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Según la Fundación Social, IFA y Auswartiges Amt e el documento Desaparición

forzada, política criminal y procesos restaurativos. Dilemas y desafíos de la verdad, la

justicia y la reparación en el contexto colombiano diferentes teóricos se han dado a la

tarea de diferenciar los niveles de reconciliación, entre ellos, se encuentran la

reconciliación interpersonal y la reconciliación nacional o política, planteando que una

reconciliación política no necesita de procesos de verdad y perdón ya que estos se

encuentran dentro de la esfera de lo moral:

La reconciliación política puede […] desentenderse de los retos morales y psicológicos que

enfrentan muchos de los individuos ofendidos, pues a diferencia de la noción religiosa o moral, la reconciliación política no requiere el perdón. Se trata más bien de un proceso de construcción de ciudadanía y de respeto mutuo que requiere una especie de pacto social basado en el reconocimiento de los unos y los otros como participantes en las deliberaciones y en la toma de decisiones democráticas. Un punto elemental de este pacto es el reconocimiento del diálogo como herramienta para asegurar la coexistencia pacífica, la cual permitirá la futura reconstrucción de los grupos salientes del conflicto (2006, p. 236- 237).

En cambio que la reconciliación interpersonal se fundamenta en los procesos de

verdad y restablecimiento de dignidad de las víctimas a través de diferentes acciones,

que permitirán el establecimiento de relaciones entre las víctimas y los victimarios:

La reconciliación interpersonal se refiere a la restauración o construcción de las relaciones entre individuos víctimas, victimarios y otros miembros de la comunidad; se trata de la

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restauración de las relaciones condigo mismo y con los otros. Este proceso puede implicar

[…] reconocimiento de responsabilidades, arrepentimiento, perdones, y acciones restaurativas (2006, p. 237).

El documento, retomando a Boraine en What price reconciliation, señala que los dos

niveles de reconciliación son complementarios, pues la reconciliación no sólo es

responsabilidad de las personas, sino de los gobiernos, quienes deben crear los

mecanismos, estrategias y acciones suficientes para que estos dos niveles se

articulen “… sería equivocado, de hecho peligroso, afirmar que la reconciliación y la

unidad no son responsabilidades del gobierno o de las estructuras políticas, y que

simplemente se logran mediante un comportamiento amable entre las personas en

actos y encuentros individuales” (2006, p. 237)

La reparación es un tema que cada vez gana más espacio en el terreno de la

reconciliación nacional, pues aunque está basada en el daño que ocurrió en el

pasado, también tiene en cuenta la construcción de un futuro mejor, a través del

reconocimiento de los hechos acaecidos y del derecho de las víctimas a recibir una

compensación por tales hechos, esa compensación no sólo material sino en muchos

casos simbólica como la construcción de memoria colectiva, que le da a la víctima una

esperanza: “… la pretensión de traer a la consciencia el más tenebroso de todos los

recuerdos es una pretensión esperanzadora. Pues significa despedirse

definitivamente de aquella idea pesimista de que todo se olvida” (Margalit, 2002, p.

67)

Se hace necesario entonces que los programas de reparación estén vinculados

políticamente desde el gobierno para que, teniendo en cuenta la necesidad específica

de cada población, se garanticen la distribución de los beneficios a todas las víctimas

que sufrieron daños a causa de la violencia y no se generen exclusiones negativas

que podrían intervenir de forma negativa durante los procesos de reconciliación “las

reparaciones no son sólo un tema técnico, sino también uno político” (Fundación

Social, IFA y Auswartiges Amt, 2006, 245).

La reparación es concebida desde el Estado y desde la sociedad como una necesidad

frente a una problemática específica. En su origen, como en el caso del Chocó, y

específicamente de Bojayá, se trata de una situación problemática social en la que se

hace necesaria una intervención estatal. Al respecto señala Roth que «es posible

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decir que una política pública existe siempre y cuando instituciones estatales asuman

total o parcialmente la tarea de alcanzar objetivos estimados como deseables o

necesarios, por medio de un proceso destinado a cambiar un estado de las cosas

percibido como problemático». (Roth, 2002, p. 27)

Pero para que se produzca la intervención es necesario definir una política,

particularmente entendida como definición d propósitos y programas de las

autoridades públicas. Es en este complejo punto donde se hace fundamental el

análisis y la investigación sobre las acciones políticas, o con una dimensión política

importante como en el caso de Kilele, tanto públicas como privadas, que permitan

definir criterios y lineamientos para el establecimiento de programas y propósitos de

política pública que estén enfocados hacia la solución efectiva de las problemáticas

sociales: «el análisis de las políticas públicas consiste en examinar una serie de

objetivos, de medios y de acciones definidos por el Estado para transformar parcial o

totalmente la sociedad así como sus resultados y efectos».

Kilele, por muchas de las razones anteriormente expuestas en el capítulo 3, se trata

de una acción política que resulta particularmente propicia para el análisis, en la

búsqueda de establecer programas y acciones de política pública que enfrenten una

realidad social y humana en la que el Estado asume una responsabilidad moral y

política que además está consagrada en los convenios y leyes que definen su razón

de ser.

Por otro lado, es claro para Roth (p. 19) que en la configuración de las reglas de juego

operantes, en efecto, en la definición de políticas públicas y las acciones del Estado,

intervienen actores sociales diversos, entre ellos, y en particular, sectores

representativos de la sociedad civil. Kilele es un caso particular de una acción, en

origen privada, que tiene consecuencias políticas públicas relevantes. Entender a los

realizadores como un actor político permite legitimar un análisis que indudablemente

es útil para la formulación de política de reparación a víctimas.

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Al mismo tiempo, el análisis de Kilele se convierte en elemento para la planificación

política, al revelar aspectos constitutivos de acciones concretas de reparación

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. Este

elemento de mirar hacia el pasado y el futuro, es clave en el proceso de planificación

para Matus (1989) entendida como “el cálculo que precede y preside la acción

haciéndose el eje central de la tarea de gobierno. Planificamos, dice, entre otras

razones, porque es necesario articular el presente con el futuro, porque es necesario

articular el conocimiento con la acción y porque es necesaria una coherencia global

de las acciones parciales de los actores sociales” (Ocampo, 2007, p.2).

Indudablemente, las decisiones y las acciones del Estado deben surgir de una mirada

crítica sobre sus mismas realizaciones, pero también sobre el contexto político y

social, y de las acciones que de allí derivan, para la adecuación de su accionar a los

problemas reales de la sociedad.

2. Aporte de los resultados obtenidos a una política de reparación

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