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DISCUSSION

BIBLIOGRAPHY

La obra está contada a través de fragmentos organizados en 16 capítulos. A lo largo de esos capítulos, el autor reúne información y declaraciones de testigos que aportan datos, con el fin de ir construyendo el mito, a veces al parecer inéditos acerca de la vida de Evita. Cada uno de los capítulos lleva como título una frase dicha por Evita, tomadas de los discursos, o de las obras La razón de mi vida (1997) y Mi mensaje (2002), en relación con el tema del capítulo. Hay dos historias que corren paralelas en la trama:

A- Las peripecias sufridas por el cadáver de Evita desde que es embalsamado hasta que es finalmente enterrado.

B- La pesquisa realizada por el autor-narrador, que a modo de detective literario, se propone reconstruir el enigma del cuerpo para ir construyendo el mito

Dentro de esta segunda línea, el narrador plantea las dificultades que se encontró al intentar narrar a Evita, quien por otra parte quería ser narrada, tal como se ve en el capítulo 3:

"Un alma que no ha sido escrita es como si jamás hubiera existido. Contra la fugacidad, la letra. Contra la muerte el relato." (Eloy Martínez, 62)

La novela tiene ese doble movimiento simultáneo de la historia de la muerte, por un lado, la suerte corrida por el cadáver embalsamado de Evita, y por otro, la historia de la vida. En el capítulo 1 comienza la acción el 26 de Julio de 1952, día de la muerte de Eva, y se va avanzando hacia atrás hasta el capítulo 15, en el cual son narradas a través de la voz de doña Juana Ibarguren, las anécdotas de su niñez.

A su vez el relato parte en el primer capítulo del año 1955, cuando le es encomendada a Coronel Moori Koenig la misión de enterrar el cuerpo en un operativo secreto; las peripecias que se tejen alrededor del cuerpo embalsamado y que constituyen elementos de una novela policiaca, duran dos años, desde el 1955 hasta el 1957, siendo desarrolladas hacia adelante a lo largo de los 16 capítulos.

Además, la historia de la narración es una de las líneas temáticas de la novela, ya que en ella aparece el narrador como personaje que se plantea en momentos precisos el sentido de la escritura y la posibilidad de crear un relato orgánico, vivo y, en este sentido, fiel a la verdad.

La novela Santa Evita es la pesquisa realizada por el autor-narrador que junta pistas, relatos, datos, con el objeto de reconstruir la historia del cadáver con el propósito de justificar desde otro punto de vista el mito. Significa la obsesión del narrador, que se extiende al ámbito colectivo, representado por facciones antitéticas, tales como los militares que derrocaron a Perón, y los pobres adoradoras de Eva, intelectuales de sectores tanto peronistas como anti- peronistas, e incluso personajes periféricos como el embalsamador Pedro Ara.

Desentrañar el destino de ese cadáver significa entender años de historia del país. El cuerpo de Evita deja de ser lo que es, para convertirse en símbolo de un país dividido, y todo habrá de girar alrededor suyo. Las historias personales se ven atravesadas por esta mujer, quien se convierte en una línea divisoria, un antes y un después. Se ve claramente en varios personajes: el Coronel Moori Koenig quien enloquece; el embalsamador Ara, que queda enamorado de su obra; la hija del productor de cine, quien cree que el cadáver es una muñeca; todos los militares que se ven implicados en la operación y cuyas vidas se ven brutalmente cambiadas; Arancibia mata a su mujer, Galarza queda con la cara desfigurada y por supuesto el propio narrador, ya que la historia de Evita se confunde en su conciencia con la propia historia.

La narración deviene en algunos casos en novela policial, donde no hay que descubrir al asesino sino encontrar al muerto, pero esta investigación puede llevar al detective a la perdición; su investigación se ve constantemente asociada a las premoniciones más nefastas. Lo mismo le ocurre al grupo de militares de los Servicios de Inteligencia.

Es así como para el Coronel, formado en un extremo racionalismo, el azar puede ser controlado, sin embargo, los hechos demostrarán que el azar es un elemento inevitable de la realidad, y que ningún plan, por más detallista y pormenorizado, resiste su embate.

En realidad, el cadáver de Evita, no puede ser dominado, certeza que termina apoderándose del puntilloso Coronel, y destruyéndolo. Estos elementos: el azar, el mundo como un laberinto misterioso y la realidad como un camino lleno de bifurcaciones recorren toda la obra.

"Fue el azar, diría el Coronel años después, al hablar con Cifuentes aquella noche. La realidad no es una línea recta sino un sistema de bifurcaciones." (177).

La intención inicial del autor, aclarada en el capítulo 3, era redactar una biografía para lo cual había juntado material y hecho entrevistas pero al comenzar en la producción del material no lo pudo hacer así, entonces la

novela de Evita tiene que ser abarcada en forma más completa, no sólo como personaje histórico, sino como mujer y como mito.

El narrador- detective vive la paradoja de resolver un misterio que lo lleva a su perdición, tal como le avisan recurrentes advertencias. Debe realizar el exorcismo que lo liberará de esa maldición. Los otros personajes obsesionados por Evita no lo lograrán, pero el escritor realiza a través del ejercicio de la ficción su liberación, que implica en parte sacudirse de los fantasmas del pasado, tanto personales como políticos, y resolver especialmente el miedo y la inseguridad acarreados por años de dictadura y de terror. La posibilidad que presenta el arte de resolver el conflicto se refuerza en la novela con la figura de Rodolfo Walsh, quien anticipa el destino de nuestro detective; ambos aparecen en París en 1967, cuando el desaparecido cuerpo de Evita se había convertido en una obsesión para muchos.

En conclusión, la novela entrelaza sutilmente tres historias; la primera descifra cronológicamente hacia atrás, algunos de los grandes enigmas de su biografía: la intensidad de su amor por Perón, la extraña renuncia a la candidatura vicepresidencial, los malos entendidos en su audiencia con Pío XII, el encuentro con Perón en el Luna Park, sus desventuras de actriz joven, su llegada a Buenos Aires, su infancia en Junín.

La segunda narra las historias del largísimo calvario que sufrió el cadáver embalsamado de Eva Perón, sometido durante años a las intrigas del poder, a la locura de unos y la devoción de otros por perderlo o recuperarlo; la tercera continua con el peregrinaje del cuerpo desde un cine hasta el altillo de la casa del Mayor Arancibia y el despacho del Jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército; las travesías hacia Bonn y Génova, esta narración se detiene en el momento en que el cuerpo es enterrado en Milán.

“Cuando estuvimos en Bonn el cadáver estuvo más de un mes dentro de una ambulancia que había comprado mi marido”. (58)

La columna vertebral que une ambas vertientes narrativas son las obsesiones, emociones y desconciertos que la figura de Evita va desatando en la cultura y en la imaginación de los argentinos, y por supuesto, también en el lector.

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