Los mapuche conciben el universo como una especie de ser orgánico compues- to por fuerzas o newen. Se representa como una esfera hueca en cuyo centro se encuentra el espacio sagrado de referencia. Este centro irradia en las seis dimensiones del espacio y no se debe confundir con la estructura del planeta Tierra. El espacio se genera por expansión de ese centro, el cual encierra po- tencialmente todas las posibilidades que han de desarrollarse en este proceso de expansión. El centro es un microcosmos, un cosmos íntegro en reducidas dimensiones, representado en el che o persona mapuche y el poste totémico o rewe que marca el espacio de referencia esencial: el «lugar puro o verdadero». Persona y espacio, en este punto de origen y confluencia de fuerzas, consti- tuyen la expresión de una misma sustancia, lo que da origen a las unidades territoriales, sociopolíticas y rituales básicas del pueblo mapuche de las que nos ocuparemos más adelante.
La expansión isométrica del espacio a partir de un centro establece su jerar- quía y función. El universo se concibe como un huevo cósmico partido en dos mitades. De la observación empírica se dedujo que la parte de arriba o bóveda celeste se constituía a partir de los movimientos circulares de los astros, pero esta bóveda no podía sostenerse en el vacío y necesitaba apoyarse abajo en un mundo opuesto similar. El espacio intermedio donde viven los mapuche es propiamente la tierra, que incluye el subsuelo, la atmósfera y los cuatro puntos cardinales. «De cara a la sociedad no mapuche», según se esfuerzan en matizar algunas autoridades tradicionales en un intento de sistematización pública de sus representaciones cosmológicas, en el universo mapuche se re- conocen nítidamente cuatro pisos, aunque algunos hablan de un mínimo de siete, otros de diez e incluso «no se descarta» que puedan ser catorce o más (Caniullan, 2000: 124; Grebe, Pacheco y Segura, 1972: 50; Dillehay, 1990: 88). Los pisos más importantes y conocidos son: el Wenu Mapu, parte de
arriba; el Ragiñ Wenu Mapu o Anka Wenu Mapu, espacio intermedio entre la tierra que se pisa y el Wenu Mapu; el Püjü Mapu o Nag Mapu, propiamente el mapu; y finalmente tenemos el Miñche Mapu que es la tierra de abajo.
El Wenu Mapu es el espacio visto desde la posición del Nag Mapu hacia arriba —wenu en mapuzungun significa arriba— y es donde se encuentran las fuerzas (newen) de los antepasados y de la naturaleza. Los mapuche creen que este espacio tiene varios niveles: el vuelo de los pájaros y las nubes indican unos niveles inferiores del espacio de arriba, las estrellas constituyen otro nivel superior (Pichinao y otros, 2003: 35). Para algunos, este espacio simboliza la máxima perfección porque allí es donde interactúan los ancestros entre sí y con las fuerzas supremas. En este plano es donde se encontrarían los püjü o es- píritus de los antepasados y las fuerzas que son beneficiosas para las personas.
Ragiñ Wenu Mapu o Anka Wenu Mapu es el espacio intermedio, donde algunos mapuche dicen que se encuentran los ancestros que no han logrado el nivel de perfección suficiente como para ocupar el espacio superior. Se dice también que es donde van los jóvenes que mueren (Luis Tranamil, 12 de sep- tiembre de 2002) y donde se encuentran las fuerzas negativas (Grebe y otros, 1972: 49), es decir, aquellos espíritus de los ancestros que están retenidos en esta zona intermedia por causa de una transgresión propia o de la familia. En otras versiones, éste es un espacio caótico donde moran los guerreros muertos en la guerra (kona) y por eso es donde tiene su refugio el trueno, los rayos, etcétera. Este lugar se relaciona con el término ragiñelwe, que es un concepto que indica mediación y aplicado al plano cósmico denota que en este lugar es donde se establece la articulación entre el che y los newen, y entre las dimen- siones del Wenu Mapu y del Nag Mapu. Grebe (1993/94), por ejemplo, señala que en este lugar las fuerzas del Wenu Mapu se relacionan con el che a través de los geh, entidades sobrenaturales que guardan los espacios sagrados. Todo apunta a que éste es un espacio ambiguo donde se dirimen situaciones proble- máticas que inciden en el plano del Nag Mapu (Pichinao y otros, 2003: 39).
El Püjü Mapu o Nag Mapu es donde viven los mapuche: «la tierra donde vivimos», propiamente el mapu, «la tierra que se pisa o la tierra que anda- mos». En el plano terrestre se reconocen también cuatro espacios horizontales que guardan relación con los puntos cardinales. A esta dimensión se le deno- mina Meli Wixan Mapu («donde equidistan o se unen las cuatro fuerzas»), concepto que también puede definir el territorio mapuche. Su representación está plasmada simbólicamente en la superficie del tambor ritual o kulxüng. El punto central del Meli Wixan Mapu simboliza al che y es a partir de él que se proyectan en el plano horizontal las cuatro direcciones que dan lugar a las características y representaciones de los elementos que definen cada territorio
y que producen los elementos definitorios de cada identidad territorial en re- lación con su correspondiente ubicación cardinal.
El Miñche Mapu es el lugar donde se encuentran una serie de fuerzas telú- ricas, que los observadores externos tienden a considerar negativas porque es el lugar donde viven los weküfe (genéricamente el mal), debido a que cuando un espacio es ocupado y se va el guardián o fuerza protectora (geh o «dueños del lugar»), éste baja más abajo del subsuelo y su espíritu (püjü) puede quedar atrapado y causar el mal. Cuando se habla del Miñche Mapu no parece que los mapuche se estén refiriendo expresamente al subsuelo, ya que una parte de éste —las aguas subterráneas, los minerales, la roca madre— formarían parte del Nag Mapu, por lo que este espacio de «más abajo» del subsuelo constitui- ría una zona más profunda, que serían las entrañas del cosmos, cuya simbo- logía en las tradiciones chamánicas es el útero de la tierra. Algunos trabajos reconocen un piso intermedio en el Miñche Mapu denominado Anka Miñche Mapu; al parecer es un lugar de transición que se localiza inmediato al sub- suelo y donde existe mucha agua, ya que más abajo «se habla de la existencia de mucho fuego y calor» (Pichinao y otros, 2003: 40). Según algunos relatos en este espacio existen otras formas de vida, que se reconocen como seres hu- manos, aunque distintos a los verdaderos hombres o che, quizá humanoides, que reciben diferentes denominaciones: kofkeche, lafkache, hamkeho. Grebe y otros (1972: 49) definen también el Miñche Mapu como un espacio nega- tivo, al igual que el Ragiñ Wenu Mapu, donde moran los espíritus maléficos o weküfe y los hombres enanos o pigmeos —laftrache—. Hay que decir que los estudios de los propios mapuche niegan la idea del espacio maléfico del Miñche Mapu, que atribuyen a la influencia del mensaje evangelizador que ha relacionado este nivel con lo malo, el diablo y el infierno contrapuesto al Wenu Mapu, al que ha atribuido todo lo bueno asociándolo al paraíso cristia- no (Pichinao y otros, 2003: 41).
C A P Í T U L O C U A T R O