2.4: DISCUSSSION
2.6 BIBLIOGRAPHY
De acuerdo con Tosi (1995, citado en Gaynor, 2005), la identidad con respecto a una carrera consiste en la forma personal en que el individuo considera que pertenece al mundo laboral. Dicha identidad es consecuencia de la reflexión sobre sí mismo, se construye a lo largo de la vida y puede variar en su solidez, puesto que no es algo dado (Cárdenas, s/f). Con respecto a esto, Knowles (2004) menciona que el origen de la identidad docente está relacionado con su biografía. A pesar de que la construcción de la
identidad docente comienza a partir de las creencias que se desarrollan durante la etapa como estudiante, Bolívar et al manifiestan que el docente construye principalmente su identidad a través de un proceso de socialización en el cual interactúa con otros colegas y donde la imagen sobre sí mismo depende también del reconocimiento de los otros:
La identidad profesional docente, además del lado personal, es un efecto del contexto de trabajo, inscrita en un espacio social determinado con unas relaciones sociales específicas. El espacio individual está situado en unas prácticas
profesionales más amplias compartidas, en primer lugar en el centro escolar, con los profesores, alumnado y familias, como agentes reconocedores de identidad (2004, ¶ 12).
No obstante, Esteve (2005) declara que la definición de la identidad profesional como docente no es sencilla. Algunos profesores se encuentran con el problema de la idealización de la profesión, de modo que cuando ingresan a la docencia conocen claramente qué se debe hacer, pero no saben con exactitud cómo lograrlo. Por el contrario, otros docentes afirman no haber tenido la vocación para enseñar, por lo que estudiaron otras áreas del conocimiento. Al llegar a la docencia, se encuentran con la difícil tarea de reorganizar sus conocimientos para poderlos transmitir a los estudiantes, quienes en muchas ocasiones no sienten el mismo entusiasmo que el maestro tiene por su asignatura. Por lo tanto, Esteve concluye lo siguiente:
El problema de perfilar una identidad profesional estable pasa por un auténtico proceso de reconversión, en el que el elemento central consiste en comprender que la esencia del trabajo del profesor es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos (p. 123).
Goodson (2003) plantea el estudio sobre las vidas de los docentes como un medio para que reflexionen acerca de la influencia que tienen sus vidas personales y
profesionales en el desempeño de la docencia. El autor enlista una serie de aspectos a considerar dentro de las narrativas de los profesores: las experiencias de vida y los
antecedentes tales como la influencia de un maestro para la elección de la carrera docente, el estilo de vida dentro y fuera de la institución educativa, el ciclo de vida y las decisiones profesionales. Por otro lado, Goodson (2003) establece: “la investigación sobre las carreras de los docentes sirve para señalar que existen acontecimientos críticos en la vida de ellos y, más particularmente, en su trabajo, que pueden afectar de manera crucial su percepción y su práctica” (p. 752).
La carrera profesional consiste en los diversos trabajos que se desempeñan a lo largo de la vida biológica e incluye los valores, actitudes y creencias que determinan la forma en que se lleva a cabo. Cabe destacar que estas actitudes ante el trabajo comienzan a desarrollarse desde los primeros años de vida, pero se modifican según las experiencias por las que atraviesa el individuo (Tosi, Rizzo y Carroll, 1995, citado en Gaynor, 2005). Diversos autores han determinado que cada docente se desarrolla de manera diferente y tiene actitudes, conocimientos, habilidades, comportamientos, así como cierto grado de autoeficacia que varían de acuerdo a la etapa en la que se encuentran en su carrera (Fessler, 1992; Smith et al, 2003; Fullan, 2001, citado en Weasmer, Mays y Coburn, 2008). Por esta razón, se le ha dado mayor importancia al estudio de los ciclos de vida profesional de los docentes, con el propósito de comprender mejor las acciones, pensamientos y sentimientos de los docentes.
Cabe mencionar que la palabra “ciclo” sugiere para Levinson (1986) un cierto orden o patrón en el transcurso de las vidas de los seres humanos, a pesar de que cada uno tiene una vida única. Levinson propone que el ciclo de vida del ser humano consiste básicamente en las siguientes etapas: la niñez y adolescencia (menos de 17 años); la transición de la etapa adulta inicial (17-22 años) en la que el hombre comienza a madurar y a modificar sus relaciones con su familia; la etapa adulta inicial (22-40 años) donde el individuo construye sus aspiraciones, se integra a un grupo social y forma su propia familia; la transición de mitad de la vida (40-45 años), en la que comienza un proceso de cambio en el hombre ya que se vuelve más reflexivo y amoroso con los demás; la etapa de mitad de la vida (45-60 años) se caracteriza por capacidades biológicas menores a las etapas previas, pero el individuo continúa teniendo energía, sociabilidad y satisfacciones
personales; la transición a la etapa adulta avanzada (60-65 años), donde el hombre examina los logros alcanzados hasta ese momento; finalmente, la etapa adulta avanzada (a partir de los 65 años) donde se da la senectud. Asimismo, el autor resalta la
importancia de componentes tales como el matrimonio, la familia y la ocupación profesional dentro del estudio de los ciclos de vida ya que son los que dan sentido a la identidad. A su vez, el concepto de estructura de vida requiere examinar las relaciones que el adulto –en este caso el docente– mantiene con los demás (colegas, instituciones, alumnos, padres de familia).
Con base en el trabajo realizado por Veiravé et al (2006), los hechos que se presentan en las historias personales y profesionales de maestros de enseñanza media y que afectan a la construcción de su identidad docente son los siguientes: los motivos por los que se elige la docencia, las personas significativas en su formación, las elecciones profesionales, las experiencias de formación inicial y permanente y el contexto socio- histórico. Además, plantean la idea de que la narrativa de las trayectorias de los docentes permite que éstos analicen desde otro punto de vista las decisiones que toman, la forma en que desempeñan sus actividades, su relación social y laboral con el resto de la
comunidad educativa, dado que todos estos aspectos son parte de su identidad y la cultura escolar.
Por su parte, Feixas (2004) encontró en su estudio que la trayectoria docente es influenciada por diversos factores. El primero consiste en la experiencia educativa y profesional previa, puesto que el docente puede tener una forma particular de planear sus clases según en la institución educativa donde ha laborado. Además, “los propios
profesores también señalan como factores influyentes las características personales, el estilo pedagógico y las relaciones que han mantenido con algunos de sus profesores – algunos pueden resultar modelos o contramodelos–” (p. 35). Otro elemento determinante es la motivación del docente para buscar nuevas formas de enseñar y mejorar el
aprendizaje de sus alumnos. Asimismo, la reflexión sobre la práctica guía el
comportamiento del docente ya que le permite identificar áreas de oportunidad en su manera de enseñar. Por otro lado, London y Stumpf (1982, citado en Gaynor, 2005)
mencionan que los elementos que influyen en la manera en que progresa la carrera profesional, independientemente de si pertenece al ámbito educativo, son los siguientes: las experiencias laborales previas, la personalidad, los intereses y valores personales, expectativas laborales, el autoconocimiento, los objetivos y planes de carrera, así como el contexto organizacional.