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MASTER CHART – II STUDY GROUP

BIBLIOGRAPHY

Cultural y socialmente hombres y mujeres han sido educados de distinta manera, haciendo una diferencia clara en lo que debe ser un hombre y una mujer (Lamas, 1986). Sin embargo, estas diferencias no son infalibles ni incuestionables. De hecho con el surgimiento de los movimientos feministas de los años sesenta la ardua labor de las mujeres comenzó a hacer visibles las diferencias existentes entre hombres y mujeres, y posteriormente a cuestionar estas diferencias, dejando en claro que no se trataba de una cuestión natural, sino que todo tenía un trasfondo social y cultural.

Gracias al concepto de género fue posible visualizar que la división sexual del trabajo, las relaciones de poder, las normas socioculturales y los prejuicios no permiten desarrollar plenamente las capacidades de las mujeres y limita sus oportunidades en un trato desigual con los hombres. Y aunque las mujeres se integren al mercado de trabajo y esto constituya una flexibilización de los patrones socioculturales tradicionales que les abra nuevas oportunidades, esto no significa siempre que surja un trato más justo (Lara, 2006).

Los movimientos feministas han logrado grandes avances para que las mujeres se desarrollen como seres críticos de una sociedad impositiva y limitante, sin embargo, los estudios realizados por los hombres para entender lo que ocurre con las relaciones y las identidades de género apenas se están desarrollando; y aunque por mucho tiempo los hombres de alguna manera permanecieron aislados de los temas de género, hoy en día los movimientos activistas de hombres que buscan la deconstrucción de las masculinidades

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hegemónicas y la equidad entre hombres y mujeres son de vital importancia, ya que mientras los hombres permanezcan aislados e indiferentes a los temas de género será más difícil y casi imposible llegar a un desarrollo equitativo, porque involucra tanto a hombres como mujeres (Mora: 2001). Las mujeres han dado el primer paso, pero es responsabilidad también de los hombres trabajar con el los temas de género para llegar a relaciones más equitativas y justas y de esta manera lograr un desarrollo humano más integral.

La incorporación de los temas relacionados con los hombres y la equidad de género son de reciente creación, por ejemplo, es hasta la década de los noventa cuando los países nórdicos incorporan estos temas en sus agendas políticas internas (en particular el tema de la paternidad), al igual que en las agendas de las agencias de cooperación internacional4. En el caso de América Latina el activismo de los hombres alrededor de la búsqueda de equidad y justicia de género surge con analistas del tema como Chant y Gutmann (2000) en el caso de México, y Montoya (2000) en Nicaragua. Se ha desarrollado un amplio trabajo por los grupos de hombres activistas en el campo de la violencia contra la mujer, con alguna influencia en temas como la paternidad y la salud reproductiva (Pineda, 2003). El pensamiento y los enfoques de género en el desarrollo se extendieron gracias a las organizaciones feministas. La reciente incorporación de los hombres y la masculinidad en las preocupaciones sobre la práctica y la investigación en los programas de desarrollo, es un reflejo tanto de los reales cambios en los patrones y relaciones de género alrededor del mundo, como de una evolución en sí mismo del pensamiento GED (Castells, 1997).

Con el surgimiento del enfoque MED y posteriormente el GED, los planteamientos del desarrollo cambiaron en muchos aspectos, principalmente

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4 Conferencia sobre temas masculinos realizada en el marco del Consejo de Ministros

Nórdicos, en preparación de la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer en Beijing (Division for Gender Equality, Copenhague, 1999).

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con este último enfoque. Ya que el modelo GED enfatiza la necesidad de entender de qué manera el desarrollo afecta tanto a hombres como a mujeres, y también a las relaciones de género. Teniendo en cuenta que la situación de las mujeres no puede ser entendida de manera aislada de su relación con los varones (Herrera y Rodríguez, 2001).

Luis Mora (2001) menciona que América Latina ha sido una de las regiones donde han surgido investigación y ejecutado acciones concretas relacionadas con el tema de las identidades masculinas y la incorporación de los varones en la equidad de género. A lo largo de la década de los 90 se ha desarrollado instituciones académicas que han incorporado los estudios sobre masculinidad en sus programas de género, así como en investigaciones, docencia, publicaciones, seminarios y talleres. Tal es el caso del Programa de Estudios de Género de la Universidad de Chile, el Diploma de Estudios de Género de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el Seminario de Masculinidad de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia y el Programa Universitario de Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Connell (1995) señala que los proyectos de transformar la masculinidad hegemónica, no tienen prácticamente ningún peso político, y tiene mucho que ver los hombres que ocupan los más altos niveles de poder, que a diferencia del resto son los beneficiarios directos de lo que él denominó los “dividendos

patriarcales”, y son precisamente estos hombres los que ven en los cambios de

las masculinidades como algo desfavorable para sus intereses. Aunque esta situación provoca que los hombres tengan ciertos privilegios, también trae como consecuencia que muchos de estos hombres privilegiados colapsen por la fuerte responsabilidad que en ellos se confiere, por ello es que se vuelve necesario involucrarlos en la toma de conciencia, convenciéndolos de los beneficios que el patriarcado no ha podido brindarles, creando modelos más

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sanos y positivos que permitan cimentar un desarrollo más equitativo (Austrias, 2004).

Las ONGs y movimientos de base también han cambiado en estos últimos años, abogando por un cambio en las inequidades basadas en el género, y la promoción de la responsabilidad y participación masculinas. Surgiendo iniciativas como la Red de Masculinidad de Chile, importante espacio de intercambio a nivel regional, y organizaciones de hombres tales como el Colectivo de Hombres por Relaciones Igualitarias (CORIAC) y Salud y Género A.C. en México entre otras (Mora, 2001).

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