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La enseñanza en Ciencias Sociales tiene la responsabilidad de contribuir a la comprensión del mundo social, en este sentido, como área disciplinar en la escuela se le asignan los siguientes objetivos de acuerdo con los lineamientos curriculares (MEN, 2012, p. 13).
Ayudar a comprender la realidad social (pasado – presente) para transformar la
sociedad en la que las y los estudiantes se desarrollan. –donde sea necesario - ;
Formar hombres y mujeres que participen activamente en su sociedad con una
conciencia crítica, solidaria y respetuosa de la diferencia y la diversidad existentes en el país y en el mundo.
Propiciar que las personas respeten conozcan los derechos que tienen y respeten sus
deberes.
Propender para que los y las ciudadanas se construyan como sujetos en y para la vida
Ayudar a que las y los colombianos respondan a las exigencias que plantean la
educación, el conocimiento, la ciencia y la tecnología en el mundo laboral.
En cuanto a los procesos de enseñanza, muchos maestros siguen privilegiando la geografía y la historia haciendo énfasis en la formación de conceptos disciplinares, denotando la persistencia en un enfoque de educación tradicional en las ciencias sociales. (Gómez, 2015). Sin embargo no pocos docentes, intentan combinar estas prácticas por otras no convencionales, dirigidas a la formación de sujetos críticos y saberes culturales acudiendo a diversas didácticas y estrategias, que privilegian la participación, los estudios de caso, el dialogo, la solución de problemas sociales, la investigación y el acercamiento al territorio mediante salidas de campo, los juegos de roles, dilemas morales y actualmente una gran tendencia a las narrativas del arte como expresión de ideas más cercanas al lenguaje juvenil, sin que ello implique abandono a la rigurosidad de la disciplina.
Este tipo de estrategias e intereses se refleja en los testimonios de los docentes entrevistados:
“Utilizo el arte, por medio de la poesía, el dibujo, etc, que se vincule a su talento o
interés. Algunos dicen que no saben hacer nada, entonces hay que hacer además un proceso para que se reconozcan”. (Entrevista Betancourt, 2015).
“De pronto en primaria, a partir de los dibujos animados, traté de manejar acercamiento a categorías como gobierno (… ). En secundaria, relacionar los avances de la tercera revolución con el uso de las tics, si es memoria, pero no repetitiva y declaratoria del conocimiento, sino de comprensión. En una clase un estudiantes dijo profe, ¿puedo hacer uso uno de los inventos de la tercera revolución en clase? Refiriendo al celular, me puse muy contenta porque si entendió, pero igual no le dejé sacar el celular… lo importante es que sepa que todo lo que pasa en su vida es un efecto de la historia” (Entrevista Buitrago, 2015).
Por efecto de los procesos de globalización mundial, el avance de los derechos humanos y las nuevas ciudadanías, la población escolar hoy es mayor y muy diversa, influida por diferentes fuentes de información, que denotan la existencia de una ciudadanía global, con posibilidades de confrontar el saber y tener nuevas fuentes de aprendizaje, lo cual genera importantes retos para la enseñanza de las ciencias sociales, en especial si la pretensión es el conocimiento y la lectura crítica de la realidad social. Los maestros requieren atender las transformaciones sociales actuales, entre otras, el fracaso de algunas estructuras políticas tradicionales, el movimiento rápido de la población, la reivindicación del papel de la mujer y los avances, ciencia y tecnología.
Los docentes de ciencias sociales han de procurar estar a la vanguardia en el conocimiento y comprensión de los cambios económicos, culturales, políticos, sociales y ambientales del mundo, lo que implica mantenerse informado y vinculado a espacios de discusión de estos temas, a fin de poder compartir de manera clara con los y las estudiantes en el aula de clase. Cuando el docente comprende en sí mismo estos cambios, es capaz de tener una perspectiva amplia del mundo en el que vive, una propia lectura crítica y política del mismo, así como del rol y lugar privilegiado que tiene en el espacio educativo.
Igualmente, el docente tendrá la habilidad de convertir estos saberes en aprendizajes significativos, es decir, modificar la estructura lineal en que tradicionalmente se enseña, por esquemas móviles donde la historia y los fenómenos cobren sentido en los estudiantes al ser perceptibles en su cotidianidad. Esto le permitirá también, ver en la figura del estudiante un
otro en igualdad de derechos y capacidades. De esta forma (González et al., 2012, p. 130) plantea:
“La educación para la participación exige el reconocimiento del otro, el respeto por los demás, para lograr así construir la democracia. Las Ciencias Sociales son formadoras en valores como el compromiso, la responsabilidad y la solidaridad social, lo cual permite lograr una mejor comprensión de la vida social y a su vez permite formar personas más conscientes de su papel en la sociedad”.
El maestro puede permitirse comunicarse de manera abierta, reconociendo al estudiante como interlocutor válido, que puede participar activamente en tanto práctica política y vivencia de los Derechos Humanos, promover el debate, el dialogo o el consenso, denotando coherencia entre su discurso y su práctica, y promoviendo el desarrollo de esta misma en sus estudiantes.
“La discusión, es importante porque si enseño política, tengo que estar atravesando lo político, que es la condición relacionarme con el otro, de entender que desde si vida sus experiencias son diferentes y su visión del mundo es otra, entonces que debe haber lugares así sean pequeñitos de encuentro o desencuentro, porque si uno enseña la política sin ese sentido de político, de la relación horizontal, de sujetos
medianamente iguales, pues tampoco se está haciendo nada en la práctica” (Entrevista
Buitrago, 2015).
El maestro consciente de la necesidad de transformación de realidades, debe promover una educación liberadora, que le libere a sí mismo, en ejercicio de la libertad de cátedra, promoviendo que el estudiante construya propios significados, basados en principios democráticos y lejos de ideologizar o instaurar ideas de manera autoritaria. En palabras de Giroux (1998) la educación como política cultural debe permitir que: “nos experimentemos a nosotros mismos, a la vez que enfrentamos nuestras relaciones con los demás y con el mundo, dentro de un sistema complejo y con frecuencia contradictoria de representaciones e imágenes”.
Un docente políticamente pensante y actuante, que no vea en la participación y la diferencia un obstáculo en el proceso de aprendizaje, sino una oportunidad de construcción de valores democráticos. Que trascienda el aula de clase y vincule la enseñanza con la vida misma propia y de sus estudiantes, con oportunidad de recurrir a los problemas sociales del territorio, a los lenguajes estéticos de los niños y los jóvenes, que vincule a la familia, a las instituciones públicas y comprenda que su lugar en el aula es un lugar político.
5.3FOMENTO DE LA PARTICIPACIÓN Y LA HORIZONTALIDAD DE LA