S No Medium
12. BIBLIOGRAPHY
Del análisis de simulación de los sistemas previsionales con Beneficio Definido - para el caso del régimen de reparto, identificado por una cierta tasa de sustitución del salario (s) comprometida, y en el régimen de capitalización, a través de una tasa de rentabilidad garantizada del fondo de pensión (r) que permita a su vez el logro de una determinada tasa de sustitución -, puede apreciarse la viabilidad financiera del sistema, según los parámetros demográficos y económicos adoptados. Las características del algoritmo correspondiente al régimen de reparto, indican que las posibilidades de asegurar a la clase pasiva una cierta tasa de sustitución del salario (s) dependen de la tasa de aporte exigida a los trabajadores activos (c) y de la tasa de sostenimiento del sistema (1/d). Como se indicara más arriba, esta tasa de sostenimiento del sistema suele no coincidir con el coeficiente de sostenimiento demográfico, por cuanto no toda la población puede tener cobertura previsional y porque entre los aportantes hay conductas de evasión.
Según datos para la Argentina, la tasa de sostenimiento del sistema estaría en el orden de 1.24, circunstancia que estaría indicando que para asegurar a un pensionado actual un haber equivalente al 82% del salario del trabajador activo, prácticamente tendría que fijarse una tasa de aporte del 66%. Esto, evidentemente, torna financieramente inviable al régimen.
El algoritmo correspondiente al nuevo régimen de la Ley N° 24.241, por su parte, no modifica la situación previa en lo que respecta al segmento de reparto. El sistema es "mixto", pues financia vía reparto a todos los beneficiarios, hayan optado por el régimen público de reparto o por el régimen privado de capitalización, a través de la PBU (prestación básica universal) y de la PC (prestación complementaria) - esta última por el término que dure la transición. Así, de acuerdo con el algoritmo correspondiente y para un valor de d = 1,24, existirá una necesidad de asistencia financiera del Tesoro Nacional (en general tal necesidad se presentará para valores de d < 1,72). Esto natural mente se incrementará en la medida que los aportes patronales se reduzcan. De acuerdo a tal parámetro, para lograr el equilibrio sin financiamiento asistido las contribuciones deberían fijarse en el 22% del salario; siendo inicialmente fijadas en el 16%. Con intención se reducir las contribuciones patronales al 11% promedio, se generaría una brecha del 11% del salario.
Según características del algoritmo correspondiente al régimen de capitalización, el resultado de su viabilidad financiera depende de la tasa de aporte (c), la tasa de variación del salario durante la vida activa del trabajador (g), la tasa de rendimiento garantizada (r) por el fondo de pensión y la tasa de pasividad (p = m/n).
Adoptando datos presentes de Argentina y asumiendo que el rendimiento garantizado (r) fuere igual a la tasa de interés de largo plazo de la economía (i), y no previendo cambios en la distribución del ingreso, de manera que el salario en términos reales (g) crezca a la misma tasa, adoptando una tasa de pasividad de 0.5 (valor intermedio entre 0.4 y 0.6, según datos comentados para Argentina),
asegurar una tasa de sustitución del salario (s) del 82%, exigiría una tasa de aporte del 41%, es decir, algo más de la mitad de la requerida por el régimen de reparto. La viabilidad del régimen parece posible si se acepta como tasa de sustitución un valor máximo de aproximadamente el 50%. Cuando la tasa de rendimiento garantizada (r) resulta inferior a la tasa de interés del mercado, el resultado natural mente empeora en términos de la tasa de sustitución posible.
Para garantizar una tasa de sustitución equivalente, habrá que aumentar la tasa de aporte o reducir la tasa de pasividad (por ejemplo, aumentando el número de años de trabajo, o sea, posponiendo la edad para poder jubilarse). A la inversa, cuando la tasa de rendimiento garantizada resulta superior a la tasa de interés del mercado, ello permite reducciones en la tasa de aporte, o bien, aumentos en la tasa de pasividad.
En este trabajo se simuló asimismo posibles variantes que contemplan combinaciones entre r, i y g. Ellas arrojan mejoras o desmejoras en términos de la tasa de sustitución posible, según pudo visualizarse en las Tablas 4 y 5. En algunas de las combinaciones, la dirección del resultado es unívoca, en tanto que en algunas pocas resulta indeterminada.
Finalmente, levantado el supuesto de estado estacionario y computada la probable evolución de las variables demográficas básicas: el coeficiente de dependencia de los ancianos o la tasa de sostenimiento del sistema (reparto) y la tasa de pasividad (capitalización), a la luz de las estadísticas mundiales y de la propia Argentina, surge que los resultados esperados de la aplicación de ambos sistemas y regímenes habrán de desmejorar, al menos en los próximos veinte años, en términos de la tasa de sustitución del salario obtenible. El sistema de reparto, aparece como financieramente inviable en el caso Argentino, sobre la base de los datos demográficos actuales y su probable evolución. Un análisis más ajustado deberá hacerse, sin embargo, a fin de extraer un juicio definitivo sobre este punto, teniendo en cuenta las proyecciones demográficas y económicas del caso.
Por último, los regímenes de reparto y beneficio definido plantean un esquema de incentivos de menor eficacia en materia de financiamiento con relación a los regímenes de aporte definido y capitalización. Las prestaciones en el primer caso tienden a generar paquetes estandarizados de beneficios en donde la responsabilidad del consumidor y la elección no tienen lugar material. Al individuo se le garantiza un derecho determinado por el Gobierno; no asume el rol de consumidor / comprador de productos de la seguridad social. Los sistemas previsionales no son de esta manera sistemas de seguro. La prima no es actuarialmente calculada, no hay incentivos para un uso prudente, no hay penalidad por abuso, el problema del riesgo moral se acentúa: el individuo asegurado explota el sistema extrayendo de él cuanto el sistema le permita; los costos que infringe a la comunidad de los asegurados son sólo marginalmente enfrentados por él mismo, ya que las primas (tasas de aporte) se acrecientan para todos. A medida que la gente se comporta de esta manera el sistema se vuelve burdamente derrochador, pero peor aún, a medida que la conducta prudente es ridiculizada la solidaridad pierde su base moral. En general, las pensiones deberán ser financiadas con aportes crecientes de los activos o asistido con aportes de rentas generales del Estado. La pensión futura de un individuo no alcanza al valor actuarial de sus contribuciones; está relacionada con sus contribuciones sólo en un sentido débil y relativo.
Sección 3. Estudio comparado: la experiencia internacional