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Mariano Moreno y Cornelio Saavedra son señalados por los historiadores como los principales exponentes de las corrien- tes internas de la Primera Junta, diferen- ciadas en la forma en que interpretaban los acontecimientos de la Revolución de Mayo y cómo dirigir el gobierno. La visión clási- ca supone que Mariano Moreno aspiraba a generar cambios profundos en la sociedad, mientras que Saavedra buscaba sólo la lle- gada de los criollos al poder, pero mante- niendo la continuidad del ordenamiento so- cial del virreinato.

Existen otras visiones del conflicto, que suponen desde una cuestión personal o conflicto de autoridades entre los dos líderes, hasta la relativa- mente extemporánea postura de que Saavedra habría encarnado la inicia- ción de las posturas federales y Moreno las unitarias.8 La postura más

8 Estas posturas han sido revisadas con cierto detalle por Miguel Ángel Scenna,

«Mariano Moreno, ¿sí? ¿no?», en Revista Todo es Historia, N° 35, marzo de 1970.

Dr. Mariano Moreno, por Erminio Blotta.

extrema en contra de Moreno la lidera el conservador Hugo Wast, en Año X, en que identifica a Moreno como un jacobino extremista, violento y anticlerical. Su postura no ha tenido muchos seguidores.

En octubre se dictó un reglamento por el cual se creaba un cuerpo de oficiales de carrera, una academia militar y un nuevo regimiento de mili- cias, llamado Regimiento de la Unión o «de la Estrella», encomendado a los morenistas Domingo French y Antonio Luis Beruti. Todo esto debili- taba a los jefes militares adictos a Saavedra.

Durante un banquete en festejo por la victoria en la batalla de Suipa- cha, acertó a pasar Moreno por la puerta del cuartel y pretendió ingresar al mismo, lo que fue impedido por el centinela, que no lo reconoció; el secretario lo tomó como un asunto personal. Esa misma noche, el oficial Atanasio Duarte, en estado de ebriedad, ofreció a Saavedra una corona de azúcar y brindó por él llamándolo «el primer rey y emperador de Améri- ca, don Cornelio Saavedra».

Al día siguiente, cuando conoció dichos acontecimientos, Moreno lanzó el «Decreto de Supresión de Honores» por el cual se suprimía el ceremo- nial reservado para el presidente de la Junta y los privilegios heredados del cargo del virrey. Duarte fue desterrado, acto justificado por Moreno afirmando que «Un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener expresiones contra la libertad de su país.» Si es verdad, como pre- tenden algunos historiadores, que Moreno pretendía forzar un conflicto con Saavedra, este lo evitó, firmando sin observación alguna el decreto.

A fines de año, llegaron a la Capital los diputados de los pueblos del interior, convocados por la circular del 27 de mayo. Pero existía un con- flicto entre las posibles interpretaciones de esa circular, y no había acuer- do sobre a qué cuerpo debían incorporarse: la tesis defendida por Moreno era que debían reunirse en Congreso. Los diputados, acaudillados por el cordobés Gregorio Funes, deán de la catedral de Córdoba, observaron que eso hubiera sido lo correcto en un principio, pero que, a esa altura de los acontecimientos, una Junta puramente porteña gobernaba sobre todo el país. Moreno contestó que un ejecutivo colegiado tan grande sería ino- perante.

Saavedra se unió a los diputados del interior para frenar la influencia de Mo- reno. El 18 de diciembre ordenó someter a votación la incorporación o no de los diputados a la Junta, en una reunión en que estos estuvieran presentes. Logró un voto favorable, que llevó a la conforma- ción de la Junta Grande. Moreno, venci- do por el voto de la mayoría, presentó su renuncia, que fue rechazada por la Junta. De modo que solicitó y obtuvo una mi- sión ante las cortes del Brasil y Gran Bre- taña, para gestionar el apoyo a la inde- pendencia argentina.

Fallecimiento

Falleció en alta mar en la madrugada del 4 de marzo de 1811, a bordo de la goleta inglesa «Fame», en viaje a Gran Bretaña. Su cuerpo fue en- vuelto en una bandera inglesa y arrojado al mar (28° 7’ S, a unos kilóme- tros de la costa de Brasil, cerca de la isla de Santa Catarina), tras unas salvas de fusilería.

Según el testimonio de su hermano Manuel Moreno y de Tomás Gui- do, sus secretarios y acompañantes en ese viaje, murió debido a una so- bredosis de un medicamento administrado por el capitán del buque: cuan- do llegaron al gabinete de Moreno, el capitán sostuvo que le había sumi- nistrado cuatro gramos de un vomitivo de uso habitual en aquella época, elaborado con antimonio y tartrato de potasa. Según comentó más adelan- te Manuel Moreno:

Si Moreno hubiese sabido que se le daba tal cantidad de esa sustan- cia, sin duda no la hubiese tomado pues a la vista del estrago que le

Cuadro de Moreno realizado en vida por Juan de Dios

causó y revelado el hecho, él mismo llegó a decir que su constitución no admitía sino una cuarta parte de gramo y que por tanto, se reporta- ba muerto. Aún quedó en duda si fue mayor la cantidad de aquella droga u otra sustancia corrosiva, la que le administró, no habiendo las circunstancias permitido la autopsia cadavérica. A ello siguió una te- rrible convulsión, que apenas le dio tiempo para despedirse de su pa- tria, de su familia y de sus amigos.

Ambos testigos conjeturaron posteriormente que fue envenenado por el capitán del buque, y que la orden habría sido impartida por Saavedra. Pero las fuentes historiográficas no confirman el hecho, y ni siquiera exis- te un móvil definido: para Saavedra, su adversario ya había sido derrota- do, y no tenía antecedentes de hacer matar a sus enemigos. Por otro lado, Mariano Moreno no era un enemigo de los planes británicos en el Río de la Plata, por lo que tampoco resulta plausible la idea de haber sido asesi- nado por orden de la diplomacia inglesa.

Juan José Paso

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