y las jóvenes de las partes bajas suben a Altos de la Florida a realizar actividades con los jóvenes del lugar para mantener vivo un proceso que los primeros consideran fundamental en términos de poder brindar un mínimo sentido de solidaridad ante la difícil situación que deben afrontar día a día.

Altos de la Florida está más cerca en términos físicos, pero eso no lo hace necesariamente más fácilmente accesible y visitable dada la situación del barrio, lugar de operaciones de grupos armados y escenario de múltiples violencias. Antes bien, es accedido y visitado desde su condición de pertenencia al lugar con base en el cual los jóvenes construyen un nosotros político espacialmente situado, en este caso, el municipio de Soacha, demarcación administrativa espacial naturalizada, pero con efectos en la subjetividad situada de los sujetos. Con esto se quiere decir que la acción política de los jóvenes que participan en la Red PUB se dirige a discutir y confrontar las cuestiones que afectan a Soacha. Su participación no tiene lugar en organizaciones políticas cuya acción viene orientada por metas políticas marcadas por otros ejes de disputa y que apuntan a incidir sobre el plano extramunicipal.

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Asimismo, hay que destacar un aspecto fundamental que tiene que ver con las representaciones desde las cuales estos sujetos construyen su sentido de lugar. Es sumamente llamativa la reivindicación que se hace de la herencia muisca que tiene Soacha. Este fue un tema que emergió recurrentemente a lo largo del trabajo de campo y que se articula de manera significativa con lo que es el trabajo de la Red y de su identidad como colectivo. El primer contacto que se dio entre las jóvenes de los colectivos y el investigador fue justamente visitando un pictograma muisca que domina la panorámica que se tiene de Soacha desde los cerros de Altos de la Florida. Se trata de un pictograma que hace referencia al Dios Varón Sol, que da nombre a la ciudad de Soacha, antiguo pueblo de indios durante la colonia, y como tal alejado de la ciudad europea y blanca de Santa Fe. Esta memoria de lo muisca no es algo dado, sino que fue un trabajo de construcción identitaria que se dio durante el proceso colectivo en el que han participado los jóvenes dentro de la Red PUB.

―No, pues, la verdad siempre sí. Cuando uno vive en Soacha se es consciente de las leyendas que hay allá, de los mitos; pero eso es como un cero a la izquierda. Ya es más cuando inicié con el colectivo, y entonces es ese valor y esa razón que significa para nosotros, que le hallamos a eso. Y por lo mismo el nombre del Colectivo, ya la unión que se le ha dado, y el lugar y todo, entonces nos ayuda para hallarle ese sentido a todo lo que significa Soacha‖ (Entrevista 1, mujer, Soacha, 17 años)

Más aún, la reivindicación de la memoria soachuna pareciera ser un elemento fundamental sobre el que se ha centrado el trabajo de los jóvenes organizados en torno a los diferentes colectivos de la red. Durante el trabajo de campo se tuvo ocasión de asistir a una reunión en defensa de los bosques de San Mateo convocada por la comunidad muisca de Soacha. En esta reunión se buscaba generar una acción colectiva que impidiera el proyecto de urbanización del bosque y Lomas de San Mateo, desde una concepción tanto ecológica como de defensa del patrimonio cultural soachuno.

Y es que la misma tarea de hacer política construye el territorio para los sujetos que lo habitan. Podría decirse que es en el proceso de involucrarse los jóvenes en los diferentes colectivos que componen la Red PUB que la representación de su territorio cambia por

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completo, que se reconfigura la idea que ellos y ellas tenían de su lugar de residencia, al que pasan a ver con nuevos ojos y desde una perspectiva a partir de la cual reelaboran ciertas representaciones sobre Soacha y sus diferentes sectores.

―Entrevistador ¿Ustedes creen que el haber participado en la red, en sus colectivos, les ha aportado algo, los ha cambiado, o ustedes están ahí porque ―yo voy a ayudar a los pelaos‖ y listo?

William: En mí sí ha cambiado harto. Por ejemplo, el día que fue Víctor a reclutarnos a Fedes. Él llegó y dijo que estábamos ayudando a la gente, a los de Altos de la Florida, Cazucá y todo eso. Ese día yo llegué y le dije ―no, nosotros qué vamos a subir a esa loma, bajamos sin ropa‖ [risas]. Claro, y yo era todo ignorante y qué iba a saber que había gente tan bacana.‖ (Entrevista 2, hombre, Soacha, 17 años).

Podemos hablar entonces de un proceso de construcción de unas identidades políticas territorialmente situadas que se da mediante la generación de un nosotros articulado de manera simbólica y material a una historia común, entre otros elementos (Osorio Pérez, 2009). La memoria es una construcción social que otorga sentido a la propia experiencia presente y permite generar un relato capaz de generar identificaciones comunes, pese a no

encontrar un sustento efectivo en la genealogía ―real‖ de los sujetos, y a pesar de que se esté construyendo simbólicamente un lugar ―nuevo‖ que en términos socioespaciales pueden ser pensados como comunidades de sentido (Reguillo, 2000). Al fin y al cabo, la mayoría de los y las jóvenes del grupo no puede decirse que tengan ancestros de la ciudad. Los que nacieron en Soacha tienen padres venidos de fuera, y otros ni siquiera nacieron ahí. Ello no impide que se identifiquen y hagan suya la historia de Soacha. Una historia, al fin y al cabo, marcada desde sus inicios por la segregación de su población.

Esta generación de un nosotros espacial es lo que permite contraponer un sentido de pertenencia a un lugar con la ciudad de Bogotá, un referente espacial que se vive desde una posición ambivalente entre una aparente pertenencia funcional o asignada, y una diferencia esencial fundamentada en varios elementos. La unión funcional que existe entre Bogotá y Soacha es evidente en términos económicos, de provisión de la ciudad en comida, manufacturas, materia prima para la construcción, y, muy especialmente, en la provisión de mano de obra para el mercado laboral:

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―Sí, yo creo que como nos ven a nosotros, así por lo menos los de Bogotá, porque tengo la oportunidad de ir casi que todos los días a Bogotá, y siempre es ver que le preguntan: ―¿y ud. dónde vive? -Pues por allá por Soacha. -Uy, no, ¿y por qué por allá? De una. Cuando la gente de acá de Soacha, yo diría que el 80-90% trabaja en Bogotá. O sea, realmente Bogotá se mueve con la mano de obra de Soacha. Entonces, realmente es irrisorio‖ (GD 1. mujer, Soacha, 18 años).

Es decir, Bogotá es una realidad muy próxima, y afecta la manera en que la gente de Soacha se representa como soachuna, al vivir en una tensión permanente entre los atractivos económicos, laborales y culturales de Bogotá y su situación subordinada a la ciudad en el marco de una relación metrópoli-suburbio, al punto de que esa esencialización de Soacha se rompe y se la representa como parte de la ciudad, sin pertenecer enteramente a ella. De hecho se llegó a definir Soacha como una parte de la ciudad, una parte marginada, con lo cual entendemos que con respecto a Bogotá:

Katherine: Pues Soacha es un pueblo ahí afuera, como que los de Soacha ―uyy‖. Andrea: Sí, nos ven como lo peor de la ciudad por decirlo así.

Antonio: No, uno de los peores. […]

Andrea: Uno de los peores de la ciudad, porque tú llegas y dices Soacha, y de una vez te preguntan ―uish, cómo así que es que vives por allá?‖. Se asustan.

[…]

Entrevistador: ¿O sea que Soacha es parte de Bogotá? [Negativa general]

Entrevistador: Vos dijiste que era parte de la ciudad, pero no es. Parece que es, pero no es.

Antonio: Sería parte del territorio mas no lo es. Porque Soacha no ha sido y tal vez no será parte de Bogotá.‖ (GD 1).

No obstante, se señalan varias diferencias que se construyen a varios niveles. Por un lado, se sostiene una permanente diferenciación en relación con Bogotá que se fundamenta en la

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particularidad de Soacha, que la hace una cosa aparte y bien definida (no obstante cuán difusos sean esos límites). Se le supone una unidad a Soacha basada en su historia y en la memoria común, y a la que todos, idealmente, deberían pertenecer. Esa unidad sería la condición de posibilidad de la construcción de un proyecto político en el cual la gente cobrara conciencia y se uniese entre ella.

―Entrevistador: Vale. Y la memoria. Cuando se menciona la memoria, ¿esto qué tiene que ver? ¿Qué tiene que ver destacar que Soacha haya sido un pueblo indígena o territorio indígena con hoy? Porque surge mucho el tema de los pictogramas y la memoria.

Andrea: Yo creo que tiene que ver mucho a quienes les importa, a la gente que le importa. Porque muchos de los que viven en Soacha, si bien pueden estar viviendo allí muchísimo tiempo no tienen ni idea de lo que fue o lo de que aún tenemos. Por eso mismo, como hay mucha gente a la que le importa, hay mucha gente a la que no. Y yo creo que uno de los problemas yo diría más a nivel cultural, es la falta de sentido de pertenencia que tenemos o que tienen algunas veces.

[…]

Entrevistador: ¿Uds. están de acuerdo con esto que dice ella? Antonio: Sí.

Katherine: Pues sí.

Entrevistador: ¿Falta un sentido de pertenencia?

Pedro: Claro, porque ahorita los jóvenes no piensan en lo ancestral, en la cultura, sino en sí mismos, como la ética individual.

Katherine: Como ―aquí está mi casa y aquí estoy yo y lo demás me vale...‖ Entrevistador: Y si la gente tuviera esa memoria, ese sentido de pertenencia... Katherine: Quizás no estarían rompiendo la montaña o quemándola (GD 1).

Así pues, al intentar expresar los jóvenes su idea de la relación existente entre Soacha y Bogotá emergen representaciones que sitúan a Soacha como algo diferenciado en virtud de su historia, pero subordinado en función del proceso de metropolización que ha vivido la zona con la expansión de Bogotá, tanto en términos materiales como en cuanto a la

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representación representada de esa relación. Más aún, la ciudad de Bogotá es percibida como una loza sobre la ciudad de Soacha, tanto por las violencias simbólicas percibidas, como por las decisiones políticas tomadas en un centro de poder que se vive como algo distante y ajeno, pero con consecuencias bien percibibles, que impiden su progreso y hace necesaria la acción política focalizada en el municipio.

Katherine: Nos estigmatizan, y respecto al hecho de cómo vemos nosotros a Bogotá, sencillo, como alguien que se aprovecha de nosotros.

Antonio: Pero más que eso, como una sobrepotencia encima de nosotros (GD 1).

Pues yo diría que lo más...yo creo que no se diferencia tanto porque todos los problemas de Bogotá los mandan acá a Soacha. Entonces, pues realmente uno acá ve siempre que estamos muy de la mano de Bogotá, porque ya no se ve como sector, sino como muy parte de Bogotá. Entonces, de la forma que yo veo Soacha y Bogotá la vaina está tremenda porque con los mandatarios de ahora y los de antes se ha visto que como ya en Bogotá no le quieren meter más gente, entonces lo que quieren hacer es ampliar, y para ellos ampliar es coger todos los sectores de Soacha, de montañas y empezar a romper eso para dejarlo todo plano y empezar a hacer cosas por todos lados (E3, hombre, Soacha, 24 años).

Cabe pensar que toda identidad espacial en tanto que representación compartida sobre el espacio que se habita, como toda identidad, debe hacerse en relación a un otro diferenciado a partir del cual construirse en oposición. Por supuesto que dicha oposición puede hacerse en múltiples pares binarios, pero la que emerge con respecto a la de Bogotá es la de conflicto y, por qué no, agravio. Marca una relación atravesada por lo político, en cuanto se percibe que está atravesada por decisiones políticas orientadas según una lógica de poder y jerarquización.

Todas estas cuestiones, pues, dan cuenta de un elemento implícito, a saber, el de que el lugar que se habita marcará el objeto de la acción política. Esto es algo que surge con mayor claridad si se contrastan los discursos de los jóvenes de Soacha con los jóvenes bogotanos universitarios. En ellos se hace explícita una diferencia entre lo que implica hacer política en un territorio dado o en otro. En concreto, se menciona el hecho de que hay una razón

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necesario unirse para poder llevar a cabo efectivamente demandas de mejoras en el territorio, para hacerse escuchar; o bien, la acción colectiva se presenta como fundamental para hacer frente y encontrar apoyo ante problemáticas cotidianas que en los sectores de

estratos superiores del ―norte‖ no se viven.

En este sentido, dos de las chicas del grupo dijeron que nunca habían participado en política. Más aún, la primera que indicó las ideas antes expuestas dejó claro que nunca le había interesado la política, y que ello en gran parte se debía a que disfrutaba de unas condiciones de vida por vivir donde vivía que hacía innecesaria su participación. Había cosas en otras partes por las que había que luchar, pero que en su lugar se consideran básicas y dadas por hecho.

Es muy bonito ver cómo ellos se unen para hacerse escuchar, cosa que uno que tiene todas las posibilidades no ve tan necesario. Es muy bonito ver cómo todos los jóvenes de las comunas se unían y tenían proyectos, y uno acá ve que uno tiene ciertas condiciones y no se une como un grupo o algo, para ser escuchados sobre algo. Entonces sí se me hizo que en verdad afecta como en esa unión esa búsqueda de ser escuchados y se atiendan sus necesidades, y tener un grupo de apoyos entre ellos, cosa que uno no tiene, pues poniéndolo en mi caso personal, no estoy acostumbrada a eso (GD 2, mujer, Bogotá, 20 años).

Por otra parte, aquellos que sí tuvieron algún tipo de participación política, lo hicieron en colectivos que buscaban incidir sobre problemáticas de carácter nacional, como es la cultura de la guerra o los excesos del Estado y los diferentes gobiernos, llevando a cabo acciones disruptivas en actos públicos, o labores de información al público general. El territorio inmediato que habitan, el entorno de su cotidianidad, está ausente de sus reivindicaciones políticas, dada las diferentes condiciones objetivas que vive cada territorio, como les es evidente a estos jóvenes:

―Yo creo que también hay muchas diferencias en las posibilidades que se les presentan a unos o a otros, en el sentido en que si nosotros tenemos pues empezando por ese círculo familiar, en cierta medida tranquilo, por ponerle alguna palabra, en el que tú tienes posibilidades de estudiar, de formarte, de decidir qué es lo que quieres hacer, si quieres estudiar una cosa o la otra que pueden ser muy distintas, pero hay una gran franja de posibilidades. Y los jóvenes en otros lugares no tienen tantas posibilidades, empezando por los recursos económicos, y por el contexto en que te están exigiendo ser una cosa o la otra. Y usualmente eso es o

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dedicarte a un trabajo de mano de obra que no te da muchos recurso económicos, o meterte a la policía o al ejército que te asegura un sustento económico, un sustento familiar, un sustento incluso académico, o meterte en un grupo armado distinto a la policía o al ejército. Entonces creo que desde ahí se determinan muchas cosas desde el territorio (GD 2, mujer, Bogotá, 27 años).

Puede decirse que la diferente capacidad de acceso a los capitales específicos de cada campo social se traduce en diferentes posiciones dentro de un espacio social que se encuentra objetivado (Bourdieu, 1999). Debemos preguntarnos, entonces, por estos efectos de lugar sobre la manera en que los sujetos se constituyen como sujetos políticos, es decir, por cómo la experiencia vivida y representada del espacio devenido lugar pasa por una representación construida desde lo intersubjetivo (Blumer, 1982) pero que se encuentra anclado en condiciones tan objetivas como la desigual acumulación de los diferentes tipos de capital, acumulación que, por lo demás, tienden a encontrarse superpuestos en el espacio físico (Bourdieu, 1999).

Con base en este presupuesto es posible afirmar, pues, que la pertenencia al espacio social según posiciones de clase socioeconómica, y por tanto en una posición física dentro del espacio social reificado, está marcando las posiciones políticas de los sujetos, en la medida en que las condiciones objetivas de su entorno físico marca los objetivos y la escala de sus procesos de incidencia política. En otras palabras, el lugar que habitan y construyen los sujetos es el ámbito donde la estructura y el sujeto se confrontan, donde la agencia interpela a la estructura social (Agnew, 1987 en Lois, 2010) y desde donde se hacen frente a las opresiones concretas derivadas de un sistema social, político y económico determinado (De

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