CONDUCTION DEFECT VS COPD
BIBLIOGRAPHY
Para no hacer un análisis cerrado a la capital de país a continuación se hace un breve repaso por algunas de las ciudades en las cuales el auge de la crónica roja se logró percibir. Se detallan algunos periodistas, periódicos y secciones especiales. En dos de los periódicos nacionales más conocidos del país sobresalen un par de cronistas por sus técnicas de escritura y estilo (elementos de análisis del segundo capítulo). Asímismo escribieron crónicas que requerían una reportería que otros no realizaron: Felipe González Toledo y José Joaquín Jiménez (Ximénez). Cada uno en
62 representación de un medio, El Espectador y El Tiempo, respectivamente. En otras ciudades otros periodistas sobresalían.
“En cada periódico había un especialista. Por ejemplo, en Cali, Heber Moreno escribía escabrosos relatos en el periódico El País. Cada periodista ostentaba una forma peculiar de narrar la violencia. No por nada, Guillermo Cano, ya por aquellos días director adjunto del periódico “El Espectador”, calificaba a los cronistas judiciales como verdaderos chacales, por su adaptación a los ambientes más sórdidos, en contacto con el bajo mundo criminal, pero con la entereza de que ganaban batallas a los mismos detectives en las pesquisas que hacían como expertos de la mente criminal” (Vallejo, 2006, p 229).
En ese mismo periodo de tiempo aparece en Cali El Caleño “el único periódico de formato tabloide que se edita y circula en la ciudad de Cali. Con muy pocos anuncios publicitarios, sus rendimientos económicos provienen casi exclusivamente de las ventas, porque es, al mismo tiempo, el diario más comprado de la ciudad y es, por supuesto, un diario de crónica roja” (1998 en Chasqui).
En 1946 Guillermo Pérez fundó Clarín, Semanario Popular Ilustrado “copia de los semanarios estadounidenses dedicados a la información de policía” (Vallejo, 2006 p. 89). Con la reconstrucción de casos recordados como el del Doctor José Raimundo Russi uno de los bandidos de Bogotá del siglo XIX y que sería condenado a pena de muerte.
En febrero de 1950, en Cali, ocurre el asesinato de Hernando Gómez Mallarino. “La crónica dio cuenta de que Gómez murió al saltarle el corazón por una puñalada que le asestó un zapatero por los reclamos de una suela.” (Contreras, 2008 p 33)
Otro ejemplo relevante fue la revista Vea, revivida este año como publicación sobre farándula, cuando durante mucho tiempo fue una de las publicaciones de crónica roja más leídas en el país.
En abril de 1950 en Medellín, el asesinato de Carlos Mesa Castro quedó registrado por El Espectador de la siguiente manera:
“Acaudalado caballero en Antioquia fue encontrado muerto en el patio de su casa, y calificó el hecho como un monstruoso crimen descubierto hacia las 5:30 de la tarde por una vecina que vio por primera vez el rostro de Castro desfigurado con sus manos atadas en la espalda. Después del hallazgo, la mujer dio aviso a las autoridades y las primeras investigaciones
63 concluyeron que la víctima se dedicaba a los negocios y que su grueso
capital obedecía a los intereses que recibía por préstamos de dinero a la gente. Lo impactante del crimen fue que, según los escritos, el hombre murió por garrotazos. Paradójicamente, su casa quedaba a una cuadra de la intendencia de policía y los asesinos huyeron saltando la pared y huyendo por los techos de las carreras 53 y 54” (Contreras, 2008 p 35).
El Colombiano, periódico tradicional de Medellín tuvo a Alfonso Upegui Orozco como principal representante, el conocido ‘Don Upo’, utilizaba la ironía y sarcasmo en sus publicaciones, Maryluz Vallejo (2006) recoge algunos de sus titulares: “Como el amor es tan lindo la despedazó a machetazos” y “Apagó las velas de la virgen y lo eliminaron a peinillazos”.
En Barranquilla “la noticia de moda fue el hallazgo de una mujer moribunda que fue abandonada en el principal puesto de la Cruz Roja de la ciudad. El Espectador tituló ‘Misteriosa tragedia en Barranquilla, mujer secuestrada y asesinada por extraños’ y, según el corresponsal Rafael González, la ciudad quedó consternada porque en pleno martes de Carnaval, nadie entendía como desapareció Juanita Emilia Castro del hotel El Prado en la madrugada del 28 de febrero” (Contreras, 2008 p 33).
Sucesos Sensacionales fundado en 1954 por Jairo Zea Rendón, Flavio Correa Restrepo y Abelardo Londoño en Medellín fue otra publicación importante en el país, además alegaba ser un periódico que odiaba el crimen, ayudaba a perseguirlo y condenarlo.
Luis Alberto Eslava y Rafael Eslava del diario El Siglo se destacaban por sus investigaciones que desentrañaban expedientes. Ismael Enrique Arenas, también desde El Tiempo, ponía todas sus capacidades en el seguimiento a los homicidas. En Bogotá se recuerda una sección que mantenía con zozobra cada semana a sus lectores, ‘El Detective Estampa Investiga’ de la Revista Estampa de Bogotá: cada publicación preparaba contenidos sobre el crimen de actualidad.
Una de las publicaciones más importantes apareció en 1956 y se llamó Sucesos “fundado por un grupo de periodistas vacantes tras la censura de El Espectador. En la dirección se encontraban Felipe González Toledo, Paulo E Forero y Rogelio Echevarría (…) en sus seis años de vida Sucesos se distinguió por la calidad de la información judicial, el manejo de los temas nacionales e internacionales y por el apoyo gráfico” (Vallejo, 2006, p. 90).
Los ejemplos de este género durante su mejor etapa son demasiados, cada periodista utilizaba su ingenio para recrear casos, inventar secciones e incluso
64 historias. Por ejemplo, en Cartagena se recuerda que Vélez Micolao construyó una noticia falsa sobre un crimen en el sector de Bocanegra.
Todas estas publicaciones crearon una atmósfera precisa para este género, que encontró en otros periodistas de la época como Gabriel García Márquez, Juan Lozano y Lozano, Plinio Apuleyo Mendoza, entre otros, una gran aceptación, la cual, por supuesto, generó otras crónicas.
La crónica roja alcanzó su punto más alto en el país. Años después se sobrecargaría con información inventada y recibiría dosis de violencia exagerada solo con objetivos económicos para los medios. No obstante es indudable la tradición de periodismo y narración de no ficción que dejaron tras de sí los periodistas judiciales y los escritores interesados en las temáticas del género rojo